Cumpleaños de la Adoración Perpetua en Pamplona

adoraciónSeis años cumple la Adoración Perpetua en Pamplona… ¿y no te habías enterado?… pues no sé a qué esperas… ¡mira!:

Se ha convertido la Basílica de San Ignacio en punto de encuentro:

– De madres e hijas –con nietas incluso- que quedan para ir de compras al Centro de Pamplona. “¿Dónde me esperas?”. “¡En la Adoración Perpetua!”. ¡Claro!.

– Amigos que quedan para cenar en el Casco antiguo, “¿Dónde quedamos?”… “¡En la Basílica de San Ignacio. Claro!.

– ¿Y qué hacer con el ramo de flores de la novia, una vez terminada la ceremonia?: Pues o bien los nuevos esposos hacen una visitica breve y ella deposita el ramo al pie del altar, o los padrinos se encargan de ello por encargo de los novios.

Y tú por no haberte enterado de que había Adoración Perpetua en Pamplona, te has perdido esas escenas… que no son lo más importante. Lo importante es Jesucristo vivo en la Hostia de la Custodia. Y esa importancia de Cristo, hace importante a las madres, hijas y nietas, a las cenas de amigos, a los novios y padrinos y hasta hace importante a los ramos de flores. Y las anecdotillas se suceden –cobrando importancia- ante Jesús Sacramentado:

– El abuelo, con la nieta de tres añicos que deja una flor al pie del altar; distrae mi atención la genuflexión de la nenica que no le sale muy bien que digamos, pero acabo diciendo al Señor: “Enséñame a hacer la genuflexión con la sencillez de esa criatura”.

Lo importante sigue siendo Él, que da importancia a lo pequeño en su presencia.

– Y durante la noche, a solas -o casi- con el Señor llamando y acogiendo al camarero que le hace su visita camino de casa, o al hombrón … ¿sufriente? que durante diez minutos ha acompañado -¿o ha sido acompañado por Él?- queriendo evitar un sollozo contenido… o la jovencita jovencísima, volviendo de juerguecita dolorida de frío y pies –taconazos y poca ropa- y más dolorida en la mirada… me toma por sacerdote pidiéndome confesión… cuando le explico que no, un suspiro de la hondura más triste se le escapa: “¡Estoy harta de la vida!”. Debe tener sólo diecisiete años… de tristeza.

Y Él, el Importante, allí esperando 168 horas semanales –cada semana- a que te dignes acompañarle una de tus 168 horas semanales: ¡Ni que el importante fueras tú!.

Ya sabes: En la Basílica de San Ignacio, puedes recoger un tríptico con la información que necesitas para regalarle una de tus horas semanales. Él dará el aumento -en importancia- a tus restantes 167.

Javier