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Fiesta de San Juan de Ávila

E l pasado 10 de mayo, la Diócesis de Pamplona y Tudela celebró la fiesta de San Juan de Ávila, patrón del clero. Como es tradición lo hizo con la celebración de una Santa Misa, en la capilla del Seminario de Pamplona, que fue presidida por el Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, quien estuvo acompañado por el Obispo Auxiliar, Mons. Juan Antonio Aznárez, y por el Obispo Prelado de Chuquibamba (Perú), Mons. Jorge Enrique Izaguirre.

Durante la homilía, don Francisco recordó que hay tres días muy especiales en los que se vive la comunión sacerdotal con intensidad: «La javierada que podríamos denominar de comunión misionera, la misa crismal que es el momento cumbre de unión sacramental y la fiesta de San Juan de Ávila que podríamos llamar de comunión de fidelidad».

Además, recordó a los sacerdotes que hoy «al celebrar esta efemérides tan especial os situáis como en una atalaya desde la que miráis hacia atrás con agradecimiento a Dios y con un punto de dolor por las sombras de vuestra debilidad; y miráis también hacia el porvenir que se presenta luminoso y alegre, gracias a la misericordia divina». Y animó a los sacerdotes, especialmente a los que celebraban sus bodas de oro y plata, a llenarse de la confianza en Dios, a dejar que la esperanza inunde sus almas con la certeza de que Dios, que comenzó esta obra en ellos, la llevará a término.

Finalmente animó a los sacerdotes a ser impulsores de fe y de esperanza entre los fieles cristianos. «En este afán de impulsar la fe y la esperanza estamos inmersos en el plan pastoral de la diócesis», señaló el Arzobispo.

Tras la celebración eucarística, los sacerdotes pasaron al salón de actos, donde se había preparado un concierto, que sirvió como homenaje a los sacerdotes que este año celebran sus bodas de oro y plata sacerdotales. Además, dos sacerdote, en representación de cada uno de los dos grupos que celebraba sus bodas sacerdotales, salieron a leer un texto en el que felicitaban a sus compañeros y agradecían el apoyo recibido durante estos años de labor pastoral.

El sacerdote José Antonio Arzoz, que durante toda su vida ha realizado su labor pastoral en Alemania, leyó unas emotivas palabras en las que agradeció a todas las personas e instituciones que a lo largo de su vida han contribuido a su desarrollo humano y espiritual. Además, recordó con nostalgia los momentos, encuentros y experiencias vividas durante los 12 años de estudios en el Seminario de Pamplona, que les hicieron avanzar hacia el sacerdocio a él y a sus compañeros de Beti-Bizkor, nombre que recibía el curso y que significa «siempre fuertes». Terminó su intervención con un sentido poema que resumía los 50 años de tarea pastoral.

Francisco Javier Ecay, como representante de los sacerdotes que celebrarban sus Bodas de Plata, ofreció el siguiente texto:

«Queridos D. Francisco, su auxiliar Juan. Hermanos sacerdotes y todos los que nos acompañáis. En nombre de los que hacemos bodas de plata sacerdotales.

En primer lugar felicitamos de todo corazón a quienes cumplís este año las bodas de oro sacerdotales. Os felicitamos por ser fieles a vuestra vocación, por haber ayudado a tanta gente en medio de vuestras parroquias y destinos pastorales a encontrarse con Jesucristo, con el don de la Fe, por haber ayudado a llenar de esperanza tantos corazones. Felicidades de todo corazón.

Queremos dar las gracias en primer lugar a nuestras familias, donde nació y creció nuestra fe. Pero aquí, en este ambiente sacerdotal, es de justicia dar gracias a los sacerdotes que nos acompañaron en nuestro proceso de vocación en nuestras parroquias, los que nos ayudaron, nos animaron y nos mostraron siempre el camino de libertad que nos ayudó a encontrarnos con Jesucristo, el camino que nos mostraba una Iglesia madre, misericordiosa, acogedora… una iglesia cuya debilidad siempre es la acogida.

