17 de septiembre de 2010

 

Nacional

 

“Este premio es un estímulo”

ABC

La presidenta de Manos Unidas ha agradecido la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia este miércoles.

Un estímulo para seguir trabajando por las millones de personas que pasan hambre en el mundo. Así se ha tomado Manos Unidas la concesión del premio Príncipe de Asturias a la Concordia 2010, cuyos fondos, unos 50.000 euros, serán destinados íntegramente a un proyecto en Haití.

Durante una rueda de prensa en la sede central de esta organización no gubernamental de la Iglesia en Madrid, su presidenta, Myriam García Abrisqueta, agradeció «el apoyo de todas las personas que han estado a nuestro lado en estos 50 años de trabajo». Entre ellas, destacó la Conferencia Episcopal Española, la encargada de presentar la candidatura al jurado; y también a los 40.000 voluntarios que colaboran desinteresadamente en las 71 delegaciones que de esta ONG tiene repartidas por toda España. Un capítulo aparte dedicó la presidenta de Manos Unidas a los misioneros, sobre todo religiosos, sin cuya labor, remarcó García Abrisqueta, «sería muy difícil sacar adelante los proyectos».

El empuje hace ya medio siglo de un puñado de mujeres de Acción Católica convencidas de que «el único obstáculo para acabar con el hambre es creer que no se puede lograr» ha permitido a Manos Unidas la puesta en marcha de más de 25.000 proyectos de desarrollo encaminados a atender las necesidades de los más necesitados. «Este premio es un estímulo, es un altavoz para dar voz a los más olvidados, los que pasan hambre, que, aunque este año son 98 millones menos, no dejan de ser personas y por esas personas luchamos», aseguró García Abrisqueta.

Internacional

 

El Papa previene contra una vida pública sin Dios

La Razón

Benedicto XVI ha llegado a uno de los países más secularizados de Europa a prevenir de los peligros de la secularización. No es la primera vez: ya lo hizo en Francia con notable éxito. Y ayer contó con la inestimable ayuda de la reina Isabel II de Inglaterra, que no sólo le recibió con los mayores honores en el Palacio de Hollyroodhouse en Edimburgo, sino que con su discurso mostró la sintonía que hay entre dos líderes (él de 83 años; ella de 84), que han vivido mucha historia.

