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ENTREVISTAS Y SEMBLANZAS


José Luis Restán«Hay que superar los prejuicios para vivir la realidad de los medios»

 

El director de la programación socio-religiosa de la Cadena COPE, José Luis Restán, analiza en esta entrevista la situación de la comunicación de la Iglesia en España

 

¿Cuál es la situación de la comunicación de la Iglesia en España?

Creo que se han dado importantes pasos en los últimos tiempos. Hay una nueva generación de comunicadores católicos y una actitud nueva en todo las estructuras de comunicación de las diócesis, de las órdenes religiosas, de las instituciones laicales mucho más positiva y consciente de las implicaciones y exigencias del fenómeno de la comunicación. Pero todavía en ambientes eclesiales está latente un cierto prejuicio hacia los medios, que nace muchas veces de malas experiencias. Ese prejuicio es humanamente comprensible, pero no puede ser una coartada ni una justificación para que dentro de la Iglesia no se viva la urgencia de estar presentes en los medios, de responder a sus requerimientos y tener una actitud comunicadora, es decir, de inculturar el evangelio en esta época marcada por la cultura de la comunicación. 

¿Cuál es la actitud de los medios de comunicación hacia la Iglesia?

En muchos medios de España todavía está vigente una actitud de prejuicio ideológico contra la Iglesia, que tiene raíces históricas, algunas más explicables que otras. Eso hace que haya una especie de antipatía que se manifiesta tanto en las líneas editoriales como en el modo de enfocar los temas o de seleccionar la información. El año 2001 ha sido especialmente duro en este sentido, y hemos visto cómo esa antipatía hacia la Iglesia sigue en España más vigente quizá que en otros países europeos. Para mejorar la situación de la comunicación en la Iglesia de España es preciso que se den pasos tanto por parte de la Iglesia como por parte de las instancias mediáticas. 

¿Qué pasos serían esos?

Por parte de la Iglesia hay que tener una actitud más entusiasta y animosa, superando temores, prejuicios e inercias para vivir esa realidad de los medios. Eso no significa aceptar todo lo que hay en los medios, sino hacer el esfuerzo de meterse en ese contexto, buscando modos, formas, tiempos, personas y técnicas para estar presentes en la cultura de la comunicación de masas. 

¿Y por parte de los medios? 

En primer lugar, los medios tienen que hacer una purificación de los prejuicios que tienen respecto del cristianismo y de la Iglesia. No significa que tengan que ser confesionales o tratar a la Iglesia con algún privilegio, sino que tienen que reconocer que la fe de las personas tiene una dimensión pública que tiene que ser protegida y acogida, no sólo por las leyes y los gobernantes, sino también por los medios de comunicación, en tanto que hay un derecho a que sea respetada esa fe y a que encuentre eco y reflejo en los medios. 
En segundo lugar, el cristianismo es una de las raíces fundamentales de nuestra cultura, de nuestra vida, de nuestra sociedad, y por lo tanto no se puede ningunear ni se puede agredir impunemente, sino que debe ser reconocida como una raíz importante de lo que es la estructura de nuestra convivencia cívica, de nuestra cultura y tradición como pueblo. 
Y en tercer lugar, los temas de Iglesia tienen que ver con todos los aspectos de la vida humana (familia, justicia, trabajo, búsqueda de sentido...) y merecen por tanto un espacio generoso en los medios.

¿Qué iniciativas concretas de comunicación está llevando a cabo la Iglesia?

Creo que es ahora es un momento muy fluido en el que están surgiendo iniciativas nuevas. Esto es prometedor, pero esas iniciativas tienen que consolidarse. En el campo de la TV, están creándose nuevas emisoras diocesanas en varios lugares de España. Algunas ya están emitiendo y otras van a empezar en un inmediato futuro. No sabemos si van a consolidarse, o si algunas van a fracasar en un mundo tan complicado como el de la televisión, pero creo que hay que jugar esa partida. En el caso de internet, están creándose portales y páginas web, no sólo de la estructura institucional de la Iglesia, sino también de órdenes religiosas, de ONG católicas, de movimientos y asociaciones cristianas, etc. Todo eso es remar mar adentro, como dice el Papa, en este oleaje de los medios de comunicación. 

¿Y en el campo de la prensa?

