19 de abril de 2010

Nacional

Los obispos españoles apoyan las acciones del Papa ante los casos de pederastia

Diario de Navarra

El arzobispo Blázquez respaldó al Pontífice “en los delicados momentos que vive la Iglesia” – Benedicto XVI se reunió en Malta con víctimas de pederastia y prometió llevar a los religiosos culpables ante la justicia – Se trata del primer religioso español beatificado fuera del Vaticano
Los obispos españoles respaldaron al Papa ante los casos de pederastia que salpican a la Iglesia. En la mayor concentración de la jerarquía católica -hasta cuarenta obispos- desde que estallaron los casos en distintos países, durante un acto de beatificación en Valladolid, varios prelados manifestaron su apoyo a Benedicto XVI, aunque algunos reconocieron los “pecados”.

“Hay que reconocer los fallos y los pecados”, admitió genéricamente Braulio Rodríguez, arzobispo de Toledo y Primado de España, aunque eludió pronunciarse de forma explícita sobre la responsabilidad de la Iglesia católica ante el estallido de numerosos episodios de pedofilia y abusos sexuales.

Quien se posicionó incondicionalmente al lado del Pontífice fue Ricardo Blázquez, recién elegido arzobispo de Valladolid tras su paso por las parroquias de Vizcaya. Blázquez quiso “agradecerle y mostrarle el apoyo por su dedicación” en estos momentos tan delicados para la Iglesia.

El Papa, con las víctimas

Mientras se celebraba la beatificación en Valladolid, el papa Benedicto XVI se reunió con ocho víctimas de curas pederastas, a las que manifestó “su vergüenza y pesar” por lo que han sufrido y les dijo que la Iglesia “está haciendo y continuará haciendo” todo lo que esté en sus manos para llevar ante la justicia a los responsables de los abusos.

La reunión, que marcó el viaje del Pontífice a Malta, duró veinte minutos y se celebró en la capilla de la Nunciatura. Tras rezar todos juntos, el Papa habló una a una con esas ocho personas y, según el portavoz vaticano, Federico Lombardi, estaba profundamente conmovido por las historias que escuchó en primera persona.

Los barracones de Dios

EL MUNDO

A simple vista, la de San Hilario no parece una parroquia. Alzada en un antiguo descampado en las traseras del centro comercial Plaza de Aluche, entre las calles de Guareña y Luis Chamizo, el prefabricado que hace las veces de templo y salones desconcierta a vecinos y a transeúntes. Por su aspecto externo parece más bien un barracón de obras. Sólo una cruz junto a la entrada da una pista de la función real de la edificación.

Cuando a Julio Palomar le nombraron párroco de San Hilario, lo que ahora puede verse era tan sólo un bonito proyecto. Montar una iglesia no es nada sencillo. A los estudios previos que determinan la decisión de su ubicación, se le suman trámites burocráticos y un gran esfuerzo económico y humano.

Pero a sus 63 años, no le asustan los retos. Como buen castellano, se confiesa realista. No obstante, afirma que no dudó en embarcarse en este proyecto sin ningún temor. Pudo haber elegido otra misión más cómoda, pero prefirió crear una comunidad de la nada para atender a las necesidades de un barrio relativamente joven en vías de expansión.

Experiencia en este tipo de aventuras, no le falta. A los tres meses de ordenarse, creó otra parroquia, la de la Crucifixión del Señor, usando las instalaciones del colegio de unas monjas en el antiguo barrio de Caño Roto, en Carabanchel.

Esta vez, no había un techo. «Gracias a una permuta con el Ayuntamiento, el Arzobispado, a cambio de unos terrenos en Las Tablas, consiguió una parcela de casi 3.000 metros cuadrados, pero sin infraestructura de ningún tipo», señala el sacerdote, que confiesa que la elección de la zona se hizo fundamentalmente pensando en la Operación Campamento.

Sin embargo, para iniciar la actividad pastoral hace falta algo más que un terreno. Por eso, se trabajó para la instalación de un prefabricado cedido por el obispado como medida provisional. La construcción no fue fácil ni rápida. Se necesitó un año para lograr las licencias y montar un espacio extremadamente sencillo pero lo suficientemente digno.

Durante ese año de gestiones, el padre Julio empezó a moverse por la zona para conocer a la gente y a colaborar activamente en el montaje del templo. Hizo las veces de pintor y hasta de carpintero para restaurar unos bancos heredados y unas peanas que sostienen el sagrario y una virgen regalada. También es fruto de su trabajo el fondo del altar, hecho con tres tablas y presidido por un pequeño Cristo.

Pese a su sencillez, al templo de San Hilario no le faltan detalles ni colaboradores. Un ejemplo de ello puede verse en las ventanas, que parecen vidrieras gracias a unas amigas del párroco que dibujaron en ellas con plomo y pintura.

50.000 euros de traslado

«Muchas veces clamamos por el testimonio de una Iglesia pobre. Aquí tenemos la oportunidad de manifestarlo», dice Palomar, que recuerda que sólo para el traslado y el montaje del prefabricado hicieron falta 50.000 euros.

Fueron tres meses trabajando a destajo, pero el 23 de septiembre de 2005 por fin el sueño se hizo realidad y se celebró la primera eucaristía con una importante afluencia de fieles.

«Vine el primer domingo por curiosidad. La semana siguiente repetí, y ya me quedé. Estoy implicada en diferentes grupos. Antes nunca me había comprometido tanto», reconoce Puri. Lo mismo le pasó a Mercedes, otra vecina de la zona, que nada más entrar se sintió atraída por el ambiente tan humilde y acogedor que se respira en el lugar.

Y cada día son más numerosos los que prueban y acaban colaborando en esta aventura. Han crecido tanto que ya casi no caben en las misas de los domingos a las 12.

Los locales, equipados y climatizados, tienen una extensión media de 250 metros cuadrados. Su precio oscila entre los 250.000 y 300.000 euros y son reutilizables.

Recientemente el consejo pastoral planteó pasar a la acción y actualmente se encuentran trabajando en el anteproyecto del complejo parroquial definitivo, que costará de dos a tres millones de euros.

Beatificación de un jesuita en Valladolid

Diario de Navarra

Miles de personas, procedentes de varios países, asistieron ayer en Valladolid a la beatificación del Padre Bernardo Francisco de Hoyos (1711-1735), máximo difusor de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y primer religioso español que ha recibido fuera del Vaticano la consideración de beato.

El acto se ha celebrado desde un presbiterio creado para la ocasión, comandado por un retrato del beato y una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y asentado sobre piedras y flores traídas de Torrelobatón (Valladolid), su pueblo natal. El arzobispo italiano y prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Angelo Amato, ha presidido la ceremonia y ha sido el responsable de leer, en latín, las carta apostólica del Papa Benedicto XVI con la que se beatifica al Padre Hoyos.

En ella, el Sumo Pontífice anunció la inscripción del Padre Hoyos en el libro de los beatos y especificó que la celebración en honor al beato tendrá lugar el 29 de noviembre de cada año, fecha de su muerte a causa del tifus en 1735.

Miles de personas asisten en Valladolid a la beatificación del Padre Hoyos

La Razón

Miles de personas, procedentes de varios países, han asistido hoy en Valladolid a la beatificación del Padre Bernardo Francisco de Hoyos (1711-1735), máximo difusor de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y primer religioso español que ha recibido fuera del Vaticano la consideración de beato.

La ceremonia empezó en torno a las 10.30 horas aunque desde primera hora de la mañana miles de fieles esperaban para acceder al recinto situado en la Acera de Recoletos, donde se instaló un altar de finales del siglo XIX, guardado especialmente para este día.
De esta manera, la misa comenzó con una reseña a la biografía del Padre Hoyos, quien nació en 1711 en la villa de Torrelobatón y “sintió la vocación de entregarse a Dios en la Compañía de Jesús”. “Parece que los buenos ejemplos de los novicios influyeron en la decisión del Siervo de Dios. Pero no fue fácil”, incidió el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, encargado de narrar la vida del jesuita.
Asimismo, continuó la ceremonia que estuvo amenizada con los cánticos religiosos de los coros Diocesano, Diocesano Joven y Diocesano de Niños, dirigidos por Diego Gutiérrez y con Pilar Cabrera al órgano.
Los miles de fieles que ocuparon la Acera de Recoletos, ante un altar instalado al efecto, cantaron junto al coro temas religiosos como ‘Aleluya’, ‘Misa de Angelis’ o diversos salmos.
Lectura de la carta papal
Posteriormente, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y representante del Papa Benedicto XVI en la beatificación, Angelo Amato, procedió a la lectura, en latín, de la   carta papal que posteriormente fue traducida.
“Por mandato del Sumo Pontífice Benedicto XVI, damos ahora a la Carta Apostólica en la que su Santidad inscribe en el Libro de los Beatos al venerable siervo de Dios Bernardo Francisco de Hoyos”, leyó Amato.
En un día en el que la lluvia perdonó y el sol apenas se dejó sentir, la misa continuó con la presencia de medio centenar de representantes eclesiásticos entre los que estuvieron el arzobispo de Toledo y primado de España, Braulio Rodríguez; el presidente de la   Conferencia Episcopal Española y cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, o el arzobispo emérito de Valladolid, José Delicado Baeza, entre otros.
La homilía siguió con diversas lecturas bíblicas para, después, pasar a la celebración de la comunión en la que participaron cien párrocos quienes utilizaron recipientes de cerámica elaborados ex profeso para la ocasión por un artesano de Portillo (Valladolid).
Además, para la ceremonia, se contó con un cáliz, un copón y una  patena, regalo de una devota madrileña, y en ella se mostró el tapiz con la cara del Padre Hoyos, que se ha utilizado para elaborar los carteles y que fue elaborado por el artista Francis Robles.
Procesión por el paseo de Filipinos
Tras las intervenciones de Amato y del nuevo arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, la ceremonia finalizó con una breve procesión por el Paseo de Filipinos entre el aplauso de los miles de fieles.
Al acto, además de autoridades religiosas, acudieron el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera; el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva; la alcaldesa de Torrelobatón, Natividad Casares Puerta, o el subdelegado del Gobierno en la   provincia, Cecilio Vadillo, además de otros representantes del Consistorio vallisoletano, de la Junta o de los distintos partidos políticos.
Durante la mañana, parte del centro de Valladolid se vio cortado al tráfico para facilitar la celebración de la beatificación . En este sentido, el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la   Riva, en declaraciones a Europa Press, incidió en que “afortunadamente es domingo” y hay menos tráfico aunque el Consistorio celebró una Junta de Seguridad Extraordinaria para prever los posibles problemas.
Así, los autocares, unos 40, tuvieron una zona habilitada para el aparcamiento en el Paseo de Filipinos y los “grupos saben donde tienen que recoger” el autobús. “No debería haber ningún problema más que los típicos derivados del corte de tráfico pero eso pasa en una   beatificación, en un concierto o en una prueba deportiva”, continuó el alcalde.
De este modo, el Paseo de Filipinos se convirtió en un enorme aparcamiento de autocares a la espera de que finalizase la ceremonia de beatificación.
Además, se contó con la participación de unos 300 voluntarios quienes ayudaron a la organización y a los asistentes para facilitar el movimiento de personas. Asimismo, también acudieron al lugar de la ceremonia unos 20 voluntarios de Cruz Roja, con dos ambulancias.

