14 de junio de 2010

Nacional

Más de 18.000 fieles asisten en Jaén a la beatificación del laico «Lolo»

La Razón

Como suele suceder en los actos religiosos celebrados al aire libre, ayer por la tarde en la ciudad jienense de Linares, la lluvia dejó de caer justo en el momento preciso, cuando se beatificaba al periodista laico Manuel Lozano (Linares, 1920-1971), popularmente conocido como «Lolo». Frente al debate que se planea en la actualidad sobre la eutanasia, especialmente en Andalucía, con su reciente Ley de Muerte Digna, la vida del nuevo beato constituye un ejemplo en su tierra y en toda España de lucha por la vida, ya que, como cuentan todos los que le conocieron, aceptó con esperanza y «siempre con una sonrisa» la parálisis progresiva que le sentó en una silla de ruedas a los 22 años, y la ceguera que le sobrevino nueve años antes de morir.

El prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Angelo Amato, que presidió la ceremonia, destacó de «Lolo» que a pesar de «tener los miembros entumecidos, se movía ágilmente con el corazón y la mente». «Su cuerpo se convirtió en un amasijo retorcido de huesos doloridos, pero nunca se quejó ni habló de sí mismo. Cuando pierde el movimiento de la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda, cuando también la izquierda se paraliza, dicta a un magnetófono y así se convierte en escritor y periodista incansable desde su silla de ruedas», relató Amato.

En la ceremonia se encontraban las dos hermanas con vida de «Lolo». Una de ellas, Luci, fue la que le atendió en su enfermedad, sin embargo, cuenta que pudo disfrutar siempre de cuidar a su hermano ya que jamás se quejaba, a pesar de que sufría unos dolores «extremos».

Fue precisamente en medio de su parálisis, cuando la producción de «Lolo» se hizo más fecunda, ya que escribió nueve libros, cuentos, poesías, ensayos y más de 400 artículos en medios locales y nacionales, además de ganar distintos premios y fundar la Asociación «Sinaí», compuesta por enfermos que ofrecían sus oraciones y sufrimientos por la Prensa.

El momento más emocionante de la ceremonia llegó con la lectura de la carta de Benedicto XVI, por la que «Lolo» era proclamado beato entre los aplausos de los más de 18.000 fieles presentes, según la agencia Efe, y de una veintena de obispos, entre los que se encontraba el obispo de Jaén, Ramón del Hoyo, y el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Mª Rouco Varela. Tras esto, los restos mortales del periodista fueron procesionados en una urna al tiempo que se lanzaban al cielo globos con los colores de la bandera del Vaticano, el blanco y el amarillo, y que contenían mensajes de la obra del nuevo beato. El esfuerzo de la Asociación de Amigos de Lolo, que inició la causa de beatificación hace 14 años, se veía así recompensado.

El milagro: la curación de un niño

Para ser proclamado beato se necesita un milagro. El que ha llevado a «Lolo» a los altares es la curación de un niño de dos años que, tras ser operado dos veces de apendicitis, sufrió una septicemia gravísima, una infección que lo puso en inminente peligro de muerte. La familia invocó al periodista en aquellos días de tanta gravedad y colocaron bajo la almohada del niño el crucifijo que «Lolo» llevaba siempre consigo y que sujetaba en sus manos en el momento de su muerte. 17 médicos han intervenido en el estudio de la curación y la han calificado como «inexplicable». Hoy, ese niño milagro es un conocido árbitro internacional de tenis.

“Zapatero busca su salvación con un conflicto ideológico”

EL PAÍS

“Para los obispos de España significa un nuevo ataque contra la Iglesia del presidente José Luis Zapatero”. Este fue el comentario que Radio Vaticano hizo ayer en su informativo tras la publicación por EL PAÍS del borrador sobre la ley orgánica de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno.

“Para los obispos de España significa un nuevo ataque contra la Iglesia del presidente José Luis Zapatero”. Este fue el comentario que Radio Vaticano hizo ayer en su informativo tras la publicación por EL PAÍS del borrador sobre la ley orgánica de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno . La nueva ley desarrollará la laicidad del Estado.

“No es la primera vez que (…) Zapatero busca su salvación con un conflicto ideológico”, añadió la emisora vaticana . El jefe del Gobierno español visitó, el jueves, al Papa Benedicto XVI. “La posible presentación de la nueva ley de libertad religiosa” fue, según un comunicado del Vaticano, el primero de los temas que preocupan a la Iglesia con relación a España, por delante del aborto y de la educación.

