IV Congreso Nacional de Cofradías del Dulce Nombre de Jesús Ablitas. 11-10-2010

   Os saludo a todos vosotros miembros cofrades del Dulce Nombre de Jesús y a vosotros cofrades de distintas Diócesis de España. Estamos celebrando el IV Congreso de Cofradías del Dulce Nombre de Jesús. La Cofradía de Ablitas es muy centenaria y son trescientos años los que tiene de andadura. Como dice el párroco D. Bibiano Esparza “La  Cofradía la componen una gran mayoría de los varones de la localidad y cada año doce jóvenes se encargan de “servir al Niño” haciendo realidad una de las obras de misericordia: acompañar a todos los difuntos del pueblo hasta su última morada, además de hacerse presentes en todas las procesiones y fiestas importantes de la parroquia. Ablitas quiere convertirse, durante estos días, en el corazón que bombee la devoción y el amor del Dulce Nombre de Jesús como lo hicieron San Bernardino de Siena y San Ignacio de Loyola, a quien ponemos como intercesores para nuestro Congreso”.

      San Bernardino de Siena (1380-1444), gran predicador. A él se le ocurrió encargar a un artista hacer pequeñas tablas con el trigrama IHS (Iesus Hominum Salvator), en letras góticas, en un sol que irradia doce rayos. Al paso de los siglos ese signo se extendería por toda Europa, no solamente en escudos y edificios religiosos, sino incluso también en los civiles. Y se difundió ampliamente en Hispanoamérica. Se grabó, pintó, esculpió, en dinteles de puertas, escuelas, mercados, encuadernaciones de libros de espiritualidad, escudos de batalla, escapularios, en todos los modos y maneras. La Compañía de Jesús, guiada por San Ignacio, hizo suyo el trigrama bendito de Jesús. Él mismo encabezaba siempre sus cartas con el santo IHS. Y la iglesia principal de la Compañía en Roma recibió el santo nombre de Gesù (1568).

        Jesús es nombre celestial. Como en el caso de Juan Bautista y otros grandes elegidos del AT, el nombre de Jesús viene del cielo, es elegido por Dios: «Le pondrás por nombre Jesús, porque es Él quien salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20). En tradición bíblica, nombre expresa la verdad de una persona, la función de una criatura en el universo. En el Evangelio y en el resto de NT coexiste con otros nombres: Cristo Jesús, Señor Jesucristo, Maestro, Hijo de Dios.

   Jesús es invocado en toda la tradición de la Iglesia. San Antonio abad  contra los ataques del demonio decía que era en “las oraciones, las obras de caridad, la lectura de la Palabra divina y las vigilias pasadas invocando el precioso nombre de Jesús” las que ahuyentaban al Maligno (Vida escrita por San Atanasio). Jesús es un nombre santo en los monjes del desierto.

    Los Monjes medievales se dedicaban muy especialmente a defender el dulce nombre de Jesús y San Bernardo afirmaba: “En el nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda” (Hch 3,6) Pero el nombre de Jesús no es sólo luz; es comida. ¿No te sientes fortalecido cuantas veces lo recuerdas? ¿Qué cosa hay que alimente tanto el espíritu del que lo medita? ¿Qué otra cosa repara tanto las fuerzas perdidas, hace las virtudes más firmes, fomenta las buenas y laudables costumbres y las inclinaciones castas y honestas? Todo alimento del alma carece de sustancia si no está condimentado con este óleo; es insípido si no está sazonado con esta sal. El leer me molesta si no leo el nombre de Jesús. El hablar me disgusta si no se habla de Jesús. Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón. Pero es también medicina. ¿Está triste alguno de vosotros? Pues venga Jesús a su corazón y de allí pase a la boca, y apenas es pronunciado este nombre adorable, produce una luz resplandeciente, que ahuyenta los disgustos y restablece la calma y la serenidad. ¿Cae alguno en pecado? ¿Corre por eso a la muerte por la senda de la desesperación? Pues invoque este nombre vital y al punto respirará de nuevo aires de vida” (Sermones sobre los Cantares 15).