Blázquez anima a los padres a enseñar a rezar a sus hijos

La Razón

Habla el nuncio Papal en España: «Os presento al que desde ahora presidirá vuestras celebraciones en esta catedral de Nuestra Señora de la Asunción, como obispo de esta iglesia particular de Valladolid». Más de 3.000 fieles, tres cardenales, 37 obispos y 400 sacerdotes y diáconos, escuchan en silencio las palabras de Renzo Fratini. Arranca así la esperada ceremonia de la toma de posesión del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, llegado de Bilbao. Suena solemne el órgano; eleva al Cielo el coro sus plegarias.
Poco después, en la homilía, el nuevo Pastor animará a los padres a forjar hogares cristianos en los que crecer como hijos de Dios. Donde los más pequeños aprendan a rezar. Y les pedirá, con especial insistencia, que se pongan bajo la protección maternal de la Santísima Virgen. El abulense Ricardo Blázquez lanza, también, un mensaje ilusionado a los más jóvenes: «Confiamos en vosotros. Respetamos vuestra responsabilidad, para tomar las riendas de la vida. Contad con nuestro apoyo en esta vital empresa», les dice.
Apoyo a los sacerdotes
Ahora, es a sus hermanos en el sacerdocio, a quienes se dirige: «Ser sacerdote es una vocación insustituible, nacida del encuentro entre la confianza que nos ha mostrado el Señor y la que nosotros hemos depositado en Él».
Está claro que el nuevo arzobispo quiere hacer llegar, en tiempos de turbulencias, un mensaje de confianza y optimismo a los curas vallisoletanos: «Comprendo y comparto vuestras dificultades pero sabemos por la fe que la esperanza en Dios no defrauda». Y les pone «como ejemplo impresionante de como ser testigo de Dios, de su existencia y misericordia al santo cura de Ars».
«Vengo a una Iglesia con rica tradición de santos, de cristianos eminentes, de realizaciones sociales y culturales magníficas», dice antes de terminar. «Todo esto quiero hacerlo mío con honda gratitud», añade el nuevo prelado. Muchos jóvenes. «Amemos nuestra historia cristiana y sus manifestaciones culturales y artísticas, que aquí en Valladolid brillan poderosamente», concluye Don Ricardo.
Sentados en los bancos y sillas, de pie en el centro o en los laterales y llenando el templo herreriano prácticamente hasta la puerta principal, los fieles han arropado a Blázquez, participado en la solemne ceremonia e incluso aplaudido a la nueva cabeza de la fe vallisoletana. En la ceremonia ha participado el hasta ahora administrador diocesano, Félix López Zarzuelo, quien ha encabezado la archidiócesis vallisoletana los últimos nueve meses desde la marcha del anterior prelado, Braulio Rodríguez, a la sede primada de Toledo.
Entre las autoridades presentes en el acto se encontraban el presidente de las Cortes de Castilla y León, José Manuel Fernández; el vicepresidente del Gobierno autonómico, Tomás Villanueva, y el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva.

Cañizares defiende en Murcia que «hay que dar razón a la fe»

La Razón

«Son grandes los retos de la Iglesia, pero son aún mayores las esperanzas», manifestó ayer el prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Antonio Cañizares, en la conferencia final del ciclo realizado en la Universidad Católica de Murcia con motivo del Congreso Mundial Universitario en homenaje a Juan Pablo II.
Los grandes retos de la Iglesia católica para la actualidad «son los mismos de siempre», señaló Cañizares, entre los que destacó detener los ataques a la vida y la pérdida del sentido de la verdad, y subrayó especialmente el «reconocimiento de Dios como Dios» y «la explicación de los evangelios dando razón a la fe».
En relación a «la crisis moral de nuestro tiempo», el cardenal señaló la causa en «la crisis de la verdad y la pérdida de la libertad, y cuando se corrompen verdad y libertad, se corrompe el hombre». Cañizares se refirió a la transición de «continuidad total» que hubo de Juan Pablo II a Benedicto XVI, ya que ambos han centrado su pontificado en la evangelización. Se trata de una tarea tan grande como sencilla, según Cañizares, la que ocupa el gran reto eclesiástico, y es «la teologización de la vida de los cristianos», además de conseguir que desaparezca el miedo a Dios, por lo que «hay que insitir en que el hombre ha sido redimido, ése es el secreto».

Defensa de valores
«No es necesario creer en Dios para saber que la vida es un bien precioso», fueron, por otro lado, las palabras del presidente de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Rino Fisichella, en su ponencia de ayer, en la que explicó, haciendo referencia a la undécima encíclica del pontífice, la Evangelium Vitae (1995), que el Papa Juan Pablo II «proponía un cambio cultural radical de acción urgente dentro y fuera de la Iglesia», ya que en la actualidad, Fisichella entiende que «los resultados de la fe no son contradictorios con la razón, y deben ir unidos».
Para Fisichella, «la defensa de la vida es obligación de la Iglesia», y en su disertación incidió en que Juan Pablo II «quería llegar a una definición de infalibilidad de la Iglesia con la defensa de los valores morales», entre los que destacó tres relacionados con el respeto a la vida (no matar, no al aborto, y no a la eutanasia).
Profundizando en las enseñanzas de Juan Pablo II, el cardenal Paul Joseph Cordes, presidente del Consejo Pontifico, centró su ponencia en el nuevo paradigma de la doctrina social de la Iglesia. Monseñor Cordes matizó en la renovación de dos categorías que pasaron a tener cargo igualitario en la doctrina social, la razón y la Revelación. Ante las dificultades del mundo, «no podemos reaccionar sólo con la razón», indicó Cordes. «El Papa Wojtyla contrapone el llamamiento a la ‘‘conversión’’, y cimienta la solución en la acción salvífica de Dios, capaz de transformar los ‘‘corazones de piedra’’ en ‘‘corazones de carne’’ según su propia promesa y a través de la acción de su Espíritu».

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Internacional

El Papa asegura que «la Iglesia está herida por nuestros pecados»

La Razón

Los ciudadanos de Malta ofrecieron ayer una calurosa acogida, con cantos e himnos, al Papa Benedicto XVI, a su llegada al país para conmemorar el 1.950 aniversario del naufragio de San Pablo en la isla mediterránea. Pero los malteses no han sido los únicos en arropar al Pontífice en estos días, ya que varios cardenales y 123 obispos de América Latina, Francia, Bélgica y Suiza le han expresado su fidelidad. «Deseamos manifestar nuestra comunión y nuestro afecto al Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo», han declarado los obispos, justo en el lugar donde Jesucristo resucitado preguntó tres veces al apóstol Pedro si le amaba y le encomendó apacentar sus ovejas.
Reunidos en una convivencia promovida por el Camino Neocatecumenal en la Domus Galilae, sobre el Monte de las Bienaventuranzas, los participantes han escrito y enviado una carta de afecto a Benedicto XVI en la que muestran su adhesión a Pedro y le hacen partícipe de la experiencia vivida en Galilea. «Hemos seguido durante estos días los acontecimientos que son de particular sufrimiento para Vuestra Santidad y para toda la Iglesia», señala la misiva. «Estamos seguros de que el Señor llevará a toda la Iglesia a una renovación espiritual y a un nuevo impulso misionero para ser testimonio de vida nueva para el mundo», manifiestan los más de 100 obispos junto con los cardenales y los iniciadores del Camino, que han firmado el escrito. La carta también contiene palabras de felicitación para el Papa: «En la proximidad del cumpleaños y del quinto aniversario de su elección como Pontífice, queremos presentarle nuestra felicitación más ferviente, asegurándole la oración para que el Señor le conserve en su servicio de inestimable valor a la unidad de la Iglesia en nuestra fe, la verdad y la caridad». La convivencia estuvo conducida por los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, Carmen Hernández y el sacerdote Mario Pezzi. En ella se han revisado los desafíos de la evangelización en todo el mundo y la necesidad de ayudar a los fieles a tener un renovado encuentro con Cristo resucitado.
Por  otra parte, Benedicto XVI aseguró a los periodistas en el vuelo hacia Malta, que la Iglesia «ha sido herida por nuestros pecados», pero que Cristo ama a esa Iglesia y la considera necesaria para propagar el Evangelio.
A su llegada a la isla, el Papa fue recibido por el presidente, George Abela, y por las autoridades políticas y religiosas, a quienes alabó por mantener ilegales tanto el divorcio como el aborto, al tiempo que les pedía que continúen defendiendo la indisolubilidad del matrimonio y la vida humana.

