“Contempladlo y quedaréis radiantes” – Jornada Pro Orantibus

Un año más, la Iglesia celebra la Jornada “Pro orantibus” este domingo, 3 de junio, coincidiendo con la fiesta de la Santísima Trinidad. Lo hace con el lema “Contempladlo y quedaréis radiantes”, versículo del Salmo 34.

En Navarra contamos actualmente con aproximadamente 300 monjas y 34 monjes, en 27 comunidades contemplativas. Todos ellos rezan por los proyectos, los problemas y las tareas pastorales que centran la misión evangelizadora de la diócesis, por este motivo, es importante acercar los monasterios a la vida de la comunidad cristiana, que los fieles conozcan y visiten los monasterios y que tengan una idea correcta de lo qué es la vocación contemplativa y la misión importante que desempeñan en la Iglesia en orden a la evangelización.

Esta jornada tiene tres objetivos bien definidos. En primer lugar, orar a favor de los consagrados y consagradas en la vida contemplativa, como expresión de reconocimiento, estima y gratitud por lo que representan, y el rico patrimonio espiritual de sus institutos en la Iglesia. En segundo lugar, dar a conocer la vocación específicamente contemplativa, tan actual y tan necesaria en la Iglesia y para el mundo. Finalmente, promover iniciativas pastorales dirigidas a incentivar la vida de oración y la dimensión contemplativa en las Iglesias particulares, dando ocasión a los fieles, donde sea posible, para que participen en las celebraciones litúrgicas de algún monasterio, salvaguardando en todo caso, las debidas exigencias y las leyes de la clausura.

La exhortación apostólica de Juan Pablo II, Vita consecrata, en el número 8, describe así la naturaleza y finalidad de la vida consagrada contemplativa: «Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura. En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios»