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REPORTAJES Y CRÓNICAS


Día del Seminario 2004

 

El 19 y/o 21 de marzo la Iglesia celebra el día del Seminario con el lema «Hay más alegría en dar que en recibir». El lema de una campaña, que pretende crear un clima y un ambiente a favor de una causa, fundamentar las motivaciones y ofrecer recursos para difundir el mensaje.

 

La campaña Día del Seminario viene a apoyar un elemento vital para la Iglesia: el ministerio presbiteral, y a la vez, la institución que cada Diócesis tiene para preparar a sus futuros sacerdotes: el Seminario. Por este motivo es una campaña eclesial que hay que cuidar y desarrollar pastoralmente con esmero. 

 

Sus principales objetivos son éstos:
1. Acercar el Seminario Diocesano (Mayor y Menor o Pre-Seminario) a toda la Diócesis, de modo que se conozca mejor y se valore su importancia para la vida cristiana y el futuro de la Diócesis.
2. Sensibilizar a la sociedad en general y particularmente a la comunidad cristiana sobre la necesidad de la vocación sacerdotal y el servicio que prestan los sacerdotes. 
3. Motivar a los sacerdotes y demás responsables de pastoral, catequistas, etc., para que descubran jóvenes y niños que pueden ser candidatos al sacerdocio y les animen y preparen para ir al Seminario. 
4. Potenciar en toda la comunidad cristiana la oración por las vocaciones sacerdotales, como el Señor nos mandó, y enseñar a los niños y jóvenes a orar, como condición y clima necesario para poder escuchar la llamada de Jesucristo a su seguimiento.
5. Apoyo económico al Seminario, para que tenga medios suficientes y pueda ofrecer a los futuros sacerdotes una buena preparación. Y para que ninguna familia deje de enviar un hijo al Seminario por problema de dinero.

 

La mejor Campaña vocacional
Cuando a un sacerdote se le ve centrado y contento en lo que es y hace, es la mejor palabra de animación vocacional. Podrá estar cansado por su actividad y no resultarle bien todo lo que programa, ni tener demasiado éxito en su iniciativas, pero se siente feliz en trabajar por le Reino de Dios y ser fiel correspondiendo al amor de Jesucristo. Entonces su vida tiene un atractivo especial para los jóvenes, porque deja traslucir el misterio que la anima. Será capaz de suscitar seguidores que quieren parecerse a él y dedicarse a lo que él se dedica haciendo el bien y siendo el signo y transparencia de Jesucristo.
De la importancia de este testimonio gozoso del sacerdote para la pastoral vocacional habla el Concilio Vaticano II, cuando dice que «Ante todo, preocúpense los presbíteros de exponer a los fieles, por el ministerio de la palabra y con el propio testimonio de la vida, que manifieste abiertamente el espíritu de servicio y el verdadero gozo pascual, la excelencia y necesidad del sacerdocio».

 

¿PARA QUÉ HACEN FALTA SACERDOTES? 10 RAZONES:
1. Para enseñar la Palabra de Dios y garantizar la calidad de la educación cristiana.
2. Para anunciar el Evangelio aquí y en países de misión.
3. Para perdonarnos los pecados en nombre de Jesús.
4. Para presidir la Eucaristía y darnos el Pan de la Vida.
5. Para animar la comunidad cristiana, la Parroquia y los grupos de fe, procurando ser ejemplo y apoyo.
6. Para estar cerca y ayudar a los pobres, los necesitados, los que sufren, como hizo Jesús.
7. Para enseñarnos a rezar y relacionarnos con Dios como Padre y a ver lo que el Espíritu quiere de cada uno y descubrirnos que estamos llamados a la felicidad eterna.
8. Para orientar con criterios morales y evangélicos en los problemas de la vida y el mundo actual.
9. Para impulsar la responsabilidad de los seglares en la sociedad y dentro de la Iglesia.
10. Para servir a la unidad eclesial, coordinando a todos en comunión con el Obispo.

 

EL CARTEL
El cartel muestra a un grupo de peregrinos. Un grupo de jóvenes alegres, que muestran la cruz de Jesucristo, donde Él se entregó totalmente por el hombre. En medio de ellos un sacerdote, que sabe por experiencia que es cierta la frase de Jesús: «Hay más alegría en dar que en recibir». El cartel quiere mostrar la vocación sacerdotal como un camino de felicidad entregándose a los demás: en este caso en la pastoral con jóvenes.

