20 de abril de 2010

Nacional

Bernardo Herráez, el hombre del dinero episcopal

El país

“Justo reparto según necesidades, y aportaciones según posibilidades”. Este fue el criterio con que Bernardo Herráez Rubio gestionó las cuentas del catolicismo español desde 1975, primero como gerente y dos años más tarde como vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, hasta 2005.

“Justo reparto según necesidades, y aportaciones según posibilidades”. Este fue el criterio con que Bernardo Herráez Rubio gestionó las cuentas del catolicismo español desde 1975, primero como gerente y dos años más tarde como vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, hasta 2005. Fue, además, el hombre fuerte de la cadena Cope, una red de emisoras parroquiales sin influencia nacional hasta que cayó en sus manos y empezó a fichar a figuras como Luis del Olmo, Antonio Herrero, Encarna Sánchez, Federico Jiménez Losantos o José María García.

Tratado por los obispos, casi sin excepción, como “Don Bernardo”, su socarronería y paciencia era proverbial. Había nacido en Gamonal de la Sierra (Ávila) en 1930, se ordenó sacerdote con 23 años y era, además, licenciado en Ciencias Biológicas. Falleció el domingo, 18 de abril, a los 80 años, en la clínica madrileña de la Zarzuela, donde llevaba semanas ingresado por problemas renales. La capilla ardiente está instalada en la parroquia de San Juan Crisóstomo, de Madrid, donde hoy tendrá lugar, a las diez, una misa funeral presidida por el cardenal Rouco. Será enterrado en la Sacramental de San Justo.

“Mis obispos piden dinero, pero nunca saben de cuentas”, se quejaba Don Bernardo. Puede decirse que fue él quien les ha librado del hambre, si hacemos caso al sentimiento de orfandad y los temores de muchos prelados a la muerte del dictador Franco, con quien habían disfrutado de todas las complacencias a cambio de bendiciones y sumisión. Fue monseñor Herráez quien, de la mano del cardenal Tarancón, primero, y de los arzobispos Elías Yanes y Fernando Sebastián, ahora eméritos de las archidiócesis de Zaragoza y Navarra, respectivamente, negoció con los Gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González una nueva regulación de la situación económica de la Iglesia romana en España, así como el desarrollo de los acuerdos firmados entre el Estado y la Santa Sede en 1979, que sustituyeron al nacionalcatólico Concordato de 1953.

Entre otras regalías para una Conferencia Episcopal que casi acababa de nacer y que no tenía recursos propios, los prelados lograron en esas negociaciones una financiación pública suficiente para salarios de obispos y sacerdotes, más el acogimiento del clero por la Seguridad Social. En premio, el Papa distinguió a Herráez con el título honorífico de monseñor.

Habilidad de Herráez fue el dejar a todas las diócesis conformes con el reparto de fondos y, sobre todo, templar las críticas de muchos obispos contra algunas figuras de la cadena Cope, que aquel dirigió con autoridad plena entre 1975 y 2006.

Rouco endurece su discurso contra los “delitos” cometidos por sacerdotes

EL PAÍS

Benedicto XVI, que ayer cumplió cinco años en el cargo, ha dado un paso al frente contra “la suciedad y la soberbia” que anida en la jerarquía del catolicismo, según su propio diagnóstico. El primer signo es el reconocimiento de las culpas, cada día con menos matices.

Benedicto XVI, que ayer cumplió cinco años en el cargo, ha dado un paso al frente contra “la suciedad y la soberbia” que anida en la jerarquía del catolicismo, según su propio diagnóstico. El primer signo es el reconocimiento de las culpas, cada día con menos matices. El segundo, la decisión inapelable de poner a los culpables a disposición de la justicia civil. Pese a los titubeos -incluso, la rebeldía- de algunos altos cargos del Vaticano, el Papa está logrando imponer ese criterio, que ayer siguió sin tapujos el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco. “Ya es demasiado que se haya abusado de un solo niño. No puede ser”, clamó el cardenal arzobispo de Madrid.

“Nos duelen en el alma los graves pecados y delitos cometidos por algunos hermanos en el sacerdocio y por algunos religiosos que han abusado de menores traicionando la confianza depositada en ellos por la Iglesia y por la sociedad. También han actuado así algunos laicos con cargos eclesiales. Deben ciertamente responder de sus actos ante Dios y ante la justicia humana”, añadió el prelado en su discurso de apertura de la asamblea de obispos que se inició ayer.

Añadió Rouco: “Nosotros, como otros episcopados, hemos puesto y, según las necesidades, pondremos con más cuidado los medios adecuados para prevenir y corregir casos de ese tipo, de modo que nadie pueda pensar que sea compatible el servicio sacerdotal o la vida consagrada con la comisión de tales crímenes. Es intolerable faltar tan gravemente a la castidad, a la justicia y a la caridad abusando de una autoridad que debería haber sido puesta precisamente al servicio de esas virtudes y del testimonio del amor de Dios, del que ellas dimanan”.

Por primera vez en la última década, el centenar de prelados reunidos en Madrid esta semana interrumpió con un aplauso el discurso de su presidente, nada más empezar el capítulo dedicado al quinto aniversario del pontificado de Benedicto XVI, en su mayor parte dedicado al espinoso asunto de los abusos sexuales a menores por eclesiásticos.

Rouco fue rotundo en la defensa del pontífice, pero no sin antes dejar clara la condena de los abusadores y la exigencia de ponerlos a disposición de la justicia civil. Dijo: “Los obispos españoles estamos con Benedicto XVI. También está con él la inmensa mayoría del pueblo fiel. Se ha intentado manchar su figura para hacer creer a la gente que los abusos han sido frecuentes entre los sacerdotes y los religiosos, y sin que los obispos o el Papa actuasen debidamente. Ya es demasiado que se haya abusado de un solo niño. No puede ser. No puede ser la omisión de las actuaciones disciplinarias debidas o de la atención que merecen quienes han sufrido tales desmanes. Pero tampoco podemos admitir que acusaciones insidiosas sean divulgadas como descalificaciones contra los sacerdotes y los religiosos en general y, por extensión, contra el mismo Papa”.

