Apertura de Curso en la Universidad de Navarra

10 de Septiembre 2010

Los textos de la Misa de hoy parecen escogidos para este día, en que celebráis la apertura solemne del curso. San Pablo abre su corazón a los Corintios y expone una de las características de su vida, la apertura universal: “Me he hecho esclavo de todos para salvar, si puedo, a alguno” (1 Co 9,19). A todos: el carácter universal es también una característica de la Universidad, apertura a todas las ciencias, apertura a todo pensamiento correcto y, sobre todo, apertura a todos los hombres de cualquier raza, procedencia o creencia. Me gustaría hacer una breve reflexión sobre este aspecto que está en la entraña de nuestra fe, puesto que formamos parte de la Iglesia una, santa, apostólica y también Católica, como solían denominarla los Padres, cuando se referían a ella simplemente como la Católica.

El Catecismo de la Iglesia que recuerda el sentido etimológico del término (en griego “katà ‛olos=según la totalidad) explica el doble sentido en que la Iglesia es católica: por una parte, porque ella goza de la plenitud, puesto que Cristo está presente en ella (S. Ignacio de Antioquía) y, por tanto, “en ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, lo que implica que ella recibe de Él la plenitud de los medios de salvación” (Cat.Ig.Cat., n. 830). La Iglesia goza de la plenitud de la fe, de la vida sacramental íntegra y de los medios necesarios para alcanzar la santidad.

En este sentido, que podríamos llamar ontológico, la Iglesia es católica desde Pentecostés y lo será hasta el día de la Parusía. De un modo similar cabe decir que la Universidad de Navarra también contiene la plenitud de saberes o, al menos, aspira a tenerlos. Y en la base de todos ellos está el conocimiento de Dios, la teo-logía. Me agrada decir esto entre vosotros que tenéis la Facultad de Teología en un lugar de privilegio. Pero ahora me refiero al ámbito personal y os animo a crecer día a día en este conocimiento divino y a convenceros de que vuestro quehacer en las clases y en la investigación ha de llevaros a conocer íntimamente a Dios: “noverim te”, como aspiraba San Agustín.

Por otra parte, sigue enseñando el Catecismo, la Iglesia es católica porque ha sido enviada por Cristo a la totalidad del género humano. En este sentido, la Iglesia tiene siempre ante sí este horizonte de universalidad: su enseñanza va dirigida a todos los hombres de todas las naciones y razas; su  oración abarca al mundo entero y, especialmente, a los más necesitados; y sus méritos, que son los de Cristo, no tienen límites geográficos ni temporales; la Redención es universal.

La institución universitaria, podemos decir de modo análogo, también supera fronteras y vuestros conocimientos no terminan en las paredes de una clase o en los tejados de los edificios; trascienden todos los límites. No lo olvidéis nunca, vuestro trabajo, aunque parezca intrascendente, tiene horizontes universales. Me gusta releer lo que San Josemaría Escrivá de Balaguer dijo en aquella memorable homilía del Campus cuando os recordaba que toda actividad humana, también la vuestra, tiene un algo divino. Lo recordáis bien: “Esta doctrina, que se encuentra -como sabéis- en el núcleo mismo del espíritu del Opus Dei, os ha de llevar a realizar vuestro trabajo con perfección, a amar a Dios y a los hombres al poner amor en las cosas pequeñas de vuestra jornada, descubriendo ese algo divino que en los detalles se encierra” (S. Josemaría Escrivá, Amar al mundo apasionadamente).

Este carácter de catolicidad lo estamos viviendo palpablemente este año en que preparamos la Jornada Mundial de la Juventud del próximo agosto en Madrid. La presencia de la Cruz de los jóvenes en estos días pasados ha sido un regalo de Dios para nuestra Diócesis; pienso que también para los que formáis esta Universidad cuando visitó la Clínica y la explanada que hay entre la Facultad de Ciencias Sociales y la Biblioteca. Por mi parte, quiero agradeceros el esfuerzo que habéis puesto en esos actos, y aprovecho este momento para que recodéis lo que nos ha dicho el Papa en su mensaje dirigido a los jóvenes, al glosar el lema de las Jornadas, “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”.

Explica las tres imágenes que sugieren estas palabras de Colosenses (Col, 2,7), nuestra raíz que es Cristo, nuestra edificación que es la Iglesia y el crecimiento que sugiere la santidad. Pero es más significativa la fuerza de las palabras sobre la cruz. No puede darnos miedo la cruz, dice, al contrario, es “el de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna”. Pienso que ha sido providencial que, antes de esta solemne apertura de curso en que desfilaréis como claustro académico, antes, digo, ha desfilado por vuestro Campus la Cruz y el Icono de la Virgen, bendiciendo y estimulando a los jóvenes, chicos y chicas que vienen a aprender de vosotros ciencia, y también sabiduría, la sabiduría de la Cruz, que bien glosa y explica San Pablo.

No quería pasar por alto el texto del Evangelio sin decir un brevísimo comentario: “No puede un ciego guiar a otro ciego”. Jesús curó durante su vida a muchos ciegos y con ellos mantuvo diálogos entrañables, como el del ciego de Jericó: “¿Qué quieres que haga?, Señor, que vea”. No me extiendo en esto, porque conocéis bien cómo meditó desde joven este episodio San Josemaría Escrivá de Balaguer y cómo repetía esta jaculatoria, “Domine, ut videam”(= Señor que vea) antes de ver con claridad el Opus Dei aquel memorable dos de octubre de 1928.

Pido a Dios que durante este curso repitáis la misma jaculatoria, ya que vosotros y yo, desde distintas atalayas, tenemos la misión de guiar a otros y no podemos ni siquiera tener miopía; necesitamos ver lo que el Señor espera de nosotros.

He hablado de la Cruz que ha de presidir vuestra actividad durante este curso, y quiero terminar invocando a la Virgen para que os proteja y os guíe, para que os lleve a Jesús (“ad Jesum per Maríam”= A Jesús se llaga a través de María) y para que os ayude a conducir a vuestros alumnos por el mismo camino. ¡Enhorabuena por vuestra entrega generosa y servicial a los miles de alumnos de esta Universidad que brilla como la luz en medio de la noche espiritual que en este momento histórico nos toca vivir!