22 de marzo de 2010

RESUMEN DIARIO DE PRENSA

Arzobispado de Pamplona

22 de marzo de 2010

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Nacional

Rouco anima a los jóvenes católicos a romper las falsedades sobre la Iglesia

La Razón

¿Cómo acercar a vuestros compañeros alejados de la fe? «A través de la amistad desinteresada», éste es el secreto que el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, ha compartido con los jóvenes universitarios en una misa celebrada especialmente para ellos en la Catedral de La Almudena de Madrid con motivo del recorrido que la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) está realizando por las universidades madrileñas antes de comenzar su andadura por las demás diócesis españolas.
Los jóvenes contaron al cardenal los prejuicios a los que se enfrentan a la hora de hablar de la fe a sus compañeros. Rouco les aconsejó «hablar de Dios de una manera sencilla, natural y sincera», para enganchar a las personas de su alrededor. Además, el arzobispo retó a los jóvenes a trabajar en un «buen discurso intelectual» y a «ser objetivos y rigurosos con los hechos, explicando qué es la Iglesia» para romper las falsedades que, en ocasiones, rodean a la institución eclesial.

«En la etapa terminal, la vida es digna si se mima a la persona»

La Razón

El nuevo obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, tomó ayer posesión de su cargo «lleno de esperanza y entusiasmo, al llegar a una diócesis tan viva como es la de Córdoba». Tras haber pastoreado desde el 2004 a los fieles de la diócesis de Tarazona-Tudela, diez veces más pequeña, el obispo Demetrio comenzó ayer su nueva misión sin ocultar su condena a diversos asuntos de actualidad como la reciente aprobación de la nueva Ley del Aborto y, precisamente en Andalucía, de la Ley de Muerte Digna.
Respecto a esta última, Fernández defendió que «en la etapa terminal, la vida y la muerte son dignas si se respeta y se mima a la persona hasta su último suspiro». Consideró que «no podemos callar sobre estos temas tan delicados y que afectan al bien del hombre», según informa Ep.
En una ceremonia a la que asistieron el cardenal Rouco Varela, el nuncio apostólico, Renzo Fratini, su antecesor en el cargo, monseñor Juan José Asenjo, ahora arzobispo de Sevilla, y 25 obispos más, Fernández quiso hacer referencia al uso compartido de la catedral de Córdoba entre cristianos y musulmanes. El obispo declaró que esto «no es posible porque ni lo consiente la religión musulmana ni cabe en la verdad de la religión cristiana». Además, consideró que este uso compartido «sembraría la confusión propia de un relativismo que no distingue la identidad y la diferencia de cada uno». Sin embargo, abogó por la colaboración entre las dos religiones para lograr la paz en el mundo, y por el respeto mutuo.

Internacional

El Papa pide «intransigencia con el pecado» y «perdón para el pecador»

La Razón

Considera que los pecadores deben responder «frente a Dios», pero no merecen la lapidación pública.

Un día después de publicar su carta pastoral a los católicos de Irlanda, en la que afirma que «Dios y los tribunales» juzgarán a los sacerdotes que han cometido abusos sexuales con menores, Benedicto XVI dedicó sus palabras del Ángelus dominical a hablar del pecado. «Debemos aprender a no juzgar ni condenar al prójimo. Aprendamos a ser intransigentes con el pecado, empezando con el nuestro, e indulgentes con las personas», afirmó el Santo Padre ante los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
El Pontífice se sirvió del pasaje del Evangelio en el que se narra la historia de la mujer adúltera condenada a muerte, salvada por Jesucristo con su célebre frase: «Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra». Jesús, recordó Benedicto XVI, logró que los acusadores se fueran y «absolvió a la mujer de su pecado, introduciéndola en una nueva vida, orientada al bien». «Ni yo te condeno; ve y de ahora en adelante no peques más», le dijo Cristo a la mujer adúltera.
Por encima de la Justicia de los hombres, dijo Benedicto XVI, se sitúa la Justicia de Dios, la cual está «fundada sobre el amor». «Mientras está enseñando en el Templo llevan a Jesús una mujer sorprendida mientras cometía adulterio, condenada según la ley a la lapidación». Cristo, explicó el Santo Padre, fue sometido a una prueba por los hombres, ya que debía juzgar a la pecadora. «La escena está llena de dramatismo: de las palabras de Jesús depende la vida de esa persona, pero también la suya propia. Los acusadores hipócritas fingen cederle el juicio, mientras que en realidad es a él al que quieren acusar y juzgar». Sin embargo, Jesús «sabe lo que hay en el corazón del hombre» y «quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador y desenmascarar la hipocresía».
Las palabras de Benedicto XVI son una señal de alarma para todos los que están atacando a la Iglesia y a los religiosos que cometieron abusos con menores en Irlanda. Los pecadores deben responder «frente a Dios» y «someterse a las exigencias de los tribunales», pero no merecen la lapidación pública.

