HOMENAJE A LOS REYES DE NAVARRA Monasterio de San Salvador de Leyre-Navarra. 09-06-2010

Altezas Reales, Autoridades, P. Abad y Comunidad Benedictina, fieles todos:

       Nos encontramos en este lugar tan emblemático de San Salvador de Leyre donde sus piedras y el mismo recinto nos hacen recordar, con emoción y respeto, la historia de los Reyes de Navarra. Hoy de modo especial rezamos y ofrecemos sufragios por medio de la celebración de la Santa Misa.

       La Palabra de Dios que hemos escuchado nos alienta para que vivamos el gozo y alegría efecto del amor genuino enraizado en Cristo y buscando con mesura el modo de actuar fortaleciendo siempre la verdad. Quien se fía de Dios sitúa sus afanes y ocupaciones en el justo lugar y nunca confunde la ocupación con la preocupación. El apóstol Pablo nos invita a ser fieles, en todo momento, a la verdad, lo noble, lo justo, lo amable… todo lo que es virtud. Promover la verdad moral, unida al bien y a la virtud, significa actuar de manera responsable, sin apartarse de la realidad de los hechos y al mismo tiempo poner al descubierto las ideologías que nunca han de pretender suplantar a la verdad y al bien. Ahí tenemos, según nos muestra la historia, las trágicas experiencias vividas en el siglo XX que “han desenmascarado la inhumanidad que resulta de la supresión de la verdad y la dignidad humana. En nuestros días asistimos a continuos intentos de fomentar supuestos valores bajo la apariencia de paz, desarrollo y derechos humanos” (Benedicto XVI).

        De ahí que se pueda afirmar que la verdad nunca es negociable, porque es el soporte de una vida presidida por el bien e impide olvidar los fundamentos éticos de la ley natural puesto que en ella está inscrito un pensamiento superior que supera a todos los nuestros. “Sin la guía de verdades morales objetivas, se volverían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar peligroso para vivir. En cambio, respetando los derechos de las personas y los pueblos se protege y promueve la dignidad humana” (Benedicto XVI). El gran drama de hoy, como ocurría en le época griega, es querer sustituir a Dios o “robar el fuego a los dioses”.

         Por ello se requiere, como hemos escuchado en el evangelio, una gran dosis de humildad. Buscar el poder sin criterios morales trae amargos frutos. Por el contrario Jesucristo nos propone buscarlo para servir a los demás. “Quien quiera ser el primero, que se el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,36). Para explicar tal afirmación Jesucristo pone el ejemplo de un niño: su candidez y su nobleza traspasan todas las fronteras que provocan el egoísmo y la falta de amistad y la insolidaridad. Los momentos por los que pasa la sociedad, estoy seguro, que nos van a ayudar a mirar más lo que nos une que lo que nos divide. Las crisis vengan de donde vengan siempre ayudan a madurar en la experiencia de lo humano; nuestras acciones se vuelven más sensatas y así contribuyen al desarrollo de la comprensión, de la justicia y de la paz.

       La sociedad tiene ansias de encontrar un amor que satisfaga todos sus deseos. La clave fundamental la hemos oído de nuevo en la Palabra de Dios proclamada hace un momento. Ese amor tiene como guía una luz que es la verdad. Ambos van unidos hacia una meta que es la realización de nuestras aspiraciones más hondas. Basta que una se separe de la otra que provoca una falta de armonía que lleva por caminos del error o de la prepotencia. La verdad junto con la caridad nos ayudan a vivir en la armonía a la que estamos llamados y hoy quiero pedir al Señor que los dones celestiales de la sabiduría, de la fortaleza y de la perseverancia les ayuden a sus Altezas para el cumplimiento de su misión como así sucedió en sus predecesores los Reyes de Navarra.

         Y ahora oremos por aquellos Reyes de Navarra que fortalecieron su vida enraizados en una fe, que supieron poner en el primer lugar de su vida y transmitieron a los demás. La nobleza que se da en el corazón, del pueblo navarro, depende de las lecciones que se ha recibido de nuestros antepasados.

        Que el Sagrado Corazón de Cristo, el único Salvador, al que acudimos durante este mes de junio nos ayude a ser “servidores de todos” y que consagrados en él podamos aportar que sólo quien ama vence porque como decían los clásicos: “Omnia vincit amor” (Todo lo vence el amor). Ruego a la Virgen también por SSMM los Reyes de España para que sigan mostrando su cariño y su aliento a todos los que vivimos en los distintos territorios de España, de tal forma que todos nos afanemos en buscar la paz, esa paz que sólo Dios da.