La Reina recordó, por ejemplo, que ha mejorado la situación en Irlanda del Norte y que han caído los regímenes totalitarios y después, como contradiciendo a los portavoces del ateísmo agresivo que acusa a la religión  de ser causa de todos los males, afirmó: «Todos conocemos la especial contribución de la Iglesia católica para con los miembros   más desfavorecidos de la sociedad», recordó que «la religión siempre ha sido un elemento esencial de nuestra identidad nacional» y animó a la cooperación entre religiones señalando que «la reconciliación fue un elemento clave en la vida del cardenal Newman», a quien beatificará el Papa el domingo.
Benedicto XVI, ya en su primer discurso, mostró las ideas principales que quiere transmitir en este viaje, no sólo a los británicos, sino a todo el mundo anglohablante: que el cristianismo ha sido siempre una fuerza para el bien, que los católicos y otras confesiones pueden y deben colaborar y que el secularismo radical pone en peligro la dignidad y libertad de las personas.
Alabó el ejemplo de tres famosos protestantes británicos, gente de fe sincera: el político William Wilberforce, que acabó con la trata de esclavos; el explorador y misionero escocés David Livingstone, y la enfermera Florence Nightingale. Recordó que «Bretaña y sus líderes se mantuvieron firmes contra la tiranía nazi que quería erradicar a Dios de la sociedad y negaba nuestra humanidad común a muchos, especialmente a los judíos, que presentaba como no aptos para vivir». En un guiño al cristianismo protestante aludió a «la actitud del régimen con los pastores y religiosos cristianos que dijeron la verdad con amor, se opusieron a los nazis y pagaron con sus vidas. Al reflexionar en las lecciones del extremismo ateo del siglo XX, no olvidemos nunca cómo la exclusión de Dios, la religión y la virtud de la vida pública lleva, al final, a una visión truncada del hombre y de la sociedad».
Insistiendo aún más, añadió: «ojalá el Reino Unido mantenga siempre su respeto por esos valores tradicionales y expresiones culturales que formas más agresivas de secularismo ya no valoran o ni siquiera toleran».
Transmitido el mensaje verbal, el Papa pasó poco después al lenguaje de las imágenes, al ponerse una bufanda de diseño «tartan» escocés. Alrededor de Holyrood (nombre que, recordó el Pontífice, alude a la «Santa Cruz» de Cristo) unas 125.000 personas, según la Policía, agitaban banderas escocesas y vaticanas con motivo de la fiesta de San Niniano, primer evangelizador de Escocia, mientras los gaiteros tocaban «Highland Cathedral» y un inacabable repertorio de clásicos celtas. Los obispos escoceses regalaron al Papa, precisamente, un facsímil de los manuscritos de San Beda el Venerable, el primer historiador que escribió acerca de San Niniano. Si el pueblo salió a la calle con entusiasmo en Edimburgo, donde los católicos no llegan al 8%, más cálida aún fue la recepción en la región de Glasgow, donde suman hasta el 28% de la población, descendientes la mayoría de inmigrantes irlandeses.
Siete cirios y latín
A la misa en Bellahouston Park acudieron unos 65.000 personas. Abundaban las banderas irlandesas y de otros países. Sobre el altar estaban los siete cirios que Benedicto XVI habitualmente pide colocar en sus ceremonias públicas. Usó el latín en la mayor parte de las oraciones invariables de la misa. En la homilía recordó cómo Cristo manda a sus discípulos a proclamar su Reino y llevar la paz al mundo «empezando casa por casa, familia por familia, pueblo a pueblo». Animó a los católicos a seguir rezando y trabajando con «confianza con los miembros de la Iglesia de Escocia, la Iglesia Episcopal Escocesa y otras», por un futuro «basado en nuestra común herencia cristiana».
Después animó a evangelizar la cultura, algo necesario ante «una dictadura del relativismo que amenaza con oscurecer la verdad perenne sobre la naturaleza del hombre, su destino y su bien último». Y añadió: «Hay algunos que ahora buscan excluir la creencia religiosa del discurso público, privatizarla o pintarla como una amenaza a la igualdad y la libertad. Pero la religión de hecho es una garantía de libertad auténtica y de respeto, llevándonos a ver a cada persona como un hermano o hermana».
Por los curas aislados
El Papa también se dirigió a los obispos escoceses, pidiendo que cuiden especialmente a aquellos sacerdotes que están más aislados en este país rural, y que sean «padres y guías en santidad» para los diáconos.
A los jóvenes los previno de la falsa felicidad de las «drogas, dinero, sexo, pornografía y alcohol». Y acabó con una bendición en gaélico escocés: «Sith agus beannachd Dhe dhuib uile», «la paz y bendición de Dios estén con vosotros».

El Papa llama en Reino Unido a frenar el laicismo agresivo

EL PAÍS

También Benedicto XVI, como hizo el cardenal Walter Kasper el día anterior, se desahogó ayer, en la primera visita de Estado de un Papa a Reino Unido, contra el “secularismo radical”, el “extremismo ateo” y la “dictadura del relativismo”. Males, afirmó, que conducen “a una visión sesgada del hombre y de la sociedad”, a olvidar los valores tradicionales y a “una jungla de autodestructivas y arbitrarias libertades”.

También Benedicto XVI, como hizo el cardenal Walter Kasper el día anterior, se desahogó ayer, en la primera visita de Estado de un Papa a Reino Unido, contra el “secularismo radical”, el “extremismo ateo” y la “dictadura del relativismo”. Males, afirmó, que conducen “a una visión sesgada del hombre y de la sociedad”, a olvidar los valores tradicionales y a “una jungla de autodestructivas y arbitrarias libertades”.

Dando razón a los que piensan que Kasper reveló la agenda oculta del viaje papal al definir a Reino Unido como un país del tercer mundo (espiritualmente hablando), Benedicto XVI se comportó ayer como Papa y Rey ante su álter ego anglicano, la reina y papisa Isabel II, jefa de la Iglesia de Inglaterra.

