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REPORTAJES
Y CRÓNICAS
Votar por la familia
El pasado 3 de febrero la Conferencia Episcopal Española hizo público el Directorio de Pastoral Familiar, 250 folios en los que se señalan los problemas de la familia y se apuntan las soluciones. Rodeado de una polémica desproporcionada, el texto constituye el punto de referencia para la acción pastoral de la Iglesia en el campo de la familia
Capítulo I: El plan de Dios sobre el matrimonio y la familia
- El matrimonio no es una invención humana o un pacto privado, al arbitrio de las partes, sino un «gran misterio», un proyecto maravilloso de Dios, que comunica su amor eterno al hombre, creado varón y mujer a su imagen y semejanza.
- Los rasgos esenciales del amor conyugal los ha establecido Dios, autor del matrimonio, y los ha inscrito en los significados de la sexualidad humana: unidad, indisolubilidad, exclusividad, fecundidad, fidelidad.
- La gracia de la redención capacita al hombre dividido por el pecado para descubrir y realizar el plan de Dios sobre el amor conyugal en toda su belleza.
- Por el sacramento del matrimonio los esposos, injertados en la alianza de Cristo por el bautismo, participan como cónyuges en la misma.
- El matrimonio cristiano es un camino de santidad en la Iglesia, es decir, a la plenitud del amor y al compromiso por la extensión del Reino de Dios.
- El celibato y el matrimonio cristianos son dos vocaciones complementarias y de valor inestimable.
- La santificación de la vida conyugal requiere diligente cuidado. La Iglesia ofrece a los esposos medios adecuados para que cultiven la vida en el Espíritu: sacramentos, enseñanzas, acompañamiento espiritual, etc.
- La familia cristiana, «iglesia doméstica», es la primera transmisora del amor y de la fe.
- El fin de toda la pastoral familiar -que es una dimensión esencial de la acción de la Iglesia- es llevar a plenitud la vocación matrimonial.
CAPÍTULO II: LA RESPUESTA A LA PREPARACIÓN AL MATRIMONIO
- La grandeza de la vocación matrimonial requiere una preparación honda y completa, prolongada y diversificada, así como una acción pastoral rigurosa y coordinada.
- La preparación remota al matrimonio tiene lugar en los hogares cristianos desde la infancia. El modo propio es la fe vivida e irradiada en la convivencia familiar.
- La responsabilidad primordial atañe a los padres. Han de contar con la ayuda de la parroquia y de la escuela; en ambas resulta oportuna la organización de Escuelas de padres.
- La educación afectivo-sexual compete primordialmente a los padres. En nuestros días es especialmente necesario -dado el impacto negativo del pansexualismo sobre los niños y jóvenes- que los padres asuman esta responsabilidad. Las diversas instancias eclesiales han de preparar programas de educación afectivo-sexual para menores. Asimismo se ha de integrar esta educación en el proceso catequético.
CAPÍTULO III: LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO
- La Celebración del Sacramento del Matrimonio constituye un momento central de toda la pastoral familiar y un acontecimiento eclesial de la historia de la salvación.
- Se ha de procurar la participación activa y fructífera de los contrayentes, de los demás asistentes y de la comunidad parroquial.
- En la preparación y desarrollo de la Celebración se ha de considerar que se trata de una acción sagrada, en la que, por tanto, deben guardarse las exigencias propias de la Liturgia: recogimiento, eclesialidad, sobriedad, sencillez, autenticidad, decoro, etc.
- Dada la profunda conexión del Sacramento del Matrimonio con el de la Eucaristía, normalmente se celebrará la boda dentro de la Santa Misa. Se facilitará que los contrayentes puedan acudir previamente al sacramento de la Reconciliación.
- Normalmente, el lugar de la Celebración será la Parroquia de los contrayentes.
- Con respecto al Matrimonio de los bautizados que se declaran no creyentes, se ha de actuar con prudente discernimiento, esclareciendo ante todo si quieren contraer verdadero matrimonio. Los Pastores deben ayudar a descubrir y nutrir la fe de los mismos.
- Con respecto a los matrimonios mixtos y dispares, que revisten especiales dificultades, se han de observar las normas canónicas y las directrices de los Obispos.
CAPÍTULO IV: LA PASTORAL DEL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
- Los nuevos esposos encontrarán en el Espíritu de Cristo, presente en la Iglesia, la fuente para la renovación constante de su amor.
- Al hilo de los acontecimientos de la vida familiar, los nuevos esposos deberán encontrar en la Iglesia un hogar cercano, su familia sobrenatural, que les ofrece la gracia de los sacramentos y de la Palabra de Dios, y la inserción en diversos grupos y actividades formativas.
- Los cónyuges han de reconocer la procreación y el don del hijo como una bendición especialísima de Dios.
