Doctor in white uniform setting his elder patient's drip

Hay un texto del apóstol San Pablo que siempre me ha impresionado, sabiendo que su vida, en momentos anteriores, fue una experiencia contraria a la fe de los primeros cristianos. Se encuentra con Cristo en el camino hacia Damasco y cambia totalmente su vida. Y dice: “No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por el evangelio con la fortaleza de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa” (2Tm 1, 8-9). En el tiempo de Cuaresma, contemplamos con devoción la imagen del crucifijo, Jesús en la Cruz: ese es el símbolo de la fe cristiana. Durante este tiempo nos podemos preguntar: ¿Tiene sentido el sufrimiento que está presente tanto a nivel personal o social? ¿El dolor o el sufrimiento deshumanizan? Sin fe ciertamente que no tiene sentido el sufrimiento; con la fe se sabe asumir y aplicar. “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). Por lo tanto no hay sufrimiento inútil, puesto que “todo coopera al bien de aquellos que aman a Dios” (Rm 8, 28).

Sabemos por experiencia que no es fácil entrar en esta dinámica espiritual que sana lo sicológico y afectivo. “La sociedad moderna enfatiza mucho la conveniencia, el confort y el evitar el dolor y las pruebas inevitables de la vida. Cuando algo terrible sucede en nuestro trabajo, en nuestra familia o con nuestra salud, tendemos a enojarnos con Dios o a maldecir nuestra mala suerte, en vez de aprender de nuestra experiencia, para adquirir sabiduría, fortaleza y valor en la vida” (Brian Clowes). Ahora bien cuando la vida se encuentra limitada y sin recursos, lo que no se puede hacer es eliminar, sin más, aquello que verdaderamente le da sentido. Pensemos en la eutanasia que ahora está adquiriendo una dimensión desenfocada del auténtico humanismo. Si no se sabe orientar con las coordenadas propias de lo más humano y espiritual, se cae en el nihilismo por el nihilismo. “Cuando se atenta contra la vida (homicidios de cualquier clase, genocidios, abortos, eutanasia y el mismo suicidio deliberado) deshonran más a su autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador” (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 27).

La vida humana es sagrada y no se puede jugar con ella como a uno le plazca o desee. El alma racional es lo que nos distingue fundamentalmente del resto del reino animal. “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano enfermo incurable o agonizante. Nadie, además, puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata, en efecto, de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad humana de la persona, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Iura et bona, 5 de mayo 1980). No cabe duda que los dolores o sufrimientos físicos, ante la enfermedad, pueden ser disminuidos a través de los cuidados paliativos que tienen unos efectos muy positivos. Nadie quiere morir aunque todos desean ser aliviados en el dolor.

Un reto muy importante que hoy se plantea en nuestra sociedad es la defensa de la vida y la dignidad en los últimos momentos de la misma. Cuando se despenaliza el aborto y la eutanasia se traiciona la auténtica democracia. “Cuando los proyectos políticos contemplan, abierta o veladamente, la descriminalización o despenalización del aborto o de la eutanasia, el ideal democrático, que solo es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus bases” (Benedicto XVI, Encuentro con obispos brasileños, 28 de octubre 2010). Todo desorden natural lleva consigo un desorden humano y consecuencias negativas en todos lo ámbitos.