Seminario Conciliar De San Miguel

Seminario Conciliar San Miguel

Seminario Conciliar de San MiguelEl 19 de marzo, a una con la festividad de San José, celebraremos el Día del Seminario. En torno a esta jornada procuramos siempre hacer presente el tema de la vocación sacerdotal y la realidad del Seminario en diversos medios de comunicación, parroquias y centros educativos. Además, a lo largo de toda la semana, del lunes 17 al viernes 21 de marzo, acudiremos los formadores y seminaristas del Seminario Conciliar de San Miguel y del Seminario Redemptoris Mater a participar en la Misa y en reuniones con jóvenes y adultos en algunas parroquias de Pamplona y su entorno.

Hablemos ahora de los que discerniendo su vocación se están preparando para el sacerdocio en nuestro Seminario Diocesano de San Miguel. En este curso dos diáconos, Javier Aldave Arbea y Germán Martínez Laparra, tienen destino pastoral en las parroquias de San Juan Bautista de Estella y Santiago de Elizondo, donde residen y completan su formación. Además, otro diácono, Ignacio Erdozáin Castiella, está realizando los estudios correspondientes al 6º curso y acude los fines de semana a la parroquia de Azagra.

En 5º curso tenemos a José Antonio Apecechea Escudero (natural de Goizueta, con destino pastoral en Mutilva), Javier Domínguez Fernández (de Barañain, pastoral en Tudela), Íñigo Serrano Sagaseta de Ilúrdoz (de Sesma, pastoral en El Salvador de Pamplona) y Alejandro Zuza Ruiz de Alda (de Pamplona, pastoral en Cintruénigo). En 2º hay un seminarista de Pamplona, José Ángel Zubiaur Mayans, que ayuda los sábados en la Capellanía del Hospital de Navarra. Finalmente, en el primer curso están los jóvenes que han entrado este año al Seminario: Héctor Arratíbel González (natural de Lerín), Patrick Breeze (de Pamplona) y Jorge Tejero Ariño (de Barañáin). Estos seminaristas ayudan los sábados en el Retiro Sacerdotal del Buen Pastor y en las Hermanitas de los Pobres.

Estos aspirantes al sacerdocio van dejando moldear su corazón en la comunidad del Seminario, a través de la cual la Iglesia, con el Obispo diocesano a la cabeza, aspira a actualizar para ellos la experiencia formativa que el Señor realizó con los Discípulos. Lejos de tratarse de una mera instrucción externa o de una transmisión de conocimientos, la formación del Seminario quiere afectar a lo más íntimo del corazón del seminarista, el núcleo donde residen los deseos más auténticos y las aspiraciones más profundas de la persona. En ese núcleo, que es sagrario y motor de toda la vida del seminarista, deben entrar en primer lugar los pensamientos, deseos y proyectos de Jesús, el Buen Pastor, que quiere que todos se salven y que para ello se hace solidario de sus hermanos los hombres, entregando por ellos la vida hasta la muerte en cruz. Este amor de Cristo que, por ser divino, tiene fuerza creadora, redentora y regeneradora, y por ser humano es cercano, comprensible y entrañable para nosotros, ha de sanar y transformar al seminarista en su camino de discernimiento y formación. Y la comunión con Cristo llevará al candidato al sacerdocio a mirar con ojos nuevos su propia vida, la vida de la Iglesia y las necesidades de la humanidad.

La formación del Seminario, con una intensa vida espiritual, el estudio de la Filosofía y la Teología, el cultivo de una sana personalidad y una rica vida comunitaria, está centrada así en la misma persona de Cristo, que “revela el hombre al propio hombre” (Gaudium et spes, 22) y para quien nada de lo verdaderamente humano es ajeno. En efecto, se pretende que a lo largo de estos años cada seminarista tenga la oportunidad de conocerse a sí mismo y entender su vida a la luz del Amor salvador de Cristo y de conocer la profunda necesidad que la humanidad -y nuestra sociedad, con su situación concreta- tienen de ese mismo Amor, derramado en la Iglesia. En definitiva, que llegue a entender y experimentar que sólo dando espacio a Cristo, el que “siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9), podremos dar respuesta a las muchas miserias -material, moral, espiritual- que padecemos y podremos llegar a ser de verdad “ricos”. El verdadero problema sigue siendo el de reconocer a Cristo derecho de ciudadanía en los diferentes “mundos” que constituyen el mundo contemporáneo. Entregándose ya desde ahora sin reservas en este camino, el aspirante al sacerdocio, con el consejo y la orientación de las instancias que la Iglesia le ofrece, puede discernir su vocación y trabajar en ella. La media de ordenaciones de los últimos años es ciertamente escasa: oscila entre 2 y 3 nuevos presbíteros cada curso. Hemos de redoblar, pues, las oraciones y los esfuerzos en favor de las vocaciones sacerdotales. Los sacerdotes y los seminaristas, con nuestra palabra y nuestra vida, con la alegría que proporciona la entrega por Cristo y por el Evangelio, hemos de ser un testimonio vocacional permanente. Estemos atentos. Mostremos y propongamos con sencillez y sin complejos la belleza y la verdad de la vida sacerdotal a aquellos que nos rodean, especialmente a los niños y jóvenes. Los que en estos momentos pueden sentirse llamados necesitan sin duda la cercanía de un sacerdote o de un seminarista que les ayude a interpretar esa llamada y a concretar una respuesta.

Recibid un agradecimiento sincero de nuestra parte. Quedamos unidos en la oración y el trabajo por las vocaciones sacerdotales.

 

Miguel Larrambebere Zabala, Rector

del Seminario Diocesano de San Miguel