El encuentro en el palacio Holyrood de Edimburgo, con la presencia del viceprimer ministro, Nick Clegg, deparó un cruce de palabras hábiles y más diplomáticas que sinceras. El pontífice evitó citar los términos “católico” y “catolicismo”, aunque subrayó que “la fe sigue siendo una poderosa fuerza del bien en Reino Unido”.

Luego elogió los “valores tradicionales” de Reino Unido, entre otros “las profundas raíces cristianas, el respeto por la verdad y la justicia, la misericordia y la caridad”, y agradeció a la reina las aportaciones de su país al progreso y la paz: el final de la esclavitud, la lucha contra la tiranía nazi y a favor de los judíos, la colaboración en la fundación de la ONU, la resolución pacífica del conflicto en Irlanda del Norte, incluso la asistencia sanitaria universal.

Con más gente de la prevista en las calles (la BBC habló de más de 100.000 personas congregadas en Edimburgo), el encuentro comenzó con una breve exhibición de los gaiteros escoceses, tras la cual la reina Isabel II pronunció un discurso de bienvenida en el que recordó la visita pastoral de Juan Pablo II en 1982, y reconoció la contribución de la Santa Sede a la resolución del conflicto norirlandés.

Un detalle inusual fue el recuerdo de “la caída de los regímenes comunistas del este y centro de Europa”. Sobre la convivencia religiosa, la reina llamó a superar viejas sospechas entre anglicanos y católicos, utilizó la palabra “reconciliación” e invitó al Papa a “profundizar la relación entre la Iglesia Católica Romana y las de Inglaterra y Escocia”.

Según el vaticanista Filippo di Giacomo, “el pasaje sonó como una invitación hecha con la boca pequeña al Papa para que se dé prisa en coger la patata caliente de la crisis del anglicanismo”.

Entre parabienes y sonrisas, Ratzinger no olvidó fustigar un poco a la prensa anglosajona, que tantos disgustos les da a ambos y tantas verdades les ayuda a conocer. Ratzinger dijo que Reino Unido es un “forjador de ideas” y que eso le confiere una responsabilidad especial. Sobre todo a los medios de comunicación, que deben de “promover la paz, el desarrollo integral de los pueblos y la difusión de los derechos humanos”. “Ojalá sigan imperando los valores de honestidad, respeto e imparcialidad”, disparó el Papa alemán. El esfuerzo por ser una sociedad moderna y multicultural, concluyó Ratzinger, no debe anular esas ideas.

Horas antes, en el avión en el que viajó desde Roma, Benedicto XVI hizo autocrítica y reconoció por primera vez que la Iglesia en su conjunto, los obispos y el Vaticano no han sido suficientemente “vigilantes, veloces y decisivos” a la hora de afrontar los casos de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes. La pederastia, afirmó, es “una perversión del sacerdocio”.

“Tengo que decir que siento una gran tristeza”, declaró. “Tristeza también porque la autoridad de la Iglesia no ha sido lo suficientemente vigilante, ni suficientemente veloz, ni decidida, para tomar las medidas necesarias”, señaló. En el futuro, prometió, “seremos más sinceros y transparentes”.

Por la tarde, durante la misa oficiada en el Bellahouston Park de Glasgow, Ratzinger pidió a los fieles que se comprometan en “la formación de los curas como un cuerpo de hombres que pueda inspirar a otros y dedicarse solo a servir a Dios”.

Misa campestre en la mayor ciudad de Escocia

EL PAÍS

San Pedro se alió ayer con Benedicto XVI y permitió que el sol brillara todo el día en el parque Bellahouston de Glasgow, donde pronunció su primera misa en territorio británico. Pero el pagano Eolo, Dios de los vientos, convirtió un tibio día de final de verano en un hermoso pero frío día de principios de otoño.

Hermoso para los peregrinos, pero tediosamente largo y financieramente ruinoso para quienes estaban allí, no por su amor al Papa, sino para dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Los puestos de hamburguesas, fish and chips, bocadillos o alitas de pollo apenas tenían clientela. Los peregrinos solo querían té o café para calentarse.

