FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN/ Lugar: Santa Iglesia Catedral de Pamplona 08-12-2009

“Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha de pecado original”. Estas palabras de una antífona que la Iglesia viene cantando a María desde hace quince siglos nos sirven para situar nuestra mente y nuestro corazón en el significado de una de las fiestas más bellas de la santísima Virgen: la Inmaculada Concepción. Es una fiesta de María que nos ayuda a vivir con mayor intensidad el Adviento, el tiempo de preparación del Señor que viene a salvarnos.

1.- Al reunirnos hoy para honrar a nuestra Señora con este hermoso título os propongo, como hacemos en nuestras fiestas de familia, felicitarla con un regalo y hacer juntos una petición. El mejor modo de felicitar a María es dirigir a ella nuestra mirada, la mirada interior que nos permite descubrir la grandeza del proyecto de Dios para todo hombre. A María y a todos nosotros “Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1,4), como hemos escuchado en la segunda lectura. La santidad no es una meta inalcanzable ni una rareza de extraterrestres; es vivir en plenitud la vida cristiana. Nuestra Madre es la mujer más santa, porque la gracia de Dios la envolvió desde el primer instante de su existencia, y la preservó del contagio del pecado original. Y a lo largo de su vida la gracia inicial fue creciendo por su progresiva unión con el Hijo hasta participar en la obra de salvación como corredentora. Al mirar a la Virgen, se aviva en nosotros, sus hijos, la aspiración a la belleza, a la bondad y a la pureza de corazón. Su grandeza de alma nos atrae hacia Dios, ayudándonos a superar la tentación de una vida mediocre, hecha de componendas con el mal, para orientarnos con determinación hacia el auténtico Bien, que es fuente de alegría.

Muchos de vosotros habréis pasado por la ermita de vuestro pueblo o la imagen de tantos templos como Santa María la Real, la Virgen de Ujué o la que preside el campus de la Universidad de Navarra donde está la imagen de María «Madre del amor hermoso», un título que tanto gustaba a Juan Pablo II. Dejad que vuestra retina recuerde la hermosa imagen de la Virgen que te fascina. María, la Virgen, la Madre, nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. Por desgracia, muchos jóvenes e incluso niños son víctimas fáciles de la corrupción del amor. ¡Qué tristeza cuando los muchachos y las muchachas pierden el asombro, el encanto de los sentimientos más hermosos, el valor del respeto del cuerpo, manifestación de la persona y de su misterio insondable! Hoy quisiéramos ofrecerle nuestro corazón entero, nuestro corazón joven; sabemos que somos débiles, pero Ella nos enseña el amor de Dios y cómo tenemos que orientar nuestra capacidad de amor.

Contemplad también a María como elegida por Dios para cumplir una misión importantísima. En el evangelio de hoy hemos proclamado el gran acontecimiento de la encarnación: «El ángel, entrando en su presencia, dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». “Llena de gracia —en el original griego kejaritoméne— es el nombre más precioso de María, un nombre que le dio Dios mismo para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más importante, Jesús, el amor encarnado de Dios” (Deus caritas est, n. 12). También nosotros hemos sido llamados para cumplir una misión importante dentro del plan de Dios. Hoy es un día adecuado para descubrir en esta contemplación de María, la elegida, la amada, cuál es la vocación a la que Él nos llama y responderle con generosidad. Hoy ha de ser un día de grandes decisiones: con humildad, pero con coraje hemos de remedar la misma respuesta de María: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

2.- Junto a esta presentación de lo mejor que tenemos, que es como nuestro regalo de cumpleaños, esperamos que Ella nos conceda lo que le pidamos. En esta fiesta cada uno debe formular sus peticiones a nuestra Señora, presentarle las dificultades, las preocupaciones, las ilusiones, todo aquello que lleváis en el corazón. Por mi parte, ya que veo aquí tantos jóvenes, aunque muchos de vosotros estuvisteis  ya ayer en la vigilia de oración en la parroquia de San Miguel de Pamplona o en la Catedral de Tudela o en la parroquia de Santiago apóstol de Elizondo, quiero expresar en voz alta mi petición: Que la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid en el 2011 cumpla las expectativas de nuestro Señor y que seamos capaces de cumplir el lema que Santo Padre nos ha propuesto para esa ocasión: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2,7). Como recordáis nos ha invitado a que este próximo año 2010 reflexionemos sobre la pregunta del joven rico a Jesús: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17).

 

3.- A María le pedimos que nos enseñe a encontrarnos con Jesucristo para que seamos capaces de mostrarlo a los demás. Conocemos un camino imprescindible, la oración. Dad espacio en vuestra vida a la oración; oración personal y oración comunitaria, en grupos y en la liturgia; recemos el Santo Rosario que tantas gracias atrae hacia nosotros. No me resisto a repetir unas palabras del Papa en el mensaje que dirigió el domingo de Ramos de este año a los jóvenes del mundo: «Como sabéis, culmen y centro de la existencia y de la misión de todo creyente y de cada comunidad cristiana es la Eucaristía. ¡Misterio realmente inefable! Alrededor de la Eucaristía nace y crece la Iglesia, la gran familia de los cristianos, en la que se entra con el Bautismo y en la que nos renovamos constantemente por al sacramento de la Reconciliación» (Menseje, 22 febrero 2009). En este año tenemos que dar un fuerte impulso a la participación en el sacramento de la Penitencia para vivir al mismo tiempo la participación activa en la Santa Misa. Os invito para que sigáis participando activamente en la Capilla de San Ignacio a la Adoración permanente y perpetua. ¡Cuántas gracias está concediendo el Señor!

4.- Otra petición que me gustaría hacer a la Virgen Inmaculada con todos vosotros es que nos ayude a preservar la dignidad de la familia. Desde muchos ámbitos se reciben ataques a la vida humana desde el  comienzo hasta el final natural, a la educación cristiana, a la presencia de símbolos religiosos, y a tantos otros valores tan queridos para nosotros. Pero todo esto se mantendrá si custodiamos con firmeza la verdad de la familia. La historia de la salvación se centra en la realidad de que “Dios ama a su pueblo”, es decir, es una historia de amor, una historia de alianza, y en esa historia se fundamenta la familia que es la historia del amor de de la unión de un hombre y una mujer en la alianza del matrimonio. Los novios os debéis preparar bien para recrear el auténtico sentido de la familia a imagen de la Sagrada Familia.

 

5.- Y ¿cómo no acordarme este año de los sacerdotes? Estamos en el año sacerdotal y nuestra oración confiada y constante tiene que contener el deseo de que en la Iglesia y en nuestra diócesis de Navarra haya muchos y santos sacerdotes. Os pido jóvenes que si sentís la llamada a ser sacerdotes no os retiréis sino que aceptéis la propuesta del Señor; además de haceros felices a vosotros, haréis felices a muchos. El pueblo de Dios os necesita, es más tiene derecho a pediros, si sentís la vocación al sacerdocio, que vuestra vida al mismo tiempo que pertenece a Cristo le pertenece a todos los miembros de este pueblo.

En el camino del Adviento brilla hoy la estrella de María Inmaculada, señal de esperanza cierta y de consuelo. Ella es la nueva Eva que cumple a la letra lo que se anunciaba en el Génesis: «establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya». Ella colmará los anhelos de vuestro corazón joven y os marcará el camino seguro para llegar a Jesús. “A Jesús se va por María”. En ella encontraremos la paz y el gozo que ansía nuestro corazón.