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REPORTAJES
Y CRÓNICAS
Cristo,
fundamento único de la Iglesia
Cada año, del 18 al 25 de enero, todos los cristianos del mundo celebran la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Este año 2005 recién estrenado nos invita a profundizar y orar el lema «Cristo, fundamento único de la Iglesia» Cada año, del 18 al 25 de enero, todos los cristianos somos convocados de manera muy especial para orar por la unidad. Aunque son muchos los aspectos que nos unen, todavía estamos separados unos de otros. Ante esta anómala situación, no podemos permanecer impasibles, como si no nos afectara o no tuviéramos nada que hacer. Al contrario: hemos de seguir fielmente a nuestro Señor Jesucristo que ha querido que la comunidad de sus discípulos, la Iglesia, fuera una sola cosa en El.
Sentido de la semana de oración
La Semana de oración por la unidad nos interpela sobre la actual división, que contrasta con la voluntad de Jesucristo y que disminuye la capacidad evangelizadora de la Iglesia. (...) Al orar por la unidad de los cristianos reconocemos que en el corazón del ecumenismo está la súplica perseverante a Dios para que nos envíe su Espíritu de concordia y de paz. La oración nos hace disponibles para trabajar sin desmayos, a pesar de los obstáculos, según los planes de Dios, que quiere la unidad de sus hijos. La Semana de oración por la unidad de los cristianos (...) debe purificar nuestro corazón de prejuicios, otorgarnos humildad para reconocer nuestros fallos y disponernos a la reconciliación.
Cuando en la oración toman parte cristianos, aún separados pero que aspiran hondamente a la unidad plena y visible, adquiere el encuentro una significación particular; invitamos a que en la medida de lo posible se organicen entre las diversas confesiones cristianas estas celebraciones de oración. (....)
Cristo fundamento unico de la Iglesia
El lema de este año resume la respuesta de san Pablo a los fieles de Corinto, que por actitudes contrarias a la condición cristiana estaban divididos, apuntándose a grupos rivales con su líder a la cabeza. Pablo, Pedro, Apolo y otros apóstoles son colaboradores del Señor y ministros del Evangelio, que han desarrollado diversas tareas en la comunidad; pero «nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo». Los apóstoles deben ser servidores de Cristo y administradores fieles de los misterios de Dios. El bien excelente de la unidad de la Iglesia ha necesitado desde el principio ser reafirmado sobre sus fundamentos y ser recordado en la exhortación cristiana frente a las disensiones y escándalos.
El que Jesucristo sea el único fundamento puesto por Dios sobre el cual se edifica la Iglesia, significa que por El hemos recibido la salvación, que El es nuestra paz y que al margen de la unión con Jesucristo no puede afianzarse la unidad auténtica entre sus discípulos. Si confesamos por la fe al mismo Cristo, debemos estar unidos en un mismo cuerpo. Nuestra unión será tanto más estrecha cuanto más unidos estemos todos con Jesucristo. (...)
No puede darse en el cristiano una disociación o disyuntiva entre Jesucristo y la Iglesia, como si para ser cristiano bastara con asumir el Evangelio solamente en el ámbito personal excluyendo la comunidad eclesial; ni tampoco sería correcto acentuar los aspectos organizativos de la Iglesia más que el Evangelio de Jesucristo, que ha de ser anunciado, celebrado y vivido personal y eclesialmente.
Un edificio de piedras vivas
El cartel de este año nos presenta las piedras vivas, que somos todos los cristianos, y todos juntos, bien unidos y apoyados en Cristo, formamos la Iglesia. Es una llamada a todos los cristianos, para que cada uno mire el fundamento que pone, que no puede ser otro que el Hijo de Dios hecho hombre.
Estamos llamados, pues, a ahondar nuestras raíces en Jesucristo, que nos ha confiado el Evangelio en el que se contiene su mensaje de amor, de unidad, de paz, para después anunciarlo con nuestra vida y nuestras palabras. (...) El verdadero reto que tenemos todos los cristianos es conocer y comprender a la Iglesia desde Cristo y sólo desde El. Por ello, si ignoramos a Cristo y su mensaje, la imagen de la Iglesia queda totalmente desvirtuada. (...)
Eucaristía, sacramento de unidad
El presente Año de la Eucaristía es una oportunidad para entrar más intensamente en el dinamismo de unidad y de paz que la caracteriza. Jesús murió para reunir a los hijos de Dios dispersos; y en la celebración eucarística ofrecemos a Dios «el sacrificio de la reconciliación perfecta». Por esto, pedimos al Padre que al participar del banquete pascual de su Hijo, nos conceda el Espíritu Santo para que desaparezcan los obstáculos en el camino de la concordia y la Iglesia sea en medio de los hombres signo de unidad e instrumento de paz. La participación en la Eucaristía es fermento de unidad en la Iglesia y acicate de amor a los hermanos, y también impulso a la reunificación de todos los cristianos y a la pacificación de la humanidad entera. (...) Cristo, fundamento único de la Iglesia, está presente de manera singular en la Eucaristía como llamada a la unidad plena y visible de la Iglesia.
Fragmentos del Mensaje de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.
Estas son algunas claves del texto clave del ecumenismo, el documento Unitatis redintegratio, promulgado en el Concilio Vaticano II: >> Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio ecuménico Vaticano II
>> Además de los elementos o bienes que conjuntamente edifican y dan vida a la propia Iglesia, pueden encontrarse algunos, más aún, muchísimos y muy valiosos, fuera del recinto visible de la Iglesia católica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y otros dones interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles: todas estas realidades, que provienen de Cristo y a El conducen, pertenecen por derecho a la única Iglesia de Cristo.
>> Por «Movimiento ecuménico» se entienden las actividades e iniciativas que, según las variadas necesidades de la Iglesia y las características de la época, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos.
>> Conservando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, según la función encomendada a cada uno, guarden la debida libertad, tanto en las varias formas de vida espiritual y de disciplina como en la diversidad de ritos litúrgicos e incluso en la elaboración teológica de la verdad revelada; pero practiquen en todo la caridad.
>> El auténtico ecumenismo no se da sin la conversión interior. Porque es de la renovación interior, de la abnegación propia y de la libérrima efusión de la caridad de donde brotan y maduran los deseos de la unidad.
>> Esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones públicas y privadas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como alma de todo el movimiento ecuménico y con toda verdad pueden llamarse ecumenismo espiritual.
>> La manera y el sistema de exponer la fe católica no debe convertirse, en modo alguno, en obstáculo para el diálogo con los hermanos. Es de todo punto necesario que se exponga claramente toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo, que daña a la pureza de la doctrina católica y oscurece su genuino y definido sentido.
>> Al comparar las doctrinas, recuerden que existe un orden o «jerarquía» en las verdades de la doctrina católica, ya que es diverso el enlace de tales verdades con el fundamento de la fe cristiana.
>> Como a la unidad de la Iglesia no se opone una cierta variedad de ritos y costumbres, sino que ésta más bien acrecienta su hermosura y contribuye al más exacto cumplimiento de su misión, como antes hemos dicho, el sagrado Concilio, para disipar toda duda, declara que las Iglesias orientales, recordando la necesaria unidad de toda la Iglesia, tienen la facultad de regirse según sus propias
ordenaciones.
Publicado
en LA VERDAD, el 14-01-2005
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