Al ser tan pocos podemos citarlos por su nombre: podemos decir que Alfredo Iso, Pedro José Loitegui, Luis Oroz, Victorio Biurrun, fueron importantes en nuestro proceso para descubrir nuestra vocación y llegar al seminario. En aquel seminario seguimos avanzando un camino de libertad evangélica que nos abría a la diócesis, a sus parroquias y sus sacerdotes, estamos agradecidos a Javier Vesperinas, José Antonio Zabaleta, Fermín Marañón y Juanjo rubio. Veníamos del mundo de Parroquia, teníamos vocación de sacerdotes diocesanos y el seminario logró que esa vocación llegase con gozo a buen puerto.

Salimos del Seminario y fuimos a nuestros primeros destinos pastorales. También allí encontramos sacerdotes que nos animaron, nos acompañaron y nos enseñaron a amar profundamente la Parroquia.

Después de 25 años, en nuestras bodas de plata, muchas cosas han cambiado en el mundo, en la Iglesia y en nuestras comunidades parroquiales, continuamos perseverando en nuestra vocación de curas diocesanos, nuestro amor a las Parroquias y las ganas de contagiar la frescura del Evangelio a nuestras gentes. Estamos muy ilusionados con el nuevo plan de pastoral que estamos elaborando en la diócesis. Es más, sentimos que para seguir siendo fieles a nuestra vocación debemos buscar caminos nuevos de evangelización, para seguir llegando a nuestras comunidades parroquiales con palabras que les abran caminos de libertad y de verdad, palabras que les hagan descubrir y sentir una Iglesia madre que abre y no cierra, que espera y abraza, que posibilita el encuentro y la comunión profunda.
Gracias por todo».

El punto y final a la jornada lo puso una comida fraterna en el Colegio de Médicos, en la que tuvieron tiempo de charlar e intercambiar opiniones, así como recordar a los compañeros fallecidos que este año hubieran cumplido sus bodas de oro y plata sacerdotales.

Poema de José Antonio Arzoz:
Nuestra iglesia era pura Cristiandad:
con cristianos pasivos y obedientes
de la voz de pastores muy pendientes
que el Concilio orientó a Comunidad.
La Iglesia es resto, ya no es cantidad.
Con la fe del bautismo coherente
están ya concienciados los creyentes
y saben activar su identidad.
Como curas navarros enviados
a sembrar en el mundo la esperanza
salimos a integrarnos en la vida.
Tras los ya 50 años faenados,
colmados de trabajo y de confianza,
volvemos a anunciar: Misión cumplida.

Alfonso Gaínza Arrazubi, ha celebrado sus Bodas de Plata sacerdotales. Este sacerdote nacido en Tafalla en el año 1969, es actualmente párroco de Noáin, Imárcoian y Oriz.

¿Cómo está viviendo esta celebración de sus Bodas de Plata sacerdotales?
Con mucha alegría. Es un acontecimiento muy gozoso. 25 años es también una etapa de la vida que te lleva a una madurez vivida y, sobre todo, es una gracia del Señor que en estos 25 años haya estado sirviendo a las comunidades cristianas en las parroquias. Todo lo ha hecho el Señor.

Hágame un balance de estos 25 años de sacerdocio
Solo puedo decir cosas buenas. Ha sido todo una gracia del Señor, que es el que nos sostienen en la vocación y el que nos da la fuerza para superar todas las dificultades y nos ilusiona con la fuerza de su Espíritu, para transmitirlo a cada comunidad cristiana que nos ha tocado servir.

Después de esta celebración, ¿espera con ganas las Bodas de Oro?
Esa es otra etapa, es el doble de años, pero se esperan con mucha ilusión, y más ahora con el Plan Pastoral de la Diócesis. Ahora tocan otros 25 años, que si quiere el Señor seguir manteniéndome aquí, en su Iglesia, seguiremos con muchas ganas e ilusión.

