Marta Ramos

«Chiara fue un instrumento en manos de Dios»

Con motivo del décimo aniversario del fallecimiento de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, este semanario ha querido hablar con uno de sus miembros, Marta Ramos, para conocer un poco este movimiento que se fundó en Italia en 1943 y que se caracteriza por su vocación al ecumenismo y al diálogo interreligioso.

¿Cómo y por qué nace el movimiento de los Focolares?
El Movimiento Nació en Trento, que es una ciudad situado al norte de Italia y tuvo un nacimiento muy sencillo. Lo fundó Chiara Lubich cuando tenía, en torno, a 20 años.
Siempre había tenido una gran atracción por Dios, por conocer la verdad, que para ella era Dios. Estudiaba Filosofía y en medio de la Segunda Guerra Mundial ella hace el descubrimiento de que Dios es el único ideal que no pasa. Tenía un grupo de amigas y todas hacen esta experiencia. Una tenía un novio y ese novio no vuelve del frente, otra soñaba con una casa y la casa cae como consecuencia de las bombas y a Chiara, cuya ilusión era terminar la carrera de Filosofía se le cierra la Universidad. Todas se dan cuenta de que aquellos ideales por los que vivían iban cayendo y que lo único que queda permanente era Dios. Ellas descubren que Dios les ama en medio de la miseria, de la guerra, de la destrucción. Con ese ímpetu de la juventud deciden devolver a Dios ese amor. Y lo hacen llevando el Evangelio a los refugios. Cuando sonaban las alarmas, abrían el Evangelio, leían un pasaje y lo vivían. No razonaban, solo lo vivían.
De todo lo que leían en el Evangelio hubo unas palabras que decían “Padre, que todos sean uno” que les conmovieron. Ellas sintieron que habían nacido para vivir esas palabras. Descubrieron que cada persona con la que yo me encuentro está llamada a que yo, de alguna manera, conecte con ella, me haga uno con ella. Porque en ella también hay una imagen de Dios que conecta con la mía.
En aquel contexto era muy chocante ver a esas chicas tan contentas, dando lo poco que tenían, atendiendo a los ancianos, a los enfermos, etc. Crearon algo que se fue difundiendo. Esa nueva forma de vivir el Evangelio atraía a mucha gente y en un mes ya eran más de 500 personas las que se unieron.
Buscando eso que nos une con los demás, el movimiento comenzó a difundirse, no solo por Italia, sino también por Europa. Y al difundirse por Europa encontró otras denominaciones cristianas. No es que se pusieran a hablar de teología, sino que en ese vivir el Evangelio se encontraban. Después hubo misioneros que comenzaron a llamarles. Pedían sacerdotes que habían hecho suya esta espiritualidad y comenzó a difundirse entre los budistas, los musulmanes, las antiguas tradiciones africanas, etc.
Chiara decía que ella nunca se imagino que eso pudiera a llegar a ser un movimiento. Ella estaba enamorada de Dios y eso le llevaba a amar a los demás, para corresponder a ese amor. Ella decía: “Yo fui detrás de Dios y los demás me siguieron”.

¿Cuál es el carisma de este movimiento?
El carisma es la unidad entendida así, en el sentido máximo, en el sentido más amplio, que incluye el ecumenismo, incluye el diálogo con otras religiones, con las personas que no tienen una fe religiosa, pero que con el ideal de la fraternidad y de la justicia también se adhieren a esta forma de vivir.

¿En Navarra dónde estáis presentes? ¿Cuántos miembros del movimiento hay en la Diócesis?
Al no ser algo muy estructurado no te puedo decir exactamente cuántos somos. Pero hay un grupo más estable, de unas 30 personas, que una vez al mes, en la parroquia de Santa María de la Esperanza de Zizur Mayor, se juntan para hacer un encuentro de comunidad.
Pero luego hay una cosa que se llama Palabra de Vida, que es que se coge una frase del Evangelio y se comenta, que se difunde y se reparte por muchas iglesias o por correo y llega a mucha otra gente. No ponemos cara a esas personas a las que les llega, porque luego no participan en los encuentros, pero que sabemos que les ayuda.
También tenemos una revista, que se llama Ciudad Nueva, a la que hay personas suscritas y a las que les llega, de alguna manera, nuestra espiritualidad.