El Papa entregará a la Justicia a los curas pederastas

EL MUNDO

El esperadísimo gesto de Benedicto XVI hacia las víctimas de curas pederastas finalmente se ha materializado. El Pontífice se reunió ayer en Malta con ocho hombres que de niños sufrieron abusos sexuales a manos de sacerdotes, y se comprometió con ellos a sentar en el banquillo de los tribunales civiles a los religiosos culpables de esos actos. «El Papa ha llorado de emoción», declaraba una de las víctimas al término del encuentro.

«El Santo Padre se ha encontrado con un pequeño número de personas que sufrieron abusos. Se ha conmovido profundamente con sus historias y ha expresado su vergüenza y dolor por lo que víctimas y familias han sufrido. Ha rezado con ellos y les ha asegurado que la Iglesia está haciendo, y continuará haciendo, todo lo que esté en sus manos para investigar las acusaciones, llevar a los responsables ante la Justicia e implementar medidas efectivas diseñadas para salvaguardar a los jóvenes en el futuro», destacaba el comunicado del Vaticano.

Esta es la cuarta vez que Benedicto XVI se reúne con víctimas de pederastia. Ya lo hizo en su viaje a Estados Unidos en abril de 2008, en su visita a Australia en julio de ese mismo año y en el encuentro que hace unos meses tuvo en el Vaticano con varios aborígenes canadienses que de niños sufrieron malos tratos y abusos sexuales en institutos católicos. Pero es la primera vez que el Papa se encuentra con víctimas de sacerdotes pederastas desde que estallara el escándalo de abusos sexuales que desde hace algunas semanas sacude a la Iglesia.

El encuentro del Papa con varias víctimas maltesas de curas pederastas (hombres de entre 30 y 40 años) tuvo lugar en la capilla de la Nunciatura Apostólica de Rabat y duró unos 20 minutos. La reunión se inició con unos minutos de oración en silencio, arrodillados todos ante el altar. Posteriormente Benedicto XVI saludó una por una a las ocho víctimas y escuchó de sus labios sus respectivas historias. Al final, todos juntos rezaron una oración y el Papa luego les impartió su bendición.

«El clima era intenso pero muy sereno», aseguraba Federico Lombardi, el portavoz de la Santa Sede.

Fueron las propias víctimas las que solicitaron reunirse con el Papa durante su visita a Malta. «Estamos muy satisfechos», aseguraba Lawrence Grech, uno de los hombres que de niños sufrieron abusos. «Yo me he sentido aliviado y liberado de un gran peso», aseguraba. «Desde hace mucho tiempo no iba a misa y había perdido la fe, pero ahora me siento un católico convencido», añadía visiblemente emocionado. «Mis amigos y yo le estamos agradecidísimos al Papa».

«La Iglesia debe saber reconocer sus errores y no puede, ante los cambios de la sociedad, seguir anclada al modelo al que hemos estado acostumbrados durante décadas», aseguraba Paul Cremona, arzobispo de Malta, y quien junto con el obispo de Gozo asistió al encuentro del Papa con las víctimas.

En Malta, donde en 1999 la Iglesia puso en marcha un equipo especial capitaneado por dos magistrados jubilados para investigar los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, un total de 45 curas han sido acusados de haber cometido actos de pederastia. La inmensa mayoría de las víctimas que ayer se encontraron con el Papa acudieron de niños al orfanato San José de Malta, donde entre los años 80 y 90 sufrieron malos tratos y abusos sexuales a manos de seis sacerdotes pederastas. Dos de ellos ya han muerto y contra los cuatro restantes se inició en 2003 un proceso que avanza con tremenda lentitud y que aún no ha dictado sentencia.

El resultado es que tres de los cuatro de los curas acusados (Charles Pulis, Joseph Bonnett y Godwin Scerri) están libres y viven en un convento en la localidad maltesa de Rabat. El cuarto, Conrad Sciberras, escapó a Italia al inicio del proceso. Las víctimas solicitan ahora a las autoridades maltesas que reactiven el juicio y emitan una orden de búsqueda y captura contra Sciberras que permita su extradición a Malta.

El Papa prepara refundar la Legión, que podría volver a su nombre original

La Razón

Benedicto XVI llevará a la Legión de Cristo, que fundara el mexicano Marcial Maciel, a una refundación que podría conllevar el cambio de nombre, tras el informe que han presentado los cinco visitadores pontificios que nombró el pasado año para investigar la congregación religiosa.

El Papa cesará a la actual cúpula legionaria y nombrará a un comisario pontificio que será el responsable de la congregación mientras se ultima el proceso que llevará a los legionarios de Cristo que quieran continuar en la LC a un capítulo general que procedería a establecer el carisma de la congregación y reformaría sus Constituciones y Estatutos.
Según la información que han facilitado  fuentes del Vaticano y dos obispos españoles, el Papa tiene “especial interés” en resolver cuanto antes la situación creada tras conocerse la triple vida del fundador (pederastia, consumo de drogas y varios hijos), uno de los escándalos más graves que ha vivido la Iglesia en las últimas décadas.
La decisión del Papa, según las mismas fuentes, incluiría la exclaustración de los Legionarios de Cristo para que libremente, mediante una carta personal dirigida a la Santa Sede, soliciten continuar en la Legión o bien se incardinen fuera de ella en distintas diócesis.
De hecho, desde que se iniciaron las primeras denuncias, son más de cien los sacerdotes legionarios que han abandonado la Legión, fundamentalmente a partir de 2006 y tras el reconocimiento oficial de la existencia de una hija de Maciel en 2009.
El goteo de solicitudes de legionarios para incardinarse como sacerdotes en diócesis de todo el mundo ha sido incesante, mientras que otros han optado por esperar fuera de los centros legionarios y viviendo en casas de familiares, la decisión de la Santa Sede.
También son numerosos los casos de legionarios que han decidido continuar en la Congregación mientras se llega a la decisión definitiva, manteniendo una actitud crítica y exigiendo la verdad de los hechos a sus superiores.
Legionarios que viven en Roma han señalado que cuando plantearon a su visitador la difícil situación en que se encontraban desde que se inició la investigación y les preguntaron por la decisión que iba a adoptar la Santa Sede, se les animó a continuar dentro “porque cuando concluya la investigación se necesitará contar con ustedes para el futuro de la congregación”.
Otra de las decisiones que podrían adoptarse tras el Capítulo General, según fuentes del Vaticano, es la de que la Legión de Cristo recuperase su denominación original, el nombre con el que la fundó Marcial Maciel: “Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de los Dolores”, con el que incluso fue inscrita en España como congregación religiosa.
Un capítulo importante en esta refundación es el establecer el carisma legionario, cuestionado tras comprobarse y reconocerse por la propia Legión que la mayoría de las cartas y los escritos atribuídos a Maciel no fueron escritos por el fundador.
Legionarios que esperan la decisión de la Santa Sede reconocen, que no existe un carisma claro fundacional, salvo el del cristocentrismo y el de la caridad, virtud esta última, afirman, que en realidad es consustancial con la vida religiosa
Tras la visita llevada a cabo por Ricardo Watti Urquidi, obispo de Tepic, en México, Charles J. Chaput, arzobispo de Denver, Giuseppe Versaldi, obispo de Alejandría (Italia), Ricardo Ezzati Andrello, arzobispo de Concepción, en Chile, y Ricardo Blázquez Pérez, hasta ayer obispo de Bilbao, queda en el aire qué va a ocurrir con el Regnum Christi.
La visita se ha centrado fundamentalmente en los Legionarios de Cristo,y aunque los visitadores han recibido también a los laicos y consagrados del movimiento Regnum Christi, la inspección no se ha centrado propiamente en ellos.
Muchos se preguntan en estos momentos qué pasará con los colegios, universidades y labores de apostolado que recaen precisamente en los laicos del Regnum Christi, y con el poderoso grupo Integer, que administra todas las finanzas para el mantenimiento de la Legión y de sus centros.