Ahí es mucho más difícil poner en marcha proyectos que se puedan consolidar. Hay muy buenas revistas sectoriales que reflejan la experiencia de un determinado carisma en la Iglesia, pero se sigue echando en falta un periódico generalista de ámbito nacional (o por lo menos regional) que tenga una identidad católica clara. Pero no es fácil abrirse camino en el mercado de la prensa escrita, y no tiene sentido lanzarse a aventuras que no tengan posibilidad de supervivencia. Pero es muy importante de cara al futuro que vayan surgiendo generaciones nuevas de comunicadores católicos, con nuevo aire, llenas de entusiasmo y menos prisioneras de antiguas batallas ideológicas (algunas incluso en el seno de la propia Iglesia). De ahí acaso surjan iniciativas empresariales interesantes. Nos jugamos mucho en el tema de la formación: hay que formar realmente una experiencia de comunicadores cristianos, que miren juntos la realidad e intenten llegar a juicios comunes. Creo que en las diócesis se ve que está surgiendo esa nueva generación, y hay que mimarla. 

¿Se echan en falta profesionales cualificados de la comunicación en la Iglesia?

Para ser un buen comunicador cristiano no sólo hay que dominar las técnicas y los saberes, sino que además es preciso tener una experiencia cristiana y eclesial básica. Hay muchas iniciativas de formación en Roma, en las diócesis y en los movimientos. Creo que estamos en época de siembra y todavía no se ven los frutos. Para entrar en el gran mundo de la comunicación, donde se cuece la opinión y la mentalidad de la sociedad, hace falta una presencia cualificada, que no desmerezca en el sentido técnico y cultural y sobre todo en cuanto a los contenidos de fe.

¿Cómo puede casarse en el periodismo confesional cristiano la unidad de la Iglesia con la diversidad de sus fieles?

Este es un problema que no sólo es del periodismo, es de todo. Pasa lo mismo cuando hablamos de la presencia de los cristianos en la vida política, en el arte... Todo depende de que haya un verdadero sentido eclesial, tanto en los que comunican como en los que reciben esa comunicación y responden de una manera crítica. No hay una fórmula mágica, un esquema o una plantilla que asegure que no va a haber problemas. Hay que atreverse a equivocarse. Como decía San Agustín: «En lo esencial, unidad; en el resto, libertad; y en todo, caridad». Hay un núcleo esencial que tiene que ser salvaguardado especialmente en un medio que se denomine católico, y más si ese medio depende directamente de una diócesis. Después, hay un amplio arco de acentos y posiciones que tienen que ser respetadas y es bueno que encuentren su reflejo en la vida de la Iglesia. No tenemos que divinizar el fenómeno de la comunicación. La comunicación es un instrumento que siempre es aproximado. La clave del asunto está en el sentido eclesial del comunicador cristiano. Por eso creo que es importante cuidar la experiencia de fe de los comunicadores. Otro gran capítulo es que eduquemos a nuestra audiencia, el pueblo cristiano, en el uso crítico de la información.

¿Tiene el cristiano complejos a la hora de comunicar su fe?

Nadie puede decir que no percibe en el ambiente el peso de una opinión cultural dominante que está continuamente impregnando los medios, y que se manifiesta en una determinada dirección y crea la impresión de que uno está fuera de onda. Los sociólogos de la comunicación han estudiado este fenómeno, y lo llaman la «espiral del silencio»: en la medida que tú percibes que, en el ambiente, quienes se manifiestan piensan diferente que tú, empiezas a creer que eres un bicho raro, y ya no te atreves a decir lo que piensas. Entonces, o te metes en el «getho» y haces una especie de vida apartada o te asimilas a la mentalidad dominante. Este dualismo se puede superar a través de la vivencia cotidiana de la fe dentro de la comunidad cristiana. Y aunque estés desafiado por el ambiente, tienes motivos y razones para sostenerte. El testimonio, la misión, es la alternativa a las opciones equivocadas, que son el «getho» y la asimilación. 

¿Qué reflejo tiene esto en los medios de comunicación?

Los medios de comunicación son ahora el núcleo de la mentalidad dominante. Si nos atenazamos y no salimos al paso, la posición cristiana desaparece cada vez más del ámbito público. Sigue habiendo muchos cristianos, pero muchas veces reducen su opinión a los ámbitos privados. Es importante superar esa cortina invisible de presión cultural, para poder manifestar con libertad y sin complejos la propia fe. También a San Pablo cuando llegó al areópago de Atenas le miraron como un bicho raro. Sin embargo, él tenía motivos para hablar. Y habló arrancando desde la experiencia vital de los propios atenienses. Nosotros tenemos que aprender a hablar a los hombres de nuestro tiempo partiendo de su experiencia vital, de su escepticismo... Y desde ahí presentarles el Evangelio. Todos los santos han sido comunicadores del Evangelio y no tenían situaciones más fáciles que la nuestra. Sin embargo, conectaron con la gente. Eso es un motivo de esperanza para los cristianos de hoy.

 

Publicado en LA VERDAD, el 19-01-2002