“Me parece que no va a ser un buen día”, vaticinaba Francesca mientras cocinaba una crêpe con algo lejanamente parecido a mozarela. “Yo estuve aquí en 1982 vendiendo perritos calientes y fue otra cosa. La gente quería a aquel Papa y esto estaba abarrotado. Había ambiente de fiesta, no como ahora. Claro que entonces la entrada era gratis”. Pero no parece ese el único problema. “No, claro que no”, asiente Francesa, “es por lo de los abusos”.

“Aunque los medios lo están aprovechando, sobre todo la BBC, lo de los abusos me da vergüenza”, reconoce Paul Stratton, de 63 años. Está sentado en una silla plegable junto a su mujer, Elaine, en primera fila de una de las zonas más cercanas al altar. “Hemos venido a las diez y cuarto”, explica. Viven cerca de Paisley, a tiro de piedra de Bellahouston. Ella ya estuvo aquí en el 82 con su hija pero él no, porque tenía que trabajar. “Fue muy diferente”, reconocen. “Era un día caluroso y había un cuarto de millón de personas. El altar estaba allá, en el otro lado. Pero espero que poco a poco se vaya calentando el ambiente”, añade, optimista.

Paul es de la línea dura: no a las mujeres sacerdote, sí al celibato sacerdotal. Mejor no preguntarle por los gais o por el aborto. Al final, todo se explica: “Soy del Opus Dei”, proclama con orgullo. El resto de la familia, no. “Mi hija dice que somos una organización secreta”, ríe. “Pero lo único que hacemos es ir a misa cada día, rezar el rosario y amar al prójimo”.

Poco a poco, el recinto se va llenando. A la Iglesia no es fácil meterle goles y el estadio siempre acabará estando lleno: si sobra grada, se reduce el aforo. No hay apreturas y el público mata la espera comiendo los bocadillos que han traído de casa, sentados en la hierba o en sillas plegables. Pero, por hacer una comparación picante, no hay más fiesta ni mucha más gente que en la Gay Pride de Brighton. Lo que sí hay es más hombres con falda que en la fiesta gay: muchas sotanas en el altar y mucho kilt escocés entre los fieles.

Los jesuitas alemanes indemnizarán a las víctimas de sus abusos

EL PAÍS

Los jesuitas alemanes adelantaron ayer la propuesta sobre las indemnizaciones para las víctimas de abusos sexuales en los colegios de la orden en aquel país. Antes de llegar a un acuerdo conjunto con los obispos alemanes, el provincial de los Jesuitas Stefan Kiechle habló de la posibilidad de una indemnización igual para todas las víctimas que debería ser “de cuatro cifras”.

Los jesuitas alemanes adelantaron ayer la propuesta sobre las indemnizaciones para las víctimas de abusos sexuales en los colegios de la orden en aquel país. Antes de llegar a un acuerdo conjunto con los obispos alemanes, el provincial de los Jesuitas Stefan Kiechle habló de la posibilidad de una indemnización igual para todas las víctimas que debería ser “de cuatro cifras”.

En este delicado asunto, los jesuitas alemanes han demostrado la voluntad de marcar el debate con una propuesta, hecha de manera independiente de la Conferencia Episcopal. En una entrevista publicada ayer por el diario alemán Süddeutsche Zeitung, el provincial Stefan Kiechle rompió el silencio que hasta ahora se mantenía sobre este asunto, y expresó la voluntad de su orden de resarcir a las víctimas, ya que no solo los agresores, sino “toda la orden se ha hecho responsable de lo ocurrido por haberlo ocultado”. Añadió que “una comisión independiente deberá establecer quién recibirá el dinero”.

Thomas Busch, portavoz de la orden, confirmó ayer que esta es “la línea que se discute, aunque no se ha llegado todavía a una decisión definitiva”. Busch recordó también que “las decisiones se van a debatir con los obispos alemanes dentro de la conferencia sobre los abusos sexuales que se reúne a final de septiembre”. Sin embargo, admitió que “existen posiciones diferentes con respeto a este tema”.

Fue precisamente el colegio jesuita Canisius, de Berlín, el primero de Alemania en hacer públicos, en enero, casos de abusos sexuales cometidos bajo su techo. Desde entonces, las víctimas de todo el país se han decidido a contar sus historias. Sus acusaciones han dejado maltrecha la reputación de algunas de las más prestigiosas instituciones del país y la responsabilidad ha alcanzado incluso al Papa Benedicto XVI. Solo los jesuitas, han documentado un total de 200 víctimas.

