ESCOLANIA LOYOLA LEYRE

Día de la Santísima Trinidad en Leyre

El pasado 31 de mayo, con un día de azul y sol espléndidos, se disponía el Monasterio de Leyre a celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad y el “Día de la Vida Consagrada”. El Arangoiti, el pico de la sierra de Leyre, sintió sana envidia de no poder bajar a la Ceremonia… Pero sí llegaron al Monasterio grupos de fieles para asistir a la Misa Conventual de las 11:30.

Para esta hora, próxima al Altar, con las túnicas de “Niños Cantores” y cruces de madera resaltando sobre su blancura, la Escolanía Loyola y sus Voces Graves –azul y corbata roja-  esperaba ya la Entrada Procesional  de los Monjes Concelebrantes. El órgano lucía sus mejores sonidos para acompañar el comienzo de la Liturgia de un día tan especial.

La parte de gregoriano de la Eucaristía corrió a cargo de la Comunidad Benedictina. La Escolanía, después de la 2ª Lectura, intervino cantando el Alleluia de Haendel.
La Homilía del P. Pedroarena se hizo corta a los oyentes.  En ella, después de saludar a los asistentes que ocupaban todos los bancos de la Iglesia y aun asistían de pie bajo el órgano, glosó el Misterio de la Ssma. Trinidad, cuya celebración es tan antigua en la Liturgia Católica. También habló de ese otro“misterio” humano de hombres y mujeres que, siguiendo la llamada, consagran su vida toda al servicio de los hermanos, dentro de una variedad impresionante de carismas eclesiales.

En el ofertorio, mientras la incensación del Altar, el órgano desgranaba las inconfundibles notas del Largo de Haendel. De nuevo escuchamos las voces de la Escolanía con las impresionantes y religiosas notas del Padre Nuestro, compuesto por el norteamericano Albert Hay Malotte. Y durante la Comunión, con el canto del Dona nobis pacem  de Mary L. Lightfoot. El órgano despidió a los Concelebrantes solemnemente como se lo merecía el final de una Liturgia tan benedictina en la Fiesta de la Trinidad. Después de una breve interrupción aprovechada para leer la traducción de los cantos, llegó el Concierto que ofrecía la Escolanía Loyola de Pamplona con sus Voces Graves. Como todas las Obras eran religiosas, así lo exige a voces el marco de la Iglesia de Leyre, se pidió a los asistentes una escucha serena y sin aplausos distractivos. Así, se consiguió crear un ambiente de paz y religiosidad, que tanto bien nos hacen a los que vivimos inmersos en una vida tan ruidosa como es la de nuestros días.

Comenzó el Concierto con la entrada pausada de los Solistas mientras cantaban el Agnus Dei de Marc Henric, dialogando con el resto de las demás voces blancas. Con todos los Cantores ya frente al público, se cantaron dos cantos marianos: O sanctissima ( Robert Prizeman ) y el grandioso  Magnificat  de J. Rutter. Después de estas Obras de nuestros días escuchamos la Secuencia de Pentecostés de D. Hilarión Eslava, el conocidísimo “Veni, Sancte Sipiritus”.

Otra composición de R. Prizeman, el desgarrador “Voca me“, dio paso al Coro de los Ángeles del Oratorio“ Cristo en el Monte de los Olivos”, compuesto por Beethoven. Se le ha denominado a esta obra el Alleluia de Beethven, no sabemos el por qué, ya que no aparece ni una vez la palabra Alleluia y se trata del Coro Final de una obra sobre una escena de la Pasión del Señor…

Fueron 35 minutos de Concierto, que el público rubricó con calurosos aplausos. Una  persona de entre los asistentes lo calificó con una sola palabra: “Espectacular“.

Desde estas líneas nosotros también damos nuestras enhorabuenas y felicitaciones tanto al Director de la Escolanía, José Javier Aznárez Barrio, como a la pianista, María Azcona, que con tanta competencia nos ofrecieron un concierto de tanto nivel musical y de una ejecución tan fuera de lo corriente.

Esperamos que podamos volver a escuchar en Leyre estas voces, que tanto solemnizaron la Celebración del Día de la Ssma. Trinidad y el “Día de la Vida Consagrada” en la Iglesia Abacial del Monasterio de Leyre.