El borrador no convence, en cambio, a los partidos de izquierda. Izquierda Unida, Iniciativa per Catalunya/Verds y Esquerra Republicana aplauden que haya un paso adelante hacia la laicidad del Estado, pero lamentan que no abarque el gran problema de confesionalidad que arrastra España: la financiación de la Iglesia católica.

“Si vamos a reformar la ley, no deberíamos quedarnos solo en los elementos simbólicos y de protocolo, que bienvenidos sean, sino que tendría que abordarse el sistema de privilegios económicos que tiene la Iglesia”, opina el diputado de IU, Gaspar Llamazares. “Lo contrario es limitarse a una legislación de mínimos”.

Joan Herrera, de Iniciativa per Catalunya / Verds, abunda en el mismo sentido. “El gran vacío de este borrador, que tiene elementos muy positivos en lo simbólico, es la financiación”, señala. “Es el gran tema que impide que se avance en la laicidad del Estado. Deben tocarse los acuerdos con la Santa Sede, que vulneran a propia Constitución”.

Esquerra Republicana plantea la necesidad de un “gran debate que parta de cero” para regular la libertad de conciencia, según explica su diputado Joan Tardà. “Una verdadera ley de libertad de conciencia debe replantear las relaciones con el Vaticano, revisar los acuerdos de 1979, fruto de las necesidades y miserias de la Transición”, afirma.

Cabe preguntarse, continúa Tardà, “por qué se va a permitir que si la sanidad pública deriva a una persona a un centro concertado este tenga simbología religiosa”. “Hay millones de ciudadanos que no profesan ninguna religión y cuyos derechos deben también ser protegidos”, insiste. “Treinta años después, son temas que hay que abordar y no vamos a renunciar a ellos”.

El texto que maneja el Gobierno obliga a los poderes públicos a mantener la “neutralidad” ante la religión o las creencias y a evitar “toda confusión entre funciones estatales y actividades religiosas”. Los crucifijos y demás símbolos estarán prohibidos en los colegios y establecimientos públicos -con una excepción, los centros privados concertados- salvo que tengan valor histórico-artístico. Y los actos oficiales, como los funerales de Estado, tendrán que ser civiles salvo que los familiares de los fallecidos pidan expresamente una ceremonia confesional.

Internacional

El Papa alaba la labor de los sacerdotes asesinados por los comunistas

La Razón

El Papa Benedicto XVI recordó hoy cuantas páginas en la historia han sido escritas por los sacerdotes católicos como el polaco Jerzy Popieluszk, asesinado por los comunistas, o por el laico esloveno Lojze Grozde, torturado hasta la muerte por los partisanos de Tito.

Ante unos 50.000 fieles que abarrotaban hoy la Plaza de San Pedro, el papa Ratzinger habló del Año Sacerdotal que terminó el pasado día 11 cuando el Pontífice pidió perdón público a Dios y a las víctima de pederastia ante 15.000 sacerdotes de todo el mundo y varias decenas de miles de monjas y seglares.

Hoy el Papa exaltó la labor de los sacerdotes y puso como ejemplo al polaco Jerzy Popieluszko, capellán de Solidarnosc asesinado a los 37 años por la policía secreta comunista en 1984.

“Si miramos la historia -afirmó-, podemos observar cuántas páginas de auténtica renovación espiritual y social han sido escritas con la aportación decisiva de los sacerdotes católicos, animados sólo por la pasión por el Evangelio y por el hombre, para su verdadera libertad, religiosa y civil”.

“Cuántas iniciativas de promoción humana e integral han salido de la intuición de un corazón sacerdotal”, aseguró recordando la figura de Jerzy Popieluszko, que fue proclamado beato el domingo pasado en Varsovia (Polonia),

Una figura la del mártir polaco propuesta como modelo a los sacerdotes y fieles en un momento en que, como dijo el Pontífice el viernes pasado, los pecados de algunos miembros de la Iglesia han hecho peligrar la celebración del Año Sacerdotal.

Jerzy Popieluszko “ha ejercitado su generoso y animoso ministerio junto a todos los que se ocupaban de la libertad, de la defensa de la vida y de su dignidad”, añadió el papa teólogo.