La orden de San Ignacio de Loyola parece moverse de manera independiente de la Conferencia Episcopal, que posiblemente debatirá el tema la próxima semana en la asamblea general de otoño en Fulda. Según los dirigentes de la orden, las indemnizaciones no se efectuarán siguiendo el modelo de Austria: “La Conferencia Episcopal austriaca ha elaborado un modelo de indemnizaciones por niveles, según la gravedad de la violencia padecida, desde los 5.000 euros hasta los 25.000. Nosotros estamos en contra a este modelo, porque no se puede poner un valor gradual al dolor. Pensamos en una suma igual para todos de cuatro cifras”, dijo Kiechle. También se ha decidido que para ello no utilizarán el dinero obtenido de donativos ni reducirán los proyectos, sino que se impondrán “sacrificios” y “limitaciones”.

El complicado viaje del Papa al Reino Unido

EL MUNDO

EL PAPA empezó ayer su histórica visita al Reino Unido con un encuentro con la Reina de Inglaterra -cabeza de la Iglesia anglicana- cargado de simbolismo. Un alemán recordaba en Gran Bretaña el régimen nazi y lo comparaba con el ateísmo actual, que lleva a una «visión reduccionista de la persona y su destino». Benedicto XVI, que no se prodiga fuera de Roma como su antecesor, está en uno de sus viajes más complicados, con críticas por parte de grupos laicistas y de anglicanos radicales, pero también con el apoyo de millones de católicos a los que la visita les reafirmará en sus convicciones. El catolicismo gana influencia en la sociedad británica a pesar de suponer sólo el 10% de la población. No hay que olvidar que el Papa dio permiso el año pasado para avanzar en la situación canónica de cientos de miles de anglicanos que han pedido pasarse a la Iglesia católica.

El Papa vincula ateísmo y nazismo

EL MUNDO

El Papa era consciente de que estaba en territorio hostil y jugó una baza maestra: recordar ante la Reina el sacrificio británico contra los nazis. Unas palabras especiales en boca de un alemán en el aniversario del verano de 1940: cuando Churchill mantuvo viva la llama de la libertad en Europa. Lo que no cabía esperar era que Benedicto XVI vinculara el «nazismo» con el «laicismo extremo».

La polémica la había anticipado el miércoles el desliz del cardenal Kasper, que se había referido al «ateísmo agresivo» de algunos británicos en las páginas del semanario Focus. Ayer Benedicto XVI dio un paso más y asoció el laicismo radical con el régimen de Hitler. Un vínculo que ha exasperado a sus críticos y que calentará la marcha de protesta que recorrerá las calles de Londres en la tarde de mañana.

Las frases de la discordia son éstas: «Aún hoy recordamos cómo el Reino Unido y sus líderes se levantaron contra la tiranía nazi que quería erradicar a Dios de la sociedad y que negaba la Humanidad a muchas personas. Sobre todo a los judíos, a quienes consideraba indignos de vivir. También recuerdo la actitud del régimen hacia los pastores cristianos y hacia los religiosos que se atrevieron a decir la verdad, se opusieron a los nazis y pagaron por ello con sus vidas. Pero, según reflexionamos sobre las lecciones emotivas de nuestro pasado, no debemos olvidar cómo la exclusión de Dios, de la religión y de la virtud de la vida pública conduce al final a una visión truncada del hombre y de la sociedad, y de este modo a una visión reduccionista de la persona y del destino».

El párrafo de Benedicto XVI exacerbó la ira de sus críticos británicos, que acusaron al Pontífice de confundir nazismo y ateísmo. La más dura fue la Asociación Humanista Británica, que inmediatamente emitió un comunicado que decía: «La noción de que fue el ateísmo de los nazis lo que les condujo a sus puntos de vista odiosos y extremistas y de que de algún modo es el ateísmo el que atiza la intolerancia hoy en el Reino Unido es una calumnia terrible contra aquéllos que no creen en Dios. Sobre todo viniendo de un hombre cuya organización impone su estrecha forma de moralidad y mina los derechos de las mujeres, de los niños, de los homosexuales y de muchas otras personas».