Todos los obispos convocados a Madrid, entre ellos muchos de los eméritos, acudirán mañana a concelebrar una eucaristía de acción de gracias por el Papa en la catedral de la Almudena, a las ocho de la tarde. Según Rouco, el pontificado de Benedicto XVI, que esta semana pasada ha cumplido 83 años de edad, está siendo luminoso. Entre otros muchos méritos, el cardenal le adjudica precisamente “disposiciones encaminadas a prevenir y corregir abusos en el campo mencionado y en otros ámbitos de la vida de la Iglesia”.

No obstante, según Rouco, “el remedio” ha de buscarse no sólo “en medidas preventivas, disciplinares y penales”, sino sobre todo “en el cultivo de la santidad de vida y en la libre obediencia a la santa ley de Dios y al magisterio de la Iglesia”. También sostuvo que “la consagración a Dios en el celibato, libremente asumido por su amor, es un medio excelente de santificación que ha de ser cultivado con las condiciones y los medios señalados por la Iglesia”.

El nuncio ve persecución

Una de cal y otra de arena. Frente a la firmeza del cardenal Rouco contra los curas abusadores, el nuncio (embajador) del Papa en Madrid, el arzobispo Renzo Fratini, recurrió ayer a las quejas en el discurso de salutación a los obispos reunidos en asamblea plenaria. Dijo: “La Iglesia, cuerpo de Cristo, está perseguida hoy. ‘Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán’, nos ha dicho el Señor; pero nosotros renovamos nuestra fe y esperanza en aquellas palabras: ‘No temáis, yo he vencido al mundo”. El nuncio también se refirió a la presencia de los signos religiosos, y en particular del crucifijo, en la vida pública. “Cuestión delicada”, dijo sin más explicaciones, antes de desear que perviva en la sociedad española el afecto por ese signo “de protección, de consuelo y de fortaleza en el dolor, convertido en signo de las profundas raíces de la propia cultura en España”.

Navarra recurre al Constitucional para evitar el aborto en su territorio

EL PAÍS

El Gobierno de Navarra será la primera institución en recurrir ante el Tribunal Constitucional la nueva ley del aborto, que establece la libertad para interrumpir el embarazo hasta la semana 14 y hasta la 22 bajo determinados supuestos. Así lo decidió ayer, en sesión ordinaria, el Gobierno foral, de UPN, argumentando que la normativa invade las competencias de la comunidad.

El Gobierno de Navarra será la primera institución en recurrir ante el Tribunal Constitucional la nueva ley del aborto, que establece la libertad para interrumpir el embarazo hasta la semana 14 y hasta la 22 bajo determinados supuestos. Así lo decidió ayer, en sesión ordinaria, el Gobierno foral, de UPN, argumentando que la normativa invade las competencias de la comunidad. ¿El principal motivo? Impedir, como hasta ahora, que estas intervenciones se realicen en suelo navarro.

Para el Gobierno que dirige Miguel Sanz, los motivos de inconstitucionalidad son claros. Según explicó su consejera de Salud, María Kutz, la nueva ley supone un “contrafuero”, ya que “invade las competencias de la Comunidad Foral en su capacidad organizativa y de funcionamiento de los servicios sanitarios” amparadas por el artículo 149 de la Constitución y el 53 de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra.

Para la consejera, la “invasión” de competencias se produce en la disposición final quinta de la ley del aborto, que precisa que se debe garantizar la prestación en la comunidad autónoma donde vive la mujer si ella así lo solicita. Esta disposición tiene su origen en una enmienda presentada en su día en el Congreso por la diputada de Nafarroa Bai, Uxue Barkos.

Asimismo, la consejera criticó la “torpeza” de las personas que han legislado al “contradecir esta disposición final quinta con el propio articulado de la ley”. Concretamente el artículo 18 indica que esta prestación estará incluida en la cartera de los servicios comunes del Servicio Nacional de Salud y que los servicios públicos en el ámbito de sus competencias garantizarán el derecho a la misma.

Para ello, y según añade el artículo 19, la interrupción del embarazo se podrá realizar en centros de la red sanitaria o vinculados a la misma (concertados) y, si no se pudiera facilitar la prestación, la mujer tendrá derecho a ser atendida “en cualquier centro acreditado del territorio nacional”. La propuesta de recurso de Navarra recalca que la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud “debe ser garantizada, sin prejuicio de que la prestación se dé con recursos públicos o concertados, en su ámbito geográfico o en otro, siempre que se aseguren los mecanismos de remisión”.

Esta ha sido precisamente la vía que ha utilizado hasta ahora el Gobierno navarro para impedir que las interrupciones incluidas en los supuestos legales se practiquen Navarra. Ni en la sanidad pública, ni en la privada. Las mujeres que deciden abortar se ven obligadas a recorrer cientos de kilómetros para ejercer un derecho garantizado por ley desde que en 1985 se despenalizara el aborto en España.

El Gobierno de Navarra corre con los gastos del viaje, la intervención y dietas para que estas mujeres interrumpan su embarazado en centros de Madrid, Zaragoza y Bilbao con los que el Ejecutivo foral tiene firmados conciertos. Sin embargo, son muy pocas las embarazadas que deciden acogerse a estas ayudas. De las 700 mujeres de procedencia navarra que abortaron en 2007, sólo 51 recibieron la subvención gubernamental.

El Ejecutivo foral se defiende asegurando que “siempre cumple la ley”, y se refiere a la objeción de conciencia de los médicos navarros en una comunidad donde la presencia del Opus Dei es innegable, sobre todo, en el ámbito sanitario: dirige la clínica Universidad de Navarra y la única Facultad de Medicina de la región.

Horas después de que se conociera la intención de interponer un recurso, el Partido Socialista de Navarra presentó en el Parlamento foral una moción en la que se solicita el cumplimiento íntegro de la ley del aborto, que se garantice su plena aplicación en Navarra, y, por ende, la retirada del recurso. Para la portavoz socialista de Salud, María Chivite, la nueva norma “soluciona el problema” que la objeción de conciencia creaba en Navarra y que era “la superexcusa a la que se acogía siempre UPN”. Por eso, añadió, ahora van a hacer todo lo que sea para no aplicar otra vez la ley en Navarra, a pesar de que, “en contra de lo que dicen, sí hay médicos dispuestos a practicar interrupciones aquí”.

El plazo para presentar el recurso finaliza el 3 de julio, fecha de entrada en vigor de la ley. El Gobierno de Navarra remitirá ahora su acuerdo de recurso al Consejo de Navarra para que este, “con carácter de urgencia”, emita el preceptivo dictamen.