“Su obra al servicio del bien y de la verdad -explicó- era un signo de contradicción para el régimen que gobernaba entonces en Polonia”.

Pero agregó: “El amor del Corazón de Jesús lo ha llevado a dar la vida, y su testimonio ha sido el germen de una nueva primavera en la Iglesia y en la sociedad”.

También se refirió a Lojze Grozde, joven militante de “Acción Católica” eslovena que fue torturado y asesinado a los 20 años por los partisanos del general yugoslavo Tito.

Benedicto XVI subrayó la “capacidad de sacrificio por la salvación de las almas” y “su apostolado en Acción Católica para conducir a los otros jóvenes a Cristo”.

Grozde ha sido proclamado beato esta mañana en Celje, en Eslovenia en el curso de una ceremonia presidida por el Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone.

Después, el Papa saludó en francés, inglés, alemán, español y polaco.

En español instó a los periodistas a utilizar “la pluma para decir la verdad”, al recordar al beato periodista español, Manuel Lozano, conocido como “Lolo”.

El joven Lojze, primer beato mártir esloveno

La Razón

Frente a las consideraciones hostiles sobre los religiosos que predominan en la actualidad por los escándalos de abusos sexuales en la Iglesia, el Papa Benedicto XVI defendió ayer a los sacerdotes de todo el mundo como los «primeros obreros de la civilización del amor». Ante unas 50.000 personas reunidas en la plaza de San Pedro del Vaticano para el rezo del Ángelus, el Pontífice explicó que este Año Sacerdotal, clausurado el pasado viernes, ha subrayado que el sacerdote es un don de Cristo «para la Iglesia y para el mundo». «Esos hombres, conquistados por el Señor Jesús, lo dejan todo para dedicarse totalmente al servicio del pueblo cristiano», defendió.

Benedicto XVI no habla de modelos irreales, sino pensando en «tantos ejemplos de sacerdotes, conocidos y no conocidos, algunos elevados al honor de los altares; en otros casos, su recuerdo permanece indeleble en los fieles, quizá en una pequeña comunidad parroquial». Al primer grupo pertenece el Padre Jerzy Popieluszko, sacerdote polaco asesinado en 1984 por la Policía comunista, y que fue beatificado el pasado 6 de junio; al segundo, el santo cura del pueblo francés de Ars, Juan María Vianney, sobre el que «no hace falta añadir nada a lo que ya se ha dicho en meses pasados», consideró.

Pero el Papa quiso resaltar especialmente la figura de Lojze Grozde, estudiante esloveno torturado y asesinado por los partisanos del general yugoslavo Tito durante la Segunda Guerra Mundial, y que fue beatificado ayer en la ciudad eslovena de Celje. A pesar de no ser sacerdote, el joven destacó por su «capacidad de sacrificio por la salvación de las almas» y «su apostolado en Acción Católica para conducir a los otros jóvenes a Cristo», afirmó el Pontífice.

Lojze Grozde contaba con 20 años cuando fue capturado en enero de 1943 por el ejército comunista al encontrarle un libro de oración en latín y sospechar que podría estar colaborando con los fascistas italianos. Un mes más tarde, su cadáver era encontrado accidentalmente por unos escolares en un bosque cercano a la ciudad donde vivía, con los signos mas increíbles de suplicio. Ayer, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Bertone, declaraba beato a Lojze ante la presencia de más de 30.000 fieles y 750 sacerdotes, muchos de ellos llegados del extranjero, informa la agencia Ap. El joven se ha convertido así en el primer beato mártir de Eslovania.

«Lolo», modelo de periodista

El último ejemplo a seguir que quiso proponer Benedicto XVI en su alocución fue el del periodista y escritor Manuel Garrido, conocido como «Lolo», que el pasado sábado fue proclamado beato en Linares, Jaén. En esta ocasión, el Papa presentó a «Lolo» como modelo a seguir para los profesionales de la comunicación. «Los periodistas encontrarán en él un testimonio elocuente del bien que se puede hacer cuando la pluma refleja la grandeza del alma y se pone al servicio de la verdad y las causas nobles», señaló.

