Cristo Crucificado

EL MUNDO CAMBIA, SI CAMBIO YO

El tema de este año, del DOMUND, es: CAMBIA EL MUNDO. Pero ¿cómo voy a cambiar el mundo si no cambio yo? Cuentan que había un joven apuesto y revolucionario que todo su afán era realizar manifestaciones callejeras con pancartas para cambiar el mundo. Después de un tiempo comprobó que nada cambiaba. Posteriormente comenzó con los familiares. Tampoco cambiaba nada. Ya llegando a una edad avanzada se dio cuenta y dijo: “¡Si hubiera cambiado yo, algo hubiera cambiado!” Nos sucede habitualmente que deseamos cambiar las realidades sin realizar nosotros el primer paso. Lo mismo sucede respecto a la conversión interior o la conversión espiritual. Tal vez queremos hacer el bien y no nos acercamos al Sumo Bien que es Dios, el único que cambia nuestros corazones. La misión primera es la conversión o cambio de vida personal.

El mundo o la sociedad cambiarán en la medida que seamos leales y responsables en el compromiso con el evangelio de Jesucristo. No se entiende un misionero si no está bien afianzado en el amor a Jesucristo. Amor con amor se paga y ¿de qué te sirve hablar del Amado si no has estado con el Amado? Es muy importante en estos momentos de nuestra historia afianzarse bien en Cristo, en su Palabra y en los Sacramentos. Es fundamental, para CAMBIAR EL MUNDO, llevar esta corriente de fuerza que sólo procede de una Fuente inagotable. Nos quejamos que las realidades en la sociedad, en sus diversas facetas, están mal. Y es verdad. Pero hay una razón y tiene un nombre común para cambiarlas y es la entrega generosa sólo y exclusivamente por caridad.

La caridad ha cambiado la sociedad, aunque sea en pequeño, de ser violenta a ser fraterna, de ser egoísta a ser altruista, de ser partidista a ser universal, de ser hedonista a ser más espiritual, de mirarse a sí misma a ser abierta a los indefensos… Y esto nos lo han manifestado los santos. Basta mirar a San Vicente de Paúl o al Padre Maximiliano Kolbe o Santa Teresa de Calcuta. Tantísimos misioneros nos han mostrado un rostro tan bello que sólo puede identificarse con Dios, porque “Dios es Amor” (1Jn 4,8). Ésta es la razón por la que muchos no entienden el verdadero significado de amar, porque no conocen a Dios. El misionero sólo tiene una razón: Amando a Dios puede amar a los hermanos. El mejor ejemplo es Jesucristo que nace por Amor, vive para amar y muere con amor porque “nadie tiene amor más grande que el de dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os digo” (Jn 15, 13). El mundo cambiará si el mensaje de Jesucristo se pone por obra.

El Papa Francisco ha escrito un hermoso mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) y lo ha dedicado a los jóvenes con motivo del Sínodo de Obispos que se está celebrando en Roma en este mes de octubre del año en curso e invita a transmitir la fe en todos los ambientes: “Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el contagio del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: “fuerte como la muerte es el amor” (Ct 8,6)”. Es un tiempo para lanzarnos a mirar la realidad social como un espacio de nueva evangelización y de una misión sincera para que cada persona encuentre sentido a su vida que sólo en Cristo lo encontrará.