Agustinos

“Convocados por el Señor, vivimos en comunidad”. Catorce jóvenes hacen su profesión simple en Monteagudo (Navarra)

agustinos(agustinosrecoletos.org) Catorce jóvenes procedentes de nueve países emitieron su profesión simple en el noviciado interprovincial de los agustinos recoletos en Monteagudo (Navarra, España) ante el prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, Miguel Miró, y los priores provinciales de las tres provincias a las que se adscriben a partir de ahora.

La casa de Monteagudo, sede del noviciado interprovincial para Europa de los Agustinos Recoletos, se vistió de gala para la primera profesión religiosa de catorce jóvenes que tras escuchar la voz del Señor han querido formar parte de la Orden de Agustinos Recoletos y servir al Señor al estilo de Agustín y según el espíritu de la Recolección.

Son Hugo, José Pablo, Víctor, Mauricio, Gabriel, Pablo, Jhonny, Héctor, Jordan, Santiago, Juan Manuel, Luis, Isaac y Fernando. Y proceden de Costa Rica, Estados Unidos, Venezuela, China, México, Nicaragua, Perú, España y Brasil y pertenecen a partir de ahora a tres de las provincias de la Orden: San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás de Villanueva y San José.

Fueron acompañados por sus formadores y la comunidad de Monteagudo, por los más de cincuenta religiosos que aprovechando las fechas estivales pudieron acercarse a acompañarles, por las familias de dos de los jóvenes profesos, por las religiosas Misioneras Agustinas Recoletas, por miembros de las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas, por algunos sacerdotes diocesanos y amigos del pueblo de Monteagudo.

Cinco panes y dos peces

En su homilía el prior general glosó la palabra de Dios:

“Las palabras de Isaías nos hablan hoy de modo muy personal. El Señor da sus dones gratis: Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua. Han experimentado el amor de Cristo, ¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo? Estos jóvenes también traen hoy al altar del Señor sus cinco panes y dos peces para que el Señor los multiplique. También ellos piensan que es poco lo que pueden aportar: ¡si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces!

Y eso es lo que estos jóvenes quieren hacer hoy: entregar su vida al Señor para el Él disponga y a través de ellos se multiplique su gracia, su presencia, su ternura y su bondad en el mundo en que vivimos y más gente llene su vida de sentido y esperanza.

El Señor no nos pide perfeccionismos ni grandezas; nos pide sencillamente el corazón, un corazón inquieto capaz de percibir el latido del corazón de Cristo en la comunidad, en la oración, en la evangelización, en el servicio, en los pobres. Donde está tu deseo allí está tu corazón… ¿Qué es lo que verdaderamente deseamos?”

El don y la tarea de la fraternidad

Durante su homilía, Miguel Miró prosiguió haciendo mención a lo esencial del carisma recibido y que se disponen a vivir estos jóvenes.

“Una experiencia del Espíritu que está latente, vive y revive por el Espíritu desde la fe, la caridad y la esperanza. Hemos sido llamados a vivir en comunidad y tenemos una misión como comunidad. Una comunidad real, con diversidad de culturas, edades, trabajos… donde el mundo pone divisiones sociales, económicas, raciales, fronteras.

Estamos llamados a construir comunidad, a vivir el don y la tarea de la fraternidad. Si alguno no está dispuesto a dejar hacer al Señor, si no vive con ilusión la disponibilidad y la fidelidad del día a día, si se resiste al perdón y a trabajar junto con otros… podrá seguir entre nosotros, pero no podrá gustar la dulzura y la delicia de vivir los hermanos unidos”.

Proyecto de vida y misión

Dentro del proceso de revitalización y reestructuración que está viviendo la Orden, Miguel Miró quiso detenerse en presentar el Proyecto de vida y misión para toda la Orden en el que han estado trabajando el Consejo General junto con todos los priores provinciales.

“Convocados por el Señor vivimos en comunidad. Somos hombres de comunidad, que es un don a celebrar y un proyecto a construir. Vivimos la fraternidad, compartiendo vida, oración y trabajo; disfrutando de la alegría de estar juntos y viviendo sus exigencias con fidelidad.

Amamos la oración. Somos hombres de fe que rezamos juntos y, siguiendo la enseñanza de san Agustín, escuchamos la Palabra y compartimos nuestras experiencias de Dios en comunidad.

Queremos vivir la pobreza, necesitando poco y poniendo los bienes en común. Vivimos con austeridad, preocupándonos más por lo común que por lo propio y agradeciendo siempre al Señor sus dones que compartimos con pobres y necesitados.

Tenemos un Proyecto apostólico común. Proclamamos con alegría y esperanza el Evangelio. Programamos, ejecutamos y nos evaluamos en comunidad. Tratamos de ser coherentes entre nuestra vida y nuestra misión. Queremos ser misioneros.

Valoramos el estudio, la lectura y la reflexión comunitarias y creamos espacios de diálogo con el mundo y la cultura contemporánea.

Impulsamos la confianza y el diálogo mutuo en un servicio de autoridad y obediencia”, afirmó.

Concluyó sus palabras expresando la alegría y el agradecimiento de todos los reunidos. Agradecimiento a los jóvenes por su generosa entrega, a sus familias y a sus formadores, y a Dios Padre dador de todos los bienes. Invocó finalmente la intercesión de María, bajo las advocaciones de Guadalupe, Nuestra Señora de los Ángeles (festividad del día y patrona de Costa Rica) y la Virgen del Camino, patrona de Monteagudo y titular del convento.

La liturgia estuvo muy cuidada y los diferentes momentos se presentaron con alusiones vocacionales y agustinianas. La música corrió a cargo de los jóvenes novicios que emitían su profesión y del grupo de doce jóvenes que se incorporan este año al noviciado.

Al órgano, el profesor de música turiasonense Javier Royo Albericio, que acompaña durante el año a los jóvenes. Todas las canciones habían sido compuestas por el actual maestro de novicios José Manuel González Durán, quien dirigió el coro y actuó como solista. Todo ello dio un realce más solemne a la fiesta.

Todos los asistentes compartieron con los recién profesos y la comunidad un aperitivo en el claustro del convento, reforzando entre todos los lazos de fraternidad.

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