Juan Pablo II ya cuenta con su propio musical

La Razón

Como si de una estrella del rock se tratase, el Papa Juan Pablo II se ha convertido en el protagonista de un musical estrenado este fin de semana en el Teatro Italia de Roma. «Non Abbiate Paura» (No tengas miedo), es el título de la obra que lleva a los escenarios la vida del Papa más querido de la historia, desde su juventud en la Polonia ocupada por los nazis hasta sus 26 años de Pontificado, pero sin mencionar temas controvertidos. Sus autores son dos sacerdotes que se han inspirado en las enseñanzas del Papa y en las seis ocasiones que pudieron reunirse con él, para crear un guión animado con 18 canciones, algunas en estilo rap, y coreografías, dirigidas «no sólo para los católicos», insiste su director a la BBC.

El Papa más íntimo

ABC

El más importante inquilino del Vaticano es también el más metódico y, paradójicamente, uno de los más tímidos de la Santa Sede. Eso sí, el hombre más visto del planeta -un millón de personas tan sólo el mes pasado en Portugal- se asoma con puntualidad germánica al mediodía de cada domingo a la ventana más famosa del mundo. Quien mire hacia esa ventana desde la plaza de San Pedro la notará ligeramente entreabierta la mayor parte del día. Mientras no llegue el calor, el Papa prefiere trabajar con la habitación bien aireada, de modo que al menos la brisa alivie un poco su forzado encierro. Los últimos meses han sido duros, y el oxígeno se agradece de verdad.

La jornada de Benedicto XVI es absolutamente regular. Desde que los médicos le aconsejaron descanso, el Papa ya no se levanta a las cinco y media de la madrugada sino algo después de las seis, de modo que puede empezar a las siete un rato de oración en la capilla, justo antes de la misa que celebra a las siete y media.

La meditación ante el sagrario es el primer encuentro de una pequeña «familia» que comparte cada día algunos ratos breves de plegaria y trabajo. Las cuatro mujeres que se ocupan de administrar y gestionar el apartamento pontificio –Carmela, Emanuela, Loredana y Cristina-, el ayudante de cámara, Paoletto, y los dos secretarios privados –don Georg y don Alfred- inician el día rezando con el Papa y asistiendo a su misa.

Cartas, prensa y audiencias

El desayuno es frugal y típicamente italiano: café con leche, zumo de naranja, un «cornetto» y algo de fruta. En un abrir y cerrar de ojos, el Papa está ya trabajando en su estudio privado: la segunda ventana de la derecha en el piso más alto del Palacio apostólico, la misma a la que se asoma para rezar el Ángelus. La última ventana, la de la esquina, es la de su habitación, y está habitualmente cerrada.

A primera hora de cada día, su secretario personal, Georg Gaenswein, le pasa la abundante correspondencia y la reseña de prensa. Después sigue un rato de trabajo con expedientes más voluminosos hasta que llega la hora de las audiencias. Un poco antes de las once, el Papa baja a la biblioteca del segundo piso para recibir a jefes de Estado, obispos en visita quinquenal y jefes de los dicasterios vaticanos. Con mucha frecuencia, la mañana incluye una audiencia a grupos numerosos, que suele celebrarse en la Sala Clementina.

La mañana de los miércoles, en cambio, se dedica a la audiencia general, que tiene lugar en la plaza de San Pedro la mayor parte del año pues suelen participar más de diez mil personas. Tan sólo en los meses más gélidos del invierno y en los más tórridos del verano la audiencia general se traslada al Aula Pablo VI que, en todo caso, puede acoger a unas siete mil personas. Cuando el número de peregrinos es superior, el Papa hace dos etapas: una primera en la basílica de San Pedro con parte de los visitantes, y una segunda en el Aula Pablo VI.

Joseph Ratzinger ha tenido siempre una constitución física ligera, y la comida, a la una y media de la tarde, mantiene el mismo tono frugal del desayuno y la cena. A diferencia de Juan Pablo II, que disfrutaba con la conversación y los invitados, Benedicto XVI considera el almuerzo como un rato de descanso tranquilo: pocas palabras y poca comida, en veinte minutos como máximo.

Los treinta años pasados en Roma se notan también en la mesa. Dominan las especialidades italianas -sobre todo sopas y platos muy ligeros- aunque de vez en cuando se dejan ver las salchichas blancas de Munich y, por supuesto, el «appelstrudel» con un poco de canela, uvas pasas y miel. Desde hace tiempo, Joseph Ratzinger sólo bebe vino por alguna obligación de cortesía. Prefiere sencillamente el agua, la naranjada o la limonada.

