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TESTIMONIOS
«Todos tenemos algo que aportar»
La mirandesa María Pilar Ripa, periodista de 28 años, se marcha a México durante un año para trabajar en la Casa hogar de niños desamparados «Irsharai», un proyecto de las Esclavas Misioneras de Jesús
¿Qué labor vas a hacer en México?
Voy como coordinadora de la Casa hogar de niños desamparados «Irsharai». Me encargo de los niños, de llevarlos al colegio, ayudarles con las tareas, jugar con ellos... En definitiva, de que los niños estén bien.
¿Por qué vas?
Las motivaciones son muchas. Hace años que le doy vueltas a la idea de irme a algún sitio de misión. Había estado en algún campo de trabajo con los Javerianos en España, he colaborado con UAS y soy voluntaria de ADSIS, pero no he ido nunca a ningún país subdesarrollado. Tenía la ilusión de ir alguna vez. Por otro lado, también voy por conocer otra cultura, por ver cómo viven otras personas y por darme cuenta de lo poco que se necesita para vivir. Y también hay detrás una motivación religiosa. El hecho de ser creyente ayuda a decidirte a ir a un sitio así.
¿Cómo te decidiste a ir?
Yo conocía a la madre Guadalupe (Esclava Misionera de Jesús) de cuando estuve en Pastoral Universitaria, hace unos años. En diciembre, me encontré con ella en la estación de autobuses de Pamplona y me dijo que estaba buscando voluntarios para la casa hogar de México. En ese momento no le dije nada, pero me quedé dándole vueltas a la cabeza. Le comenté a mi madre que estaba pensando en irme, y ella me animó: «Si te parece que tienes que ir, vete». En marzo, me volví a encontrar con Guadalupe en la Coordinadora de ONGs, donde yo estaba trabajando como periodista, y le dije que a lo mejor me iba con ella, y le pareció bien. Además, en ese momento se daban todas las circunstancias profesionales y personales en mi vida para que yo pudiera irme a México un año.
¿Qué puedes aportar a esos países o qué te pueden aportar ellos?
Creo que todos tenemos algo que aportar. En la casa hogar la mayoría de las niñas han sido abandonadas, aunque tienen padres. Como dice Cristina, la chica que ha estado allí de voluntaria, son «huérfanas de padres vivos». Algunas han sido víctimas de abusos. Una cosa que sí les puedo dar es afecto. Y supongo que ellas me enseñarán y me darán muchas cosas de las que yo carezco... pero eso ya te lo contaré a la vuelta.
¿Te da miedo irte tan lejos?
Por miedo no tienes que dejar de hacer las cosas. Si el miedo te paraliza, no haces nada en la vida. Además, México es uno de los países que están relativamente bien de América. Y al menos conozco el idioma. No es lo mismo que irte a África. México tiene una cultura más cercana a la nuestra.
¿Qué piensas de lo que algunos llaman «turismo solidario»?
Me parece positivo que el «turista» sepa de que la gente no vive tan bien como se ve en las playas paradisíacas de la República Dominicana o de Cancún. Existe una realidad que es dura, y el «turismo solidario» es una primera toma de contacto. Habrá gente que vaya un mes, ayude un poco, y al volver se vuelva a sumergir en su vida normal. Pero también hay gente que va, se conciencia y luego ayuda desde aquí.
¿Qué te sugiere la frase: «Total, si no vas a cambiar nada...»?
El mundo, desde luego, no lo cambia una persona, pero gotita a gotita se forman los mares.
¿Qué problemática hay en México?
Hay muchos problemas en los países pobres, pero el fundamental es la educación. Hay que educarles en la esperanza, en saber que realmente pueden mejorar su situación. Si piensas que, hagas lo que hagas, no vas a vivir mejor, entonces vives en la resignación, y no haces demasiado por cambiar tu situación, porque crees que no puedes. En México, el mayor problema son los niños de la calle.
¿Qué crees que deberían hacer los cristianos de Navarra para contribuir a paliar los males del mundo?
Deberíamos ser conscientes de que vivimos muy bien, y de que mucha gente vive muy mal, y en la medida de lo posible colaborar. Lo que deberíamos hacer es poner en práctica el mensaje del Evangelio. Amar a los pobres, pero no de palabra, sino acercarnos a ellos e intentar ayudarles, incluso económicamente, dando de lo
nuestro.
¿Qué habría que hacer para acabar con los males del mundo?
Acabar con los males del mundo es una utopía, porque existe el pecado: la avaricia y el egoísmo. Pero lo primero que habría que cambiar es a los gobiernos, que no están por ayudar a los países subdesarrollados. No es una tontería lo del 0,7%, ni lo de acabar con la Deuda Externa de los países pobres, ni lo de fomentar que sus productos puedan competir en igualdad de condiciones con los nuestros. El problema es que no estamos dispuestos a sacrificar nada de lo que tenemos. Ya no digo bajar nuestro nivel de vida, sino ni siquiera a no aumentarlo, porque eso significaría no «progresar». Tampoco serviría de nada que sólo fuera Navarra o España la que condonara la Deuda Externa, sino que tendrían que hacerlo todos los países del mundo. Además, creo que todo lo que nos «deben» se lo hemos cogido ya con creces. En realidad, es una deuda que nosotros tenemos con ellos, más que ellos con nosotros. Publicado
en LA VERDAD, el 03-09-2004
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