Ley de plazos

– Aborto libre hasta las 14 semanas, previa información sobre derechos, prestaciones y ayudas a la maternidad y con un periodo de reflexión de al menos tres días.

– Indicaciones hasta la semana 22. La mujer podrá interrumpir su embarazo en caso de grave riesgo para su vida o salud, o si el feto padece graves anomalías.

– Tras la semana 22. Si hay malformación incompatible con la vida del feto o padece “una enfermedad de extrema gravedad e incurable” no hay límite.

– Menores entre 16 y 17 años. La decisión es sólo de ellas, pero al menos uno de los representantes legales deberá ser informado, salvo que la chica demuestre que podría tener un conflicto grave.

Artífice del éxito de la radio episcopal

EL MUNDO

Tanto por la capilla ardiente como por los micrófonos de la Cope desfilaron ayer numerosos profesionales de la radio y de la jerarquía eclesiástica, para rezar por el eterno descanso del presidente de honor de la cadena de emisoras, don Bernardo Herráez Rubio, muerto el domingo en Madrid a los 80 años de edad. El denominador común de las alabanzas al sacerdote fallecido giró en torno a su calidad humana e intelectual y a su fidelidad y lealtad a la Iglesia. No es una necrológica desdeñable para un sacerdote que vivió enteramente su vocación por encima de aventuras colaterales que se le vinieron encima.

El Padre José Luis Gago, primer director general de la cadena, y el que sin duda mejor le conocía, ha dicho del fallecido que era «un crack» de la Cope, «un bloque de granito abulense, muy inteligente, muy listo, muy hábil y humilde».

Sería la primera vez que a don Bernardo le llamaban crack. Porque en la distancia media era, por naturaleza y por estilo de vida, la contrafigura del protagonista. El P. Gago, sin embargo, sabe lo que se dice. Don Bernardo tenía la audacia que se atribuye a los tímidos y, de algún modo, era un personaje contradictorio. Sacerdote cien por cien, además de la carrera eclesiástica se licenció en Ciencias Biológicas, que no parecen a priori los estudios más adecuados para dedicar la mitad de su vida a la especialidad financiera. Ya el hecho de ser el cura de los dineros era un exotismo.

Todos en la casa le llamaban «don Bernardo». Llamar así al gran jefe suele ser indicativo de autoridad moral. Cuando, como en este caso, a la autoridad moral se unía la económica, el personal veía al personaje con un aura de poder. En la distancia corta se humanizaba.

No se le veía apenas fuera del despacho y nunca en reuniones sociales. Su sitio natural era el lugar de trabajo, y su conducta exterior reflejaba sobriedad y entrega a una labor abnegada.

La Cope fue al principio un grupo de emisoras parroquiales. El objetivo era hacer de las ondas un púlpito. Cumplía con una función social que se reclamaba. En un momento determinado, se vio que de esa manera no llegaba al gran público y para conseguir este propósito había que transformarla en una radio generalista, con su propio estilo.

Fue una apuesta audaz para la que no sirven los tibios. Don Bernardo podría vaticinar que las nuevas características de la programación le traerían tantos parabienes como dolores de cabeza. ¿Un nuevo modelo en las ondas episcopales? Algunos oyentes veían detrás de todos los comentarios las mitras de los obispos. Las dificultades vinieron de todas partes: del Gobierno, de la oposición, de los incrédulos, de los creyentes… Había algún ferviente católico-periodista que no entendía que la Cope no se hiciera por fervientes católicos-periodistas. Se ve que no conocían el consejo del cardenal Herrera Oria, al fundar el Ya: «primero, que sea un periódico: luego, que sea católico». Recuerdo que el cardenal Ángel Suquía me comentaba, en sus años de presidente de la Conferencia Episcopal Española, que no era fácil encontrar grandes comunicadores que fueran afines al ideario de la Cope ni al revés. El hecho de ser católico no convierte a un periodista en perito en radio ipso facto.

De la mano de don Bernando llegó a la radio de los obispos un quinteto bravucón llamado a dejar rayas hechas. Estaba formado por Jiménez Losantos, Antonio Herrero, Luis Herrero, José María García y José Apezarena. Venían escaldados por el antenicidio y con ganas de perorar en libertad. Así lo hicieron y así lo reconocen ellos mismos. Cuando García, fichado para dirigir la información deportiva, entró por primera vez en la redacción, señaló con su dedito un despacho y dijo: «Este». Este despacho quería y este despacho se le dio, el que pertenecía al entonces director de los servicios informativos, Rafael Ortega. Los nuevos comunicadores fueron un imán para la publicidad. Aquellos años de mayor bonanza económica en la Cope tuvieron sabor agridulce: entraba dinero a espuertas a costa de algún desmán en sus contenidos.

Para don Bernardo, el saneamiento de la empresa fue su gran reto, sobre todo después de sentir la espina del hundimiento del diario Ya, vinculado también a los obispos.

Cuando a don Bernardo le nombraron presidente de honor, que es la forma clásica de una elegante retirada, se sabía que con su salida acababa una controvertida época de la emisora. Salieron después Losantos, Herrero, Vidal y compañía. La crisis económica también se ensañó con la empresa, un fenómeno que llega a todos los medios.

Sin embargo, la radio es un poderoso reclamo cuando, con buenas artes, se convierte en arma de guerra, cuando crepita, ruge, disiente, discute, cuando, en suma, refleja al oyente el sonido de la vida.

Sin don Bernardo, la Cope -tal cual es- no existiría. Los grandes cimientos ya están puestos. Buenos y sacrificados profesionales no faltan. Se necesita sólo que los nuevos gestores se crezcan en la dificultades. Es un desafío, ciertamente.

Bernardo Herráez Rubio, presidente de honor de la Cope, nació el 1 de abril de 1930 en Gamonal de la Sierra (Ávila) y falleció el 18 de abril de 2010 en Madrid.

