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REPORTAJES
Y CRÓNICAS
Ecumenismo,
una paz necesaria
Como cada año, la fecha de la conversión de san Pablo, el 25 de Enero, nos convoca a la semana de oración por la unidad de los cristianos, aspiración y meta de todos los seguidores de Jesús.
La voluntad expresa de Jesús: «que todos sean uno», no puede representar una aspiración más, que podamos relegar fácilmente en nuestra programación pastoral o en nuestra vida cristiana.
El octavario de oración por la unidad de los cristianos, nos permite recuperar, cada año, la certeza de que el proyecto de la unidad cristiana, pueden convertirse en realidad, también mediante nuestro ecumenismo espiritual, humilde y sencillo; pero que sabemos, absolutamente eficaz, por identificarse con el deseo y la súplica del Señor.
Mi paz os doy (Jn.14,27), es el lema de este año 2004. Tanto la paz, como la unidad, constituyen un eterno, universal y difícil proyecto humano, pero sobre todo se nos presentan, ante todo, como don y gracia de Dios. Eso es lo quieren expresar los brazos y manos alzadas, en actitud suplicante. También la cruz de fondo, porque ambas suponen esfuerzo y sacrificio. Súplica, sacrificio y gratuidad, representa el cartel, que acompaña el lema de este año.
Como señalan los obispo de la Comisión Episcopal de Ecumenismo: «Si por una parte la unidad de la Iglesia es actualmente imperfecta, por otro podemos esperar su plena realización con la ayuda del Señor. Jesucristo nos pide a todos los cristianos que oremos para que seamos uno y se superen las divisiones que históricamente venimos arrastrando. La oración se convierte de esta forma en un estímulo para revisar no sólo nuestras conductas, sino también las diferencias graves que todavía perduran. La oración expresa nuestra necesidad de concordia, se dirige a Dios Padre siguiendo la exhortación de Jesús, y nos capacita para trabajar por la unidad con el poder de su Espíritu. Por ello, el ecumenismo, movimiento que tiende a alcanzar la unidad entre todos los cristianos, siempre tiene necesidad de la oración». La semana de oración por la unidad es una preciosa ocasión para que todos los cristianos nos impliquemos en la tarea de ser una sola familia sin
divisiones.
CATÓLICOS
La Iglesia Católica es el cristianismo histórico que pone el acento en la fe que se remonta desde Cristo y los apóstoles hasta nuestros días. Vive e interpreta la herencia cristiana transmitida por Cristo y los apóstoles, como sucesora de la Iglesia apostólica.
Mantiene una estructura jerárquica de obispos, sacerdotes y fieles en comunión con el sucesor de Pedro, el Papa. La fe se recoge en el Credo de los apóstoles, la Tradición y las Sagradas Escrituras y se celebra con los sacramentos.
ORTODOXOS
La Iglesias ortodoxas surgen en el s. XI y tienen tradición bizantina. Están formadas por unos 200 millones de fieles situados en la antigua Unión Soviética, los Balcanes y Oriente Próximo. Aceptan únicamente los siete primeros Concilio Ecuménicos. El culmen de su vida cristiana es la Sagrada Liturgia. Se sienten la auténtica Iglesia fundada por Jesucristo y se rigen bajo el primado de honor del Patriarcado de Constantinopla. La Iglesia es el verdadero sacramento del Reino.
PROTESTANTES
En el siglo XVI se consumó la ruptura de la unidad espiritual de Europa surgiendo las iglesias protestantes con Lutero en Alemania y Calvino y Zwinglio en Suiza. Sus puntos fundamentales se recogen en el lema «Sola Fides, sola Scriptura, sola Gratia, solus Christus». La salvación se debe a la fe y no a las buenas obras. Viven la libre interpretación de la Biblia y sus únicos sacramentos son el bautismo y la eucaristía. Han suprimido el culto a la Virgen y a los santos.
ANGLICANOS
Las Iglesias Anglicanas forman una comunidad de tipo episcopal con un origen común en la Iglesia de Inglaterra que se constituyó en 1534. Rechazan el papado pero no la constitución episcopal de la Iglesia. Tienen carácter propio dentro de las Iglesias de la Reforma en lo teológico, litúrgico, pastoral y administrativo. Dividida en varias corrientes, algunos de sus miembros se han pasado a la Iglesia Católica ante algunas decisiones de su Iglesia sobre la ordenación sacerdotal de mujeres.
Mi paz os doy
El lema y el cartel de este año son verdaderamente estimulantes. Nos sitúan en el contexto del llamado discurso de despedida que recoge el Evangelio según san Juan. Jesucristo ha lavado los pies a sus discípulos y les ha dejado como distintivo el mandamiento del amor. Les promete la paz que el mundo no puede dar y una unión íntima con Él. La paz entre nosotros y la unidad con Cristo mutuamente se implican: por ello, en la liturgia latina se expresan juntas antes de recibir la Eucaristía y acoger al hermano en gesto fraterno de paz.
UT UNUM SINT
// Juan Pablo II
«Muchísimos hombres, en todo el mundo, han sido movidos por esta gracia y también entre nuestros hermanos separados ha surgido un movimiento cada día más amplio, con ayuda de la gracia del Espíritu Santo, para restaurar la unidad de los cristianos. Participan en este movimiento de unidad, llamado ecuménico, los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesús como Señor y Salvador». (n. 7)
«La unidad querida por Dios sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. En materia de fe, una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad». (n.18)
«En el camino ecuménico hacia la unidad, la primacía corresponde sin duda a la oración común, a la unión orante de quienes se congregan en torno a Cristo mismo. Si los cristianos, a pesar de sus divisiones, saben unirse cada vez más en oración común en torno a Cristo, crecerá en ellos la conciencia de que es menos lo que los divide que lo que los une». (n. 22)
«El fin último del movimiento ecuménico es el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los bautizados.
En vista de esta meta, todos los resultados alcanzados hasta ahora no son más que una etapa, si bien prometedora y positiva». (n. 77)
«En el camino que conduce hacia la plena unidad, el diálogo ecuménico se esfuerza en suscitar una recíproca ayuda fraterna a través de la cual las comunidades se comprometan a intercambiarse aquello que cada una necesita para crecer según el designio de Dios hacia la plenitud definitiva ». (n. 87)
«La Iglesia católica debe entrar en lo que se podría llamar « diálogo de conversión », en donde tiene su fundamento interior el diálogo ecuménico. En ese diálogo, que se realiza ante Dios, cada uno debe reconocer las propias faltas, confesar sus culpas, y ponerse de nuevo en las manos de Aquél que es el Intercesor ante el Padre, Jesucristo.» (n. 82)
«El ecumenismo no es sólo una cuestión interna de las Comunidades cristianas. Refleja el amor que Dios da en Jesucristo a toda la humanidad, y obstaculizar este amor es una ofensa a El y a su designio de congregar a todos en Cristo». (n. 99)
Texto completo en:
www.multimedios.org/docs/d000447 Publicado
en LA VERDAD, el 01-11-2003
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