Satanás

EL MALIGNO ES ALGO MÁS QUE UN MITO

Hay una pregunta que muchos se hacen y se ha puesto bajo sospecha a quienes la formulen o se ataca como inadmisible incluso a quien la formula: “¿Existe el Maligno o el Demonio?” La respuesta generalmente es negativa y se quedan tan seguros que espetan: “¡Es una invención de la Edad Media!” Cuando socialmente se vive a espaldas de una vida espiritual y los únicos alicientes que se buscan son motivados por el materialismo, el hedonismo y el relativismo, es normal que se niegue al Maligno. Decía el Papa Beato Pablo VI: “El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorrealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias” (Catequesis, 15 de noviembre 1972). La Biblia y el Magisterio de la Iglesia siempre han afirmado que el Maligno existe. “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno” (Jn 17, 15). Esto no lo entiende el racionalismo y más aún se resiste a afirmarlo y, peor aún, lo ridiculiza como si fuera una invención negativa de gente trasnochada.

No es un mito, ni una invención más o menos simbólica, ni una enfermedad psíquica. El Maligno existe y es un ser personal que se ha rebelado contra Dios. “De hecho, cuando Jesús nos dejó el Padrenuestro, quiso que termináramos pidiendo al Padre que nos libere del Malo. La expresión utilizada allí no se refiere al mal en abstracto y su traducción más precisa es ‘el Malo’. Indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseñó a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine…Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios” (Papa Francisco, Exhortación Apostólica “Gaudete et exsultate”, nº 160-161, Roma -19 de marzo del año 2018-). Ciertamente que Jesucristo vencerá pero no seamos ingenuos y pensemos que el Maligno es algo del pasado y que ha sido desterrado de esta sociedad contemporanea. Sigue actuando y nada le agrada más que hacernos creer que él no existe.

La peor de las corrupciones es la espiritual y la razón nos la indica el Papa Francisco: “La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que ‘el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz’ (2Cor 11, 14)” (Ibid, nº 165). Muchos son los engaños a los que nos puede llevar con su astucia maligna y que vienen envueltos en aparentes verdades. Por eso tanto la Biblia como las enseñanzas de la Iglesia nos recuerdan facetas y situaciones que son engañosas y a las que hemos de quitar la careta: se piensa que el pecado ya no existe y por eso todo vale según los criterios ideológicos de turno; se cree que para medrar materialmente no importa que se utilice la mentira; se acosa con vehemencia y violentamente ante las personas y se cree que esto es justicia social; se busca hacer el bien y ser feliz permitiendo la corrupción moral de la fornicación y adulterio; se defiende la vida como derecho personal y se permite matar al no-nacido…Esta corrupción espiritual deshumaniza y degenera en un humanismo inhumano.

Por eso hoy se requiere un discernimiento sereno e inteligente donde poner la medicina que cura y “afrontar las asechanzas del diablo” (Ef 6, 11). Y sigue afirmando el Papa Francisco: “Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero. Si nos descuidamos, nos seducirán fácilmente las falsas promesas del mal…” (Ibid, nº 162). Los que mejor consejos nos dan son aquellos que muestran la verdad sin miedos y con total libertad. Seamos sabios e inteligentes puesto que al final vencerá el amor, la verdad, la justicia y la misericordia siempre que hayamos sido fieles a Dios.