Vida Consagrada1

PADRE NUESTRO LA VIDA CONSAGRADA PRESENCIA DEL AMOR DE DIOS

Es para la Iglesia un gran orgullo -como para una madre- el hecho que tantos hijos e hijas suyas se consagren por amor a Dios, al que recurren como Padre. La historia ha sido jalonada por muchos santos que han mostrado el amor de Dios con lucidez y con hondura. Basta recordar a todos vuestros fundadores y aquellas personas consagradas que han mostrado con su vida que bien merece “dar la vida” si fuera necesario por este gran ideal. Por eso nos salta el corazón de gozo y cantamos con el salmo: “El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré? El Señor es el refugio de mi vida: ¿de quién tendré miedo?” (Sal 26, 1). Si nos damos cuenta estamos pasando una época donde todo se agolpa y parece que algo grave y muy grave va a ocurrir. Nos asaltan temores y parece que hasta la Barca de la Iglesia se va a hundir. Las noticias y los medios nos ponen aparentemente ante las cuerdas y se mofan o incluso hasta nos definen como “pasados de moda”. Son justificaciones de una sociedad que necesita dar razón de su sinrazón.

Las voces de muchos son de falsos agoreros a los que no debemos dar ningún voto de confianza. Ya decía el papa Benedicto XVI: “No os unáis a los profetas de desventuras que proclaman el final o el sinsentido de la vida consagrada en la Iglesia de nuestros días; más bien revestíos de Jesucristo y portad las armas de la luz – como exhorta San Pablo (cf. Rm 13, 11-14)-permaneciendo despiertos y vigilantes”. Por otra parte podemos flagelarnos diciendo: ¡Qué mal lo hemos hecho! Y a continuación nos culpabilizamos con la tristeza de ver que nadie nos sigue y que las vocaciones han disminuido tanto que no hay sucesión. Y el desahogo consecuente es afirmar: ¡Esto no tiene solución! Si así nos movemos nos fiamos más de nosotros que del Espíritu Santo que mueve y alimenta a su Iglesia.

Es el momento que ante la disminución de vocaciones, los retos de la internacionalidad y la globalización, las insidias del relativismo, la marginación y la irrelevancia social… podemos mirar a lo alto puesto que “precisamente en estas incertidumbres, que compartimos con muchos de nuestros contemporáneos, se levanta nuestra esperanza, fruto de la fe en el Señor de la historia, que sigue repitiendo: ‘No tengas miedo, que estoy contigo’ (Jr 1, 8)” (Papa Francisco, Carta Apostólica con ocasión del Año de la Vida Consagrada, Lema: Abrazar el futuro con esperanza.-30 de noviembre 2014 al 2 de febrero 2016-). Y si San Pablo estuviera ahora nos diría lo mismo: “Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2Co 12, 9-10). Los Padres de la Iglesia hablando de la auténtica oración enseñan que la actitud cristiana ante la propia debilidad es confiar en la ayuda divina: “Porque Dios libra de las tribulaciones no cuando las hace desaparecer (…), sino cuando con la ayuda de Dios no nos abatimos al sufrir tribulación” (Orígenes, De oratione 30,1).

Claro está que nos puede venir la tentación y decir: “Esto está muy bien, pero tenemos que trabajar más y no nos podemos quedar con los brazos cruzados”. Es una salida muy, como dicen ahora, de postureo. Mientras tanto el Señor nos pide que tengamos gestos de comprensión, de ayuda concreta en las pequeñas cosas de cada día, de saber comprender a la persona que lo pasa mal y que siempre repite lo mismo, de ayudar en silencio a los que trabajan en la comunidad, de no criticar a campo abierto, de saborear lo positivo y rechazar lo negativo… Y así podríamos ir dando detalles sobre lo que significa el auténtico amor. ¡Esto es presencia del amor de Dios! Todos llevamos, en nuestro interior, el sello plasmado del amor de Dios Padre. Por eso no nos podemos cerrar sino abrirnos a los demás con los mismos gestos de Jesucristo que todo lo hacía en comunión con el Padre.

En este día que celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo hemos de ponernos como discípulos a la sombra de María para que también sepamos ofrecer a Jesús a aquellos que nos rodean. “Te amo porque te mezclas con las demás mujeres que dirigen sus pasos al templo del Señor, te amo cuando presentas al Niño que nos salva poniéndolo en los brazos del viejo Simeón” (Santa Teresita del Niño Jesús, Poesía 54, ‘Porque te amo, María’, estrofa 11). María fue al Templo con Jesús en sus brazos. El gran tesoro que había recibido, no lo guardó sólo para ella, fue con docilidad a ofrecerlo, a entregarlo. Es una enseñanza que nos viene muy bien para saber poner a disposición de los demás nuestros dones y carismas. Que sepamos correr a llevar “esa luz que alumbra a las naciones”, a los que nos rodean, empezando por los que tenemos más cerca: familia, amigos, conocidos, comunidad, profesores de nuestros Colegios… y pongamos en sus brazos a Jesús, para que ellos también le reconozcan.

En esta Jornada de la Vida Consagrada el mensaje que nos une a todos y de modo especial a los consagrados lo ha expresado muy bien el mensaje que se os ha enviado desde CONFER: “Hacer presente el amor de Dios, ser como Vida Consagrada presencia del amor de Dios, pasa por dejar que el Señor Jesús nos modele, nos vaya configurando a su modo, nos haga partícipes de su misión, nos haga mujeres y hombres que, con Él y como Él, pasan por el mundo haciendo el bien (Cf Act 10,38). Y, por eso mismo, que anuncian al Señor Jesús, que lo hacen presente y cercano y que se esfuerzan para no tener que reprocharse en su vida las palabras de Pablo, cuando afirma: ‘¡Ay de mí si no evangelizare!’ (1Cor 9, 16)”.

Os deseo que viváis con gozo y alegría vuestra vocación. No hay tesoro mayor que el regalo que habéis recibido del Señor. Vividlo con entrega generosa y no os olvidéis que Dios nunca falla y nunca nos abandona. Que la Virgen María junto con San José que presentan al Niño Jesús en el Templo nos ayuden a ser mensajeros alegres del evangelio a los más pobres y necesitados de amor. ¡Enhorabuena por vuestro testimonio!