HOMENAJE A LOS REYES DE NAVARRA (Presentes los Príncipes de Viana y Asturias) -Real Abadía de Leyre (Navarra)-

         Altezas Reales, Excmo. Presidente del Gobierno de Navarra, Sra. Ministra de Cultura, autoridades civiles, autoridades académicas, autoridades legislativas, autoridades administrativas, autoridades militares, autoridades de todas las instituciones de Navarra, Excmo. P. Abad y monjes y sacerdotes, fieles todos que participáis en esta celebración litúrgica. Saludo al músico y compositor alsasuarra D. Agustín González Acilo por el premio Príncipe de Viana de la Cultura 2009.

          1.- Me alegra poder estar esta mañana rezando por los Reyes del antiguo Reino de Navarra en este marco tan emblemático y de tanta tradición histórica. En este Monasterio, por todos los rincones, se siente el aroma de una profunda  espiritualidad y en él durante siglos siguen estando presentes los monjes benedictinos, a los que agradecemos su presencia y gran labor religiosa que realizan. Es un momento de profundo recogimiento y de agradecimiento por el bien que cumplieron los Reyes en momentos nada fáciles; su disposición y entrega fue la mejor obra que pudieron ofrecer por Navarra y ahora, presentes nuestros Príncipes junto con todas las autoridades, deseamos unir nuestros deseos más profundos, de fraternal amistad, en el altar donde Cristo se hace presente y nos invita a vivir la unidad que con tanta luz y claridad hemos escuchado en el Evangelio.

          La unidad que Jesucristo pide al Padre nos implica a todos pues todos somos sus hijos y por habernos hecho “a su imagen, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar” (Catecismos de la Iglesia Católica, nº 357). La experiencia humana madura en tanto en cuanto es fiel a su origen. El ser humano por si mismo no es nada puesto que no depende de sí. Su origen es Dios: “Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad” (Jn 17,19).

           La Verdad, la auténtica verdad, brilla por si misma de la misma manera que el sol no es necesario que se explique a sí mismo. La demostración es él mismo. La verdad es elogio a la razón. Los cristianos afirmamos que los dones divinos de la razón y la libertad, decía hace pocos días el Papa Benedicto XVI, se encuentra en la base de la responsabilidad de sus acciones. La razón abre la mente para entender la naturaleza y el destino común de la familia humana, mientras que la libertad lleva al corazón a aceptar al otro y a servirle con caridad. El amor indiviso por el Dios Uno y la caridad hacia el prójimo se convierten en el eje alrededor del cual gira todo lo demás. En lo más íntimo del ser humano hay un deseo de encontrar la unidad, la plenitud de felicidad y la gozosa libertad.

            2.- La mayor desgracia que puede suceder y que deteriora la dignidad humana es la de apropiarse, el ser humano, de algo que sólo pertenece a Dios: la vida, la naturaleza y el ordenamiento de las mismas. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre que hace sesenta años fue proclamada en la ONU aboga  por un ideal común que es la de favorecer la unidad de la persona humana y aplicar todos los derechos sin buscar meros intereses partidistas. El Papa Benedicto XVI decía en la misma sede de la ONU: “La experiencia nos enseña que a menudo la legalidad prevalece sobre la justicia cuando la insistencia sobre los derechos humanos los hace aparecer como resultado exclusivo de medidas legislativas o decisiones normativas tomadas por las diversas agencias de los que están en el poder. Cuando se presentan simplemente en términos de legalidad, los derechos corren el riesgo de convertirse en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin. Por el contrario, la Declaración Universal ha reforzado la convicción de que el respeto de los derechos humanos está enraizado principalmente en la justicia que no cambia, sobre la cual se basa también la fuerza vinculante de las proclamaciones internacionales. Este aspecto se ve frecuentemente desatendido cuando se intenta privar a los derechos de su verdadera función en nombre de una mísera perspectiva utilitarista…Los derechos humanos han de ser respetados como expresión de justicia, y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores”.

 

          El género humano está llamado y convocado a ser una comunión desde el origen hasta el final pues así lo hizo y creó Dios: “Te pido que todos sean uno. Padre lo mismo que tú estás en mi y yo en ti, también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como los somos nosotros” (Jn 17, 21-22). Tomo las palabras de un gran literato y teólogo Jacques Leclercq: “En tu día, Dios mío, yo iré hacia ti…iré hacia ti Dios mío… y con mi sueño más grande: llevarte el mundo entre mis brazos”

          A los pies de Santa María de Leyre pongo todas nuestras inquietudes y trabajos. A ella misma ruego para que Su Alteza Real D. Felipe y Su Alteza Real Dña. Letizia encuentren siempre la paz interior y sigan mostrando con su servicio a España la grandeza de este pueblo que quiere ser fiel a sus principios como lo fue Navarra y lo siga siendo hoy que tenemos presentes en el recuerdo a aquellos que supieron reinar en tiempos difíciles y a los que hacemos homenaje póstumo. Altezas no dejen de transmitir nuestro saludo y nuestro cariño a Sus Majestades los Reyes y díganles que en Navarra les apreciamos y queremos. Que la Virgen María de Leyre nos colme de paz, fraternidad y unidad.