     Dedica San Bernardo cinco o seis páginas a cantar con elogios conmovedores el dulce nombre de Jesús. Quizá pueda decirse que es en San Bernardo donde la devoción al nombre de Jesús queda plenamente expresada y entra ya como un acento permanente en la historia de los enamorados de Cristo.

     Las Cofradías del santo nombre de Jesús, las «Fraternidades de Jesús», «del buen Jesús», se multiplicaron a partir del siglo XIII, bajo el influjo sobre todo de franciscanos y dominicos. Las letanías del nombre de Jesús nacen en el siglo XVI, en un breviario franciscano editado en Lión. Tuvieron lógicamente varios desarrollos distintos en autores o instituciones diferentes. En 1876 Pío XI aprobó esa oración litánica, que León XIII difundió en 1886 a toda la Iglesia.

     Los santos han tenido predilección por el nombre de Jesús. Santa Teresa de Jesús, habla con frecuencia de «mi Jesús», «mi buen Jesús», «este buen Jesús», aunque emplea también otros nombres. Santa Teresa del Niño Jesús, al hablar de Cristo, emplea con notable preferencia el nombre de Jesús en su autobiografía, en sus cartas y poesías.

     Momento de gracia es la próxima Jornada de la Juventud. El lema que en ella se desarrollará es: “Arraigados y enraizados en Cristo, firmes en la fe”.  Vivimos en una época de grandes transformaciones, en la que declinan rápidamente ideologías que parecía que podían resistir el desgaste del tiempo y han caído en picado. Con frecuencia la humanidad se encuentra en la incertidumbre, confundida y preocupada. Nos parece volver a escuchar al Señor: “¡Están como ovejas sin pastor!”. Es vital tener raíces y bases sólidas y es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el ser humano viva.  De ahí que hemos de estar bien arraigados en el Señor.

     Se tiene en el horizonte el eclipse de Dios: parece que Dios se hubiera ocultado. Los valores que han sido, son y serán los de siempre porque, siendo auténticos, nunca han fenecido ni fenecerán han recibido un  varapalo y desplante y se les quiere borrar, como si de desmemoriados se tratara, de la vida humana como son los valores de la defensa de la vida, los valores que dan certeza para mayor amor  y  mayor entrega, los valores de las relaciones nobles y hondas que humanizan y recrean el gozo de vivir… se ponen en tela de juicio, pero más escandaloso aún es tratar de olvidar y admitir, desde este olvido, la amnesia personal, grupal y social puesto que se piensa que es mejor “vivir tranquilos” y “que nadie me moleste” admitiendo como normal lo que es contraproducente y pernicioso para el ser humano. Es el relativismo a ultranza que hace de la persona una especie de robot donde lo que importa es el placer en todas sus variantes, la superficialidad en los planteamientos más genuinos y el materialismo como búsqueda de la felicidad y de la libertad.

     Por ello aún es más necesario volver a la razón fundamental de la experiencia humana. Sólo desde Jesucristo que se presenta como nuestro modo de vivir, de creer y de amar hará posible que nos desvele cuál es nuestra identidad y su amistad nos hará crecer para realizarnos en plenitud. “¡A lo largo de los caminos de la existencia diaria es donde podremos encontrar a Jesús!” (Juan Pablo II). Su nombre, su dulce nombre nos hará recuperar el sentido de nuestra búsqueda: tener una vida más grande para lo eterno e infinito. Su nombre, su dulce nombre será capaz de hacernos volver a lo esencial y fundamental de nuestra vida: la perfección en el amor que es la santidad. Necesitamos convertirnos y hoy hemos de pedirle al Dulce Nombre de Jesús: Ayúdanos a ser fieles hijos tuyos y audaces hermanos de nuestros contemporáneos. Que María Virgen nos ayude a vivir este mensaje que nos lleva a arraigarnos  y a crecer humana y espiritualmente en su Hijo Jesucristo.