Jordi Savall afronta en Madrid la ‘Misa en si menor’ de Bach

EL PAÍS

Jordi Savall lleva 15 años trabajando en una de las piezas fundamentales de Bach, Misa en si menor, una gran obra coral del compositor barroco y una de las joyas de la historia de la música religiosa. Savall dirigirá hoy en el Auditorio Nacional a La Capella Reial de Catalunya – Le Concert des Nations, en una obra interpretada desde nuevas perspectivas. “La pieza forma parte del testamento musical del compositor y resume su filosofía. Este es un concierto de las naciones con la voluntad de acercar dos generaciones: una más próxima a la mía y con mucha experiencia y otra con gente joven y mucho talento profesional con conocimiento de la música antigua”. En el concierto, organizado por Juventudes Musicales de Madrid, participan 25 músicos y 27 cantantes con los que se consigue el equilibrio perfecto, según el director catalán. “Nuestra versión adapta el concepto vocal a cada momento preciso de la tradición. Hemos tratado de dar al texto de la obra su verdadera dimensión dramática propia del lenguaje barroco”.

Savall, un arqueólogo de la música que tarda varios años en preparar un disco o en sacar adelante algunos de sus proyectos, realizó en 2009 las audiciones para elegir a los cantantes que participarían en esta obra. “Siempre evolucionas en los sonidos y en el conocimiento. No es lo mismo interpretarla en una iglesia o en un auditorio”.

El director, musicólogo y violagambista persigue en esa búsqueda infinita de la perfección encontrar el sentido de la música a través del texto. “Bach pinta el tema y mi trabajo es tratar de interpretarlo”. Savall considera Misa en si menor “una de las obras más increíbles que se han compuesto. Es una de las más complejas escritas por un compositor porque aborda todos los estilos de forma precisa. Creo que es una utopía porque es una música católica compuesta por un luterano. Requiere una maestría y conocimiento instrumental excepcionales”.

Internacional

1950 años del naufragio de san Pablo en Malta: “Los naufragios de la vida forman parte del proyecto de Dios”

Forumlibertas.com

El Papa festeja en el país insular la “gran figura del apóstol de las gentes”; Benedicto XVI rezó con un grupo de víctimas de abusos por parte de sacerdotes

“Del naufragio [de san Pablo], surgió para Malta la suerte de tener la fe; de este modo podemos pensar también nosotros que los naufragios de la vida forman parte del proyecto de Dios para nosotros y pueden ser útiles para nuevos inicios de nuestra vida”, así se manifestó el Papa Benedicto XVI en el avión a los periodistas camino de su viaje a Malta que ha concluido este domingo, 19 de abril. Las palabras del Papa parecen una guía en su firme liderazgo de la Iglesia ahora que los casos de abusos sexuales destapados recientemente han provocado numerosos y desmedidos ataques al Vaticano.

“Ha concluido el Año Paulino de la Iglesia universal –explicó Benedicto XVI-, pero Malta festeja 1950 años de su naufragio y ésta es para mí una ocasión para subrayar una vez más la gran figura del apóstol de las gentes, con su mensaje importante, precisamente para hoy. Creo que puede sintetizarse la esencia de su viaje con las palabras que él mismo resumió al final de la Carta a los Gálatas: ‘la fe opera en la caridad’”.

El Santo Padre se dirigió en la misa del domingo a los malteses instándoles a conservar la fe que llegó a la isla con san Pablo, y que, afirmó, “fue el mayor de todos los dones que han llegado a estas costas a través de la historia de sus gentes”.

Ante los miles de personas congregadas en la gran plaza Granai de Floriana, el Papa recordó el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, proclamado poco antes, que narra el dramático naufragio de Pablo en las costas de Malta.

“La tripulación del barco, para salir del apuro, se vio obligada a tirar por la borda el cargamento, los aparejos e incluso el trigo, que era su único sustento. Pablo les exhortó a poner su confianza sólo en Dios, mientras la nave era zarandeada por las olas”, explicó el Papa.

“También nosotros debemos poner nuestra confianza sólo en Dios. Nos sentimos tentados por la idea de que la avanzada tecnología de hoy puede responder a todas nuestras necesidades y nos salva de todos los peligros que nos acechan. Pero no es así”.

“En cada momento de nuestras vidas dependemos completamente de Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos. Sólo él nos puede proteger del mal, sólo él puede guiarnos a través de las tormentas de la vida, sólo él puede llevarnos a un lugar seguro, como lo hizo con Pablo y sus compañeros a la deriva ante las costas de Malta”, afirmó el Papa.

El Papa se encuentra con las víctimas de abusos de sacerdotes

El Papa Benedicto XVI mantuvo un encuentro, este domingo, con algunas víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos en Malta.

Así lo informó un comunicado difundido por la Santa Sede, en el que se aborda el encuentro del Papa, en la Nunciatura Apostólica de Malta con “un pequeño grupo de personas que han sufrido abusos sexuales por parte de miembros del clero”.

El Papa, subraya la nota, “quedó profundamente impresionado por sus historias y expresó su vergüenza y su dolor por lo que las víctimas y sus familias han sufrido”.

“Rezó con ellos y les aseguró que la Iglesia está haciendo, y seguirá haciendo, todo lo que esté en su poder para indagar sobre las declaraciones, llevar ante la justicia a los responsables de los abusos e implementar medidas eficaces dirigidas a salvaguardar a los jóvenes en el futuro”.

El pasado 13 de abril, el mismo arzobispo de Malta y presidente de la Conferencia Episcopal maltesa, monseñor Paul Cremona, se había encontrado de forma privada con un grupo de víctimas de abusos sexuales.

Proteger la identidad cristiana

“Nunca dejéis que vuestra verdadera identidad se vea comprometida por el indiferentismo o el relativismo”, ha sentenciado el Papa Benedicto XVI al despedirse de los malteses una vez concluido la visita pastoral que ha durado 27 horas.

“Sed dignos hijos e hijas de san Pablo”, exhortó el Santo Padre en su último discurso. Del Apóstol, náufrago en la isla hace 1950 años, procede la identidad espiritual de los malteses: “Sed profundamente conscientes” de ella –les invitó el pontífice-, “sed ejemplo de vida cristiana”, “sentíos orgullosos de vuestra vocación cristiana”, “mirad al futuro con esperanza”, “con reverencia por la vida humana y gran estima por el matrimonio y la integridad de la familia”.

De sargento a ‘pastor’ en la selva colombiana

EL MUNDO

Cada vez que un avión sobrevolaba su guarida, aunque fuera a gran altura, los guerrilleros desenfundaban sus armas, cada uno cogía a uno de los seis rehenes y les apuntaban a la sien. El mensaje era claro. Les matarían en caso de intento de rescate. Y las fugas eran una quimera. No sólo los mismos terroristas hacían brujerías para que a los fugitivos se les pudrieran las piernas, en un intento baldío por asustarlos, sino que les tenían encadenados y bajo estrecha vigilancia a toda hora.

