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REPORTAJES Y CRÓNICAS


TÚ PUEDES SER SANTO

 

El 1 de noviembre se celebra la la festividad de «Todos los santos», una fecha en la que la Iglesia conmemora a todos los cristianos que vivieron heroicamente el camino del Amor de Jesús. Todos conocemos a las personas que han sido declaradas santas por la Iglesia. De ellos se imprimen estampas, y a ellos se les dedican templos. Pero en este día se celebra también a todos esos santos que fueron cristianos corrientes, y vivieron discretamente su fe. 

 

«Todos en la Iglesia (dice el Concilio Vaticano II) ... son llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación (1 Tes 4, 3; Ef 1, 4)» (Lumen Gentium, 39). Las palabras del Apóstol son un eco fiel de la enseñanza de Cristo, el Maestro, quien, según el Concilio, «envió a todos el Espíritu Santo, que los moviera interiormente para que amen a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (Cfr. Mc 12, 30) y para que se amen unos a otros como Cristo nos amó (Cfr. Jn 13, 34; 15, 12)» (Lumen Gentium, 40). 

 

La llamada a la santidad concierne, pues, a todos, «ya pertenezcan a la jerarquía, ya pertenezcan a la grey» (Lumen Gentium, 39): «Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad» (Lumen Gentium, 40). 

 

El Concilio hace notar que la santidad de los cristianos brota de la santidad de la Iglesia y es manifestación de ella. Dice ciertamente que la santidad «se expresa de múltiples modos en todos aquellos que, con edificación de los demás, se acercan en su propia vida a la cumbre de la caridad» (Lumen Gentium, 39). En esta diversidad se realiza una santidad que es única por parte de cuantos son movidos por el Espíritu de Dios y «siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, para merecer la participación de su gloria» (Lumen Gentium, 41). 

 

Aquellos a quienes Jesús exhortaba «a seguirle», comenzando por los Apóstoles, estaban dispuestos a dejarlo todo por El, según atestiguó Pedro: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mt 19, 27). «Todo» significa en este caso no sólo los «bienes temporales», «la casa... la tierra», sino también las personas queridas: «hermanos, hermanas, padre, madre, hijos» (Cfr. Mt 19, 29) y, por tanto, la familia. Jesús mismo era el perfecto modelo de esta renuncia. Por eso podía exhortar a sus discípulos a semejantes renuncias, incluido el «celibato por el reino de los cielos» (Cfr. Mt 19, 12). 

 

El programa de santidad de Cristo, dirigido a los hombres y mujeres que lo seguían (Cfr., por ejemplo, Lc 8, 1-3), se expresa de una manera especial en los consejos evangélicos. Como recuerda el Concilio, «los consejos evangélicos, castidad ofrecida a Dios, pobreza y obediencia, como consejos fundados en las palabras y ejemplos del Señor..., son un don divino que la Iglesia recibió del Señor y que con su gracia se conserva perpetuamente» (Lumen Gentium, 43).


Pero debemos añadir inmediatamente que la vocación a la santidad en su universalidad incluye también a las personas que viven en el matrimonio, así como a los viudos y viudas, y a quienes conservan la posesión de sus bienes y los administran, se ocupan de los asuntos terrenos, desempeñan sus profesiones, tareas y oficios con total disposición de sí mismos, según su conciencia y su libertad. Jesús les ha indicado su propio camino de santidad, por el hecho de haber comenzado su actividad mesiánica con la participación en las bodas de Caná (Cfr. Jn 2, 1-11) y por haber recordado los principios eternos de la ley divina, válidos para los hombres y las mujeres de toda condición, y sobre todo los principios del amor, de la unidad y de la indisolubilidad del matrimonio (Cfr. Mc 10, 1)12; Mt 19, 19) y de la castidad (Cfr. Mt 5, 28)30). Por esto también el Concilio, al hablar de la vocación universal a la santidad, consagra un lugar especial a las personas unidas por el sacramento del matrimonio: «...los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, se ayuden el uno al otro en la gracia con la fidelidad en su amor a lo largo de toda la vida, y eduquen en la doctrina cristiana y en las virtudes evangélicas a la prole que el Señor les haya dado. De esta manera ofrecen al mundo el ejemplo de un incansable y generoso amor...» (Lumen Gentium, 41).

fuente: www.aciprensa.com  

 


¿Qué se celebra el 1 de Noviembre?

La Iglesia Católica ha llamado «santos» a aquellos que se han dedicado a que su propia vida sea lo más agradable posible a Dios. 

Hay unos que han sido «canonizados», o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice. 

Para ser declarado «santo» por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara «Siervo de Dios». Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, es declarado «Venerable». Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado «Beato». Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara «santo». 

Los santos «canonizados» oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta del 1 de noviembre.

Es importante no confundir esta festividad con la del día 2 de noviembre (todos los difuntos).

 


LLAMADA A LA SANTIDAD: Juan Pablo II

- "La santidad no es algo reservado a algunas almas escogidas; todos, sin excepción, estamos llamados a la santidad".

- "Ya he escuchado las preguntas que queréis hacerme: ¿Cómo podemos llegar a ser santos si hay tantos obstáculos en nuestro camino? ¿Cómo podemos ser honrados si hallamos atropello y corrupción a nuestro alrededor? ¿Cómo podemos llegar a ser santos si el camino más seguro para ganarse la vida es destacar y explotar a los otros? ¿Cómo podemos ser santos si vivimos en un mundo que devalúa el verdadero amor o no aprecia la belleza del amor casto? Escucho estas preguntas y otras muchas. Dios Padre conoce vuestras dificultades, pero también conoce la profundidad con que queréis hacer bien las cosas; la profundidad con que queréis seguir a Cristo, porque sabéis que «Él es el camino, la verdad y la vida»".

- "La santidad, más que una conquista, es un don que se concede: el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado".

- "Vivid con valentía vuestra vida personal, aun cuando os parezca insignificante. La gran maestra de la vida insignificante, Teresa de Lisieux, en sus pocos años de vida, nos enseñó la grandeza que pueden tener ante Dios las actividades insignificantes, normales".

- "Todos están llamados a amar a Dios con todo su corazón y con toda el alma, y a amar al prójimo por amor a Dios. Nadie está excluido de esta llamada tan clara de Jesús. Vosotros, por tanto, «sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial»".

 


¿SABÍAS QUE...?

Halloween significa «All hallow's eve», palabra que proviene del inglés antiguo, y que significa «víspera de todos los santos», ya que se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo. Con la llegada del cristianismo, mientras en los países anglosajones tomaba forma la procesión de los niños disfrazados pidiendo de puerta en puerta con el farol en forma de calavera, en los mediterráneos se extendían otras costumbres ligadas al 1 y 2 de noviembre. En muchos pueblos españoles existe una tradición de ir de puerta en puerta tocando, cantando y pidiendo dinero para las «ánimas del Purgatorio». Hoy, aunque menos que antaño, se siguen visitando los cementerios, se arreglan las tumbas con flores, se recuerda a los familiares difuntos y se reza por ellos; en las casas se hablaba de la familia, de todos los vivos y de los que habían pasado a otra vida y se consumían dulces especiales, que perduran para la ocasión, como en España los buñuelos de viento o los huesos de santo.

 

Publicado en LA VERDAD, el 01-11-2003