El Papa que fue profesor universitario durante 25 años sigue siendo un intelectual: le encanta leer y escribir, pero no le gusta el deporte. Durante la mayor parte de su vida se ha limitado a caminar y a subir escaleras en lugar de utilizar el ascensor. Ese pequeño esfuerzo era suficiente para evitar las grasas inútiles y para mantenerle en forma. De hecho, a los 83 años, el Papa continúa caminando rápido y con un paso seguro que le envidian muchos de sus coetáneos.

Pero la tensión del cargo requiere un poco más de ejercicio y un poco más de aire libre. Como no le gusta la bicicleta estática de la sala contigua a su habitación, los médicos lograron imponerle un corto paseo diario a eso de las tres de la tarde. El doctor Patrizio Polisca, cardiólogo, especialista en anestesia y reanimación, mantiene la disciplina férrea. Al terminar la comida, el Papa descansa media hora en un sillón y luego sale a rezar el Rosario por los Jardines Vaticanos junto con don Georg y don Alfred. Normalmente suben en coche hasta lo alto de la colina y allí caminan por la zona de la Gruta de Lourdes, cerca del helipuerto. En invierno se protegen con chaquetones y gorras: lo importante es no quedarse en casa.

Un hombre reservado

El trabajo de la tarde es más tranquilo y aunque el Papa recibe visitas de los colaboradores más directos como el secretario de Estado, Tarcisio Bertone, o el vicesecretario, Fernando Filoni, la mayor parte de las horas están dedicadas a estudiar expedientes y a escribir.

Benedicto XVI estudia con todo detalle los gruesos expedientes que se preparan para la selección de obispos, pues considera esos nombramientos como una de sus responsabilidades más importantes. Se trata de hacer una reforma de la Iglesia cambiando a personas de modo paulatino y discreto. O a veces de modo rápido, como en el caso de Irlanda, donde la pésima gestión de los abusos sexuales ha traído consigo la dimisión de cinco obispos.

El secretario personal del Papa, Georg Gaenswein, insiste en que Benedicto XVI trabaja prácticamente todo el día y con gran intensidad aunque sin trepidación. Es una actividad tranquila pero continua, que permite despachar cada semana millares de asuntos y deja tiempo para escribir documentos más largos como las tres encíclicas o los documentos post-sinodales, de los que se espera pronto el dedicado a la Sagrada Escritura.

Hace un par de meses el Papa terminó de escribir lo que, según dijo, será su último libro. Se trata del segundo volumen de «Jesús de Nazaret», que está siendo traducido a los principales idiomas para hacer una presentación simultánea a principios del verano.

Benedicto XVI es muy reservado e incluso tímido. No le gusta hablar de sí mismo y a duras penas habla de sus proyectos. La noticia de que había terminado de escribir «Jesús de Nazaret» se la dio a un colega y amigo judío, Jacob Neusner, cuya obra «Un rabino habla con Jesús» había citado para explicar uno de los puntos esenciales del primer volumen. A Neusner le alegró mucho que el Papa hubiese conseguido terminar el libro, pero ha protestado contra la decisión de no escribir ya otros pues un intelectual no debe renunciar nunca a seguir produciendo piezas de envergadura.

Escribe con pluma

Mientras sus ayudantes utilizan ordenadores, Ratzinger continúa escribiendo con una pluma estilográfica, casi siempre de tipo «Mont Blanc». Su letra es pequeña, pero las ideas fluyen claras, por lo que apenas hacen falta correcciones posteriores. El Papa escribe personalmente muchos de sus discursos, y la diferencia se nota a la legua. Sus textos son vivos, interesantes, construidos con frases cortas y afirmaciones claras por contraste con el aire cansino, el tono ambiguo y la construcción enrevesada de muchos textos preparados por la Curia. Lo que los vaticanistas llaman «un Ratzinger DOC» es como el vino bueno de denominación de origen controlada, según las siglas italianas. El discurso de la audiencia general del 2 de junio sobre Tomás de Aquino –uno de sus teólogos de referencia- es uno de los ejemplos más recientes.

En la casa del Papa se cena a las siete y media de la tarde, lo cual permite ver el telediario de las ocho, ya sea el de la RAI o el de alguna cadena internacional. Igual que su predecesor, Benedicto XVI dedica mucho tiempo a intentar entender lo que sucede en Italia, pues además de ser obispo de Roma mantiene una relación especial con el episcopado italiano, del que procede buena parte de la Curia vaticana, cuya internacionalidad ha retrocedido en los últimos años.

