Homilía con motivo de la primera Javierada

Hoy comenzamos las Javieradas. Muchos peregrinos desde el jueves han realizado la peregrinación. Es digno de elogio y de admiración. No sólo os doy las gracias sino que os animo para que este camino recorrido sea una metáfora viva del camino al que estamos llamados durante la Cuaresma para llegar a la conversión de la Pascua; sois expresión de una Iglesia viva y manifestación de un Pueblo de Dios que está en marcha y quiere vivir unido. Nunca tengáis miedo de pertenecer a este Pueblo que es la Iglesia. En ella encontramos el mejor tesoro que es Jesucristo al que amamos, adoramos y servimos en nuestros hermanos.

Habéis venido de toda España: Madrid, Aragón, Andalucía, Cataluña, Castilla y León, Vascongadas, Extremadura, Castilla La Mancha, Levante-Valencia… y Navarra (desde la Montaña a la Ribera y desde Tierra Estella a Tierra de Sangüesa). Os saludo a todos y os doy un abrazo de paz. Vuestros rostros muestran la alegría, en medio del cansancio, de haber llegado hasta Javier. Pero ¿quién era Francisco de Javier?. San Francisco de Javier era un intrépido joven que supo orientar su vida en la entrega a Dios llevando su evangelio a los que no conocían a Jesucristo. El supo tomar la Luz que es Cristo y llevarla hasta el extremo Oriente. De él todos podemos aprender cinco claves fundamentales para ser misioneros en nuestros ambientes:

Ponía la confianza en Jesucristo y en su Palabra. Creo que los cristianos europeos nos debemos marcar un ritmo más esperanzado. Hemos puesto la mirada en lo puramente material y esto provoca, a la larga, ‘hastío de vivir’. Un cristiano que no confía en Dios y no tiene la amistad con él, por tanto, es un creyente que ha caducado, su esencia cristiana se ha desvanecido. Hemos de aprender, de Francisco de Javier, a ‘ponernos en manos de Cristo y su Palabra’.

Amaba sin excluir a nadie. El patrono de las misiones se ganó a los hombres y mujeres del Continente Asiático por su entrega generosa y por su amor desinteresado sin poner límites y sin acepción de personas. También nosotros hemos de vivir con este espíritu a la hora de servir a los demás y sin dejarnos llevar por la exclusión: todos los humanos son candidatos a la santidad. Por eso hemos de orar con mayor intensidad puesto que ser “testigos de Cristo” nos hace ser más responsables ante la sociedad. Los momentos difíciles se vencen con el amor y solo con el amor; el amor vence siempre.

Bebía en las fuentes de los Sacramentos. No se puede mantener la fe si no se va a las fuentes que la alimentan y su fuente está en los Sacramentos. San Francisco de Javier ofrecía la vida en Cristo y se identificaba profundamente en la Eucaristía, el mejor alimento, y bautizaba incansablemente porque proponía a Cristo de forma convincente y nunca lo imponía. Los cristianos tenemos que proponer y arriesgar para presentar a Cristo a aquellos que no lo conocen e invitar a vivir la gracia del amor que sólo procede de los Sacramentos del Perdón y de la Eucaristía que alimentan la vida de fe, nos hacen más testigos de la esperanza y nos enardecen en la caridad. Un creyente que no participe habitualmente en los Sacramentos es como un hermoso árbol pero seco, no puede avanzar en la madurez espiritual y poco a poco se debilita y pierde su frescura..

Amaba a la Iglesia con generosidad. No la miraba con desconfianza sino como un fiel hijo de ella. Tal vez los cristianos hemos de ser valientes para mostrar la grandeza de nuestra Madre la Iglesia pues ella nos cuida y alimenta porque tiene la misión, encomendada por Cristo, para llevarnos en su seno y nutrirnos de su amor.

Defendía a los pobres y desvalidos promoviendo la justicia. Muchas veces, Francisco de Javier, tuvo que sufrir la persecución por defender la justicia. La justicia y la caridad van muy unidas, viven juntas y si queremos construir un mundo mejor no hemos de cerrar las puertas a estas dos virtudes que se funden entre sí. Los creyentes no podemos ‘bajar la guardia’ cuando veamos alguna injusticia y cuando tengamos que defender los derechos de los indefensos. Sabemos que el mejor ejemplo es Jesucristo y a él hemos de imitar.

Me dirijo a todos pero de modo especial a los jóvenes que os habéis acercado a Javier. Os hago una propuesta clara y liberadora: si quieres ser feliz y hacer felices a los demás, plantéate claramente tu vocación. Estoy seguro que muchos de los que estáis aquí sentís la llamada de Cristo a ser sacerdotes o consagrados. No dudéis en decirle que sí; la vida corre con mucha velocidad y Cristo quiere jóvenes dispuestos a ser sus mensajeros. Y si Dios te llama por el camino del matrimonio dile un sí valiente para formar una familia santa. Jesucristo nunca defrauda y por ello nunca engaña. Quien le deja de lado o tuerce la mirada busca caminos de frustración y devaluación. Cristo realiza siempre y hace de la vida un camino de armonía y de dignificación humana. Queridos jóvenes: buscad personas que os puedan ayudar y nunca miréis de lado a Cristo, siempre de frente y dispuestos a daros con generosidad a sus propuestas. Os lo aseguro: seréis personas realizadas.

Ruego a San Francisco de Javier que os estimule a todos para seguir manifestando con la vida que la fe en Jesucristo y obedeciendo a sus designios podamos gozar de su fuerza amorosa. A los pies del Cristo ponemos nuestras inquietudes y logros haciéndolo en comunión con María nuestra Madre.

Felicito a todos los que habéis organizado este acontecimiento y todos los cuidados que habéis prestado a los peregrinos: a las Fuerzas de Seguridad del Estado, a los voluntarios de Misiones, a los distintos estamentos e instituciones sociales que como vigías habéis estado en los cruces y en los lugares más apropiados, a los PP. Jesuitas y a todos los voluntarios en general. ¡Muchas gracias y feliz Javierada!

+ Francisco Pérez González,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela y

Director de OMP en España