La especia humana ¿está protegida?

Homilía en la Vigilia de Oración por la Defensa de la Vida

Me siento muy mal cuando, con pretensiones progresistas, se dan circunstancias en las que se contradice el sentido lógico y el sentido común. Mi corazón siente un gran dolor que me hace sufrir. Comienzo poniendo un ejemplo y es el de los que defienden la naturaleza y su proceso normal y por lo tanto un nido de águilas no se puede vulnerar por un depredador. ¡Estoy de acuerdo! La ley penaliza a quien destruya los huevos de águilas porque el mismo ecosistema padecería las consecuencias; además no es de recibo eliminar por gusto personal algo que debe llegar a su término. Sin embargo no se utiliza la misma medida de la ley para el feto, en la especie humana, que está en el seno de la madre. Sabemos que son millones de seres humanos a los que se les impide llegar a la vida y se les lleva a la máquina trituradora de desechos sanitarios. La consecuencia que deduzco es que para la especie animal se respeta el proceso y para la humana no. No lo entiendo ni desde la lógica, ni desde la razón. Me parece una aberración de sentido común y de sentido ético y moral. Es un asesinato manifiesto y nadie podrá justificarlo por más que se busquen razones.

La ciencia debe regirse con la conciencia y, si son bien armonizadas ambas, su labor será muy positiva en el suceder de la Historia. Por eso, la ciencia, tiene en sus manos hacer el bien que llevará a frutos abundantes de humanización y si realiza el mal las situaciones deshumanizadoras son irreversibles y muy difíciles de corregir. Con la vida y con las manipulaciones de la misma no se puede jugar. La Historia juzgará de forma implacable las consecuencias de tales errores. Por supuesto, Dios también las juzgará. Esto es un principio de sentido lógico que nos lo resume el dicho popular “quien juega con fuego, se puede quemar”.

Si desde la misma razón se hace un discernimiento lógico ¿cómo es posible que no se de importancia a la defensa de la vida desde la concepción, desde la primera formación de un ser vivo, desde el momento que la vida se ha hecho presencia en un embrión? La persona no es un ente abstracto sino un ser vivo que ha comenzado a ser cuando inicia su vida. Si a mí me hubieran truncado los inicios de vida ahora no existiría. ¿No es éste un argumento suficiente y convincente? No se necesita más que recurrir a la sindéresis, es decir, a la capacidad natural para juzgar rectamente y el respeto a la vida es de pura justicia. Hace pocos días me encontré con una persona que estaba buscando a su madre que la abandonó en manos de una familia que la adoptó y simplemente quería expresar a su madre biológica el agradecimiento por haberle dado la posibilidad de vivir.

La defensa de la vida es una de las esencias fundamentales del mensaje evangélico y cristiano. Por ello la Iglesia siempre aplaudirá a quien defienda la vida y condenará lo que vaya en contra de la vida misma. En los años que vivió el Papa Juan Pablo II lo expresó de forma contundente y en muchos de sus discursos el Papa Benedicto XVI ha dado doctrina firme en sus afirmaciones; también los obispos lo hemos manifestado hasta la saciedad y los creyentes favorecemos, por el bien de la humanidad, la “cultura de la vida”. Como decía Edmund Burke “todo lo que es necesario para el triunfo del mal, es que los hombres de bien no hagan nada”. La conciencia no se somete a los fáciles manejos de las antropologías recortadas e interesadas, la conciencia verdadera defiende la vida y la protege. De ahí que se ha de trabajar por el bien de la humanidad pues de lo contrario se la puede dañar y de forma absoluta. Apoyemos la “cultura de la vida y no la de la muerte” en nombre de Dios y en nombre de la misma humanidad.

+ Francisco Pérez González,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela