Día Del Catequsita

La gran fiesta de los Catequistas se celebró en Sarriguren

Como todos los años por estas fechas, el pasado sábado, 15 de febrero, tuvo lugar el Día del Catequista, una jornada festiva organizada por la delegación diocesana de Catequesis para agradecer la labor de los cientos de catequistas que, de forma desinteresada, ofrecen su tiempo para enseñar el mensaje de Dios.

La línea de fuerza de este encuentro, expresada en el lema y en el cartel del día (la sal derramada que va dibujando una cruz que ilumina…), quería acoger la llamada que el Papa Francisco hizo y sigue haciendo a la Iglesia a ser una Iglesia evangelizadora, una Iglesia “en salida”. Así pues, Sarriguren, y en concreto el colegio Santa María la Real de los Hermanos Maristas y la parroquia de Santa Engracia, fue el punto de encuentro y donde se desarrollaron las distintas actividades de esta jornada.

Un pregón cargado de fuerza y proclamado en la calle, en la entrada del Colegio Marista, abrió una reflexión sostenida en la Palabra de Jesús, que llama a sus discípulos como sal y luz del mundo. Era el “EN” del lema, para situarles en las afueras, en la periferia de Pamplona, en el trabajo y disposición de evangelizar.

A continuación, divididos en tres grupos, los catequistas pudieron acercarse, en tres dinámicas muy diferentes, a la realidad de ser “SAL”. Tres momentos y espacios diferentes (oración y silencio, cine, teatralización simbólica,) que aportaron pinceladas muy importantes de la identidad actual del catequista evangelizador: el catequista en la fuerza del Espíritu (nuestro encuentro personal con Jesús), el catequista testigo (nuestra disposición a buscar la Verdad y la forma de comunicarla), y el catequista peregrino (la necesidad de salir y fomentar la cultura del encuentro). Las palabras del Papa Francisco urgiéndonos a una auténtica renovación dieron consistencia y alegría a esta llamada tan acuciante…

Después de un café reconfortador, se pusieron en camino hacia la parroquia de Santa Engracia compartiendo inquietudes y experiencias, como los discípulos de Emaús. Aquí comenzaba el “IDA”: van al encuentro del Señor, todos juntos, para ser luego enviados (“podéis ir en Paz”)… Celebraron con gozo la Eucaristía, presidida por el Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, quien estuvo arropado por un grupo numeroso de sacerdotes. En su homilía presentó al catequista como un regalo de Dios para la Iglesia y para la sociedad. “Para ser regalo se ha de vivir y testimoniar con la presencia de Jesucristo y en su nombre. Para ser regalo es muy importante saber que somos miembros de la Iglesia y en nombre de ella proclamar sus enseñanzas que son las de Jesucristo”, les recordó. Además, mostró su agradecimiento y, una vez más, les animó a continuar en esta hermosa misión de anunciar y llevar a todos la Buena Noticia. “Vuestras enseñanzas quedarán grabadas como un dardo en el corazón de los niños y los jóvenes”, enfatizó don Francisco. Finalmente, les recordó la necesidad del encuentro personal con Jesús en la oración y en los sacramentos, pues “no habrá evangelización si no vivimos la experiencia personal con Cristo”.

La comida, de nuevo en el Colegio de los Maristas, en un ambiente fraterno, puso la guinda a esta jornada que fue una auténtica fiesta donde todos salieron reforzados y con ánimo para continuar su misión.