- La paternidad responsable significa, ante todo, que los cónyuges descubren la dimensión procreativa de su unión como una vocación y misión divinas. Se ha de instruir a los cónyuges sobre la doctrina de la Humanae vitae y sus razones antropológicas. La instrucción sobre los métodos de reconocimiento de la fertilidad humana ha de hacerse en el contexto de la educación en la virtud de la continencia periódica.
- Las familias numerosas merecen un altísimo reconocimiento eclesial y social.
- La misión educativa de los padres se configura como un derecho-deber esencial e inalienable.
- Los padres son, además, los primeros evangelizadores de sus hijos.
- Los padres han de implicarse en los Centros docentes, en las Asociaciones de padres de alumnos, en la Catequesis y en otras actividades de sus hijos.
- Los padres que sufren la falta de hijos merecen la cercanía de la Iglesia. Se les ha de ayudar a descubrir otras dimensiones de la fecundidad de su amor; y asesorarles, si lo desean, a remediar la infertilidad de modos éticamente admitidos por la Iglesia.
- También los matrimonios con hijos discapacitados, aquejados de enfermedades especiales, de adicciones, etc., han de encontrar el apoyo de la Iglesia y de la entera sociedad. Lo mismo vale para otras situaciones difíciles, como familias monoparentales, orfandad, ancianidad, viudedad, emigración o malos tratos.
CAPÍTULO V. LA ATENCIÓN PASTORAL DE LAS FAMILIAS EN SITUACIONES DIFÍCILES E IRREGULARES
- Las situaciones difíciles merecen atención especial, siguiendo estos principios pastorales: confianza en la gracia de Dios; presentación de la verdad clara y completa, con caridad y comprensión; discernimiento, prudencia,
gradualidad.
- Para mantener la estabilidad conyugal se requiere una tarea preventiva ineludible, que consiste en educar en la fidelidad y en la disposición a dejarse ayudar, de modo especial mediante el diálogo a fondo.
- Los COF y los Orientadores familiares realizan una importante tarea en orden al fortalecimiento de la vida matrimonial y a la reconciliación.
- Se ha de intensificar la formación y catecumenados de adultos.
- Para la separación conyugal el cristiano debe recurrir a la autoridad eclesiástica.
- Se ha de procurar la convalidación de los matrimonios nulos, si es oportuno.
- En los procesos de nulidad el cristiano debe aceptar el juicio de la Iglesia.
- La mediación familiar, que puede ser una ayuda para la reconstrucción de la convivencia, sin embargo, se configura con frecuencia como una facilitación del divorcio.
- Los profesionales del derecho, que tanto pueden ayudar a la estabilidad familiar, deben procurar evitar la injusticia del divorcio.
- Una atención especial requieren los separados o divorciados civilmente y no casados de nuevo, debido a las dificultades de su situación. Se les ha de ayudar para que se mantengan fieles a su vínculo conyugal en la comunión de la Iglesia.
- Existe una incompatibilidad del estado de divorciado y casado de nuevo con la plena comunión eclesial. Se ha de buscar progresivamente su acercamiento para que cambien de vida y puedan ser recibidos en los sacramentos. Deben participar en la vida de la Iglesia, aunque no en aquellas actividades que requieran la plena comunión eclesial. La iniciación cristiana de los hijos, que sigue siendo responsabilidad de estos padres, constituye una ocasión pastoral muy oportuna.
- Dada su proliferación, las «uniones de hecho» requieren una atención especial. Su legalización, así como la de los pretendidos «matrimonios homosexuales», es una gravísima injusticia contra el matrimonio y la sociedad.
CAPÍTULO VI: LA FAMILIA, LA SOCIEDAD Y LA IGLESIA
- La familia posee un cometido propio y fundamental en el desarrollo de la sociedad. Es escuela básica de comunión, libertad, responsabilidad y justicia.
- La política familiar consiste en el reconocimiento de la identidad de la familia como sujeto social y de sus derechos inalienables. Para que se respete la subjetividad e iniciativa social de la familia se ha de promover el asociacionismo familiar.
- Las autoridades públicas -políticos y legisladores- han de respetar y promover la verdad y los derechos de la familia.
- Tanto las instituciones eclesiales como los padres cristianos han de asumir su responsabilidad con respecto a los medios de comunicación social, con diversos planes y actuaciones.
- La familia cristiana es comunidad creyente y evangelizadora. Para vivir a la luz de la fe y ser fermento de santidad en el mundo, es necesaria la catequesis y la formación permanente, la piedad familiar, la participación de la familia en la iniciación a los sacramentos y el compromiso de vida.
- La familia está llamada a ser comunidad humanizadora al servicio de la civilización del amor, mediante el ejercicio de la caridad y las obras de misericordia, tanto en su propio seno como en la sociedad.
