Reunion Adoracion Perpetua

V Encuentro Nacional de la Adoracion Eucarística Perpetua

Del 5 al 8 de febrero se ha celebrado en El Escorial, el encuentro de los representantes de 33 capillas de Adoración Eucarística Perpetua de España. En representación de la de Pamplona, que está en la Basílica de San Ignacio, han acudido Juan Diego Vives y Javier Zufiaur, miembros de la junta. Organiza estos encuentros el P. Justo Lofeudo, misionero de la Santísima Eucaristía y promotor de las capillas para la Adoración Eucarística Perpetua.

La apertura del encuentro estuvo a cargo del Cardenal D. Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia,  con el tema: “La Adoración en la Iglesia”. La Eucaristía, afirmó, es el corazón palpitante de la Iglesia. La Eucaristía Dominical, ya es un momento adoración. Pero la adoración permanente es una gracia, una corriente imparable regalo del cielo. No hay futuro para el hombre al margen de la Eucaristía. El fruto de la adoración es llegar a conocer la voluntad de Dios en nuestras vidas.

La primera ponencia estuvo a cargo de Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba. Tuvo por título:“Entregado por nosotros”. Ante todo reconoció el grandísimo bien  que realiza la Adoración Permanente en una diócesis,  pues produce un efecto multiplicador de comunión eclesial. Hizo tres preguntas: ¿Quién entregó al Señor, quién se entregó y quién me entrega? El Padre es quien nos entregó a su Hijo Jesús por amor. Nos lo entregó bajo la figura humana para librarnos del pecado. Cristo es quien se entregó voluntariamente a la muerte en cruz y resucitó por nosotros. Los adoradores responden a la tercera pregunta entregándose a la adoración a Jesús, que está en la eucaristía y que está en los necesitados.

Mons Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres, desarrolló el tema: “La Eucaristía y la espiritualidad”. La persona que pone la Eucaristía en el centro de su vida encuentra en ella la fuente de su espiritualidad. Cristo vivo se ha quedado con nosotros para siempre, por eso el adorador nunca está solo. Su vida cambia radicalmente con la presencia del Señor a quien percibe como fuerza y sostén interior. Para esto es necesario vivir intensamente los momentos de la celebración de la misa especialmente de silencios interiores.

Mons. J. L. Munilla, obispo de San Sebastián, expuso el tema:“Adoración Eucarística y Sagrada escritura”. Fue una ponencia de gran calado teológico, centrada en Cristo, apoyada en citas de la Escritura y el Magisterio de la Iglesia. No se quedó en pura doctrina sino que aterrizó en gestos concretos. Debemos realizar signos de adoración como la genuflexión, el beso de la cruz, etc. que son signos confesantes, aleccionadores y pedagógicos. La adoración es ante todo dar gloria  a Dios. Después enciende en las almas el amor que se derrama en el entorno familiar y social del adorador. Cristo ocupa en centro de nuestras ocupaciones y la vida del que pasa un tiempo en adoración se ilumina, se orienta y se llena de un sentido trascendente.

El cierre del encuentro estuvo a cargo de Mons. Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid, que celebró la Eucaristía dominical del 5º Domingo Ordinario del Año. En su homilía comentó el evangelio de San Marcos que narra cómo era una jornada de Jesús, dedicada, a los enfermos, a predicar el Reino de Dios y a la oración. Un encuentro con el Padre para estar siempre haciendo su voluntad.

El P. Justo Lofeudo es el promotor de las capillas de Adoración Permanente y el conductor de los encuentros. Expuso los objetivos que propone que son seguir creando capillas y consolidar el número de los adoradores para cubrir todos los horarios. Cada adorador ha de comprometerse a inscribir un nuevo adorador. Dio noticia de muchas iniciativas que van llevando a cabo los adoradores y que inciden positivamente en las actividades de las parroquias, especialmente en la celebración de las misas. Con la Beata Teresa de Calcuta asegura: “La adoración salvará al mundo”.

Estas jornadas tuvieron también talleres y mesas redondas con trabajos, estudios y comunicación de experiencias. Las celebraciones de la Eucaristía fueron muy participadas y vividas con piedad profunda. Durante todas las noches se tuvo la Adoración Permanente. La impresión generaliza ha sido constatar los beneficios que produce la adoración en la vida de los cristianos. Los participantes volvieron a sus lugares con la inquietud de mantener sus capillas en crecimiento en número y en calidad de los adoradores.