Envío

«Ante cualquier sufrimiento, Jesucristo ha estado allí»

El pasado 17 de agosto tuvo lugar en la parroquia de San Jorge de Pamplona el envío de una familia a la “missio ad gentes” en Vinnytsia (Ucrania). Esta celebración estuvo presidida por el Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, que realizo una oración, para el envío de Rubén y Nuria con sus 6 hijos: David, Alejandro, Pablo, Miguel, Cecilia y Juan. Charlamos con ellos unos días antes de que comience este importante cambio en sus vidas.

¿Cuándo fue la primera vez que os levantasteis y cómo surgió en vosotros la vocación para la misión?
Rubén: La primera vez que nos levantamos fue en un encuentro de familias con Kiko en Valencia (2014). Íbamos abiertos a la posibilidad, es una cosa que ya habíamos hablado. Además Nuria ya había sido familia en misión en Camerún, cuando era pequeña.
Nuria: La verdad es que siempre le ha llamado más a él eso de la misión. Cada vez que teníamos convivencias en las que pedían vocaciones, yo tenía que agarrarle para que no se levante. Siempre ha tenido él más ganas.
R: Yo creo que ha surgido todo más fruto del agradecimiento, porque hemos visto siempre que no nos ha faltado de nada. Dentro de que somos un matrimonio joven nos han pasado muchas cosas: yo de recién casado tuve un accidente de moto, me detectaron una enfermedad seria que es de por vida, tenemos muchos hijos seguidos, ella también ha estado enferma… por lo que hemos visto tantas cosas, tan buenas y hemos tenido tan presente la mano de Dios en nuestra familia; que al final todo ello nos ha llevado a levantarnos, más que nada por agradecimiento a Dios. Siempre hemos estado abiertos a la posibilidad de anunciar, de hecho aquí ya en nuestro día a día tratamos de ser reflejo de Jesucristo en nuestra vida. Sí que es verdad que hay que discernir, pero nosotros hemos puesto el cuerpo y hemos dicho que estábamos dispuestos a seguir evangelizando aquí o a hacerlo en otra parte. Así que a base de discernir y haber estado esperando unos años, el momento ha llegado ahora.

¿Qué le lleva a una familia, como en vuestro caso, con hijos muy pequeños, a dejar todo y partir en misión? ¿Da miedo irse a otro país, además con la responsabilidad de tener 6 hijos?
N: Me da miedo, pero me estoy sintiendo extrañamente tranquila, en mi día a día tengo más miedos que ahora, y creo que eso es de Dios, porque lo que sale de mi es el pánico total. También me da cosa como van a estar los niños en el cole, porque ellos no van a entender nada y tampoco les van a entender, ni siquiera cuando quieran ir al baño.
R: La cosa es que hay situaciones complicadas, como cuando en estas vacaciones tuvimos que ir a urgencias con uno de los niños, que es muy normal cuando tienes hijos, y eso allí va a ser muy diferente. Por ejemplo, Pablo está operado del oído y en un país con tanto frío da miedo que le pueda pasar cualquier cosa. Va a ser toda una aventura porque vete allí y entiéndete con colegios, profesores, médicos… ¿Miedo, humanamente? No nos moveríamos. No te moverías de tu seguridad, si tú no tienes una experiencia fuerte de que Jesucristo ha obrado en tu vida, esta experiencia no la puedes hacer. Hemos visto que ante cualquier sufrimiento, Jesucristo ha estado allí, por eso vamos a vivir de cara a Dios, a la providencia. Aquí te refugias en la familia, en el trabajo, en el dinero… pero allí va a ser un cara a cara con Dios. Como ha respondido en lo que hemos vivido aquí, pues vamos con esa confianza, de que a pesar de todo, seguro que nos va bien.

¿Y los niños son conscientes de lo que van a hacer, a donde van?
N: Nosotros se lo hemos dicho desde el primer momento. David al principio decía que no, por la familia, pero bueno… Ayer me dijo que tenía ganas de ver qué era eso de Ucrania.

¿Cómo reaccionó la gente de vuestro alrededor al saber que os ibais en misión?
R: Yo creo que han respondido de una manera positiva, tanto la gente del trabajo como la familia. Los compañeros del trabajo se quedaron un poco sorprendidos, si que el tema de que tenga tantos hijos se lo toman con más cachondeo, pero el ver que te vas con todos los niños de misión les ha dejado sorprendidos. De hecho esto te hace pensar que hay algo, porque que una familia con 6 hijos, trabajo fijo; pues te hace pensar, y creo que eso les ha dejado más trastocados.
N: A mi madre al principio le costaba porque ya sabe lo que es la misión, la dificultad que se pasa. Ella ya lo ha vivido, y encima estaba la posibilidad de que nos tocara África. Pero una vez le dijimos que nos había tocado Ucrania se quedó más tranquila. Pasaremos dificultades igualmente, pero ella está más tranquila. Y ahora todos están muy felices, nos han ayudado un montón.
R: Ha habido una transición; al principio todos estaban muy contentos y ahora les da mucha pena que nos marchemos. Pero por el tema de la misión están todos muy contentos y es un orgullo para ellos.

