TIMBUKTU, MALI - FEBRUARY Circa, 2019. Unidentified poor baby laying down on dirty floor to sleep. People need some help. Concept for poverty or hunger people, Human Rights,

Tenemos los sentimientos muy dolidos por lo que estamos viviendo durante estos meses. El Covid19 o Coronavirus ha venido en plan de guerra y nos ha recluido en casa. Farsante como es, se presenta con síntomas o sin síntomas y con saña ha invadido de tal forma a tantas personas que muchos de nuestros seres queridos han fallecido. No tiene piedad y de modo especial ataca a los más vulnerables que son los ancianos. Cuando oímos las noticias nos hallamos aturdidos porque parece que sólo existe este virus y no existen ya otros protagonistas sino el Covid19. Se ha convertido en el centro de todas las informaciones. Tiene renombre mundial y se ha globalizado de tal forma que nos amenaza y ataca con sus artes por todos los rincones de la tierra.

Pero hay un tema que demuestra la poca sensibilidad que se tiene en nuestra sociedad hacia otras pandemias. Mientras afecta el virus a países occidentales todos se vuelcan, con razón, a salvar sus gentes como si fuera el mal único y ya no existieran otros. Por eso me pregunto: ¿Los países pobres no tienen las mismas dificultades? ¿Se publicita de la misma manera? Mueren muchísimos más de malaria o de ébola o de hambre y esto queda en total silencio. Por ejemplo mueren al año más de medio millón de personas a causa de las aguas contaminadas. La sociedad necesita una reconstrucción como se suele afirmar; pero hoy, aún más, lo que se necesita es una auténtica conversión que promueva la fraternidad universal y el respeto a la vida en todas sus facetas. Desechemos la cultura del descarte y aprobemos la cultura del amor fraterno y solidario, en definitiva de la vida.

La historia nos recuerda que las pandemias no sólo son los virus que afectan al cuerpo. Existen también los virus que afectan a la moral y al espíritu. Miremos a nuestro alrededor e iremos sacando conclusiones. Se defiende la vida como el fundamental derecho humano pero ¿protegemos la vida y la respetamos siempre y en todas las etapas de la misma? Los atentados a la misma son muchos. Unos proceden de las enfermedades físicas o psíquicas que se procuran salvar a través de la curación por la medicina. Otros atentados proceden de la mala gestión humana e incluso se justifican con la convicción de que se llegue incluso a considerar un derecho el eliminar a un ser humano antes de que pueda vivir fuera del seno materno. Si defendemos la vida, puesto que es algo sagrado, es muy humano que nos lamentemos de las muertes violentas, de los fallecimientos a causa de una enfermedad provocada por un virus o por una desgracia de un terremoto o un incendio. Y ¿cómo es posible que no lo apliquemos a todos los estadios de la vida humana desde el comienzo hasta el final de la misma? La vida en todas sus etapas y en sus circunstancias, en todo momento, ha de defenderse y mimarla puesto que somos y debemos ser buenos administradores, cuidadores y defensores de ella. No somos dueños en lo que se refiere a utilizarla o manipularla al antojo de las conveniencias de los intereses. Estamos muy compungidos por los que mueren a causa de las pandemias, algo muy elogiable que sintamos dolor, pero no usamos la misma medida por aquellos que no se les ha dado la oportunidad de nacer o se les ha adelantado la muerte. En número son muchos más.

En el pensamiento de todos los Papas y en el actual Papa Francisco se nota su pasión por el anuncio evangélico y por ello son unos grandes defensores de la vida en todas sus fases. Hoy en día, cuando durante la pandemia del coronavirus, el mundo está luchando por la dignidad de cada vida humana, la Iglesia no sólo se asocia sino que advierte que toda vida humana es sagrada y por lo tanto se la ha de respetar y defender. Traigo a colación y me refiero de modo especial a San Juan Pablo II del que estamos celebrando el centenario de su nacimiento. Tenía siempre presente en su mente lo que le habían dicho sobre su madre Emilia que se negó a abortar a pesar de que corría peligro su vida a causa del embarazo. Pero tuvo la valentía de defender la vida del que llevaba en su seno a sabiendas que su vida de madre peligraba. Posteriormente y con el tiempo este hijo fue elegido Papa. San Juan Pablo II se sintió con la obligación de ser gran defensor de la vida en todas sus etapas por razones humanitarias y por razones de la fe en Jesucristo que dijo: ”Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Recordemos que San Juan Pablo II luchó para que se reconociera la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural: ”Es muy grave y preocupante el fenómeno de la eliminación de tantas vidas humanas incipientes o próximas a su ocaso, no menos grave e inquietante es el hecho de que la conciencia misma, casi oscurecida por condicionamientos tan grandes, le cueste cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana” (Evangelium Vitae, nº 4). Cuando se intenta desplazar a Dios y se trata de eliminarlo, el ser humano se convierte en el dios de sí mismo y pierde todos los papeles del auténtico humanismo que, como consecuencia, provoca la aniquilación integral de su propia vida. La vida llega a ser simplemente una cosa, que el hombre reivindica como si fuera su propiedad exclusiva, totalmente dominante y manipulable. ¡Es un grave y muy grave error del que se juzgará y dará cuentas! Cuidar de la vida en sus distintas etapas es un derecho divino y por ende humano. n