¿Qué ha sido para usted lo mejor de estos 25 años como sacerdote?
Me cuesta decir una sola, pero quizá lo mejor sea encontrarme con el Señor en cada persona que me ha puesto delante: enfermos, débiles, ancianos, personas que el Señor me ha ido presentando a lo largo de estos 25 años y que, en el fondo, eran su propia presencia en mi vida. Eso es importantísimo, descubrir que el Señor se hace presente a través de tu prójimo, al cual te envía especialmente para que le lleves la buena noticia y le ayudes.

Salvador Rodrigo Lozano, es un sacerdote diocesana, nacido en Cáseda, que lleva como misionero en Venezuela 47 años. Con motivo de sus Bodas de Oro sacerdotales ha venido a Pamplona para juntarse con sus compañeros, saludar a su familia y comprar los medicamentos que en Venezuela le son imposibles de adquirir.

¿Cómo está viviendo esta celebración de sus 50 años como sacerdote?
Con gran alegría de estar con todos los compañeros de curso y al mismo tiempo preocupado por todas las noticias que me están llegando de mi querida Venezuela.

En Venezuela ¿dónde ejerce su labor pastoral?
Estoy en una ciudad que se llama Villa de Cura, que está a dos horas de Caracas, la capital. Estoy como párroco, junto con dos vicarios venezolanos. En Venezuela llevo 47 años. Primero estuve 35 años de vicario, con Felipe Santesteban, y hace 12 años me nombraron párroco. Me ordené y a los dos años me fui a Venezuela con la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispano Americana), a través de la Diócesis. Allí llevo toda mi vida.

¿La situación de Venezuela es realmente como se conoce a través de los medios?
Le puedo contar que el promedio de los venezolanos ha perdido de 7 a 8 kilos en un año, ya que escasean los alimentos: el aceite, la harina, el pan, el azúcar. Son productos básicos que no se pueden encontrar. Nos hemos puesto a dieta a la fuerza.
En la sanidad pasa lo mismo que con los alimentos. Las farmacias están desabastecidas. No se pueden conseguir los medicamentos y cada vez son más las personas que mueren o padecen enfermedades que antes con medicamentos se curaban.
Hay una inflación de un 700 anual, y este año se calcula que supere esa cifra. Hay una gran criminalidad. Solo el año pasado murieron a manos de criminales 28.000 personas. Estamos en lo oscuro del tunes y todavía no vemos luz al final. No sabemos qué va a pasar, pero no creo que haya una guerra civil porque todo, incluidas las armas y el ejército, está en manos del Gobierno. La oposición tiene los votos pero se le están negando, y ese es el principal problema.
En lo que respecta a la Iglesia, a veces hay una siembra de radicalismos, pero en general nos respetan mucho y nos aprecian. Nos identifican con el pueblo y saben que solo ayudamos.

Con la crisis que atraviesa Venezuela, ¿no ha pensado venirse a España?
Muchos me preguntan que por qué no me vengo. Siempre digo que no me voy a ir. ¿Cómo vería la gente que abandone el barco en medio de la tormenta? Venezuela es mi casa, es mi gente y ahí estaré para ayudarles.

¿Qué ha sido lo más gratificante de estos años como misionero en Venezuela?
El trabajo en la parroquia. Los venezolanos son gente muy cariñosa y al tener una parroquia grande hace que estés en contacto con mucha gente. He disfrutado mucho con las peregrinaciones que organizamos, en las que incluso han llegado a venir sacerdotes de la Diócesis de Pamplona para ayudarnos. El último que estuvo, hace 5 años, fue Javier Leoz, que es de mi pueblo, de Cáseda.
Algo de lo que también estoy muy orgulloso es del coro parroquial, formado por niños y jóvenes. Ahora cumplirá 46 años. Al principio era pequeño, pero, poco a poco, fue creciendo y ahora está muy consolidado y ha recibido muchos premios nacionales e internacionales. Hemos estado un par de veces a España: una el año 82, con motivo de los festivales de Olite y otra en el 98 cuando participamos en el certamen de Tolosa y realizamos varios conciertos en la Diócesis de Pamplona y Tudela.