Multitudinaria misa del Papa en Malta

La Razón

Miles de personas asisten hoy en la explanada de los Graneros, de Floriana, cerca de La Valeta, a la misa que oficia Benedicto XVI, en su segundo y último día de estancia en Malta, en el que también se reunirá con los jóvenes isleños.
En una mañana en la que se alterna el sol y la lluvia, el Papa oficia sobre un altar levantado junto a la iglesia de San Publio. La plaza de los Graneros tiene capacidad para unas 50.000 personas y es el lugar de las grandes manifestaciones maltesas civiles y religiosas.
En ella, Juan Pablo II beatificó en 2001 al religioso George Preca (1880-1962), fundador de la Sociedad de la Doctrina Cristiana, proclamado santo por Benedicto XVI en el Vaticano en 2007.
Al término de la misa, el Papa entregará una rosa de oro para que sea colocada a la Virgen de Ta Pinu, que se venera en el santuario de Gozo, la otra isla del archipiélago maltés, que sí visitó Juan Pablo II durante su primer viaje en 1990, pero que en esta ocasión, por motivos de tiempo, no hará Benedicto XVI.
El Obispo de Roma, que llegó en el “papamóvil”, fue acogido con cánticos, palmas y gritos de “viva el Papa”.
A la misa asisten fieles procedentes de las islas italianas de Lampedusa y Linosa, cercanas a este archipiélago ubicado en el centro del Mediterráneo, a cuyas costas llegan miles de inmigrantes de África, que buscan mejores condiciones de vida en Europa y cuyas aguas se han convertido en la tumba de muchos de ellos al naufragar y hundirse las viejas barcazas en las que viajaban.
Tras la misa, el Papa se reunirá con los cinco obispos de la Conferencia Episcopal de Malta y por la tarde, antes de regresar a Roma, mantendrá un encuentro multitudinario con los jóvenes isleños en una explanada del puerto de La Valeta.
Malta cuenta con 443.000 habitantes, de los que el 94,4 por ciento son católicos.
Los malteses se han echado a la calle para recibir al Papa y ayer, según datos facilitados por el portavoz vaticano, Federico Lombardi, más de cien mil personas acudieron a los varios actos del Pontífice.
Entre ellos estuvo la visita a la gruta en la que vivió San Pablo los tres meses que pasó en Malta tras naufragar en el año 60 el barco que le llevaba a Roma, donde fue asesinado en el año 67.
Tras rezar en el lugar que se considera el punto desde el que se expandió el cristianismo en Malta, el Papa escribió: “en este santo lugar que ha conocido los pasos de san Pablo, yo rezo para que, como él, podamos servir al Señor en la paz y en la alegría”.
Benedicto XVI, de 83 años, está bien de salud y muy contento con la calurosa acogida recibida, según precisó Lombardi.
El viaje se realiza en medio de los escándalos de curas pederastas en varios países, entre ellos Malta, donde, según datos de la Iglesia Católica, 45 sacerdotes han sido investigados por abuso de menores.
De entre las víctimas, una decena eran muchachos de un orfanato, que sufrieron abusos desde 1980 y que han pedido reunirse con el Papa.
De momento se desconoce si se producirá el encuentro, que puede realizarse, según fuentes vaticanas, en la Nunciatura, donde se aloja el Papa.

El Papa reza y llora con ocho víctimas de abusos sexuales en Malta

ABC

Dando ejemplo personal en la tarea de “curar las heridas”, Benedicto XVI se reunió ayer con ocho víctimas de pedofilia de sacerdotes, con quienes rezó y lloró en un encuentro cargado de emoción. Igual que en ocasiones similares en Washington, Sidney y Roma, el encuentro fue absolutamente privado, sin cámaras ni periodistas, y sólo se dio a conocer después de haber terminado.

Los veinte minutos de diálogo con el grupo y con cada una de las ocho personas a lo largo de veinte minutos en la nunciatura apostólica se fueron cargando de emoción. Según Lawrence Grecht, de 37 años, “fue muy emotivo, y todo el mundo lloraba”. Grecht añadió que “yo he pasado veinte años sin fe, y le dije al Papa que él llenaba el vacío de lo que un sacerdote me arrancó cuando yo era joven. Esto ha cambiado mi vida, y ahora puedo decir a mi hija que vuelvo a creer”.

El Vaticano manifestó que Benedicto XVI “se conmovió profundamente con sus historias, y expresó su vergüenza y pesar por lo que habían sufrido tanto las víctimas como sus familiares”. Según el comunicado, el Papa “les aseguró que la Iglesia continuará haciendo todo lo posible para investigar cada denuncia, llevar ante la justicia a los responsables de abusos y poner en práctica medidas para proteger a los jóvenes en el futuro”.

El énfasis en la promesa de “llevar ante la justicia a los responsables de abusos” refleja una práctica habitual en Malta y en otros países como Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, donde la denuncia a las autoridades es obligatoria para todos los obispos según las leyes civiles y las normas aprobadas por el Vaticano.

Denuncias de las víctimas

En otros países en que la denuncia no es legalmente obligatoria, el Vaticano indica a los obispos que inviten a las víctimas y sus familias a presentar denuncia, y que inviten a los culpables a presentarse voluntariamente ante las autoridades.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, competente en este tipo de delitos de sacerdotes y religiosos, no es partidaria de que la denuncia a la policía sea siempre obligatoria pues a veces las víctimas prefieren ahorrarse nuevos sinsabores y se dan por satisfechas una vez que el obispo cesa en su cargo o suspende de actividad sacerdotal al agresor. En general, lo que más les preocupa y ofende es que que la persona que les ha hecho daño siga abusando impunemente de otros niños o niñas.

La Iglesia de Malta cuenta con un “Equipo de Respuesta” para los abuso de menores, que se potenciará todavía más en los aspectos de prevención. De los 45 sacerdotes que han sido investigados por posibles abusos, 19 fueron declarados inocentes mientras que los demás han sufrido diversas penas–incluidas cuatro expulsiones del sacerdocio- o tienen procesos en curso. Los peores abusos tuvieron lugar en un orfanato en la localidad de Santa Venera en los años ochenta.

El ejemplo personal del Papa

Antes de su encuentro con el Papa, las víctimas se habían reunido con el arzobispo de Malta, Paul Cremona, quien afirmó que “la Iglesia debe ser lo suficientemente humilde para reconocer los fallos y los pecados de sus miembros”.

El ejemplo personal del Papa, que la pasada semana invitó a “hacer penitencia” por los pecados “de los que el mundo nos acusa”, va calando entre varios altos cargos del Vaticano empeñados hasta ahora en negar lo evidente y en atacar a la Prensa como si los delitos graves no existieran o fueran el problema secundario.

Poco a poco se va abriendo paso la idea de que la única solución es seguir al pie de la letra los consejos que el Papa dio en su carta a los católicos irlandeses para “emprender un camino de curar las heridas, renovación y reparación”, en lugar de ofender de nuevo a las víctimas, sus familias o sus abogados con comentarios despectivos como todavía hacen algunos eclesiásticos.

El Papa asegura que la Iglesia llevará a los abusadores ante la Justicia

La Razón

El Papa Benedicto XVI se entrevistó hoy con ocho personas, todas ellos hombres, víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en Malta.

Benedicto XVI mantuvo ayer un encuentro de 20 minutos con ocho víctimas de sacerdotes malteses pederastas, en un ambiente de «serenidad y sin tensión», según dijo el portavoz vaticano Federico Lombardi. El Papa se mostró conmovido por las historias que le contaron, y les aseguró que la Iglesia «está haciendo y continuará haciendo» todo lo que esté en sus manos para investigar las acusaciones, «para llevar ante la Justicia a los responsables de los abusos y para implementar medidas efectivas orientadas a salvaguardar a la gente joven en el futuro», afirmó Lombardi.

Lágrimas del Papa
Las ocho víctimas manifestaron su «satisfacción» por el encuentro. Lawrence Grech, de 37 años, víctima de abusos en un orfanato católico en los años 80, afirmó que «se había quitado un peso de encima» y que «hemos dado las gracias al Papa; esto ha sido una pesadilla que nos ha turbado durante años». Joseph Magro, otro portavoz de las víctimas asistentes, describió el encuentro como «muy emotivo» y afirmó que la mayoría de los presentes, incluyendo el Papa, tenía «lágrimas en los ojos». El Papa escuchó a cada uno de ellos, habló con ellos uno por uno, y al final rezaron juntos una oración en maltés, «por su curación y reconciliación», asegura la nota vaticana. El Papa además les regaló un rosario bendecido por él.
Acompañando a las víctimas en una rueda de prensa, el arzobispo de Malta, Paolo Cremona, también con ojos humedecidos por la emoción, afirmó que «han hecho bien» en contar sus sufrimientos y pidió a la sociedad discutir «en profundidad» el problema de la pederastia para acabar con ella. En Malta se han registrado acusaciones contra 45 sacerdotes: en 19 casos, se demostraron sin fundamento, cuatro fueron declarados culpables en un proceso canónico. El resto están siendo investigados.
El Papa mantuvo encuentros con víctimas de abusos en dos ocasiones anteriores: durante su viaje a Estados Unidos, en abril de 2008, y en Australia, en julio del mismo año.
Unos 50.000 fieles participaron en la misa dominical en Floriana, cerca de La Valetta, en la que el Pontífice predicó que «debemos poner nuestra confianza sólo en Dios», ya que «sólo Él nos puede proteger del mal, sólo Él puede guiarnos a través de las tormentas de la vida», afirmó bajo un cielo que alternaba sol y lluvia.

Un país que da ejemplo de fe
En un encuentro con más de 9.000 jóvenes, el Papa les pidió que se sintiesen orgullosos del testimonio cristiano que da Malta:«Vuestro país defiende al no nacido y promueve la vida familiar estable diciendo “no” al aborto y al divorcio», declaró. Por su respeto a los enfermos y por ver a los niños como don de Dios, «otras naciones pueden aprender de vuestro ejemplo cristiano», afirmó.

El Vaticano desautoriza al cardenal Castrillón por invitar al encubrimiento de la pederastia

ABC

Por primera vez en la historia reciente, el Vaticano ha desautorizado la gestión de uno de sus altos cargos, el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, antiguo prefecto de la Congregación del Clero, por haber invitado a los obispos a encubrir casos de pederastia.

El portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, confirmó la autenticidad de una carta del 8 de septiembre del 2001 en la que el entonces prefecto de la Congregación del Clero felicita al obispo de Bayeux-Lisieux, Pierre Pican, por no haber colaborado con la Justicia francesa en el caso del sacerdote pederasta Rene Bissey, condenado a 18 años de cárcel por haber abusado de once muchachos menores de edad entre 1985 y 1996.

El cardenal Darío Castrillón manifiesta que «le felicito por no haber denunciado a un sacerdote a la Administración civil. Ha actuado bien, y me alegra tener un hermano en el episcopado que, a los ojos de la historia y de todos los demás obispos del mundo, ha preferido la prisión antes que denunciar a su hijo-sacerdote». El purpurado le anuncia que «para dar ánimos a los hermanos en el Episcopado en este terreno tan delicado, esta Congregación enviará copia de esta carta a todas las conferencias episcopales».

