Peregrinacióna Fátima

Numerosas familias de la diócesis peregrinan al santuario de Fátima

El 17 de abril, con el regusto del Domingo de Pascua, un grupo de 300 personas de la Diócesis de Pamplona y Tudela salieron hacia Fátima, para pasar cuatro días con su Madre. Convocados por la delegación diocesana de Familia, el Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, presidió esta peregrinación en la que participaron además de familias jóvenes con niños, abuelos, dos religiosas, cuatro sacerdotes mejicanos, una familia guipuzcoana y los sacerdotes Carlos Sobrón y Santiago Arellano, párroco de San Fermín de Pamplona. Con ellos, la asistencia espiritual estaba asegurada.

Fueron cuatro días de inmensa alegría en la que la Virgen de Fátima fue el centro de todo. Como afirma uno de los peregrinos “en cuanto te acercas a la Capilla se te encoge de emoción y de paz el corazón. Tres niños incultos y pobres son elegidos por el cielo como embajadores del mundo para conseguir la Paz. Frente al poder de las naciones, la debilidad es la fuerza de Dios”.

Los peregrinos esperan pronto el reconocimiento público y oficial de la santidad de la hermana Lucía, así como la próxima canonización de los hermanos Jacinta y Francisco. Dos santos no mártires, confesores fieles de la voluntad del Señor. Vidas admirables por la constatación de la gracia hasta en la infancia.

Fueron unos días en los que lució un sol espléndido y en los que las familias pudieron visitar los lugares emblemáticos, como el de las apariciones del Ángel y de la Virgen. Rezaron el Vía Crucis, dirigidos por los sacerdotes y por Don Francisco Pérez y participaron en la Exposición del Santísimo que tuvo lugar en la parroquia de los videntes. Uno de los momentos más emotivos de la peregrinación fue la entrada de un grupo de niños, en procesión, cantando la oración que el ángel enseñó a los tres pastorcillos de Fátima. Subieron al altar, postraron sus cabecitas en el suelo y tras adorar al Señor se marcharon en absoluto orden y silencio.
Además, hubo momentos de intensas emociones como la celebración de la solemne Misa en la Capilla de la Virgen, presidida por don Francisco o como la consagración de esclavitud mariana de un grupo de asistentes. Llamó la atención cuando uno de los sacerdotes ofreció a la Virgen a un bebé.

La procesión de las antorchas será un momento difícil de olvidar, especialmente por dos de los peregrinos: Enrique, que tuvo el privilegio de llevar las andas y Miguel que llevó en sus brazos la Cruz.

Fueron cuatro días en los que hubo de todo: jotas, rancheras mejicanas, sobremesas alegres, gozos sobrenaturales y sonrisas y lágrimas de honda emoción. Cuatro días de los que los peregrinos han vuelto encantados y agradecidos a don Francisco, a los sacerdotes, al resto de familias y, especialmente, a la Virgen de Fátima.