Tanto que debían pedir permiso hasta para darse la vuelta por las noches en el camastro. Si al guerrillero de guardia no le apetecía concedérselo, debían intentar conciliar el sueño en la postura incómoda. Tampoco les permitían siempre ir a la letrina ni le pasaban una vasija para que hicieran sus necesidades cuando les mandaban a sus cobijos a dormir. Ni siquiera tenían la consideración de aflojarles los grilletes si les apretaban mucho y las piernas se les ponían negras.

Durante varios meses, el sargento Pablo Emilio Moncayo caminó cojeando, apoyado en unas muletas, cargando su pesada mochila durante extenuantes caminatas. Tenía una herida honda en la planta del pie -que se hizo al clavarse una estaca-, una pierna hinchada por la cadena y una costilla rota en una caída. Prefería soportar los terribles dolores a solicitar la ayuda de sus carceleros.

Sus cinco compañeros de calvario -algunos de los cuales, como el sargento Libio Martínez, permanecieron con él desde el principio- no podían echar una mano. Enfermos, agotados, debían sobrellevar su propio infierno.

Durante los 12 años, tres meses y nueve días que permaneció en los campos de concentración que las FARC esconden en las selvas más inhóspitas, Moncayo mantuvo sus ganas de vivir gracias a los mensajes de radio que le mandaba su familia, que él escuchaba durante días como un inagotable dulce; gracias a las ganas de conocer a su hermana Laura, nacida durante su cautiverio; a la fraternidad inquebrantable que estableció con los otros rehenes; a su apego a la Biblia y al afán por estudiar una carrera y cultivar la afición adquirida a la literatura. Leyó clásicos como Oscar Wilde; memorizó varios poemas de Gustavo Adolfo Bécquer, su favorito, cuyos libros la guerrilla les llevaba de vez en cuando; escribió poesía y se aprendió al derecho y al revés la Biblia. Su espiritualidad y los consejos que repartía tanto entre cautivos como terroristas, que también buscaban escuchar por su boca el consuelo que Moncayo encontraba en la religión, le hicieron ganarse el apodo de El Pastor.

Pese a las incontables torturas y humillaciones padecidas -algunas tan terribles que él asegura que no podríamos alcanzar a entender aunque las relatara, algo que sólo hará en la intimidad de su familia el día que haya logrado superarlas- el sargento regresó «lúcido, centrado y equilibrado», en palabras de su madre. «Es como yo le adivinaba en los últimos vídeos que envió la guerrilla», añadió Estela, profesora de Literatura: «Uno no gana ni pierde del todo si sabe aprovechar el tiempo».

En su ausencia, en Sandoná -pequeña población agrícola de Nariño, al oeste de Colombia, enclavada en la impresionante Cordillera andina, donde nació y creció el sargento- pasaron cuatro alcaldes y llegó algún progreso. Al suboficial, liberado el pasado 30 de marzo, le llamó la atención el elevado número de edificaciones. Pero apenas ha paseado, porque prefiere pasar el día en su casa, con Laura, de cinco años.

Hasta su regreso, a la pequeña le encantaba jugar a secuestrados y guerrilla. Sorteaba con otro niño quién encarnaba al rehén y quién al carcelero, y a los demás amiguitos les obligaba a exigir a las FARC pruebas de vida. Ahora Estela espera que los críos olviden la guerra y el hogar sombrío, triste, en el que crecieron aguardando al cautivo y que la familia recupere la normalidad perdida.

El Vaticano instruye a sus curas: “Estamos con las víctimas”

EL PAÍS

Tras semanas de anuncios verbales y consignas oficiosas, el Vaticano se comprometió ayer, en un documento oficial, a entregar a la justicia penal a los sospechosos de abusos sexuales a menores y expresó su voluntad de reparar a las víctimas. “Sobre todo, estamos de parte de las víctimas, y queremos apoyarlas en su recuperación y en sus derechos ofendidos”, escribe en una carta enviada a todos los sacerdotes del mundo -470.000 en 2009- el prefecto de la Congregación para el Clero, Cláudio Hummes, elegido por Ratzinger para sustituir al cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos.

Tras semanas de anuncios verbales y consignas oficiosas, el Vaticano se comprometió ayer, en un documento oficial, a entregar a la justicia penal a los sospechosos de abusos sexuales a menores y expresó su voluntad de reparar a las víctimas. “Sobre todo, estamos de parte de las víctimas, y queremos apoyarlas en su recuperación y en sus derechos ofendidos”, escribe en una carta enviada a todos los sacerdotes del mundo -470.000 en 2009- el prefecto de la Congregación para el Clero, Cláudio Hummes, elegido por Ratzinger para sustituir al cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos.

La misiva, fechada el 12 de abril, fue dada a conocer ayer, día del quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI. “Es verdad que algunos presbíteros (pero proporcionalmente muy pocos) han cometido horribles y gravísimos delitos de abusos sexuales contra menores, hechos que debemos rechazar y condenar en modo absoluto e intransigente”, escribe Hummes. Los culpables, añade, “deberán responder ante Dios y ante los tribunales, también ante los civiles (…). La Iglesia está decidida a no esconder y a no minimizar tales crímenes”.

La consigna llega en un momento crítico, cuando el Papa se siente doblemente asediado. Por un lado, por la “hostilidad de los medios”, según dijo el domingo antes de dejar Malta; por otro, a causa de la deslealtad de destacados miembros de la Curia, que aplaudieron el elogio del encubrimiento de la pederastia pronunciado por Castrillón Hoyos solo 24 horas después de haber sido oficialmente desautorizado por la Santa Sede.

El Papa no se siente solo

Hummes invita a todos los sacerdotes a acudir para manifestar su solidaridad al Papa. “Se ha demostrado que nadie ha hecho tanto como Benedicto XVI para condenar y combatir correctamente tales crímenes”, afirma en lo que parece una crítica a Juan Pablo II. Y alerta contra el peligro de generalizar: “Los delitos de algunos no pueden usarse en modo tal que ensucien el entero cuerpo eclesial de los presbíteros”.

