Ordenación Diaconal

AQUÍ ESTOY PARA HACER TU VOLUNTAD

1.- Hoy, para la Iglesia Particular de Pamplona y Tudela, es un día de alegría al comprobar que Dios sigue llamando y dos jóvenes como José-Ángel y Juan han dado un paso hacia adelante y le han dicho a Jesucristo: ¡¡¡Aquí estamos para seguirte!!! No es fácil dar pasos si no se tiene seguro de quién se fía uno. Y vosotros os habéis fiado del Amor de Dios y habéis sentido entregar la vida, si es necesario, como razón fundamental de vuestra existencia a favor de los hombres que esperan la Luz de Cristo. No temáis aunque puedan venir vendavales y tormentas. En todo vence el Señor. Así os lo pueden decir muchos sacerdotes que están esta mañana celebrando -con vosotros- el sacramento del orden como diáconos. Ellos os podrán mostrar lo que ha supuesto el camino pastoral durante tantos años. Jesucristo lo que promete, lo cumple. Pero para ello conviene fiarse de Él totalmente.

Hoy también hemos de tener muy presentes a los jóvenes que están en el Seminario Diocesano de San Miguel Arcángel y el Seminario Diocesano Misionero ‘Redemptoris Mater’. Sois una excelente semilla que fructificará si os dejáis conformar por el Sembrador que es Jesucristo. Que siempre surja de vuestro interior lo que nos dice el salmo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad, Dios mío” (Sal 39, 8). Y no es recortar la libertad, al revés, quien cumple la voluntad de Dios es el más libre de la creación porque todo lo creado y la máxima libertad nace de esta disposición. Es curioso observar en nuestra sociedad los motivos que se argumentan para ser libres y, cada día más, aumentan las esclavitudes. Sin el cumplimiento de la voluntad de Dios el ser humano se autodestruye, pierde el sentido de la vida y se siente frustrado.

2.- Esta mañana queremos hacer un canto de alabanza y gloria al Señor porque os ha escogido a vosotros José-Ángel y Juan. Y os ha escogido porque ha querido mostrar que su Amor es más fuerte que vuestras grandes dotes o limitaciones humanas. Dios se fija en vosotros porque simplemente lo ha querido así. ¡¡¡Sois escogidos de Dios!!! ¿Os habéis dado cuenta? Ya no habéis de temer. Él estará siempre a vuestro lado. A los apóstoles también les dice: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” (Mc 4, 40). El Papa Francisco dice a los jóvenes: “Este reproche de Jesús a sus discípulos nos permite comprender cómo el obstáculo para la fe no es con frecuencia la incredulidad sino el miedo. Así, el esfuerzo del discernimiento, una vez identificados los miedos, nos debe ayudar a superarlos abriéndonos a la vida y afrontando con serenidad los desafíos que nos presenta. Para los cristianos, en concreto, el miedo nunca debe tener la última palabra, sino que nos da la ocasión para realizar un acto de fe en Dios y también en la vida… Si por el contrario alimentamos el temor, tenderemos a encerrarnos en nosotros mismos, a levantar una barricada para defendernos de todo y de todos, quedando paralizados. ¡Debemos reaccionar! ¡Nunca cerrarnos! En las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión ‘no temas’, con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor” (Mensaje del Santo Padre Francisco para la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud-Domingo de Ramos, 25 de marzo 2018- 22.02.2018).

Si observamos las razones por las que un joven no se decide a ser sacerdote contemplaremos que en el fondo de su precaria decisión es el miedo: Miedo a una sociedad que no aprecia esta vocación, miedo a perder la fama, miedo a perder seguridades económicas, miedo a tener la impresión que esto no tiene plausibilidad, miedo a ser considerado un ‘dinosaurio del pasado’, miedo a no ser feliz… Sin embargo el Señor nos muestra que no hay mejor entrega que ponerse al servicio de los demás. “Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9, 36). Queridos José-Ángel y Juan, vosotros hoy mostráis esta Palabra que Cristo nos dirige. Os habéis decidido por seguir al Buen Pastor para ser pastores que necesita la sociedad. Los seres humanos tienen necesidad de buenos pastores y eso queréis ser vosotros. ¡Que nadie os robe esta vocación! Y mirad: “La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 37).