Benedicto XVI: «Los responsables responderán ante Dios y la Justicia»

La Razón

Pide en su carta una renovación de la comunidad eclesiástica de la isla, que recibirá inspecciones vaticanas.

Lea la carta íntegra del Papa
Ciudad del Vaticano – En un valiente reconocimiento del problema y con la perspectiva puesta en un futuro libre de episodios similares, Benedicto XVI hizo pública ayer la carta pastoral a los católicos irlandeses centrada en los abusos sexuales a menores cometidos por religiosos de aquel país. El Papa afrontó con humildad y ojo crítico uno de los episodios más difíciles para la Iglesia en las últimas décadas, que le ha provocado una «gran preocupación».

«Como vosotros, me he sentido profundamente turbado por las noticias sobre el abuso a muchachos y jóvenes por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, en particular por sacerdotes y religiosos», escribe el Pontífice, añadiendo luego que comparte la «sensación de traición» sufrida por muchos al conocer estos actos «pecaminosos y criminales» y la forma con que la jerarquía eclesiástica irlandesa los ha afrontado.
El Papa fue muy duro con los obispos de Irlanda; los acusó de haber cometido graves errores de juicio y de falta de liderazgo. A los curas que han cometido abusos les dijo que no sólo han violado la santidad del sacramento del sacerdocio, también han causado un «daño inmenso» a las víctimas, perjudicando a la Iglesia y a la percepción pública de la vida religiosa. Estos sacerdotes deben arrepentirse, hacer penitencia y responder «frente a Dios y los tribunales», indicó el Sumo Pontífice, ya que están obligados a «someterse a las exigencias de la Justicia».
Tras analizar la historia de la Iglesia irlandesa, su gran contribución a la Iglesia universal y reconocer que los abusos no son sólo un problema de este país, Benedicto XVI se dirige a las víctimas, «que han sufrido tremendamente». «Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre os transmito abiertamente la vergüenza y el remordimiento que todos sentimos», escribe el Papa en su misiva. Insta luego Benedicto XVI a tener esperanza y fe para redescubrir el «infinito amor» que Cristo siente hacia todas las personas. «Tengo confianza en que así seréis capaces de reconciliaros y de encontrar una profunda curación interior».
El Papa Benedicto XVI acaba su misiva, firmada el 19 de marzo, fiesta de San José, proponiendo algunos pasos para estimular la renovación de la comunidad católica irlandesa. Además de oración y penitencia, el Pontífice ha anunciado que se realizarán visitas apostólicas en algunas diócesis, congregaciones y seminarios de Irlanda. Esta suerte de inspección tiene como objetivo «ayudar a la Iglesia local» en su camino de renovación y se llevará a cabo en una acción coordinada del Vaticano y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. El Pontífice, además, anunció que se creará una misión nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos de aquel país, la cual impulsará el «redescubrimiento de las raíces de la fe en Jesucristo».

Una carta «impresionante»
Apenas dos horas después de hacerse pública ayer la misiva del Papa, su portavoz, el padre Federico Lombardi, ofrecía una rueda de prensa en la que resaltaba la importancia de la misma al aclarar que nunca hasta ahora el Papa había escrito una carta con «palabras tan duras». «Es un documento impresionante en el que el Santo Padre expresa su dolor y trata de contribuir personalmente a reparar, resanar y renovar», explicó.


El Papa pide perdón a las víctimas de abusos sexuales en Irlanda

ABC

En tono conmovido y humilde, Benedicto XVI pide personalmente perdón a las víctimas de abusos sexuales en Irlanda. La carta pastoral dirigida a los católicos de ese país dice a las víctimas: «Habéis sufrido atrozmente, y yo lo siento de verdad». A su vez, recrimina a los sacerdotes indignos y también a los obispos en un tono sin precedentes, después de confesar a los fieles de Irlanda que comparte su «sensación de haber sido traicionados» por pederastas y pastores.

