Homilía con motivo de la segunda Javierada

Si tuviéramos que definir a San Francisco de Javier por una virtud fundamental y que hizo cambiar su vida, creo que la más importante fue la ‘confianza en Dios’. Los sufrimientos, las contrariedades, las largas y dificultosas caminatas, las nuevas culturas e incluso lenguas diferentes e incomprensibles para un navarro de viejo abolengo… no hicieron a Francisco de Javier desistir en la empresa que se le había encomendado y todo lo hizo porque creía en Dios providente y amoroso. Mal podría haber confiado en sus trabajos por el simple hecho de la búsqueda para realizar un deseo personal o una aventura más o menos considerada y aplaudida. Los que se deciden por Dios llegan a metas que nadie podría conseguir. He podido ver, con mis propios ojos, la labor tan importante que realizan los misioneros que nadie haría por el puro dinero o la propia gloria; o se hace por Dios o no se hace. Esta es la realidad más esencial en el misionero, como lo fue para Francisco de Javier.

Un creyente, un cristiano que no confía en Dios y no se pone en sus manos, es un creyente que va por el camino de la caducidad, su esencia cristiana se ve afectada. Creo, por ello, que los cristianos nos debemos marcar un ritmo más esperanzado. Quien pone la mirada sólo y exclusivamente en lo material, a la larga se está forjando una vida llena de hastío. El gran problema, que incluso describe la misma experiencia humana, y que hace llegar a la decepción y a la depresión es el ‘hastío de la vida’. Cuando se pierden las ilusiones y los motivos que mueven la vida, no hay otra puerta sino la de la desesperación. Sin embargo quien confía en Dios sabe que las realidades limitadas de la propia vida no son causa de hastío sino trampolín para mirar ‘mucho más alto’ y tener esperanza. Jesus Jauna, emaguzu zure argi sendo ta pozgarria (Señor Jesús, danos tu clara luz, fuente de alegría).

La experiencia de San Francisco de Javier, una experiencia excepcional, nos ha de hacer mirar con valentía la trayectoria de nuestra vida. Ciertamente que el santo navarro no lo fue por su austera y adusta formación, que algo contribuyó, sino por su firme disposición de seguir a Cristo desprendiéndose de ‘sí mismo’. Los halagos de la vida los tuvo como cualquier otro, las vanaglorias de los títulos universitarios estaban en constante persecución y le tentaban ferozmente. Pero un día descubre el amor de Dios y se lanza junto con San Ignacio y otros a llevar la ‘Buena Nueva’ a todos los que estaban sedientos de amor y de fe en Cristo.

No hay más razón que la misma realidad humana que nos invita a buscar la nobleza del corazón. Un corazón ‘corrupto’ por los ídolos del tener y del dominio, es un corazón insatisfecho. Un corazón abierto al amor y a la entrega por Dios y por los demás, es un corazón lleno de alegría y satisfacción. De ahí que quien se fía y confía en Dios está lozano interiormente, quien se fía de ‘sí mismo’ está ya caducado. Jaungoikoak argi ditzala zuen bihotzak. Jesus Jaunaren testigo zintzoak izan zaitezen (que Dios ilumine vuestros corazones, para que seáis sus fieles testigos).

A los jóvenes os pido que consideréis que Dios nunca ha dejado ni dejará de tocar vuestro corazón para amar y servir allá donde se precise. En un tiempo de cambios, lo esencial es que haya quien recoja el testigo de los fieles y buenos administradores de la viña que, adelantados en años, son felices por servir hasta el fin de sus vidas. Atreveos a hacer silencio, a quitaros auriculares, cascos y ruidos para dar con la sintonía que llena, convence y anima a vivir. ¡No tengáis miedo de seguir a Cristo! Hoy dile de nuevo que quieres hacer su voluntad.

No puedo acabar sin hacer una declaración de rotunda condena a los autores del acto terrorista de ayer en Mondragón. Es un pecado gravísimo que ofende a Dios y al género humano. El odio no tiene medida y lo vemos siempre que se perpetra un asesinato de este tipo. La aplicación de la ley, la valentía de aislar a los que deterioran la convivencia social y la defensa de una sana democracia es un derecho de todos los ciudadanos. El totalitarismo terrorista devalúa y perjudica gravemente la convivencia humana y fraterna. Recemos por las familias, por las víctimas del terrorismo y por la conversión de los agresores a fin de que el Príncipe de la paz que es Jesucristo reine en los corazones de todos y en la sociedad.

Que la Virgen María nos lleve siempre por el camino de la santidad y que a imitación de San Francisco de Javier podamos dar, con generosidad, un sí más firme a él después de esta peregrinación a Javier. Bici gaitezen pozik, Jauna lagun (que vivamos alegres con la ayuda del Señor).

+ Francisco Pérez González,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela y

Director de OMP en España