¿En qué consiste la misión?
N: Vamos a estar 5 familias, un sacerdote y cuatro chicas. Celebraremos eucaristías, palabras, convivencias… haremos vida de comunidad. Y todos los sábados por la mañana haremos misión en las calles, como hemos hecho aquí las comunidades durante el periodo de pascua. Allí en Ucrania lo haremos durante todo el año y consistirá en unos laudes con experiencias de algunos hermanos.
R: A veces la gente se piensa que vamos allí como modelo o ejemplo, o incluso que vamos a enseñar algo. Pero ni mucho menos, porque yo soy el peor de los peores, entonces lo único es que me siento un afortunado de conocer, de la mano de mis padres, el amor de Jesucristo y es lo que vamos a tratar de transmitir. Yo voy a hacer lo mismo que hago aquí, vivir, procurar ser un Ucraniano más, buscarme un trabajo, vivir con los ucranianos y que ellos puedan ver que es la iglesia. Porque vamos a un sitio donde físicamente no hay iglesia, solo las missio ad gentes. Y que la gente solo viéndonos a nosotros que somos “lo peor”, vea el reflejo del amor de Dios, que hace que se puede dar la comunión en el matrimonio, que nos podamos querer y que de ahí salgan frutos como una familia numerosa dónde existe el perdón, que vean que rezamos laudes todos juntos…No vamos a enseñar nada, sino que vamos a evangelizar desde nuestra debilidad, que donde nosotros no podemos, la gente vea que ahí hay algo más. Un reflejo del amor de Dios.
N: También hemos visto como lo hacen otras familias que ya están allí. Se relacionan mucho con los vecinos, les ayudan el lo que pueden y si les molesta como estás, pues tratar de devolver el bien por mal. No somos superhéroes ni mucho menos, vamos a hacer lo mismo que aquí pero allá.

¿Cómo os enterasteis del destino? ¿Qué sentisteis cuando os enterasteis de que ibais a Ucrania? ¿Teníais alguna preferencia, algún miedo?
R: No hemos investigado mucho acerca de Ucrania, más o menos sabemos que ha pasado allí, pero no queremos ir allí con miedos ni nada, lo que tengamos que vivir allí ya lo experimentaremos. Pero la verdad es que no teníamos ni idea de cómo era Ucrania. Íbamos abiertos a cualquier cosa. Yo personalmente hubiera preferido África antes que Ucrania, pero ha sido lo que tenía que ser.
N: Yo como era un país europeo me imaginaba algo estilo España, pero no es así, es algo muy diferente. En cuanto a los posibles destinos, yo a Sudamérica le tenía mucho respeto y a África también, por todo el tema de las enfermedades. Asia no me daba miedo, aunque tiene un idioma más difícil, no estaba cerrada.

Nuria, repites como familia en misión, pero ahora vas como madre, no como hija. ¿Qué podrías contar de tu misión anterior? Supongo que todo se ve muy diferente ahora.
N: Yo como lo viví como hija no lo voy a volver a hacer. Mis hermanos y yo éramos pequeños y tuvimos una infancia muy feliz. Jugábamos en el campo con los amigos sin tener que preocuparnos por el estudio. Tenía hermanos más mayores, pero lo mío era jugar todo el tiempo, teníamos unas horas de clase pero a modo de juego, para saber leer y escribir en castellano. Yo estoy segura de que mis padres pasaron muchos sufrimientos porque hemos pasado la malaria, gusanos por la piel, o cosas por el estilo, que a ellos les asustarían un montón. Pero yo vivía tan tranquila y me dio mucha pena cuando tuvimos que volver a España. Allí me llamaban Mowgli (la niña de la selva), pero ahora me he transformado, no soporto los bichos, me he vuelto de ciudad. Fue una experiencia muy buena. Pero ahora es muy distinto. Son dos sitios y dos perspectivas muy diferentes. Ahora probablemente sabré lo que pasaba mi madre.
Estamos muy contentos, la gente se ha portado muy bien con nosotros, hemos recibido muchos gestos de ayuda, por ejemplo, con el tema de papeleos, allí donde íbamos les contábamos la verdad (que nos íbamos en misión a Ucrania), y te daban las citas enseguida, te ayudan. Está claro que esta misión tenía que ser, hemos tenido todo el camino llano para que se haga lo más fácil posible. Vemos clarísimo que estamos donde teníamos que estar.