Eusebiio Consagrando

Ordenación sacerdotal del navarro Eusebio Guindano Laborda

El pasado 1 de julio fue ordenado sacerdote, en la Catedral de Toledo, el navarro Eusebio Guindano Laborda. Eusebio tiene 24 años, es natural de Javier y con solo 16 años descubrió su vocación al sacerdocio en unas Javieradas. El 6 de julio celebró su primera Misa Solemne de Acción de Gracias en el Auditorio Juan de Jasso de Javier. Pertenece a una hermandad sacerdotal llamada “Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón”, cuyo ideal es transmitir la devoción al Corazón de Jesús como medio al servicio del Reino de Cristo.

Tengo entendido que las Oblatas de Javier te ayudaron y te siguen ayudando en tu vocación ¿Cómo surgió tu vocación como sacerdote?

Mi vocación surge en primer lugar, gracias a mi familia, y en concreto mis padres, que me transmitieron la fe desde pequeño, y que la procuraron cultivar y enseñármela con el ejemplo. Junto a ellos, hay otras personas que contribuyeron grandemente a mi vocación: mis queridas Oblatas, que desde pequeño han rezado y se han sacrificado por mí y por mi vocación. Cuando llegué a Pamplona, en tercero de la E.S.O., entré a formar parte del grupo de jóvenes al que pertenezco, Schola Cordis Iesu, en el que pude conocer más de cerca al Señor, y en el que pude vivir con profundidad la vida cristiana, mediante los sacramentos, la formación, la oración y la dirección espiritual. En este contexto Dios me llamó en unas Javieradas, y desde entonces comencé a pensar en la vocación.

La hermandad tiene varias casas en España ¿Dónde te van a destinar?

La Hermandad a la que pertenezco, tiene muy pocos años de historia. Aprobada en 2003, cuenta con 16 sacerdotes y 11 seminaristas. Actualmente tiene cuatro casas, una en Aoiz, otras “Mi vocación surge en primer lugar, gracias a mi familia, y en concreto mis padres, que me transmitieron la fe desde pequeño, y que la procuraron cultivar y enseñármela con el ejemplo”
dos en Toledo ( una en Toledo, donde está el seminario, y otra en Talavera de la Reina), y otra en la capital de Chile, Santiago, donde atendemos un colegio. Yo he sido destinado como vicario parroquial de Bargas, un pueblo limítrofe con Toledo, de unos 10.000 habitantes, así que seguiré viviendo en Toledo, en el Seminario, junto con otros tres formadores del Seminario de la Hermandad.

Acabas de ordenarte sacerdote y nos has parado de trabajar, ¿qué has hecho durante estos días?

Cuando uno es ordenado sacerdote, se deja un tiempo antes de entrar en la primera parroquia, que en el caso de Toledo suele ser un par de meses. Entraré en la parroquia en septiembre. Sin embargo, estos dos meses están llenos de actividades. En concreto, tras mi ordenación sacerdotal, fui recorriendo la geografía de Toledo, acompañando a mis compañeros de curso en sus cantamisas. Después me quedé en casa unos días, que aproveché para celebrar misas en diferentes sitios en los que quería agradecer mi sacerdocio. Tras esos días comenzaron los campamentos, primero con niños, y más tarde con jóvenes, y finalmente hice una peregrinación a Francia, que se puede asemejar quizás a las lunas de miel de los casados. Fue una peregrinación en la que, junto con otros sacerdotes y los novicios de la Hermandad, visitamos los lugares más vinculados a ella: Paray le Monial, Lisieux, La Vendée, Montmartre, Ars, Saint Lourent sur Sevre y, sobre todo, Issoudun, donde está el santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

¿Qué tal fue el recibimiento que te hicieron en Javier en tu primera misa?

El recibimiento que me hicieron en Javier, superó, con mucho, cualquier cosa que hubiera pensado. Disfruté viendo cómo todo el pueblo se alegraba porque tenía un nuevo sacerdote. Era como lo más grande que les podía pasar. Nunca olvidaré el día de mi cantamisa, la misa en la parroquia, las mañanitas que todo el pueblo me cantó, y sobre todo la presencia de los otros dos sacerdotes que quedan vivos de Javier: Pablo Gil, jesuita que vino desde la India, y José Ciprés, primo de mi padre. Aquellos días en Javier me alegraron mucho, y no los olvidaré. De la misma manera fui recibido en Sádaba, el pueblo de mi madre, donde celebré Misa el día 15 de julio, y en la que muchas personas del pueblo se presentaron abarrotando la Iglesia.

¿Eres consciente de que eres un Cristo en la Tierra? ¡Qué responsabilidad!

El sacerdocio es un don muy grande, porque tras constituir a un hombre en otro Cristo, le da capacidad de actuar en su nombre, de tal manera que cuando dice “yo te absuelvo” o “esto es mi cuerpo”, es Cristo mismo quien lo dice a través suyo. Es un gran don y, a la vez, una responsabilidad. El sacerdote es el encargado de santificar a la Iglesia, el encargado de “Dios ha puesto en mi corazón el deseo de llevar a los demás el conocimiento del amor de Dios, que ha muerto por nosotros, por cada uno de nosotros. Ojala que mi vida sea testimonio del amor de Cristo”
transmitir mediante las sacramentos la gracia a los fieles, para que vivan en amistad con Cristo. Sin sacerdotes la Iglesia moriría, no habría Eucaristía, ni perdón de los pecados. A la vez es el Pastor sobre el que recae la responsabilidad de las almas que se le encomiendan, y que debe dar cuenta de ellas. Sin duda es una tarea difícil, pero Dios no manda cosas imposibles. Santa Teresa del Niño Jesús nos enseña el camino que debemos seguir, que es la confianza en Dios. Me veo muy pequeño y débil, incapaz de enfrentarme a este mundo en contra de Dios, pero Él me ha elegido, y Él me conoce, y a pesar de ello, con mis defectos y pecados, me ha elegido, y me envía a los fieles. Él ha comenzado en nosotros, los sacerdotes, la obra y la llevará a término, si confiamos en Él. A la vez, Dios ha puesto en mi corazón el deseo de llevar a los demás el conocimiento del amor de Dios, que ha muerto por nosotros, por cada uno de nosotros. Ojala que mi vida sea testimonio del amor de Cristo. Para ello, les pido a los que lean estas palabras que se acuerden de mí y de la Hermandad en sus oraciones. Les estaré muy agradecido.