Quiero expresaros mi agradecimiento por vuestras oraciones y por vuestra disposición generosa. Me han preguntado cómo estoy viviendo estos momentos de reclusión en casa. Y os puedo decir que tengo más tiempo para rezar ante Jesús Eucaristía y pedir al Buen Dios nos ayude a ser testigos de su silencio y profundizar en la vida interior que muchas veces, por el stress del trabajo, uno la tiene olvidada.

Me acuerdo mucho de los enfermos (que llamo por teléfono) o por los que trabajan al pie del enfermo en los Hospitales (ánimo a los capellanes) o a las fuerzas de seguridad del Estado (llamo a los responsables para alentarles) o a los políticos (para mostrarles nuestro apoyo).

Y todo en comunión con vosotros, queridos presbíteros, diáconos y miembros de vida consagrada. No olvido a los seminaristas que pongo al amparo de San José. Y a las familias que ahora viven como una piña con sus hijos y a todos los fieles de nuestra Archidiócesis.

Con los Obispos de la Archidiocesis mantengo unas comunicaciones permanentes para recrear la comunión-fraterna. En definitiva que el día se me va rápido porque quien “piensa en los demás” (como me decía un amigo) no se aburre. Y otro decía “quien se queja es porque no reza”.

Unidos en Cristo.