 


Es mejor dar que recibir

Muchos se extrañarán de esta afirmación. No es lo que pensamos ni hacemos en la vida ordinaria. Para los que no lo sepan les diré que ésta es una palabra del Señor transmitida no por los evangelistas sino por San Pablo. 
El Señor dijo "hay más alegría en dar que en recibir". Y si nos paramos a pensar, veremos que la frase tiene un significado real y profundo. El que da es porque tiene, tiene algo que dar y tiene también deseos de dar, interés por el bien de los demás. Cuando recibimos algo podemos sentirnos contentos por haber remediado una necesidad o haber conseguido algún beneficio. Pero cuando damos, tenemos la alegría profunda de remediar la necesidad de otra persona, nos sentimos justificados, interiormente engrandecidos por esa riqueza moral de la generosidad. 
Este año, para el Día del Seminario, nos han propuesto esta palabra del Señor como lema de la campaña. Con ello nos quieren decir que la vida del sacerdote es una vida entregada para el bien de los demás. En la vida humana hay siempre un componente de entrega y generosidad. Los padres por los hijos y los hijos por los padres, los buenos profesionales en sus propias obligaciones, en el cuidado de los enfermos o de los ancianos, en otra muchas necesidades del prójimo, siempre hay mil ocasiones para dedicar el tiempo y las energías de nuestra vida a ayudar o aliviar a alguna persona necesitada. 
En el caso del sacerdote, la vida entera está dedicada al servicio de los demás, de forma generosa, sin buscar la propia ventaja, en el ministerio de la fe, de la vida espiritual y de la salvación eterna, que es el servicio más grande que podemos hacer. El sacerdote deja su familia, sus gustos y aficiones, renuncia a su posición social y económica, para ayudar a los demás a conocer y amar a Jesucristo, a crecer en su vida interior, a asegurar su salvación y colaborar en el Reino de Dios. 
En la decisión de ser sacerdote influyen dos elementos bien precisos, el primero y principal es el amor a Jesucristo, el deseo de servirle y de colaborar con El en la glorificación de Dios y en el anuncio de su Reino. Dentro de la Iglesia, los sacerdotes continúan visiblemente la misión del Señor en el anuncio de la bondad y del amor del Padre, ofreciendo el perdón de los pecados y ayudando a todos a crecer en la caridad y a llevar una vida santa. Los sacerdotes son signos vivientes de la presencia invisible de Jesús como Cabeza y Redentor de quienes creen en El y del mundo entero. 
Y a la vez, algunos jóvenes se deciden a ser sacerdotes porque se sienten llamados a entregar la vida por el bien de los demás, para ayudarles a conocer los dones de Dios, a vivirlos y disfrutar de ellos en este mundo y en la vida eterna del Cielo. Esta ofrenda lleva consigo prescindir de otras cosas posibles y concentrarse en las tareas del ministerio sacerdotal que son las tareas del Señor. 
Nadie sabe la felicidad interior que se siente cuando uno sabe que su trabajo, sus horas de estudio y de atención a las personas, las energías enteras de la vida, están puestas en manos de Jesucristo, por medio de la Iglesia, para que El, por medio de nosotros, pueda seguir anunciando su evangelio, consolando a los enfermos, perdonando los pecados, ayudando a las personas concretas, con amor y paciencia, a renovar y salvar su vida por el conocimiento y la aceptación del amor salvador de Dios. Aquí se cumple la palabra del Señor: Es mejor dar que recibir. 
Con estas líneas querría invitar a los jóvenes amigos de Jesús, a que se pregunten hasta dónde están dispuestos a entregar su vida por El y con El, por los hermanos y con los hermanos, para que Dios sea conocido y querido, para que los jóvenes encuentren en Jesucristo el verdadero camino y las dimensiones verdaderas de su vida, de sus amores, de sus proyectos de vida. 
Es evidente que hay muchos grados y maneras de entregarse al Señor y de servir a los demás, pero es indudable que quien sienta la llamada de Jesús, quien descubra la grandeza de esta vida puesta enteramente al servicio del Señor y de la Iglesia, encontrará en ella una manera insigne de vivir cerca de Jesús, de compartir con El el peso de la salvación de los hombres y del mundo en el conocimiento y reconocimiento de Dios, en el crecimiento de una vida justa y santa, arraigada en la verdad del amor y enriquecida con los frutos de la justicia y de la caridad. 
Vamos a ver cuántos jóvenes navarros son capaces de entender esta palabra de Jesús, cuántos se sienten invitados a mantener viva en Navarra la palabra de Jesucristo, a ofrecer el mensaje de Jesús a tantos compañeros que viven a oscuras y malgastan sus vidas porque no han descubierto a Jesús como Salvador verdadero. 
Nos hacen falta sacerdotes santos y bien preparados para ayudar a las nuevas generaciones a creer en Jesucristo, a vivir con la dignidad y santidad de los hijos de Dios, a construir una sociedad más fraternal y más espiritual, más humana y más santa, para que Dios sea glorificado y nosotros alcancemos la felicidad que nos corresponde en este mundo y en el otro. 
Los cristianos tenemos que pedir a Dios con toda nuestra alma que nos bendiga con nuevas vocaciones para el ministerio sacerdotal, que se multipliquen las familias santas en las que puedan nacer y crecer estas vocaciones, que las comunidades cristianas, con sus sacerdotes al frente, sientan esta necesidad y hagan posible con una vida santa este aumento de vocaciones sacerdotales en nuestra Iglesia de Navarra. Confiamos en la misericordia de Dios y en la fecundidad de su gracia. Colaboremos nosotros con nuestra oración y la ejemplaridad de nuestra vida.

 

Publicado en LA VERDAD, el 19-03-2004