Los ateos británicos llevan días armando bronca contra el Papa. Primero, escribiendo contra él en sus bitácoras y acusándole de los cargos de siempre: machismo, antiabortismo y homofobia. Luego, articulados en la plataforma Protest the Pope, que organiza conferencias y actos de protesta y vende artículos de mercadotecnia más o menos vejatorios.

Por ahora la protesta se ha limitado casi siempre a las páginas de los periódicos. Pero mañana se dejará sentir en las calles de Londres con una manifestación que morirá en Downing Street y cuyo manifiesto leerá el científico y laicista furibundo Richard Dawkins.

Pero Benedicto XVI no habló ayer sólo de laicismo. También se refirió a los escándalos de pederastia. Y lo hizo en unos términos inéditos hasta ahora. Por primera vez se refirió a ella como una «enfermedad». No como un pecado o un delito, como lo había hecho hasta ahora. Y por primera vez fue crítico con la forma en la que sus prelados han gestionado los escándalos, hasta el punto de decir que la jerarquía no ha sido «lo suficientemente vigilante» y que la Iglesia estaba en «un momento de penitencia». Son palabras que el Papa pronunció a bordo del avión y que no repitió en ninguna de sus dos intervenciones públicas.

Lo que no quiere decir que vaya a esquivar el tema. Lo tratará quizá hoy, en su encuentro con escolares católicos, o mañana, cuando presumiblemente reciba a un puñado de víctimas de los sacerdotes pederastas. Pero al margen de las palabras, el viaje dejó ayer una imagen para la Historia: la del Santo Padre recibido por primera vez en visita de Estado por una monarca británica.

Bendición bajo una manta de cuadros escocesa

EL MUNDO

Hubo algunos españoles ayer en la misa de Bellahouston Park. Pero ninguno tan cerca del Papa como Cristina: una malagueña que tiene dos niños con un escocés y se gana la vida como profesora de religión en un instituto de Glasgow. «Yo tenía en casa la bandera del Mundial», explicaba ayer al final del acto, «y no sabía si traerla porque la religión es una cosa universal, pero me alegro de haberla traído porque había banderas irlandesas y polacas y así todo el mundo sabe que nosotros también estábamos aquí».

Cristina estaba al cargo de un grupo de adolescentes con una tarea: ayudar a repartir la comunión a los 400 sacerdotes que concelebraron la eucaristía de ayer con Benedicto XVI. Jóvenes como Rebecca o como Louise (16 años), que vinieron aquí con el colegio. «A mí me gustaría que bendijera a los escoceses», dice Louise. Y Rebecca responde: «Yo sólo quiero que diga algo guay».

En torno a ellas, una explanada con unas 65.000 personas. Menos de las que le hubiera gustado reunir a la jerarquía escocesa pero suficientes para escenificar los nuevos bríos del catolicismo británico, renacido de sus cenizas por los renglones torcidos de la inmigración.

Aun así, las dimensiones del acto fueron menores que las de la eucaristía que celebró aquí Juan Pablo II en 1982. Y no sólo porque el aforo fuera cinco veces menor. También por la figura rígida de Ratzinger, tan diferente de la de su predecesor.

Lo que no quiere decir que el Papa alemán no se permitiera algún guiño para la galería. Como cuando bajó la ventanilla del papamóvil y se asomó para besar un bebé. O como cuando bendijo a la muchedumbre de Edimburgo -unas 125.000 personas- con los hombros cubiertos por una manta de cuadros azules escoceses concebida por un diseñador tradicional.

No se puede decir que la capital escocesa parara ayer para recibir al Papa. Pero tampoco que viviera el día a sus espaldas. Hubo expectación y gritos de júbilo a su paso. También un par de gamberros españoles que según la prensa local le gritaron «¡pedófilo!» y «¡bastardo!».

En Bellahouston todo fue mucho más cálido. Había miles de adolescentes pero también ancianos en silla de ruedas o con el tacatá. Algunos habían estado aquí con Juan Pablo II. ¿Lo extrañaron? «Quizá», decía Meechen, una mujer de pelo blanco, «pero este Papa es un hombre sincero e inteligente y ha merecido la pena venir».

