Ministerios laicales en la Catedral de Pamplona

El pasado 12 de junio, Eduardo Ludwig y Kiko Francés recibieron los Ministerios Laicales en la Catedral de Pamplona. Eduardo que se encuentra en su preparación para el diaconado permanente y Kiko Francés, padre de 10 hijos, coinciden en que su vocación es la evangelización y proclamar la palabra de Dios.

Eduardo Ludwig nació en Austria el 4 de julio de 1974. Navarro por parte de madre vino a vivir a Pamplona hace ya ocho años y actualmente está trabajando como coordinador de Pastoral de dos colegios religiosos en Aragón.

¿En qué consiste el ministerio laical? Los ministerios laicales son ministerios instituidos. Dentro de la Iglesia el Espíritu Santo suscita diferentes carismas y vocaciones. Dentro de la variedad de carismas están los ministerios laicales de lector y acólito. El lector es por un lado una persona instituida para leer las lecturas en misa. Pero ser lector es mucho mas, el lector está llamado a proclamar la Palabra de Dios en todo lugar y momento. Es por tanto un Evangelizador que recibe de parte de la Iglesia una bendición y un reconocimiento para proclamar la Palabra de Dios y por medio de ella acercar a Cristo a muchas personas. El acólito ayuda en misa pero además puede dar la comunión tanto en la misa como llevarla, por ejemplo, a los enfermos. También puede exponer el Santísimo en ausencia de presbítero o diácono.

¿Por qué quieres recibir los ministerios laicales? En mi caso es un paso previo para ordenarme diácono. Soy candidato al diaconado permanente y el diacono, igual que el sacerdote recibe como paso previo los ministerios laicales de lector y acólito. Sin embargo este paso previo para mí no es un simple paso burocrático sino un paso a través del cual espero crecer en estos dos carismas. Actualmente ya estoy acercando a Cristo mediante la palabra a muchos chavales porque en los colegios en los que estoy, hago de manera regular oración con textos de la biblia con los alumnos. Si esto se hace de manera regular es bueno recibir el ministerio de lector. El acolitado también es un paso previo importante para el diaconado por que el diácono tiene un lugar muy concreto en la misa. Este lugar es distinto al del acólito pero como paso previo ya se me reconoce mediante este ministerio como servidor del altar.

¿Cómo ha surgido ese carisma? Mi carisma no es el de lector o acólito sino el de diácono (aunque éste implique de cierta manera estos dos). El carisma de Diácono es una llamada del Señor parecida al sacerdocio aunque el carisma no es el mismo. El diácono es un servidor de la Iglesia. En mi caso mi vocación y carisma se concreta en el servicio a los niños y adolescentes. Actualmente estoy ejerciendo ya mi diaconía en los colegios sirviendo a los niños en la Pastoral pero también en el día a día mediante mis tareas en la dirección y en sus necesidades diarias que surgen como por ejemplo resolviendo conflictos, hablando con ellos, o simplemente dándoles de comer en el comedor. Mi llamada de Dios a servir a los niños y adolescentes mediante el diaconado se podría considerar una llamada al servicio “integral”. No se limita a que estos conozcan a Dios, se trata de estar con ellos. Considero que las generaciones más jóvenes de nuestra sociedad necesitan ser atendidas de manera prioritaria por parte de la Iglesia. Por su edad son muy vulnerables y necesitan quién les guie por el camino hacia Dios. Por eso mi vocación se convierte también en servicio a los padres. Los padres no están las veinticuatro horas del día con sus hijos y necesitan quien les ayude en la fascinante tarea de educar y servir a sus hijos.

¿Tienes algún plan para el futuro? El plan más importante para el futuro que tengo es volver a Navarra. Si Dios me ha llamado a servir en Navarra antes o después aparecerá un lugar en el que pueda servir aquí según mi vocación y carismas que me ha dado Dios. Espero que esto se confirme pronto y nuevamente forme parte de la Iglesia de Navarra, Dios mediante en el servicio a los niños, adolescentes y jóvenes.

Kiko Francés nació en Pamplona el 24 de Febrero de 1951, esta casado con Alicia Zubieta Garciandía y tienen 10 hijos y ocho nietos. Desde 1974 pertenecemos a una Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de San Jorge. De 1991 a 1997 estuvo con su familia como misioneros en Divo (Costa de Marfil): “Fuimos con 7 hijos y volvimos con 10, y junto con otras dos familias, un presbítero y un seminarista, con la finalidad de implantar una Parroquia (misión)”. Actualmente, esta en el Cementerio de Pamplona colaborando en el servicio religioso de las exequias, junto al sacerdote Julio Esandi.

¿Por qué un padre de familia quiere recibir los ministerios laicales? Desde que dejé mi trabajo, pensé que a partir de ese momento el mejor trabajo que podía hacer y que merecía la pena, para el resto de mi vida, era el trabajar, de la forma que fuese, en la evangelización. Independientemente del tema laboral, es la vocación de todo cristiano. Sin ninguna idea de futuro comencé los estudios en el Seminario (a los 18 años había dos cursos de Filosofía en el Seminario de los Padres Capuchinos en Zaragoza, algo venía desde atrás). En todo caso hay muchas funciones y servicios que se pueden hacer en la Iglesia sin más, pero pienso que el ministerio, por una parte te hace responsabilizarte, y por otra la Iglesia te da una gracia especial para ejercerlo; es importante que el carisma, por sencillo y simple que sea, esté refrendado por el Magisterio. Creo, además, que también es una forma de llamada para incentivar una mayor participación de los laicos en la vida de la Iglesia. También este tema viene de la mano del servicio que estoy haciendo en el cementerio.

¿Cómo ha surgido ese carisma? El carisma ni es una cosa, ni baja desde el cielo una tarde de otoño. A lo largo de mi vida siempre he sentido una llamada desde el Evangelio. He tenido varios tíos sacerdotes, que sin duda también me han acercado a la Iglesia. Todos estos años en la Comunidad me han ayudado a profundizar un poco en la fe, y a amar cada día más a la Iglesia, y ponerme al servicio de todo ello. El que todo esto llegue un día concretarse, a ser ayudado con una institución ministerial, como he dicho, ha venido de la mano de mi servicio en el cementerio. Este servicio me fue propuesto por nuestro Vicario General, Juan Aznárez. Jamás había pensado en esto del cementerio, me sorprendió, pero desde el primer momento me pareció que también era algo necesario, y con su importancia, que tiene que hacer la Iglesia.

Supongo que la familia te habrá apoyado, ¿les parece bien? Sí, a Alicia le pareció muy bien, a los hijos mayores también, me refiero a lo del cementerio; a los adolescentes les parecía algo sorprendente y extraño tener un padre “enterrador”, yo creo que hasta les da un poco de vergüenza.

¿Tienes algún plan para el futuro? No, de momento seguir en el cementerio, acabar el próximo año mis estudios de Ciencias Religiosas, y El Señor dirá. Juan Aznárez ya sabe que estoy a disposición de la Iglesia, para lo que sea.