El documento se ha dado a conocer un día después de que Ratzinger prometiera en Malta a ocho víctimas de abusos que la Iglesia “hará todo cuanto esté en su poder para investigar las denuncias y llevar a los responsables a la justicia”. Ayer, los 46 miembros del Colegio cardenalicio que viven en Roma le ofrecieron un almuerzo para conmemorar sus cinco años de papado. Según L’Osservatore Romano, Ratzinger les dijo que no se siente solo, aunque matizó: “La Iglesia está herida y es pecadora”.

“¡Habemus Papam! ¡Habemus Papam!”

ABC

«Acceptáste electiónem de te canónice factam de Summum Pontificem?». La pregunta del cardenal vicedecano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano, sonó con fuerza entre las cuatro paredes de la Capilla Sixtina, donde se habían encerrado los 115 cardenales electores tras la muerte de Karol Wojtyla. Joseph Ratzinger, el teólogo que no quería ir a Roma, que quería retirarse para abordar con más calma la reflexión teológica y la enseñanza, y al que Juan Pablo II retuvo a su lado durante 23 años sin dejarle marchar, aceptó su elección y asumió, en ese mismo momento, la enorme carga de la herencia dejada por el Papa polaco.

«Quo nómine vis vocári?», preguntó entonces el vicedecano. «Vocábor… Benedicto XVI», respondió.

Ocurría el 20 de abril de 2005, en un preciso ritual que se ha repetido durante siglos en el Vaticano, tras la muerte de un Papa, los días de Sede Vacante y las jornadas electorales del Cónclave, que en aquella ocasión lograron el milagro de superar dos tercios de los votos al cuarto escrutinio. «El Cónclave más abierto de los últimos cien años», comentaba ABC.

El Maestro de Ceremonia Pontificias, el arzobispo Piero Marini, tomó después el acta notarial de la aceptación de Ratzinger: el hijo de María la cocinera y Joseph el policía, pasaba a ser, a todos los efectos, el nuevo Obispo de Roma, el nuevo Pastor de la Iglesia Universal, el «centinela insomne de Dios» en la Tierra.

Cien mil fieles aguantaban en la plaza de San Pedro, «en un espectáculo incalculablemente hermoso», la aparición de su nuevo Pastor. Y junto a ellos, varios enviados especiales de ABC, que daban fe de la tensión entre los feligreses y el histórico momento que estaban viviendo.

«El tiempo se detiene en San Pedro. Y en todo el mundo –escribía desde la plaza Jesús Bastante–. De la fallona chimenea situada sobre la Capilla Sixtina (que ya por la mañana había dibujado un panorama incierto, por dos veces, sobre el resultado de las votaciones) comienza a salir humo blanco. Inmediatamente, los aledaños de la basílica se llenan de gente. Durante cinco minutos, dudas, carreras, llamadas, gritos… se suceden sin parar entre los periodistas, los fieles y los propios servicios de seguridad. Niños, ancianos, hombres y mujeres de distintos países, hablando distintas lenguas, en una suerte de Torre de Babel que busca una respuesta: “¿Qué es lo que ha pasado? ¿De qué color es el humo?”».

Juan Manuel de Prada describió así el momento: «Es un humo al principio un poco chaquetero, que no acaba de decantar su color; pero la hora intempestiva invita a pensar que se trata de una fumata blanca. Para disipar las dudas, un nubarrón cetrino proyecta su sombra sobre la Plaza de San Pedro; ahora el humo adopta una tonalidad decididamente cándida. Un clamor que empieza siendo el rugido de un león que se despereza para convertirse enseguida en una algarabía de júbilo se apodera de las gargantas de los presentes. “¡Habemus Papam! ¡Habemus Papam!”, exclama la multitud».

«No creo que vayan a elegir a un Papa alemán»«Con toda seguridad no será elegido», «hoy en día no se confían tareas de ese peso y responsabilidad a personas de su edad», «no creo que vayan a elegir a un Papa alemán» o «no tiene ninguna posibilidad» eran algunas de las opiniones vertidas, poco antes, por el entorno del cardenal de Munich. Se equivocaron.

A las 18.43 exactamente, se abrieron las ventanas del balcón de las bendiciones de la Basílica de San Pedro y el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Estévez saludó a la multitud, por primera vez en la historia, en italiano, español, francés, inglés y alemán.

Y entonces llegó el momento que el mundo estero esperaba: «Annuntio vobisgaudium magnum: Habemus Papam! Eminentissimus ac Reverendisimum Dominum, Dominum Joseph», y las cien mil almas allí congregadas rompieron el silencio ceremonioso con una alegría desbordante: «¡Ratzinger, Ratzinger, Ratzinger!»… que aparece segundos después, ante los ojos del mundo entero, ya, para siempre, como Benedicto XVI.

Benedicto XVI, el “Papa de la paz” que inspiró a Ratzinger

ABC

Cuando es elegido un nuevo Papa, un dato representativo de los propósitos que persigue el nuevo Pontífice suele ser el nombre que escoge. En este sentido, Ratzinger lo tenía claro: «He querido llamarme Benedicto XVI para relacionarme idealmente al venerado pontífice Benedicto XV, que ha guiado a la Iglesia en un periodo atormentado por el primer conflicto mundial. Fue valiente y auténtico profeta de paz y actuó con extrema valentía desde el inicio, para evitar el drama de la guerra y después al limitar las nefastas consecuencias».

Cuando muchos esperaban que hubiese elegido Juan Pablo III –al fin y al cabo fue el ideólogo de guardia de Karol Wojtyla–, Ratzinger se decantó por reavivar la estela de aquel otro Benedicto, conocido como el «Papa de la paz».

¿Quién fue aquel genovés en el que se inspiró el Papa alemán? Giacomo della Chiesa era su nombre de nacimiento, y pertenecía a una familia que, desde el siglo XVI, pertenecía al patriciado de la ciudad italiana. Tuvo que suceder a Pio X, muerto tres semanas antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, en 1914.

Todo el papado de Benedicto XV, hasta su fallecimiento en 1922, estuvo marcado, pues, por aquella gran catástrofe de la Humanidad: «En la hora roja, en la hora en que la guerra inició su tarea de exterminio, falleció Su Santidad Pio X. Como nunca y más que nunca necesitaba el mundo un Pontífice que moviese los ánimos hacia la compasión, hacia la misericordia; un diplomático que fuese precursor y preparador del advenimiento de la paz». Ese fue Benedicto XV y así lo describió ABC el día de su muerte, al igual que estuvo presente en todos los momentos importantes en el vida della Chiesa.