CAPÍTULO VII: ESTRUCTURAS, SERVICIOS Y RESPONSABLES DE LA PASTORAL MATRIMONIAL Y FAMILIA
- Todos en la Iglesia, cada uno según su vocación y misión, somos responsables de la pastoral familiar.
- La Delegación diocesana de pastoral familiar ha de organizar y coordinar los planes, grupos, actividades y la formación.
- La Parroquia, que goza de una cercanía privilegiada a la vida de las familias, ha de ofrecer una variedad de propuestas, como: actividades formativas, grupos de matrimonios, celebraciones familiares.
- Se ha de dar un nuevo impulso a los movimientos familiares de la Iglesia.
- Los COF, cuando están bien organizados, ofrecen una variedad de ayudas efectivas a las familias. El COF diocesano ha de ser punto de referencia para la pastoral familiar.
- Para una vivencia cristiana de la paternidad responsable, han de ser promovidos los Centros de Enseñanza de métodos naturales de conocimiento de la fertilidad con pleno sentido eclesial.
- Los Centros eclesiales de estudios sobre matrimonio y familia y bioética revisten una enorme importancia para la formación de la Comunidad cristiana, y en especial de los agentes de la pastoral familiar.
- La Subcomisión episcopal para la Familia y Defensa de la Vida ha de ejercer, dentro de su competencia, tareas de asesoría y coordinación.
- Los Obispos, primeros responsables de la pastoral familiar en las diócesis, hemos de velar e impulsar su desarrollo.
- Los Presbíteros han de instruir a los fieles en el evangelio del matrimonio, la familia y la vida.
- Los matrimonios y las familias son protagonistas y responsables de la pastoral familiar.
- También para los religiosos y consagrados la pastoral familiar es una tarea prioritaria, según su propio carisma.
- Los laicos especializados en las diversas áreas y bien formados en el evangelio de la familia y de la vida aportan una contribución insustituible a la evangelización en este ámbito.
De las Conclusiones del Directorio de Pastoral Familiar (n.306)
Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa individuar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado: Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario que sigan a Cristo.
Corresponde también a los cristianos el deber de anunciar con alegría y convicción la «buena nueva» sobre la familia, que tiene absoluta necesidad de escuchar siempre de nuevo y de entender cada vez mejor las palabras auténticas que le revelan su identidad, sus recursos interiores, la importancia de su misión en la Ciudad de los hombres y en la de Dios.
La Iglesia conoce el camino por el que la familia puede llegar al fondo de su más íntima verdad. Este camino, que la Iglesia ha aprendido en la escuela de Cristo y en el de la historia -interpretada a la luz del Espíritu- no lo impone, sino que siente en sí la exigencia apremiante de proponerla a todos sin temor, es más, con gran confianza y esperanza, aun sabiendo que la «buena nueva» conoce el lenguaje de la Cruz. Porque es a través de ella como la familia puede llegar a la plenitud de su ser y a la perfección del amor.
Análisis:
Línea COPE
Era lógico esperar que la Instrucción sobre la Pastoral Familiar publicada por la Conferencia Episcopal iba a suscitar las críticas y el rechazo de los sectores laicistas. En este documento los obispos exponen detalladamente la urgencia de una pastoral familiar que afronte una situación marcada por los dramas que ha traído consigo la llamada revolución sexual de los años sesenta, que al separar la sexualidad del matrimonio, de la procreación y del mismo amor, la ha convertido en objeto de consumo. Esta revolución había prometido todo un paraíso de goces sin fin con el resultado de una sociedad más libre y más feliz. Pero aunque se traten de ocultar, las consecuencias han sido justamente las contrarias. Proliferan las rupturas matrimoniales, los hijos que crecen sin un hogar verdadero y los abusos sexuales dentro de la propia familia; también la violencia doméstica, lejos de disminuir como se creía, está aumentando.
A la vista de la lectura maliciosa y sesgada que algunos medios y partidos han hecho del documento, puede añadirse al refrán que no hay peor lector que el que no quiere leer ni peor entendedor que el que no quiere entender. Así, Rodríguez Zapatero afirmó ayer que la doctrina expuesta por los Obispos era inasumible, por lo cual anunció que la religión dejaría de ser obligatoria y evaluable, si él llegase al Gobierno. El PSOE trata de confundirnos de nuevo, porque la clase de Religión Católica no ha sido ni es obligatoria para nadie, y por otra parte, es una muestra de sectarismo pretender desalojar de la escuela aquello que un partido no comparte. Zapatero no ve problemas en la revolución sexual, pero hace un gran favor al electorado cuando clarifica su pensamiento sobre la familia. Sus propuestas en esta materia consisten en equiparar cualquier tipo de relación o convivencia, liberalizar el aborto y limitar el derecho de los padres a elegir libremente el tipo de educación que desean para sus hijos. Las cosas
claras.
Publicado
en LA VERDAD, el 14-02-2004
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