Jesús contempla la extensión de la misión. Ahora también, como en tiempos de Jesús los obreros son pocos, por eso él nos urge a rezar y pedir que envíe obreros: “Para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas… Rogad también por nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros” (San Gregorio Magno, Homiliae in Evangelia 17, 3). ¿Nos damos cuenta de nuestra responsabilidad? ¿Somos conscientes que nuestra vocación es para servir y ofrecer el mejor regalo al ser humano: el amor y la gracia de Jesucristo? El don más grande que podemos regalar es la Salvación en Cristo. Y Él nos ha donado el ministerio para eso.

3.- Dentro de poco pondré mis manos sobre vuestras cabezas y será el signo de ser elegidos para sanar los corazones y para servir con generosidad a todo el género humano. Os expropiáis de vosotros mismo para ser totalmente para Dios. Con esta expropiación ya no tendréis otros amores sino sólo a Dios: el celibato. Además sentiréis en vuestros corazones lo mismo que Jeremías: “Allá donde te envíe, irás, y todo cuanto te ordene, lo dirás. No les tengas miedo, que Yo estoy contigo para librarte. El Señor extendió su mano, tocó mi boca, y me dijo: Pongo mis palabras en tu boca” (Jr 1, 7-9). Dios os ha elegido y os ha plasmado desde el seno materno. Y esto es lo primero. Después en este día os ha consagrado. Durante un tiempo viviréis la experiencia de Jesucristo Siervo para posteriormente entrar en Cristo Sacerdote. El Diaconado es servicio que no se sitúa como si fuera solamente un acto de solidaridad sino que se inserta ya en el sacramento del orden sagrado. Aprended durante este tiempo a ser servidores y sobre todo contemplad en Jesucristo los rasgos de su servicio a todos y de modo especial a los más necesitados.

Pero el servicio que más agrada a Dios es la promesa de obediencia. En el rito que vamos a celebrar yo os preguntaré: “Prometes a mí y mis sucesores filial respeto y obediencia”. Como decía el Papa San Juan Pablo II: “Quien estuviese dominado por una mentalidad de contestación o de oposición a la autoridad, no podría cumplir adecuadamente las funciones diaconales. El diaconado no puede ser conferido sino a aquellos que creen en el valor de la misión pastoral del obispo y del presbiterio, y en la asistencia del Espíritu Santo que les guía en su actividad y en sus decisiones” (Catequesis en la Audiencia General del 20 de octubre 1993). La responsabilidad es muy importante puesto que nuestra experiencia de fe supera a todas las ideologías y falsas reivindicaciones por muy articuladas que estas pudieran ser. No hay espacio para ‘buscarse uno a sí mismo’, es momento también de expropiación. Es mejor el menos perfecto en comunión que el más perfecto fuera de ella.

4.- Concluyo con unas palabras del Papa Francisco con motivo del Mensaje para la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud: “La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros; valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla. Sí, cuando nos abrimos a la gracia de Dios, lo imposible se convierte en realidad. ‘Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?’ (Rm 8,31). La gracia de Dios toca el hoy de vuestra vida, os aferra así como sois, con todos vuestros miedos y límites, pero también revela los maravillosos planes de Dios” (nº 4).

Que Santa María Reina y Madre de los sacerdotes y diáconos nos acompañe siempre. Ella, queridos José-Ángel y Juan, estará siempre a vuestra vera y os acompañará en el recorrido de la vida y caridad pastoral que la Iglesia os confíe. Os pongo bajo el manto de María para que cuide de vosotros y de vuestras familias.