Tras organizar la Curia, Benedicto XV se consagró con todo su espíritu en el problema de la guerra, fijándose tres objetivos: neutralidad, ayuda a las víctimas e iniciativas de paz.

En el mismo 1914, nada más iniciar su Pontificado, sacó su encíclica «Ad beatissimi Apostolorum», donde analizaba las causas de la Primera Guerra Mundial y proclamaba una neutralidad convencida que disgustó a los dos bandos, los cuales habían pretendido, sin éxito, que el Papa condenara a su adversario. Benedicto XV se mantuvo en su propósito de llamar a la concordia y a la reconciliación a todos por igual.

Casi al final de la guerra, en 1917, promulgó la exhortación apostólica «Dès le debut», que era una llamada urgente para que pusieran fin a «aquella inútil masacre» y todo un programa doctrinal de cara a un posible armisticio. Y en 1920, con «Pacem, Dei munus pulcherrimum», proponía unas bases para que una guerra tan devastadora como aquella no se volviera a producir.

«Por él tuvieron mejor trato los prisiones; por él alcanzaron libertad los heridos graves y los inválidos; por él halló favor el católico pueblo belga; por el hubo pan en muchos hogares», contaba ABC en 1922, añadiendo, además, que, «al final de la guerra, cuando el hambre llevó a la desesperación y la locura a los países destrozados en la lucha, alzose la voz de Su Santidad implorando una limosna para los niños de Austria, de Austria creyente, y también para los infelices rusos, trastornados por vesanias soviéticas».

Sin embargo, al final el conflicto, los vencedores, en cumplimiento de la promesa hecha a los italianos en 1915 para convencerlos de que combatieron a su lado, excluyeron al Papado de las conferencias de paz y se limitaron, únicamente, a elogiar los servicios prestados por Benedicto XV, quien calificó los artículos del tratado como «de guerra y no de paz».

«Cuando serenamente se escriba la historia del glorioso Pontificado de Benedicto XV –concluía ABC el día de su muerte– será de justicia reconocer el mérito de la misión silenciosa y abnegada del jefe de la Iglesia; misión en la cual el mundo, estupefacto por el horror de la guerra, no ha fijado la debida atención».

Opinión

Poner a Dios cercano

ABC / Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei

Se cumplen ahora cinco años de la elección del Cardenal Joseph Ratzinger como sucesor de San Pedro al frente de la Iglesia Católica. El 2 de abril de 2005 había fallecido Juan Pablo II. Las televisiones efectuaron un despliegue informativo sin precedentes. Y en medio de aquel clima de conmoción y de cariño hacia el Pontífice difunto, que aleteaba todavía por las calles de Roma, el 19 de abril de 2005 vimos por vez primera la figura amable del nuevo Papa en el balcón central de la Basílica de San Pedro.

Entre los motivos de reconocimiento a Benedicto XVI, quisiera resaltar su acción constante por dar a conocer al Dios cercano. Esta expresión -tomada del título de un libro del Cardenal Ratzinger sobre la Eucaristía- es también un modo afectuoso de hablar del Creador, que la fe nos muestra amoroso y próximo, interesado por la suerte de sus criaturas, como afirmaba un santo de nuestros días. En efecto, San Josemaría recordaba con frecuencia que, en medio del ajetreo cotidiano, a veces «vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando» (Camino, 267).

Dios, que no se halla sujeto al tiempo, asume el tiempo en Jesucristo y se entrega a la humanidad. Como recuerda a menudo el Papa, Dios se ha hecho hombre para que nosotros pudiéramos más fácilmente acogerlo y amarlo. Y, a lo largo de estos años, ha mostrado de modo incisivo, incansablemente, que Dios es Amor y que no se comienza a ser cristiano como fruto de una decisión ética o de una gran idea, sino por el encuentro con una Persona -Jesús de Nazaret- que abre un nuevo horizonte a la vida (Deus Caritas est, 1). En un mundo en el que Dios podría aparecer ausente o alejado, desentendido de los hombres, la catequesis del Papa lo acerca a la vida cotidiana, al caminar del hombre y la mujer del siglo XXI.

La tarea apostólica del cristiano consiste precisamente en ayudar a los demás a conocer a Jesús en medio de su existencia ordinaria, para que encuentren a Dios y hablen con Él en todo momento -no sólo en las circunstancias dolorosas-, conjugando un «Tú» y un «yo» llenos de sentido. Un «Tú» que, para los católicos, adquiere su máximo trato en el sacramento de la Eucaristía, fuente de la vida de la Iglesia.

Para quien se esfuerza en «vivir» la Santa Misa, cualquier actividad humana noble puede adquirir -por decirlo así- una dimensión litúrgica, precisamente por esa unión al Sacrificio de Cristo. Con este horizonte, las tareas familiares, profesionales y sociales que ocupan la mayor parte de la jornada de un ciudadano no le apartan del Señor; al contrario, las incidencias, las relaciones y los problemas que esas actividades llevan consigo pueden alimentar su oración. Apoyados en la gracia, hasta la experiencia de la debilidad, los contratiempos, el cansancio que conlleva todo esfuerzo humano, nos hacen más realistas, más humildes, más comprensivos, más hermanos de los demás. Y cualquier posible éxito y alegría, para quien camina al paso de Dios, es ocasión para dar gracias y recordar que hemos de estar siempre a su servicio y al de nuestros hermanos. Vivir en esa amistad con Dios -recuerda Benedicto XVI en su última encíclica- es el modo de transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (cfr. Ez 36, 26), haciendo la vida terrena más «divina» y, por tanto, más digna del hombre (Caritas in veritate, 79).

Jesús recorre los caminos de Palestina y advierte enseguida el dolor de sus contemporáneos. Por eso, cuando se conoce y ama al «Dios cercano», el cristiano no permanece indiferente ante la suerte de los demás. Es el «círculo virtuoso» de la caridad: la cercanía de Dios alimenta la cercanía con los hombres, provoca «la disponibilidad con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa» (Caritas in veritate, 78).

Al contrario, la lejanía de Dios, la indiferencia hacia el Creador, conduce antes o después a desconocer los valores humanos, que pierden entonces su fundamento. «La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos» (Ibidem).