Denuncia de una madre

Pierre Pican era el primer obispo que recibía una condena penal desde la Revolución Francesa. En este caso, de tres meses de prisión por haber incumplido la obligación de informar a las autoridades tras la denuncia presentada por la madre de una víctima. La ley obliga a informar de los delitos de pederastia para evitar nuevas víctimas.

No se trataba de secreto de confesión sino de hechos conocidos a través de la madre de uno de los chiquillos. En el proceso de las familias de las víctimas contra Pican se sumó como parte civil un párroco, Joseph Brion, que se consideraba «dañado en su honor de sacerdote por el comportamiento inadecuado de su obispo».

En un comentario durísimo para el modo en que se trata a los cardenales jefes de congregaciones vaticanas, el portavoz Federico Lombardi manifestó que la carta de Castrillón «es una nueva prueba de lo oportuno que fue unificar el tratamiento de casos de abuso sexual de menores por miembros del clero bajo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe», es decir, quitar la competencia al cardenal Castrillón en la Congregación del Clero y dársela al entonces cardenal Ratzinger. El traspaso tenía por objetivo, según el portavoz, «garantizar una gestión rigurosa y coherente, como sucedió de hecho gracias a los documentos aprobados por el Papa en el año 2001».

Agilizar trámites

Se trata de la carta apostólica «Sacramentorum sanctitatis tutela», firmada por Juan Pablo II el 30 de abril del 2001, a la que siguió el 18 de mayo del 2001 una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada por el cardenal Ratzinger, sobre las modalidades de aplicación.

El cardenal Castrillón escribe su carta de septiembre, cuando los casos de pedofilia de sacerdotes habían pasado a ser competencia de la Congregación del cardenal Ratzinger, que agilizó inmediatamente las sanciones, y era ya la responsable de dar indicaciones a los obispos en este terreno.

Los obispos de Inglaterra y Gales fueron los primeros en adoptar, ya en el 2001, las normas de información obligatoria a las autoridades en cuanto tuviesen conocimiento de una acusación creíble de pederastia. Los obispos americanos siguieron su ejemplo en el 2002, y el Vaticano confirmo específicamente su Carta para la Protección de Niños y Jóvenes, que es el mejor referente para el mundo.

Medidas contundentes

Las soluciones son ahora inmediatas. El pasado 7 de abril, el arzobispo de Denver, Charles Chaput, recibió una denuncia creíble. Al día siguiente suspendió de todas sus funciones al sacerdote, y el 9 de abril se leía el anuncio en las parroquias. Todo en 48 horas.

El Papa recibe miles de felicitaciones de todo el mundo

El Papa cumplió ayer 83 años en una normal jornada de trabajo, en la que mantuvo varias audiencias y la mirada puesta en Malta, el pequeño país mediterráneo que visitará este fin de semana. Benedicto XVI recibió miles de mensajes de felicitación procedentes de todo el mundo. Las celebraciones del cumpleaños han sido aplazadas al lunes 19, día del quinto aniversario de su elección.

Opinión

Cinco años con Benedicto XVI: piloto firme de la nave de la Iglesia

Forumlibertas.com / P. J. Ginés

Su sonrisa tímida esconde una voluntad renovadora y un trabajo sistemático y discreto

A las 17:30 horas de la tarde del 19 de abril de 2005, después de dos días de cónclave, la pequeña chimenea de la Capilla Sixtina comenzó a humear. Los 115 cardenales habían tomado una decisión. El humo ya era blanco, y las campanas de la basílica de San Pedro resonaron en la plaza. La gente aplaudió al nuevo Papa: el cardenal alemán Joseph Ratzinger, profesor universitario y teólogo, gran conocedor de la Curia y de la Iglesia y “mano derecha” de Juan Pablo II como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

IGLESIA EN CRECIMIENTO

Hace cinco años que Benedicto XVI rige los destinos de la Iglesia Católica, bajo la guía del Espíritu Santo. En este tiempo, la Iglesia ha ganado unos 85 millones de fieles (no todos “muy fieles”, es cierto). Se calcula que ya hay unos 1.200 millones de católicos en el mundo, y crece al ritmo de 20 millones al año, y acelerándose.

Más datos: en estos cinco años, la Iglesia ha crecido en más de 300 obispos y ha creado 167 nuevas diócesis o circunscripciones eclesiásticas, hasta llegar a las 3.082. El número de sacerdotes actual en el mundo está en torno a los 411.000, unos 4.500 curas más que cuando murió Juan Pablo II.

El anciano Ratzinger heredó con 78 años la comunidad más numerosa y multicultural de la historia de la humanidad, una Iglesia Cátólica globalizada como nunca y adentrada en el siglo XXI. En estos cinco años, sin tener el carisma personal de Juan Pablo II, el nuevo Papa ha sabido ir mucho más allá de la imagen de “guardian de la ortodoxia”. Ha escuchado a todos, ha hablado con todos, ha sonreído con timidez y paciencia… y ha gobernado.

Sus propósitos los anunció desde el principio: «Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia».

GOBIERNO Y ORTODOXIA

Benedicto XVI, recién llegado de Malta, ha completado su 14º viaje fuera de Italia. Tiene por delante un viaje a Chipre (4-6 de junio), a Portugal (Fátima y Oporto, de 11 a 14 de mayo), al Reino Unido (en septiembre) y a Barcelona y Santiago de Compostela (en noviembre).

Con todo, no es un Papa viajero: gobierna la Iglesia desde el despacho. Conoce a los obispos y está renovando muchas diócesis a golpe de nombramientos. Por ejemplo, en los próximos tres años se jubilarán un tercio de obispos de EEUU, una Iglesia rica y activa que influye en misiones y en todo el mundo.

Para el Papa es clave poner hombres con capacidad renovadora y ortodoxia al frente de sus diócesis: ahí está Timothy Nolan en Nueva York, capaz de enfrentarse desde su blog al poderoso “New York Times“, y ahora al tranquilo y discreto José Gómez, coadjutor y heredero de la macrodiócesis de Los Ángeles. Para cambiar la Iglesia, después de la demografía y el Magisterio, lo más importante es cambiar los obispos.

Una clave para entender al Papa es su confianza en que la fe y la razón son compatibles. En un mundo que desprecia la fe y relativiza la razón, donde todo se decide por “deseo” y la “fuerza” de la mayoría (o de la minoría más fuerte), la propuesta católica resulta subversiva. Pero el Papa hace años que ha participado en libros y debates con intelectuales del mundo no creyente y sigue dispuesto a dar “razón de la fe” y mostrar “fe en la razón”.

ENCÍCLICAS

Una última dimensión clave de Benedicto XVI ha sido su propuesta social ante la crisis económica, que es, asegura, una crisis de valores. Con la Encíclica «Caritas in Veritate» ha recibido elogios de banqueros, sindicalistas y gobernantes. Ante un afán de lucro donde la ética era despreciada, el Papa pide una economía ética, más aún, espacios de pura gratuidad, y respeto a la subsidiariedad. La gratuidad es fuente de riqueza: la familia, por ejemplo, de forma gratuita aporta educación, socialización, respeto a las leyes, a la comunidad, salud personal…

En la encíclica también pedía «autoridad económica mundial» que pudiera gestionar crisis globales como la que atenazaba al planeta. Esa «autoridad» puede revestir muchas formas, no es “un gobierno”, y el Papa ya ha reutilizado la expresión en un par de ocasiones.

Con menos impacto social, pero más profundidad teológica, Benedicto XVI ha elaborado también otras dos encíclicas: «Spe Salvi» (2007), sobre la esperanza, que no repugna a la razón, pero bebe de la confianza y «Deus Caritas est» (2006), sobre el amor de Dios, que es más un encuentro personal más que una doctrina.

ATACADO POR 6 FLANCOS

El Papa alemán recibe ataques distintos a los que recibiría, por ejemplo, un Papa de origen estadounidense. Sus peores enemigos son los medios anglosajones, más en concreto «The New York Times» y Associated Press en Estados Unidos, y «The Guardian» y la BBC en Inglaterra. Las notas que Reuters envía desde Roma tampoco pierden ocasión de atacar al Papa, por lo general coniderándolo “débil”. Pero en el mundo anglosajón, lo que más se explota, a nivel consciente o inconsciente, es la vieja acusación de que «los alemanes eran nazis».
Otros medios se apuntan a la campaña (que no complot, dice el director de «L’Osservatore Romano», Gian Maria Vian) porque «el sexo vende» (los escándalos ayudan a vender diarios en estos tiempos de crisis) y por hostilidad ideológica contra la visión pro-vida y pro-familia de la Iglesia.

En estos años se han intentado 6 acusaciones distintas:

– Que el Papa es hostil a los judíos

La causa de fondo es ser alemán y haber sido reclutado por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial (como todos los jóvenes alemanes de 16 años, también Joseph Ratzinger, fue destinado a la «flak», la defensa antiaérea en la Segunda Guerra Mundial). Pero en su biografía «Mi vida» (de 1997), Ratzinger deja claro el disgusto que le producía la ideología nazi y su antisemitismo ya de niño. El proceso para beatificar a Pío XII, la oración litúrgica para que «los judíos reconozcan a Jesucristo como salvador de los hombres», el alzamiento de la excomunión al obispo lefebvrista Williamson y, hace pocas semanas, una frase descontextualizada del predicador Rainiero Cantalamessa, han sido usadas para criticar al Papa. Con sus viajes a Auschwitz y Tierra Santa, sus visitas a sinagogas y sus debates intelectuales con rabinos, refuta una y otra vez este bulo.
– Que ha encubierto abusos

Como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger firmó cientos de documentos disciplinarios relativos a sacerdotes. Docenas de periodistas los rastrean buscando algún caso de ocultación de delitos de pederastia… sin éxito. No hay “pistola humeante”. Así que repite las viejas técnicas de manipular textos de Derecho canónico. Ya lo hizo en octubre de 2006, por ejemplo, la BBC, con su reportaje «Crímenes sexuales y el Vaticano» tergiversando el documento de 1962 «Crimen sollicitationis», sobre usos fraudulentos de la confesión, y uno de 2001 que remitía todos los casos de abusos a Doctrina de la Fe. Se republican viejas acusaciones, sin datos nuevos, a pesar de haber sido ya refutadas una y otra vez.
– El Papa ¿contra el islam?

