Juan Vicente Boo

El Evangelio es muy “tuitero”

La pasada semana, el corresponsal de ABC en El Vaticano, Juan Vicente Boo, vino a Pamplona para presentar en la Universidad de Navarra su último libro: ‘Píldoras para el alma’. Este semanario entrevistó a Juan Vicente Boo sobre este trabajo que recopila los mejores 500 tuits del Papa Francisco.

¿Son las redes sociales el nuevo modo de evangelización?
Son un nuevo territorio, que se añade a todos los anteriores, y una grandísima oportunidad. El terreno es bueno, como lo demuestra que el Papa Francisco tenga 45 millones de seguidores en Twitter, sume un millón nuevo al mes y sea el líder mundial con mayor prestigio en redes sociales. Jesús salía a los caminos de Palestina, Francisco sale a los caminos digitales, que son los caminos de hoy.

Según el título de su libro, ¿los tuits del Papa Francisco tienen un efecto terapéutico?
Sí. La han comprobado personalmente millones de personas antes del libro y me lo dicen muchas lectoras y lectores de “Píldoras para el alma”. El efecto terapéutico es mucho mayor si se meditan esos tuits con calma ante un libro, y ordenados en 32 materias. Sin los continuos cambios de tema que supone ir hacia atrás en un teléfono móvil o un ordenador, que además dispersan mucho la atención.

¿En qué se ha basado para seleccionar 500 de los 1.300 tuits del pontificado de Francisco?
Por seguir con el lenguaje médico, diría que con un hemisferio cerebral seleccionaba los temas y los tuits que le gustarían más al Papa Francisco. Y con el otro los tuits que podrían ayudar más a lectores muy variados en países muy distintos, ahora y dentro de 50 años, pues el libro es un clásico de espiritualidad; son textos perennes para la meditación.

¿Cómo se puede complementar la evangelización al estilo tradicional con las nuevas tecnológicas?
Paradójicamente, las nuevas tecnologías “agradecen” mucho el estilo de Jesús, que era franco, directo, popular, entrañable y breve. El Evangelio es muy “tuitero”, está lleno de frases brevísimas que hoy podrían ser tuits muy cortos: “No podéis servir a Dios y a las riquezas”, “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, etc.

¿Los obispos están al día en la utilización de las redes sociales o el Papa es una excepción en este sentido?
Por desgracia todavía son pocos, aunque hay obispos en Estados Unidos, Italia y España con mucho talento en redes sociales. Don José Ignacio Munilla, en San Sebastián, por poner un ejemplo. El Papa es muy buen “tuitero”: tuitea con el corazón y con el alma, dirigiéndose al corazón y el alma de sus seguidores de un modo muy directo. Cambia los temas, alterna estilos, está muy pendiente de la actualidad…

¿No puede resultar un poco banal intentar condensar el pensamiento cristiano en unos pocos caracteres?
Está ya hecho hace dos mil años. Por ejemplo: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. El Evangelio está lleno de “tuits”.

Desde su punto de vista, ¿la Iglesia utiliza correctamente las redes sociales?
Todavía no, aunque hay grupos de jóvenes católicos que son muy activos, y también algunos sacerdotes jóvenes. Está aprendiendo pero es todavía una de las asignaturas pendientes, lo mismo que hacer homilías breves, interesantes, directas y positivas.

Si tuviera que elegir uno de los 500 tuits que aparecen en el libro ¿con cuál se quedaría? Y ¿por qué?
A mí personalmente me gusta mucho el que lanzó en el tercer aniversario de su elección como Papa, porque además de incidir en un tema importante es muy breve, directo, y personal: “Rezad por mí”.

¿Tiene ya en mente un próximo libro?
Sí. Después de “El Papa de la alegría”, que presentaba el proyecto de Francisco en su contexto mundial, y de “Píldoras para el alma”, que es un compendio de la espiritualidad cristiana expresado en lenguaje de hoy, creo que hace falta un libro que explique el Vaticano con la visión profesional de un periodista veteranos de trece años en Bruselas y Nueva York antes de iniciar un maravilloso periodo de veinte años en el Vaticano que me ha permitido ver de muy cerca y acompañar en cada viaje a los tres últimos papas.