¿Cómo concibe Benedicto XVI su misión de cabeza de la Iglesia universal? En la Misa de comienzo del Pontificado, explicaba que la tarea del Pastor podría parecer gravosa, pero en realidad se alza como una tarea «gozosa y grande, porque es un servicio a la alegría de Dios, que quiere hacer su entrada en el mundo». En aquella misma ocasión afirmaba que «nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo», y «nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él» (Homilía, 24-IV-2005). Así entiende su misión el Papa: comunicar a los demás la alegría que procede de Dios. Suscitar en el mundo un nuevo dinamismo de compromiso en la respuesta humana al amor de Dios.

En estos cinco años de pontificado, no le han faltado al Papa ataques provocados por quienes están empeñados en arrojar al Creador del horizonte de la sociedad de los hombres; tampoco han estado ausentes los sufrimientos ante la incoherencia y los pecados de algunas personas llamadas a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» (Mt 5, 14-16). Nada de eso ha de extrañarnos, pues las dificultades forman parte del itinerario normal del cristiano, ya que no es el discípulo más que su maestro, como anunció Jesucristo: «Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15, 20). Al mismo tiempo, no olvidemos lo que añadió el Señor: «Si han guardado mi doctrina, también guardarán la vuestra» (Ibidem).

Aquí reside el optimismo indestructible del cristiano, alentado por el Espíritu Santo, que no desampara nunca a la Iglesia. Historia docet: ¡cuántas veces, en el curso de veinte siglos, se han alzado voces agoreras, anunciando el fin de la Iglesia de Cristo! Sin embargo, a impulsos del Paráclito, superadas las pruebas, se ha mostrado luego más joven y más bella, más llena de energías para conducir a los hombres por las sendas de la salvación. Lo hemos visto en estos años: la autoridad moral e intelectual del Papa, su proximidad e interés por los que sufren, su firmeza en la defensa de la Verdad y del Bien, siempre con caridad, ha fortalecido a hombres y mujeres de todas las creencias. El Romano Pontífice sigue siendo un foco que ilumina las intrincadas vicisitudes terrenas.

En el cumplimiento de mi tarea episcopal, millares de personas de buena voluntad -católicos y no católicos, también numerosos no cristianos- me han confiado que las respuestas sólidas y esperanzadoras de Benedicto XVI ante los diversos dramas de la Humanidad han supuesto para ellos una confirmación en el Evangelio, o un motivo de acercamiento a la Iglesia y, sobre todo, un renovado interés por aproximarse al «Dios cercano» que el Papa proclama. Somos muchos los que nos sentimos diariamente enriquecidos por este anuncio alegre de Benedicto XVI, sazonado por la luz de la fe, expuesto con todos los recursos de la inteligencia, con un lenguaje cristalino y con el testimonio de su relación personal con Jesucristo. Que el Señor nos los conserve por muchos años como guía de la Iglesia, para bien de la Humanidad entera.

Un auténtico creyente

ABC / Luis del Olmo

Le llamábamos don Bernardo y, de verdad merecía ese don. Lo tenía, sí, tenía el don de comprender las exigencias de la radio. Más que el hombre de los obispos en la COPE, fue el hombre COPE en la Conferencia Episcopal. Defendió la línea popular de una cadena radiofónica que lleva esa acepción en sus propias siglas, y propugnó una radio popular en vez de una radio clerical. Una radio popular de inspiración cristiana, en el sentido más evangélico del término, porque creía a pie juntillas en una máxima que preside desde hace mucho tiempo el estudio sonoro de «Protagonistas». La verdad os hará libres. Gracias a su esfuerzo, a su entusiasta dedicación y a su entrega, la COPE subió a lo más alto, y gracias a su poder de mediación y su buen hacer entre bastidores, supo convencer a muchos recalcitrantes que aún soñaban con unas emisoras que estuviesen todo el santo día rezando el rosario. Gracias a la COPE que impulsó don Bernardo surgió una nueva forma de comunicar en España, se abrieron nuevas puertas a la libertad, precisamente a esa libertad que es consecuencia directa de la verdad. Más allá de su religión, don Bernardo fue un auténtico creyente en la verdad de la radio.

Cinco años de Benedicto XVI

ABC / Editorial

El quinto aniversario de la proclamación de Benedicto XVI es buen momento para hacer balance sobre un pontificado que se desarrolla en circunstancias particularmente complejas para la Iglesia. El cardenal Joseph Ratzinger sucedió a un Papa excepcional, Juan Pablo II, de quien fue estrecho colaborador. En contra de algunas opiniones interesadas, el Papa actual ha sabido desarrollar un proyecto propio basado -entre otros elementos- en el protagonismo de los católicos en la vida pública, la dimensión ecuménica de la Iglesia y el diálogo entre la fe y la razón, a partir de sus reconocidas cualidades como teólogo y filósofo del máximo nivel. Benedicto XVI está muy lejos también de la etiqueta de «ultraconservador» que algunos pretenden colocarle como una descalificación absoluta. Muy al contrario, sus encíclicas y discursos, así como las líneas generales de su actuación, ofrecen una visión novedosa para adaptar el mensaje de Cristo a la realidad del mundo contemporáneo, siempre desde una mentalidad abierta para interpretar los desafíos de nuestro tiempo desde principios éticos inequívocos. El Papa sabe que el relativismo moral es un mal que es necesario combatir con el máximo rigor intelectual y con un profundo sentido de la verdad universal que proclama la Iglesia.

Como es notorio, los casos de pedofilia que afectan a sacerdotes en diversos países plantean un problema especialmente grave. Benedicto XVI ha reaccionado con valentía y con transparencia, por mucho que ciertos sectores intenten buscar pretextos para justificar su sectarismo ideológico. El Papa asume la responsabilidad de la Iglesia y es patente su compromiso -reiterado el domingo en Malta- de llevar a los responsables ante la Justicia ordinaria. Es ahora imprescindible que estos planteamientos se traduzcan de inmediato en hechos concretos, lo que supondrá un resarcimiento moral para las víctimas y permitirá a la Iglesia contribuir a que los culpables sean juzgados por sus actos. En todo caso, la campaña injusta de difamación y generalización de la culpa de unos pocos no debe hacer mella en la firmeza de la Iglesia para la defensa de su posición en un mundo que necesita más que nunca una orientación moral. Cinco años después, el balance es en todo caso muy positivo.

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