Corea

Profesión Solemne de la hermana Ana María

coreaEn el convento de las Madres Carmelitas Descalzas de Araceli de Corella (monjas de clausura) tuvo lugar el pasado día 1 de octubre, festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, la profesión solemne de la Hermana Ana María de la Santísima Trinidad, nacida en Corea del Sur y que en la actualidad tiene 54 años y lleva 4 años viviendo con la comunidad carmelita de Corella.

Corella | Andrés J. Sanz. Es un acontecimiento importante para el convento, ya que indica que dicha hermana deja su país de origen, su familia y su vida para consagrarse a Dios, haciéndolo con una gran generosidad, respondiendo con seguridad y entereza a los interrogantes que le hizo el Padre Provincial de los Carmelitas en Navarra durante la ceremonia que tuvo lugar en la iglesia de Araceli a las 5 de la tarde. Dicha ceremonia fue presidida por el Padre Provincial de los Carmelitas en Navarra, Fray Juan Aristondo, acompañado por numerosos carmelitas de Corella, Calahorra, así como el P. Matías Bermejo y el Vicario Episcopal de la Vida Consagrada de la Diócesis de Pamplona- Tudela D. José Antonio Zabaleta.

La religiosa estuvo acompañada de dos hermanas suyas y a su vez, dicha religiosa junto con la Madre Priora Sor Juana, estuvieron ambas religiosas colocadas en el presbiterio durante toda la ceremonia. El acto contó con la presencia de numerosos fieles  y la religiosa hizo los votos perpetuos así como su consagración religiosa a Cristo. Finalizada la homilía, donde se leyó la carta de enhorabuena enviada por el Obispo Auxiliar de Navarra, se procedió al canto de la letanía de los santos, mientras la monja permanecía extendida en el suelo y otra hermana vertía pétalos de rosa sobre su capa blanca. Después se procedió a la fórmula de la profesión perpetua, donde Hna. Ana María ante la priora del convento prometió obediencia, castidad y pobreza según las Constituciones de la Orden. Después, la religiosa se acercó al altar colocando sobre él la fórmula de la profesión y firmando el documento de la misma. Finalmente la profesa recibió el velo negro y la corona que simboliza la juventud. Al final, la nueva religiosa, visiblemente emocionada, dio las gracias a todos los asistentes y obsequió con un aperitivo. En definitiva, es ver cómo un convento de religiosas de clausura crece y se va manteniendo gracias a la presencia de nuevas vocaciones a la vida consagrada.