FIESTA DE SAN FRANCISCO JAVIER 03-13-2009

1.- Tenemos la suerte en Navarra de tener como patrono uno de los santos, Francisco de Javier, que por su actividad misionera es conocido, querido y venerado en los cinco continentes. Muchas personas se acercan a Navarra para visitar Javier y, desde aquí, van conociendo los lugares que forjaron el carácter generoso y recio del misionero más universal (del siglo XVI). Al celebrar esta fiesta, nos abrimos nosotros también hacia horizontes amplios, superando la tendencia de una mirada miope hacia nosotros mismos.

“Id al mundo entero y predicad el evangelio”, dijo Jesús a sus discípulos en su última recomendación en la tierra. Lo cumplió Francisco de Javier, lo han cumplido tantos misioneros de nuestra tierra, lo queremos cumplir nosotros que nos asomamos al mundo que nos rodea, con la ilusión de transformarlo para Cristo. Alguien podría acusarnos de idealistas o de ambiciosos, y no les falta razón. Así era Javier que supo convertir su ambición juvenil y humana en generosidad sobrenatural, como lo expresó J.M. Pemán en su famoso Divino impaciente¸ al poner en boca de Ignacio de Loyola estas palabras: “Ahora, sí, Javier querido, que puede en tu corazón estallar esa ambición que tanto te he corregido”.

La ilusión y la sana ambición solo caben en un corazón libre, como el de nuestro santo Patrón. Él supo romper muchas amarras antes de emprender su viaje misionero a la India, Japón y a las puertas de China, para extender el evangelio que era un grito de libertad y amor en un ambiente de opresión y esclavitud. Hoy todo es más sutil y la libertad está en boca de todos. Pero con frecuencia se entiende sólo como libertad para la transgresión, para el error, y se toma como base para fundamentar el relativismo imperante, sobre todo el relativismo en las costumbres. Y en aras de esa idea de libertad se dan intentos de expulsar del espacio público todo lo religioso. Nosotros abogamos por la verdadera libertad: libertad para las conciencias, libertad de enseñanza, libertad religiosa. La libertad verdadera sólo perdura sobre unos fundamentos morales y antropológicos sólidos. Sin fe en Dios y, me atrevería a decir, sin fe en el hombre la sociedad se atomiza y está abocada a someterse de forma acrítica a los dictados erróneos del poder o del materialismo exagerado.

2.- Hemos escuchado unas palabras de San Pablo que la Iglesia aplica a Francisco de Javier: “Si evangelizo, no es para mi motivo de gloria… ¿Cuál es, entonces mi recompensa? Predicar el evangelio, entregándolo gratuitamente” (1Co 9, 18). Nosotros, los cristianos, no podemos dejar de proclamar el Evangelio, porque no podemos dejar de proclamar la verdad. Es evidente lo que decía San Juan, “la verdad os hará libres” (Jn 8,31). No hay libertad sin verdad. Alguien podrá acusarnos de presumir de ser poseedores de la verdad. No, la verdad es Jesús; sólo Él es camino, verdad y vida. Por eso predicamos a Cristo y no podemos dejar de hacerlo. Encontrar a Cristo es encontrar la verdad.

Además de la verdad, hoy los cristianos necesitamos una buena dosis de valor para mostrarnos como somos. “¡Ay de mí, si no evangelizara”, gritaba el Apóstol y San Francisco de Javier lo aplicó siempre a su vida de misionero, y así cuentan sus biógrafos que, yendo camino de Macao, mientras sus pies quedaban desgarrados por los espinos y las piedras, no sentía ningún dolor (cfr. S. Miguel Garikoitz). ¡Qué valiente y generoso fue Javier! En nuestros ambientes no serán dificultades físicas, pero son muchos los obstáculos que hay que superar para mantenerse fieles al querer de Dios. Hay cristianos que sucumben ante la presión de un ambiente hostil, se llenan de miedo y terminan encerrándose, mientras la gran sociedad sigue su curso. Los grandes temas que tenemos sobre la mesa, la defensa de la vida desde el inicio hasta el final, la protección de la familia, la dignidad de la persona, hombre y mujer, requieren coraje y esperanza. Muchas veces se plantean en un clima de crispación tan profunda que resulta imposible afrontarlos con serenidad, sin pretender el triunfo de unas ideas sobre las del adversario. Corremos el riesgo de que a la crispación de hoy suceda un conformismo pasivo que genere una sociedad entristecida ante una situación ya irreversible. Nosotros, los cristianos, no vamos a conformarnos, porque sabemos que el amor de Dios impregna nuestro ser y nuestro actuar, y nos ha destinado a ser felices. “Dichosos los pies de los que anuncian el evangelio en los montes” (Is 52,7). En este día grande de Navarra tenemos la necesidad de gritar el amor de Dios y repetir como Juan Pablo II en su primer discurso a todo la Iglesia: “No tengáis miedo”. Es tiempo de ahogar  el mal con abundancia de bien. No tengáis miedo de seguir el dictado de vuestra conciencia recta y bien formada; no tengáis miedo a perder momentáneamente un reconocimiento público y, hasta una desaparición de vuestros prestigios que se sustente en lo políticamente correcto. Dios no abandona nunca a los que le aman.

San Francisco Javier, nuestro patrono, nos abre el horizonte amplio donde poner de relieve la grandeza de corazón; difundir en Navarra una cultura de libertad alegre y creadora al servicio de la verdad y del bien de nuestra sociedad, especialmente de los más necesitados. Tenemos que vivir nuestra fe con más empeño que nunca. Pido con afecto de Pastor una bendición especial para las autoridades de nuestra Comunidad, y para cada uno de los fieles para que sepan vivir y transmitir la honda tradición cristiana que nos legaron nuestros mayores.