Es un bulo que nació casi por sorpresa, improvisado, en septiembre de 2006, gracias a la BBC. El discurso de Ratisbona en que el Papa decía que la razón puede alcanzar a entender mucho de Dios no interesó gran cosa a la Prensa, hasta que la BBC lo difundió en árabe, turco, parsi y malayo con el título «El discurso del Papa excita la ira musulmana». Una visita a Turquía y una red de apoyo al Papa de ulemas moderados neutralizaron la acusación y tendieron puentes con el islam, donde la Iglesia busca aliados en defensa de la cultura de la vida y una bioética con sentido común.
– ¿Papa antiecuménico?

Benedicto XVI ha sido acusado de dificultar el ecumenismo y el diálogo con otras comunidades cristianas. En realidad, el Papa está logrando pasos impresionantes con las denominaciones que mantienen una visión tradicional de la Palabra de Dios, la vida, la familia y los valores. Mientras los protestantes liberales, como los episcopalianos o los unitaristas, pierden fieles a marchas forzadas, el Papa ha abierto una puerta a las personas de origen anglicano para que se integren en «ordinariatos anglocatólicos» manteniendo su liturgia, si aceptan el Catecismo de la Iglesia. Sus relaciones con el nuevo Patriarca ruso, Kiril I, son mucho mejores de lo que podía esperarse hace 5 años. Ha abierto una puerta a los lefebvrianos que quizá facilite el retorno de muchos de ellos. Y es admirado por muchos protestantes conservadores y pentecostales por defender la cultura de la vida y por sus conocimientos bíblicos. Su insistencia en la verdad, frente al relativismo, resulta atractiva para muchos cristianos cansados de “cristianismo-todo-vale”.

– ¿Papa contra la ciencia?

Es una acusación casi exclusiva del llama «nuevo ateísmo» de autores groseros como Richard Dawkins o Christopher Hitchens. Por el contrario, y de forma paradójica, otros muchos, instalados en el relativismo o el nihilismo, dice de él que es «dogmático» por su insistencia en que es posible conocer el bien y la verdad mediante la razón. Fue significativo y esperpéntico que en enero de 2008 una manifestación grotesca de profesores de la Universidad de Roma La Sapienza le obligó a cancelar un acto público. Los adalides de la razón actuaron como adolescentes batasunos. El Papa, veterano profesor, leyó su discurso sobre la razón en septiembre en París, en el Collège des Bernardins.
– No es inmovilista: piensa en el futuro y lo eterno

Joseph Ratzinger llegó a la Sede de Pedro con fama de “inmovilista”… por parte de las voces hipercríticas con la Iglesia. Pero Benedicto XVI mira al pasado para reflexionar antes de creac los fundamentos, bien firmes, del edificio futuro, esperando que de frutos en la eternidad. Pide interpretar el Concilio Vaticano II en «continuidad» con toda la historia y Magisterio de la Iglesia. Conserva lo bueno, y acepta lo nuevo cuando es útil parab evangelizar: un ejemplo es su trato a los nuevos movimientos y su apoyo a la “nueva evangelización” que predicó Juan Pablo II.

FUTURO

¿Qué le queda por hacer al Papa? No está mal de salud pero tampoco es un hombre fuerte, y los disgustos por la crisis de los escándalos pederastas le han debilitado. Parece asombroso que tenga tantos viajes por delante este año, todos en Europa. Con cada uno de ellos quiere dar un mensaje al Viejo Continente. Las figuras de J. H. Newman, de Gaudí, la simbología de Fátima o de Santiago, la cercanía a las Iglesias ortodoxas y al catolicismo oriental que expresará en Chipre… todos son símbolos que quiere poner en circulación.

Pero su gran aportación para el futuro inmediato será, sin duda, la renovación firme y tranquila que quiere imponer en el episcopado, en personas y en formas de actuar. Nuevos pastores para una Iglesia global, cada vez más cercana y transparente, que puede experimentar en el siglo XXI un crecimiento absolutamente insospechado. Los cardenales que nombre en los próximos años serán una clave para entender su orientación.

El complicado oficio de Joseph Ratzinger

EL MUNDO / RAFAEL NAVARRO-VALLS

Cuando vio inevitable su elección -ahora se cumplen cinco años-, el entonces cardenal Ratzinger exclamó: «Señor, no me hagas esto…». ¿Por qué?

Ante todo, por la responsabilidad abrumadora que se le venía encima. Luego, porque sabía que los 265 personajes que le habían precedido en la Sede de Pedro pasaron por todo tipo de situaciones, algunas dolorosas. Hasta 36 antipapas quisieron romper una cadena que arranca de un pescador de Galilea, algunos Papas sufrieron martirio, otros fueron expulsados de Roma, los más fueron calumniados, algunos vivieron épocas en que todo se derrumbaba a su alrededor: los Estados, la cultura y las costumbres. Buen conocedor de la Historia de la Iglesia, Ratzinger sabía que en los 2.000 años de papado había acontecido de todo: «lo mejor y lo peor», por decirlo con Mathieu-Rosay.

En todo caso, hace un lustro cayeron de golpe sobre el cardenal Ratzinger las tragedias, errores y aciertos, alegrías y tristezas de más de1.100 millones de católicos. Se entiende su congoja inicial, que superó con valentía. Desde su elección ha sufrido el ataque combinado de los nuevos medios de acoso modernos. Me refiero al mediático, a las amenazas de reprobación de los Parlamentos (España, Bélgica) e incluso a las sombras de querellas criminales (Turquía, Reino Unido). Ante ellos ha aderezado la serenidad con una rara cualidad: convertir en diálogo los momentos de dificultad. Así pasó con el incidente de Ratisbona, que aceleró el proceso de conversaciones con los musulmanes; con el caso Williamson, que acabó con una visita de Benedicto XVI a la sinagoga de Roma; con la acogida en la Iglesia católica de miles de anglicanos, que se ha convertido en un gesto ecuménico de primera magnitud. Por no hablar del penoso affaire de los abusos sexuales de algunos clérigos, que le ha dado ocasión de iniciar una profunda reforma en el proceso de selección y formación del clero.

El error de los propagandistas del pánico moral es creer que su táctica contra el celibato dará fruto. Permítanme que disienta. Cuando se han dado ataques contra el celibato en épocas históricas pasadas, la reacción de la Iglesia ha sido reafirmarlo. Así, la penosa situación en esta materia de muchos clérigos en el siglo XI-XII, dio lugar a la vigorosa reforma gregoriana que lo purificó. El ataque luterano al celibato sacerdotal dio ocasión a la reforma de Trento que, entre otras cuestiones, volvió a vigorizarlo.

Por lo demás, para valorar a un determinado Papa hay que proyectar el reflector sobre la misión para la que fue elegido. El entonces cardenal Ratzinger no lo fue en 2005 como mero gestor o consejero delegado de una compleja y gigantesca institución. Fue designado para guiar a la Iglesia Católica hacia el horizonte al que mira desde hace 2.000 años. Con este objetivo es razonable el mensaje de sus primeros y principales escritos, centrados en redescubrir el Amor de Dios (Deus Caritas est) y el amor al hombre en su dignidad, que históricamente es el destino manifiesto de la Iglesia. Su afirmación de que la Iglesia lo que necesita hoy es santidad, no management, apunta como una flecha a ese blanco. Blanco que incluye, claro está, la lucha contra la pobreza y la injusticia (Caritas in Veritate). No es fácil esta tarea, pero tampoco nadie ha dicho que el oficio de Papa lo sea.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de Derecho en la Universidad Complutense y autor, entre otros libros, de Entre la Casa Blanca y el Vaticano.

Benedicto XVI, cinco años de pontificado

ABC / Antonio Mª Rouco Varela

En la tarde del 19 de abril del año 2005, segundo día del Cónclave, era elegido Papa el Cardenal Joseph Ratzinger. Hacía poco más de dos semanas que había fallecido el Siervo de Dios, Juan Pablo II. La multitud reunida en la Plaza de San Pedro recibía la noticia con expresiones de un sentido júbilo nada artificial. «Pedro» volvía a hacerse presente en la Iglesia, a través de un nuevo Sucesor, como Cabeza del Colegio Episcopal y Pastor Universal: como «el Vicario de Cristo en la Tierra». El pueblo cristiano venía aplicando al Papa este bellísimo título desde una antiquísima y venerable tradición teológica y espiritual, cultivada con conmovedor afecto y devoción, especialmente en los dos típicos siglos de la modernidad -el XIX y el XX-. Siglos estos de «Calvario» para esa pléyade de figuras insignes que ocuparon la Sede de Pedro desde los tiempos de las vejaciones revolucionarias de comienzos del siglo XIX hasta hoy mismo. Siglos también de tiempos eclesiales de comunión y unión con el Romano Pontífice, de una intensidad espiritual y pastoral desconocida. Pastores y fieles pudieron comprobar y experimentar en carne viva, en una época marcada por tantos, tan graves y tan dramáticos acontecimientos, cómo la Iglesia necesitaba de ese servicio de la unidad y la verdad en la caridad de Cristo, que el Señor había confiado a Pedro y a sus sucesores, si quería vivir en la libertad de los hijos de Dios y ser fiel al testimonio íntegro del Evangelio. «El Dulce Cristo en la Tierra» es la forma como Santa Catalina de Siena llamó al Papa en el momento quizá más dramático de la historia del Papado, el Cisma de Occidente, en el quicio del siglo XIV al XV de nuestra Era. La expresión podía -y puede, de hecho- parecer a muchos, teólogos y no teólogos, melosa; pero lo cierto es que el Concilio Vaticano II no le retiró a su significado, profundizado por el Concilio Vaticano I, ni un ápice de su valor teológico y pastoral. Sí, el Obispo de Roma, el Papa, es Vicario de Cristo para la Iglesia de modo eminente. (LG 18).

