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Visita Pastoral a Miranda del Arga

visita1Miranda del Arga ha sido la última localidad de la Diócesis visitada por el Señor Arzobispo, Mons. Francisco Pérez. Allí pudo conocer en primera persona, y de la mano del párroco, el día a día de sus vecinos.

Miranda de Arga | Diego Jiménez Salinas, párroco de Larraga y Miranda de Arga. “… y las ovejas le siguen porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” Jn 10,4-5. La parroquia de la Asunción y toda la Villa de Miranda de Arga ha disfrutado de la Visita Pastoral de nuestro querido Arzobispo don Francisco Pérez González. Tres días de bendición, fe y alegría. Una visita que ha fortalecido la fe de la comunidad cristiana, que ha dado calor y consuelo a los enfermos, luz a los jóvenes, y a todos esperanza y alegría. Cristo Cabeza en medio de su Cuerpo. Cristo Vivo dando vida, vida en abundancia, por el ministerio de los obispos: “Yo he venido para que tengan Vida, y Vida en abundancia” Jn 10. El señor Arzobispo, como buen pastor de su grey, se prodigó solícito en las distintas realidades eclesiales e institucionales. En el Ilustre Ayuntamiento de la Villa fue recibido por la alcaldesa de la villa, Teresa Iradiel Ibáñez, y otros miembros de la corporación. Tuvieron ocasión de compartir sus puntos de vista e inquietudes con don Francisco. Y en las escuelas municipales San Benito tuvo lugar un bonito encuentro con niños y profesores, además del director del centro: Miguel Luna. Acto seguido, como un navarro más, asó pimientos para embotar, como en cualquier hogar de nuestra tierra. Celebramos la fe con una eucaristía solemne y muy concurrida. En ella el pastor bueno administró la santa unción de enfermos “… si al entrar en un pueblo, os reciben bien, comed lo que os pongan. Curad a los enfermos que haya en él, y decidles: El reino de Dios está cerca de vosotros” Lc 10, 8-9. Una celebración comunitaria de la unción llena de gozo en el Espíritu Santo. Con gran participación de niños y jóvenes de la parroquia: “de los que son como ellos es el reino de los cielos” Mt 13,14. El domingo con la asamblea convocada a fiesta celebramos el sacramento de la confirmación. Siete jóvenes fueron fortalecidos con el Don del Espíritu Santo. El sr. arzobispo en una extensa homilía, al mismo tiempo que cercana, práctica y sencilla, captó la atención de los feligreses. Exhortó a padres y jóvenes a actuar de forma concreta el amor de Dios en nuestras vidas. Advirtió del daño enorme de los “piperos” entre la juventud: pérdida de tiempo, huidas de la realidad y anestesias en forma de droga, alcohol. Vacío y desilusión. Por el contrario les animó a llevar una vida ordenada e ilusionada: deporte, idiomas, aire fresco, voluntariado, horarios, etc. Un anuncio fresco y positivo de la Buena Noticia de la salvación. El Sr. arzobispo repartió más de doscientas medallas de San Benito, patrón de la localidad, previamente bendecidas y exorcizadas en una preciosa y sencilla celebración. Las gentes la recibieron con gran entusiasmo, fe viva y devoción. Con gran alegría y cariño nos reunimos los sacerdotes y misioneros del contorno, colaboradores del Obispo,  en una comida fraterna en torno a nuestro “hermano mayor”. Cada vez más necesario y urgente esta unión del presbiterio y el trabajo en equipo. Espacios de sinceridad, comunicación, libertad y ayuda mutua: “el mundo está en llamas, y no son tiempos para cosas de poca importancia” (Santa Teresa de Jesús). Despedimos la visita orando el Santo Rosario, en la querida Ermita de la Virgen del Castillo. De donde nos dirigimos al cementerio a rezar por los difuntos. Una tarde entrañable con gran afluencia de mayores, niños y familias. En resumen, damos gracias a Dios por este instrumento de la tradición viva eclesial: La visita pastoral. Una verdadera sinergia entre el pastor y su grey encomendada. Ya quedan atrás los grandes circunloquios teóricos: “mire que no estamos para rollos” dicen las buenas gentes. Y tienen razón, como dice Santa Teresa de Jesús: “Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a ti; y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello. (…) Ésta es la verdadera unión con su voluntad” (Moradas quintas). Tiempos recios para los amigos fuertes de Dios. Mas no nos faltará la ayuda de Dios “si tú le dejas”.