El primer documento papal dedicado exclusivamente a la pederastia es una piedra miliar en la operación de limpieza y un instrumento útil para los obispos y sacerdotes de todos los países.

En la carta de 18 páginas destaca el apartado dirigido a «las víctimas de los abusos y sus familias», que comienza con la frase «Habéis sufrido atrozmente y yo lo siento de verdad». En el texto original y oficial de la carta el Papa escribe en inglés «You have suffered grievously and I am truly sorry», que es el modo directo de pedir perdón en ese idioma. La traducción española oficiosa distribuida ayer por el Vaticano lo rebaja a «Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto», quitando fuerza a la petición de perdón.

Confianza traicionada

El Papa reconoce a las víctimas que «vuestra confianza ha sido traicionada y vuestra dignidad ha sido violada. Muchos habéis descubierto que cuando os atrevíais a denunciar lo sucedido, nadie os escuchaba. Los que habéis sufrido abusos en los internados podéis haber sentido que no había escapatoria».

Benedicto XVI comprende «que os cueste perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre yo manifiesto abiertamente la vergüenza y el remordimiento que todos sentimos». Después del arrepentimiento, el Papa termina casi con una súplica: «Os pido humildemente que consideréis lo que he dicho».

«Vergüenza y deshonor»

En un tono sin precedentes en una carta pastoral el Santo Padre dice a los sacerdotes pederastas que «habéis traicionado la confianza de jóvenes inocentes y de sus padres, y debéis responder de eso ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales establecidos. Habéis traído vergüenza y deshonor sobre vuestros hermanos». Por eso, les ordena: «Reconoced abiertamente vuestra culpa y someteos personalmente a las demandas de la justicia».

Todavía más llamativa es la recriminación a los obispos mudos o cobardes: «Habéis fallado, a veces atrozmente, en aplicar las normas de derecho Canónico al delito de abuso de menores. Ha habido graves errores de juicio y falta de liderazgo. Todo esto ha minado seriamente vuestra credibilidad y eficacia». Les recuerda también que en octubre de 2006 les pidió que «esclareciesen la verdad sobre lo sucedido en el pasado». No lo hicieron, y los problemas salieron a la luz sólo cuando el informe Ryan reveló, en mayo de 2009, la corrupción de los internados y el informe Murphy descubrió, el pasado mes de noviembre, los casos de la diócesis de Dublín.

Visita apostólica

Para esclarecer responsabilidades, el Papa nombrará delegados para una visita apostólica de inspeccion a las diócesis, seminarios y órdenes religiosas afectadas. Como la operación de limpieza llevará tiempo, da entretanto las gracias «a tantos hombres y mujeres en toda Irlanda que están trabajando ya por la seguridad de los niños en actividades de la Iglesia».

Benedicto XVI insiste a los obispos en que «además de aplicar plenamente las normas de Derecho Canónico, continuad cooperando con las autoridades civiles en sus áreas de competencia» pues «tan sólo una acción decisiva,llevada a cabo con completa honradez y transparencia, restablecerá el respeto y la buena voluntad del pueblo de Irlanda hacia la Iglesia».

La carta firmada el día de San José, «guardia de la Sagrada Familia y patrón de la Iglesia Universal», abre el corazón a los fieles de Irlanda desde sus primeros párrafos. Poniéndose de su parte, el Papa les confiesa compartir «el sentimiento de desazón y de traición que tantos habéis experimentado al descubrir estos actos pecaminosos y criminales y el modo en que las autoridades de la Iglesia en Irlanda los han tratado».

Valor terapéutico

Es muy duro leer que un Papa se sienta traicionado no sólo por los sacerdotes pederastas sino también por los pastores, pero el confesarlo en público tiene un valor terapéutico. El Papa confía en que, a partir de este mensaje clarificador, «los obispos estarán en una posición más fuerte para reparar las injusticias del pasado y hacer frente a todos los aspectos del abuso de menores de modo acorde con los requerimientos de la justicia y las enseñanzas del Evangelio».

