Vida Consagrada

Celebrada la Jornada de Vida Consagrada como presencia del Amor de Dios

Coincidiendo con la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, el pasado 2 de febrero, la Catedral de Santa María la Real de Pamplona acogió la celebración de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que este año llevó como lema “Padre nuestro. La vida consagrada, presencia del amor de Dios”.

Cientos de consagrados y consagradas llenaron la seo pamplonesa y participaron en esta Eucaristía que fue presidida por el Señor Arzobispo, Mons. Francisco Pérez y concelebrada por 11 sacerdotes más, entre los que se encontraba el delegado de Vida Consagrada, José Antonio Zabaleta, y el Deán de la Catedral, Carlos Ayerra.

En su homilía don Francisco recordó que es para la Iglesia un orgullo “el hecho que tantos hijos e hijas suyas se consagren por amor a Dios, al que recurren como Padre”. Y explicó que “hemos de ponernos como discípulos a la sombra de María para que también sepamos ofrecer a Jesús a aquellos que nos rodean”. “Debemos saber poner a disposición de los demás nuestros dones y carismas. Que sepamos correr a llevar esa luz que alumbra a las naciones, a los que nos rodean, empezando por los que tenemos más cerca: familia, amigos, conocidos, comunidad, profesores de nuestros Colegios… y pongamos en sus brazos a Jesús, para que ellos también le reconozcan”, recodó el Arzobispo. Antes de terminar, les deseó, a cada uno de los allí presentes, que viviesen con gozo y alegría su vocación. “No hay tesoro mayor que el regalo que habéis recibido del Señor. Vividlo con entrega generosa y no os olvidéis que Dios nunca falla y nunca nos abandona”.

Tras la homilía, tuvo lugar uno de los momentos más destacados de la celebración. Los miembros de los Institutos de Vida Consagrada renovaron su consagración en el seguimiento de Cristo y en la misión de la Iglesia. En las peticiones, se pidió por todos los Consagrados y por cuantos han recibido el don de la llamada a la Vida Consagrada para que, alcanzados por Cristo, sean auténticos testigos del encuentro con el Amor de Dios en la sociedad.

Una bonita jornada que sirvió para que los consagrados renovasen su respuesta a la elección de Dios, y salieran al encuentro del Señor con la luz de la fe, la fuerza de la esperanza y el fuego del amor que el Padre ha encendido en sus corazones.