¿Cómo conociste este movimiento? ¿Qué te llamó a formar parte de él?
Mis padres lo conocieron de recién casados y por circunstancias de la vida yo contacté con el movimiento cuando tenía 15 años. Un verano fuimos toda la familia a un encuentro del Movimiento de los Focolares, un encuentro que se llama Mariápolis. Me chocó mucho el ambiente que se vivía, la gente que te sonreía sin conocerte, etc… y eso me resultó muy raro. Volvimos y retomé mi vida diaria, con mis amigos, mis estudios, etc. Pero hubo unas chicas que conocí en aquel encuentro, que habían venido a estudiar aquí, que me propusieron ayudar a la gente de Valencia, a raíz a de unas inundaciones que había habido. La idea me encantó y montamos un mercadillo para recaudar fondos. Eso me creo una gran felicidad. Ayudaba a los demás porque me ponía contenta, pero no profundizaba más. En el año 89 participé en la Jornada Mundial de la Juventud de Santiago, donde estuvo invitada Chiara, y ahí tuve una llamada. Llegué con una idea de altruismo, de hacer la vida a mi manera, las cosas de cristianismo que me iban bien las cogía y las que no las adaptaba. Pero recuerdo cuando el Papa Juan Pablo II, en el monte del Gozo, preguntó si estábamos dispuestos a seguir a Jesús y todo el mundo gritó que sí. Yo no grité, porque pensé que si decía que sí tenía que cambiar de vida y me dio mucho miedo. Lo preguntó una segunda vez y seguí callada, pero a la tercera vez, dentro de mi corazón, contesté que sí. Y volviendo a casa le comenté a mi novio que quería cambiar de vida, que no quería seguir haciendo lo que había hecho hasta ese momento. Y llegamos a la conclusión de que debíamos alejarnos porque la nueva forma de vida que quería no coincidía con la que llevábamos. Me encontré un poco sola, un poco perdida porque me encontré sin novio y sin amigos, pero seguí en contacto con el grupo de chicas que había conocido en el movimiento y noté un cambio de foco en mi vida con el que era muy feliz.

Algo que soléis organizar son las “Mariápolis”, cuéntanos qué son.
Se remonta a los años 50, cuando el primer grupo, para descansar un poco de esa vida tan intensa que llevaban, se fueron a descansar a las Dolomitas. Estando allí comenzaron a llegar cientos de personas que querían descansar con ellas, pero haciendo juntas esa experiencia de comunidad, siguiendo la ley del amor recíproco. Chiara se dio cuenta de que si en las ciudades viviesen con esta ley del amor mutuo se viviría como en el cielo. Y a esta ciudad le llamaron Mariápolis, ciudad de María. Lo que fue primero como unos encuentros temporales de veraneo, con el paso de los años, en algunos sitios, se convirtieron en permanentes. Se crearon como pequeñas ciudades donde los habitantes tienen como única ley la del amor recíproco. A parte de estas ciudadelas permanentes, todos los años se hacen unos pequeños “experimentos” temporales, de unos días, en el que se juntan personas de todas las vocaciones y hacen la experiencia de compartir juntos. Se suele profundizar sobre un tema, se cuentan experiencias y se hace una vida conjunta. A esto se le llama Mariápolis. A finales del mes de abril, el fin de semana del 28 y 29, tendremos una Mariápolis en Burgos.

¿Conociste a Chiara Lubich? ¿Cómo era? ¿Qué destacarías de su persona?
La primera vez que la vi fue en Santiago, en la JMJ de la que te he hablado. Después le vi en Roma cuando iba a congresos. Y luego ella estaba abierta también a quien quisiera escribirle. En los momentos importantes de mi vida le escribía y guardo, con mucho cariño, las cartas de respuesta que me escribió. Chiara siempre te ponía en Dios.
Ella fue un instrumento en manos de Dios, sin ninguna pretensión. Ella era fiel a lo que sentía que Dios le pedía. Y en este intentar dar respuesta a esa llamada de Dios se generaron muchísimas cosas que son de Dios.

¿Estáis presentes por todo el mundo?
Sí. Estamos en más de 182 países, pero tenemos una presencia un poco escondida. Tenemos un perfil un poco mariano. Estamos presentes en todos los países en los que hay una falta de unidad, ya sea política, social, familiar, etc. Nos hacemos presentes amando ese dolor de esa des-unidad y construyendo allí. Nuestro truco es poner el amor ahí. Somos un poco como la figura de María en el Evangelio, que sale muy poco pero que es muy importante, porque sin ella la historia de la salvación no se hubiese hecho de esa forma. A nosotros Dios nos ha puesto en las des-unidades.

Como parte de la Iglesia ¿qué tema es el que más te importa?
Como nuestro carisma es la unidad, te diría que nos preocupa buscar siempre esa unidad dentro de la Iglesia. Entre nosotros los cristianos católicos, pero también con las otras denominaciones cristianas. Pero luego hay tantas situaciones dolorosas para abrazar y socorrer… Se me ocurre decirte la familia.

¿Cómo ves la situación social respecto a la defensa de la vida?
Yo veo que estamos en un mundo en el que asumir situaciones con las que no contábamos o que superan la capacidad de reacción o de organización es muy difícil. Soy pediatra y veo que aunque se diga que se apoya a la familia, las familias que tienen niños con enfermedades graves asumen, prácticamente solas, todo el peso. Mi opción personal, por convicción médica y por convicción como cristiana es siempre a favor de la vida.