Joseph, Cardenal Ratzinger, aceptaba la elección del Colegio Cardenalicio «en espíritu de obediencia» y se daba el nombre de Benedicto XVI; no sin sorpresa para muchos de los observadores intra y extraeclesiales del acontecer de la Iglesia. El nuevo Papa explicaba su decisión con su habitual claridad intelectual y lucidez pedagógica. El nombre de Benedicto le evocaba el «no anteponer nada a Cristo»: quintaesencia de la espiritualidad benedictina; máxima que había conformado no sólo el monacato latino siglos y siglos, sino también lo más íntimo y profundo de la experiencia cristiana de la vida, sobre todo en Occidente. El nombre le vinculaba, además, al gran «leit-motiv» de la paz, que había caracterizado la trayectoria pastoral del último Papa «Benedicto», Benedicto XV: el Papa testigo indomable del valor de la verdadera paz fundada en la aceptación común de la ley moral, que Dios graba en las conciencias de cada persona y de la propia familia humana. Testigo en medio de la tragedia de la I Guerra Mundial, que había sumido primero a Europa y finalmente al mundo en una contienda crudelísima y en una ruina material y espiritual sin precedentes. ¿No era la catástrofe el precio de haber preterido las normas más substanciales de una elemental humanidad? El ya Papa Benedicto XVI vivió y vio en su niñez y adolescencia cómo el menosprecio de los principios de la ley natural conducía de nuevo al mundo a una versión todavía más devastadora de cuerpos y de almas de lo que había sido la tragedia sufrida entre los años 1914 y 1918, a la de la II Guerra Mundial, en la que habían jugado un papel decisivo los totalitarismos ateos: el comunismo soviético, el fascismo y el nacionalsocialismo. ¿Cómo se podían sembrar paz, justicia, solidaridad, progreso humano, sin ley moral, sin una consideración trascendente de la dignidad de cada persona? ¿Y cómo se podía conocerla, valorarla y respetarla, en toda su profunda y plena verdad, sin Cristo? En su primera aparición en la «logia» de «San Pedro», el Papa se presentaría al mundo como «un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor». A cuantos era familiar la figura modesta y casi imperceptible del cardenal Ratzinger, cruzando la Plaza de San Pedro desde el Borgo Pío hasta el viejo «Palazzo» del Santo Oficio, con su dulleta y boina negra, la cartera de documentos en la mano, no podría resultarles extraña la presentación del Papa. Siempre había sido «un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor» -de sacerdote y profesor, de arzobispo de Múnich y de cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al lado de Juan Pablo II-, y lo continuaría siendo como vicario de Cristo y pastor de la Iglesia universal.

El nuevo Papa había centrado desde el principio la línea de su pontificado y de su servicio pastoral a la Iglesia y al mundo inequívocamente en el anuncio y proclamación de Cristo, Salvador del hombre. Se constituiría como la médula misma de un Magisterio desplegado con una profundidad, transparencia y abundancia teológica y catequética admirables. Ninguno de los ámbitos en los que se sitúan la existencia y la vida personal y social de la persona se escapa a la iluminación penetrante del pensamiento y de la palabra del Papa. Conoce la coyuntura cultural y espiritual del hombre contemporáneo: sus dudas y depresiones, su angustia existencial, su desorientación moral, su escepticismo religioso, sus miedos ante un futuro histórico después de la soterrada -o abierta- decepción sobrevenida por las crisis de los modelos de desarrollo, acusadamente materialistas y agnósticos, propuestos para «el después» de la caída del Muro de Berlín. Se había quedado de nuevo sin horizontes positivos y ciertos para sus proyectos de una vida personal con esperanza y de una configuración social y cultural de la Humanidad, asentada ética y jurídicamente sobre los derechos fundamentales y el bien común universal, capaz de asegurar y de garantizar la paz. No es extraño que su gran Magisterio -las tres Encíclicas y su Exhortación Postsinodal del Sínodo del año 2005 sobre la Eucaristía- se hubiese situado en la perspectiva espiritual y pastoral de las virtudes teologales de la caridad y la esperanza. Perspectiva, en la que se encuentran los más hondos y cruciales interrogantes del hombre con la respuesta luminosa y gozosa de la Palabra de Dios, que es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros, para que tengamos vida, y esta, abundante, eterna y feliz.

Incluso, cuando Benedicto XVI aborda el complejo y gravísimo problema de la crisis financiera y económica, que azota hoy al mundo, elige como punto de mirada intelectual para comprenderla, analizarla en sus raíces más profundas y sugerir caminos morales, sociales y culturales de verdaderas soluciones, «la verdad en la caridad». Sólo el amor, vivido de verdad y en la verdad, comprende y garantiza la realización de la justicia y la aspiración de una solidaridad generosa. Tanto el método adoptado en sus enseñanzas como el estilo de su acción de gobierno pastoral responden a ese modelo supremo de la caridad de Cristo. Lo demuestran tanto el diálogo fe-razón practicado sin desviación alguna intelectual o vital, antes y después del inicio de su pontificado, como la mansedumbre, la bondad y la serena y paciente firmeza al señalar la recta dirección para el camino de la Iglesia en el siglo XXI. La continuidad creativa con la obra de Juan Pablo II es evidente. Su fidelidad a la aplicación del Concilio Vaticano II con el sentido innovador de la permanente y viva tradición de la Iglesia, sin ruptura dogmática y espiritual alguna.

Celebramos el quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI en un momento histórico en que los ataques mediáticos a su persona y ministerio han adquirido las formas de una virulencia dialéctica insultante y difamatoria. Son «hora de Cruz» para aquel que representa heroicamente al Crucificado. La Iglesia se siente más unida a Él que nunca en la oración y en la veneración y el afecto filiales. Se repite una vez más la historia: «Pedro» es perseguido; la comunidad universal de los fieles permanece perseverante y fiel en la oración a su Señor por él, sintiéndose cobijada por un amor maternal de exquisito valor: el amor de su Madre y nuestra Madre, María.

Cinco años de pontificado

ABC / Juan Vicente Boo

Hace tan solo cuatro días, nadie podía imaginar que los cielos de media Europa estuviesen hoy cubiertos de ceniza. Pero la ceniza terminará por caer al suelo y el sol volverá a brillar sobre todo el continente. Hace cuatro semanas, nadie podía imaginar que el quinto aniversario de la elección del Papa estuviese marcado por la crisis de los abusos sexuales, amplificada por los errores de comunicación de sus colaboradores.

El balance final del pontificado dependerá de la velocidad con que se haga el resto de la «limpieza» de indeseables dentro de la Iglesia. La primera carta monográfica de un Papa sobre abusos sexuales fue escrita por Juan Pablo II a los obispos norteamericanos el 11 de junio de 1993, pero la «limpieza» no empezó en serio hasta ocho o nueve años después, con el traspaso de las competencias al cardenal Ratzinger en el año 2001 y la aprobación de las normas de «tolerancia cero» para Estados Unidos en 2002.

Afortunadamente, por encima de la gran nube de ceniza volcánica sigue estando el sol, y el balance de los primeros cinco años de Benedicto XVI abunda en momentos radiantes como la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia en agosto de 2005 o el triunfo arrollador en su primer viaje a Estados Unidos en abril de 2008, cuando sorprendió a todo un país con su humanidad y sencillez.

Tres encíclicas

Incluso Francia se rindió, en septiembre de 2008 al mensaje cultural de Benedicto XVI, aplaudido por los grandes intelectuales en el Collége des Bernardins de París como lo sería el pasado mes de septiembre por los profesores universitarios de un país materialista y descreído en la Sala de los Españoles del Castillo de Praga.

Sus tres encíclicas trazan un camino espiritual fascinante: conocer a Dios, que es amor («Deus Caritas Est», 2005), recuperar la esperanza («Spe Salvi», 2007) y devolver la decencia al sistema económico internacional («Caritas in Veritate», 2009).

Su libro «Jesús de Nazaret», cuyo segundo volumen está a punto de salir, es una excelente guía para acercarse y entender mejor al personaje central de la historia, a veces poco conocido por los católicos.

El 24 de abril de 2005, cuando recibió el anillo del pescador, el nuevo Papa anuncio que «mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad personal, no promover mis ideas sino ponerme, con toda la Iglesia a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor».

Envergadura teológica

Joseph Ratzinger había trabajado al lado de Juan Pablo II durante 24 años, y era el «coautor» de muchos documentos de amplia envergadura teológica y cultural como las grandes encíclicas «Esplendor de la Verdad», publicada en 1993, o «Fe y Razón», que vio la luz en 1998. Por esa razón y por su edad avanzada, Benedicto XVI anunció que no pensaba publicar muchos documentos ni hacer muchos viajes, sino continuar explicando el magisterio de su predecesor. Subrayó, únicamente, el objetivo del ecumenismo como prioridad de su Pontificado.