La carta resulta interesante en el diagnóstico de las causas del desastre. Además de la insuficiente selección en los seminarios y noviciados, Benedicto XVI denuncia con toda claridad los problemas del clericalismo y del secretismo: «La tendencia de la sociedad a favorecer el clero y otras figuras de autoridad, y una preocupación fuera de lugar por la reputación de la Iglesia y por evitar el escándalo». Si la primera docena de casos hubiesen salido a la luz pública se hubiesen evitado los centenares o millares de delitos sucesivos.

Expulsión de cristianos: Marruecos practica la “violación de derechos humanos fundamentales”

Forumlibertas.com

La Alianza Evangélica Española denuncia que “los cristianos están siendo habitualmente hostigados, detenidos e interrogados” para coartar su libertad de culto

La reciente expulsión de Marruecos de un total de 26 cristianos acusados de realizar “actividades de proselitismo”, llevada a cabo a primeros de marzo por las autoridades marroquíes, ha provocado numerosas reacciones por parte del colectivo evangélico afectado.

Concretamente, la Alianza Evangélica Española (AEE) denuncia “la violación de derechos humanos fundamentales en Marruecos”, que se ha reflejado con especial intensidad durante el presente mes de marzo de 2010.

Según un comunicado emitido por la AEE el pasado sábado, día 13, Marruecos ha realizado “un esfuerzo coordinado para que cristianos de distintas nacionalidades […] residentes en distintos lugares del país fueran interrogados y expulsados en 24 horas bajo falsas acusaciones de proselitismo”.

El texto continúa afirmando que estos cristianos sacados del territorio marroquí no han tenido “siquiera derecho a defenderse legítimamente en un procedimiento judicial previo”.

Los expulsados son de muy distintas nacionalidades: surcoreana, brasileña, holandesa, surafricana, canadiense, egipcia, inglesa, neozelandesa, estadounidense, venezolana y nigeriana.
Desde las altas instancias

El comunicado de AEE añade que “esta injustificable actuación ha sido organizada desde los niveles más altos del gobierno de Marruecos, coincidiendo con el nombramiento del nuevo Ministro de Interior, Taïeb Cherkaoui”.

También consideran especialmente grave la intervención de la Policía en el pueblo de Ain Leuh, “que culminó con el cierre del orfanato ‘“Village of Hope’ (Aldea de Esperanza), que llevaba más de diez años funcionando”.

Este centro contaba con el preceptivo permiso gubernativo de apertura, por lo que “es obvio que en todos estos años las autoridades conocían que sus dirigentes eran cristianos”.

Una práctica habitual

La Alianza Evangélica denuncia al mismo tiempo que “en general los cristianos marroquíes están siendo habitualmente hostigados, detenidos e interrogados en un intento de coaccionar y de coartar el libre ejercicio de la libertad de conciencia y de culto, dos de los derechos fundamentales de cualquier ser humano”.

Asimismo, el comunicado critica “la paradoja de que el Reino de Marruecos en el Art. 6 de su Constitución proclama el Derecho de Libertad Religiosa, mientras que en el Art. 200 del Código Penal sanciona cualquier actividad que pueda inducir a otro a abandonar su religión”.

“Denunciamos también que esta campaña de persecución contra los cristianos tiene muy poco que ver con el discurso del Gobierno de Marruecos sobre Derechos Humanos en la sede de Naciones Unidas”, agrega el texto.

El texto concluye pidiendo al Gobierno de Marruecos, haciéndolo constar ante las instancias de la Unión Europea y Naciones Unidas, “el respeto estricto a los derechos fundamentales inherentes a cada ser humano” y advirtiendo de que “se reservan el derecho a llevar a cabo todas las acciones legítimas a su alcance” para garantizar esos derechos.

Apoyo de E-Cristians

En ese sentido, la asociación E-Cristians ha manifestado su preocupación por “la violación del derecho a la libertad religiosa en Marruecos y otros países islámicos” y se ha solidarizado con la AEE mostrándole su apoyo con un comunicado público y promoviendo una campaña de mensajes dirigidos a Marruecos y a los dirigentes de la Unión Europea.

La Declaración de E-Cristians sobre la expulsión de cristianos en el reino de Marruecos considera que “el Gobierno de España y los partidos políticos españoles han adoptado una postura de perfil bajo frente a esta violación de los derechos fundamentales a la libertad religiosa”.