Después de las noticias viene un rato de lectura, de trabajo o, si es posible, de piano, una de sus aficiones favoritas. Mozart y Beethoven se adueñan del apartamento pontificio y todo el mundo lo disfruta porque saben que el Papa descansa. A Benedicto XVI le alegran mucho las visitas de su hermano Georg, también sacerdote y gran musicólogo, jubilado hace ya tiempo, que vive de modo muy discreto en Regensburg. Como Georg tiene problemas de corazón y de vista, el Papa ha decidido pasar todo el verano en Castelgandolfo en lugar de ir a la casa de los Alpes: así pueden disfrutar las vacaciones juntos.

Georg Gaenswein, un individuo atlético y apuesto de 54 años de edad, ha revelado el sabio consejo recibido de su predecesor, Stanislaw Dziwisz, secretario privado de Karol Wojtyla durante casi cuarenta años: «El Papa no debe sentirse nunca ahogado por nada ni por nadie. Cómo conseguirlo es algo que tendrás que descubrir por ti mismo». Al cabo de cinco años está claro que don Georg ha conseguido cumplir la misión.

Los anteriores papas

Pío XII era un experto en vinos y bebía al menos un par de vasos al día. También le gustaba pasear por los Jardines Vaticanos, pero tenía mucho miedo a los insectos, y los jardineros pasaban antes repartiendo insecticida para asustarlos. En cambio, tenía un canario. Cada mañana le abría la jaula y el canario se le posaba en el brazo o en la mano. Después volaba a comer las migajas del desayuno y, cuando se cansaba de revolotear por el apartamento, volvía solo a su jaula. Pío XII era un Papa muy frugal y ahorrador. Recorría los enormes pasillos para apagar luces innecesarias y ordenó que los sobres de correspondencia interna que se cruzaban periódicamente entre departamentos no se rompiesen cada vez sino que se volviesen a utilizar.

A Juan XXIII le gustaba jugar a las bochas, y construyó un pequeño campo en los Jardines Vaticanos. Aunque le distraía, como deporte resultaba irrelevante, y la silueta oronda del «Papa bueno» delataba a primera vista la falta de ejercicio. En todo caso, lo suplía con buen humor y con unas carcajadas como sucedáneo. Para colmo, Juan XXIII fumaba demasiado. Los médicos fueron incapaces de convencerle de que abandonara el tabaco hasta que lo consiguió, de modo radical, una oportuna pulmonía. Aunque su aspecto obeso podría ocultarlo, Juan XXIII trabajaba muchas horas cada día ya que necesitaba dormir muy poco. Con frecuencia dormía un primer sueño de tres horas, trabajaba después durante la noche y dormía otras dos horas antes de empezar la nueva jornada.

Pablo VI tampoco era deportista, pero le gustaban los coches potentes y la velocidad. Cuando era arzobispo de Milán corría por carreteras secundarias, pero incluso como Papa solía pedir a los conductores que acelerasen. Fue el primer Papa viajero de la historia contemporánea, empezando en 1964 con un viaje a Tierra Santa durante el Concilio Vaticano II, al que seguirían visitas a la India, EE.UU., Fátima… hasta un total de nueve viajes internacionales. Fue herido en un intento de asesinato en Manila. Pero más que los viajes, el gran hobby de Pablo VI era leer, sobre todo ensayos, y se notaba en su excelente estilo literario. Le encantaba el arte contemporáneo y la simplicidad. Como era muy innovador, algunos diarios norteamericanos le calificaban de «peligroso comunista».

Juan Pablo II disfrutaba con sus escapadas «clandestinas» del Vaticano para esquiar en las montañas del Abruzzo, cerca de Roma. El «día libre» de los Papas es el martes, y Karol Wojtyla lo aprovechaba para airearse en las cumbres siempre que podía. En varias ocasiones los fotógrafos del Vaticano dejaron constancia de sus jornadas de esquí para diarios y revistas, pero la mayor parte de las veces Juan Pablo II se calaba una gorra y unas gafas, de modo que nadie le reconociese. Le acompañaban sólo dos o tres personas que no parecían escoltas sino compañeros de esquí. También construyó una piscina en Castelgandolfo. Cuando algunos criticaron el gasto, el Papa respondió: «Cuesta menos que un cónclave». Además, la utiliza todo el personal de la residencia veraniega.