En la Mezquita Azul

En estos cinco años ha habido una mejora del diálogo y del respeto mutuo con casi todas las confesiones cristianas, desde los luteranos europeos, que aprecian a un Papa experto en Lutero, hasta los ortodoxos rusos, que valoran su estilo litúrgico tradicional. Quizá el paso más fructífero a largo plazo sea la creación de los ordinariatos personales para acoger en la Iglesia católica a comunidades anglicanas enteras: obispos, sacerdotes y fieles.

En las relaciones con musulmanes ha habido grandes disgustos como el discurso de Regensburg en septiembre del 2006, pero también una reconciliación visible al rezar con el Gran Muftí en la Mezquita Azul de Estambul en noviembre de ese año. Con los judíos, el ciclo de altibajos ha sido más agitado, con momentos de profundo malestar como el del levantamiento de la excomunión al obispo lefebvriano negacionista Richard Williamson, pero también con encuentros gratos como las visitas a las sinagogas de Colonia, Nueva York y Roma.

Al principio del pontificado, casi todo el mundo esperaba un Papa mucho más severo, y los católicos intransigentes resultaron decepcionados. También se esperaba un «desbroce» de la Curia vaticana, para simplificar sus enrevesados organismos y podar la maleza acumulada en los años de enfermedad de Juan Pablo II. Pero el «desbroce» no se produjo, e incluso la comunicación pasó a segundo plano, por lo que el mensaje del Papa llega hoy al mundo con mayor dificultad.

Cinco años de Benedicto XVI

ABC / Juan Manuel de Prada

En un artículo muy atinado que el semanario «Alfa y Omega» comentaba el pasado jueves el vaticanista Sandro Magister reflexionaba sobre los cinco años de papado de Benedicto XVI a la luz de una paradoja recurrente: allá donde el Papa más se ha esforzado por ejercitar de forma inequívoca su misión de guía ha sido precisamente donde de forma más agria y belicosa se le ha combatido, en un intento desquiciado por negar ese esfuerzo. En donde se demuestra que hemos alcanzado ese último capítulo de la Historia en que la ofuscación de nuestra capacidad de juicio nos permite llamar luz a las tinieblas y tinieblas a la luz, según profetizara Isaías. Sólo así se explica que un Papa que invita a predicar en un sínodo a un rabino judío sea caracterizado como un enemigo de los judíos. Sólo así se explica que un Papa que se ha esforzado por presentar a Dios como logos, que se ha preocupado por trabar diálogo con el pensamiento filosófico de su época haya tenido que renunciar a visitar una Universidad. Sólo así se explica que el Papa que ha incorporado a la comunión a un sector del anglicanismo y limado asperezas con las iglesias ortodoxas sea tildado de antiecuménico. Sólo así se explica que un Papa que se ha esfozado por revitalizar el legado del Concilio Vaticano II, favoreciendo su injerto en el tesoro de la Tradición, sea acusado de retrógrado. Y, en fin, sólo así se explica que un Papa que desde el comienzo de su pontificado, y aun antes, se ha empleado con denuedo en combatir la suciedad que anida en el seno de la Iglesia, adoptando medidas quirúrgicas sin que jamás le haya temblado el pulso y extremando el celo en el escrutinio de las vocaciones religiosas, haya sido acusado sin pruebas (o con pruebas tergiversadas de forma soez) de amparar abusos sexuales, en una campaña desquiciada que pretende presentarlo ante el mundo como un delincuente.

Y todo ello, ¿por qué? El cardenal Rouco, en una magnífica entrevista publicada en la misma entrega del semanario «Alfa y Omega», nos ofrece una respuesta de gran hondura teológica que, con desdichada frecuencia, los propios católicos prefieren soslayar. El Papa, como pasto supremo de la Iglesia, es el encargado de guiarla hacia su consumación en el Reino. «Y la Iglesia, a la luz del Apocalipsis -prosigue Rouco-, sabe con certeza que va a ser combatida por el Príncipe de este mundo y por todas las fuerzas del mal, que han sido en raíz vencidas, pero aún no de forma total. Esa explicación teológica de los Últimos Tiempos -con el anti-Cristo, el contra-Cristo-está vigente». Y, a continuación, Rouco traza una panorámica de la historia del pontificado en los siglos recientes, en los que el intento de imponer «una forma de ver la persona, la sociedad y la comunidad política radicalmente secular, e incluso opuesta a Dios», se ha tropezado siempre con el escollo de la Iglesia católica, organizada en torno a su pastor supremo. Así se explica que «la cruz del martirio» haya acompañado la vida de todos los Papas a partir de la Revolución; y así se explica que, a medida que ese intento de imposición se hace más hegemónico, el martirio del Papa se haga más aflictivo. Rouco, en fin, nos está hablando de ese tiempo de la «gran tribulación» sobre el que nos advirtió San Pablo; un tiempo -el último capítulo de la Historia- en el que la Iglesia sufrirá tenaz persecución, antes de su victoria definitiva.

Sin esta lectura teológica, las mistificaciones en torno a su magisterio y los virulentos ataques que en estos cinco años ha sufrido Benedicto XVI se tornan ininteligibles. Resulta gratificante y reparador que Rouco lo haya expuesto, para consuelo de los católicos, de forma tan lúcida: porque sólo se puede tener esperanza en la victoria definitiva cuando se conoce la naturaleza verdadera de la tribulación.

Navarra

La catedral de Pamplona despide al presidente polaco
Diario de Navarra

A la misa funeral asistieron 300 personas, entre ellas, representantes del Gobierno foral y del Ayuntamiento pamplonés
Solemnidad en la catedral de Pamplona. Con el negro como color predominante y en una ceremonia celebrada en castellano y polaco, los integrantes de esta comunidad extranjera estuvieron arropados por representantes de las autoridades navarras durante la misa funeral por el presidente polaco, Lech Kaczynski, fallecido en accidente aéreo el pasado 10 de abril.

Alrededor de trescientas personas se concentraron en el interior del templo mientras el Arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, trataba de dar consuelo a las decenas de polacos que despedían en silencio y a miles de kilómetros a su presidente.

En sus palabras, el Arzobispo de Pamplona hizo una comparativa entre la fragilidad del ser humano con la de un vaso de cristal. “Somos vulnerables y momentos como el que está viviendo Polonia lo confirman. Ahora es momento de ser solidarios y apoyarnos los unos en los otros”, indicó Pérez.

Tras su homilía, Piotr Roszak, párroco de Villamayor de Monjardín y uno de los impulsores de la candidatura conjunta de Pamplona y Torun para la capitalidad europea de la Cultura en 2016, agradeció el gesto y, en nombre de los polacos,hizo hincapié en el “gran apoyo” recibido por la comunidad navarra.

Multitudinaria representación

Entre los asistentes al acto religioso pudo reconocerse a Yolanda Barcina, alcaldesa de Pamplona; Álvaro Miranda, consejero de Economía y Hacienda del Gobierno de Navarra; Juan Cruz Alli, parlamentario foral de CDN; Enrique Rubio, presidente del Consejo de Navarra; Francisco Javier Enériz, Defensor del Pueblo de Navarra; Carlos Salvador, diputado de UPN; Cristina Sanz, concejal del PP; Lola Eguren, directora general de Relaciones Institucionales; Guillermo Echenique, secretario general de Acción Exterior; Angel J. Gómez Montoro, rector de la Universidad de Navarra; Camino Olsé, vicerrectora de Proyección Social y Cultural de la UPNA; José Iribas, teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Pamplona; Román Felones, presidente del PSN; Eloy Villanueva, secretario general del PPN; Paz Prieto, concejal delegada de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona; Maite Esporrín, portavoz del PSN en el Consistorio pamplonés; así como los cónsules de Croacia, Polonia , Guatemala y Rumanía.

San Miguel deja Pamplona tras más de 80 visitas en seis días
Diario de Navarra

La efigie del Ángel de Aralar ha recorrido iglesias, instituciones, colegios y domicilios – Unas 200 personas despidieron ayer a la imagen en el puente de Miluce, camino de Ariz, su próxima parada
El Ángel de Aralar, San Miguel, dejó ayer Pamplona, y una apretada agenda, con más de 80 visitas en seis días, unas catorce por jornada. La despedida, como siempre, en el puente de Miluce y bastante más familiar que el multitudinario recibimiento.

“Hasta el año que viene, si Dios quiere”, dijo ayer Jesús Sótil, uno de los capellanes de Aralar, a las 200 personas que acudieron al puente de Miluce. En realidad, será hasta dentro de un año y veinte días, ya en mayo de 2011, porque la Semana Santa llegará más tarde.

También el último día de estancia en Pamplona resultó intenso para el Ángel. A las doce se celebró una eucaristía en la parroquia de San Lorenzo, presidida por Santos Villanueva. Los fieles abarrotaron el templo y muchos acompañaron a la imagen hasta la cruz del Bosquecillo, en la Taconera, donde, también como es costumbre, bendijeron los campos. Recalaron después en la parroquia del Huerto y cambiaron al Ángel de vestimenta. En Pamplona utiliza una y en el resto de localidades, otra. El cementerio de San José fue la siguiente parada. En la capilla de Bercihitos se rezó un responso por todos los fallecidos y después, ya a pie, cubrieron la distancia entre el camposanto y el puente de Miluce. Una procesión a orillas del Arga, antes del adiós. Por la tarde, la imagen llegó a Ariz, Aldaba, Atondo y Lete. Jesús Sótil ha sido el encargado de portar la imagen prácticamente en todo su periplo pamplonés. Ayer se mostraba satisfecho y destacaba la ausencia de Javier Bengoechea. “Desde hace mucho tiempo lleva la bandeja, pero este año no ha podido por motivos de salud, esperamos que el Ángel le de fuerzas. Muchas personas me han preguntado por Javierico”, dijo Sótil, quien también recordó “con especial gozo” la visita a María Pascual, una mujer “bien maja” que con 103 años recibió al Ángel en su casa de Pamplona.