El comunicado de esta asociación insiste en que “las democracias occidentales deben defender el criterio de que los derechos fundamentales del hombre son universales y que entre ellos ocupa un lugar destacado el derecho a la libertad de religión, porque es el fundamento de la libertad de conciencia y de otros derechos y libertades”

También recuerda que el Marruecos “practica una tolerancia hacia el ejercicio de la libertad religiosa pero no reconoce el derecho de toda persona a cambiar de religión”.

Por todo ello, E-Cristians pide a los partidos políticos, al Gobierno de España y al propio “Rodríguez Zapatero en su condición de presidente de turno de la UE” que exija al Gobierno de Marruecos el reconocimiento pleno de estos puntos:

1. La libertad de adherirse o no a una fe determinada y a la comunidad confesional correspondiente.

2. La libertad de anunciar y de comunicar la enseñanza de la fe, de palabra y por escrito, incluso fuera de los lugares de culto, y de dar a conocer la doctrina moral sobre las actividades humanas y la organización social.

3. La libertad de recibir y de publicar libros religiosos sobre la fe y el culto, y de usarlos libremente.

Opinión


La carta del Papa

ABC / Juan Manuel de Prada

En la carta que acaba de dirigir a los católicos de Irlanda volvemos a confirmar lo que Benedicto XVI ya nos anticipaba, siendo todavía cardenal, en las meditaciones de aquel Vía Crucis de 2005 que presidió por enfermedad de su predecesor: en la Iglesia hay mucha suciedad; y tanta suciedad no se combate encubriéndola, sino impulsando un proceso de purificación interior que comienza por el reconocimiento de la verdad y la asunción de culpa. En este «camino de curación, renovación y reparación» que es una de las señas distintivas de su pontificado, Benedicto XVI dirige a los católicos irlandeses un documento conmovedor, lleno de un amor vulnerado que siente como propias las heridas infligidas a los niños y jóvenes víctimas de abusos.

Benedicto XVI traza en su carta un cuadro panorámico del catolicismo irlandés, intrépido y evangelizador, que alcanza su esplendor en el siglo XIX, cuando la Iglesia de Irlanda asume la escolarización de los pobres y envía miles de sacerdotes misioneros a todos los rincones del orbe. A continuación, constata Benedicto XVI un «cambio social» profundo -la secularización de las sociedades occidentales- que repercute adversamente en «la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos»; y, como consecuencia de tal cambio, un alejamiento de los propios sacerdotes y religiosos de «las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer». Tal alejamiento (que ha llevado a muchos sacerdotes a «adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio») es producto -Benedicto XVI bien lo sabe- del clima instaurado tras el Concilio Vaticano II; y se ha traducido en una pérdida del sentido de la santidad, que es vocación principalísima en cualquier católico. Cuando tal vocación falta, falta la sustancia de la fe, que como Benedicto XVI repite una y otra vez, es adhesión personal a Cristo. Faltando esa sustancia, el cometido de la Iglesia en la tierra se desentraña y desdibuja: todas las calamidades que, en las últimas décadas, la han afligido se resumen en esta pérdida de santidad, en esta adopción de formas de pensamiento secular sin anclaje en el Evangelio. Y cuando la sal se vuelve sosa, ¿quién puede salar el mundo?

«¿No sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo?», les preguntaba San Pablo a los corintios. En el olvido de esta noción, que es olvido de la vocación de santidad, se halla la raíz del mal. Cuando se relaja el cuidado de ese templo, cuando se descuidan las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe, ¿cómo se puede pretender que veamos en el cuerpo del prójimo otro templo del Espíritu? Benedicto XVI vuelve en esta carta a insistir en la necesidad de extremar el celo en el escrutinio de los candidatos al sacerdocio; y en la obligación de obispos y superiores religiosos de fortalecer la «formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados». Reclama, en definitiva, sacerdotes con vocación de santidad que puedan demostrar a todos que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia»; y los exhorta a una penitencia que, al fin y a la postre, consiste en volver a beber en esas «fuentes de agua viva» -oración, sacramentos, adoración eucarística- que, en su afán por halagar al mundo, en su afán por «adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio», la propia Iglesia ha descuidado. Fuentes de agua viva que, a estas alturas, el mundo ya ha dejado de percibir como tales; pero Benedicto XVI sabe bien que su misión no es halagar al mundo, sino devolver a la Iglesia su vocación de santidad. En este camino de curación, renovación y reparación se cifra su única esperanza de volver a ser la sal que sala el mundo.

Navarra