Lo que no significa que las palabras de Benedicto XVI electrizaran a la audiencia. Despertaron aplausos sus saludos y su paseo inicial. La homilía la leyó en cambio en tono cansino y algo ronco. Sin dar tiempo para aplausos o reflexión.

Sí hubo en cambio momentos para la emoción. La más sentida, la de Anton McManus: un niño de nueve años al que le diagnosticaron un cáncer de cuello y que lleva años luchando contra la enfermedad. Hace unos meses escribió una carta al Santo Padre diciéndole que quería verle en la misa de Glasgow. Ayer Benedicto XVI pasó unos instantes con él y con sus padres y les dio una bendición muy especial.

El público vio el detalle en las pantallas gigantes y lo aplaudió. Pero no tanto como aplaudió el cameo musical de Susan Boyle: sin duda alguna la católica más famosa del Reino Unido. Se había anunciado que Boyle cantaría para el Papa pero no fue así. Cantó antes y después de su llegada. No lo hizo en cambio en su presencia. Quizá para evitarle el trago o para no distraer la atención de la audiencia de los misterios eucarísticos.

En las antípodas de la celebrada Boyle, el villano del día: el reverendo norirlandés Ian Paisley, que no abordó a Benedicto XVI durante uno de sus actos como lo hiciera en 1982 con su predecesor. Se limitó a pronunciar una arenga en la capilla de la Magdalena de Edimburgo. Al fin y al cabo, su sucesor al frente del Gobierno del Ulster, Peter Robinson, estaba invitado a la recepción.

El Papa, “triste” por la insuficiente respuesta de la Iglesia ante los abusos

ABC

Durante su encuentro con los periodistas en el vuelo hacia Edimburgo, Benedicto XVI confesó ayer su «gran tristeza» por los abusos sexuales y, sobre todo, porque «la autoridad de la Iglesia no ha sido suficientemente vigilante, veloz y decidida en tomar las medidas necesarias». Más que pedir perdón, cosa que ha hecho en numerosas ocasiones, el Papa analizaba por primera vez los aspectos que han ido mal en el gobierno de la Iglesia, tanto a nivel de las diócesis como de la Santa Sede.

En su reflexión personal, el Santo Padre comentó que «para mí ha sido un «shock», una gran tristeza. Es difícil comprender cómo pueden ser posibles estas perversiones. Los sacerdotes se preparan durante años para ser la boca y las manos de Jesús, para ser el Buen Pastor». Según el Santo Padre, «este es un momento de penitencia y de renovada sinceridad», tal como aconsejó en su carta a los católicos irlandeses.

En realidad, su propia actuación durante las últimas décadas ha sido ejemplar, pues en su época de cardenal fue uno de los primeros altos responsables de la Curia vaticana que comprendió la profunda gravedad de estos abusos. De hecho, a partir de 2002, Juan Pablo II pasó la responsabilidad de hacerles frente a la Congregación de la Doctrina de la Fe, presidida por Joseph Ratzinger, visto que los dicasterios del Clero y los Religiosos no adoptaban una actitud lo suficientemente enérgica.

En un detallado análisis de las vías de solución, el Papa señaló que la prioridad es ayudar a las víctimas «a que superen el trauma y recuperen la confianza en el mensaje de Jesucristo». El segundo aspecto es abordar de modo realista «el problema de los culpables», muchos de los cuales sufren «una efermedad». Por ese motivo es esencial «excluir por completo el acceso a los jóvenes», no solo para proteger a las potenciales víctimas sino también para «proteger de sí mismos» a los sacerdotes enfermos.

La tercera línea de actuación es la preventiva: mejorar «la selección de los candidatos al sacerdocio», así como su educación y su formación. El Papa elogió a los obispos británicos por haber prestado en estos últimos años una buena atención al problema y por haber colaborado tanto con la Santa Sede como con las autoridades civiles. Aunque no han faltado casos lamentables, la incidencia es menor que en otros países.

«Camino equivocado»

Cogiendo el toro por los cuernos en el desagradable capítulo de los abusos sexuales, el Papa dio un gran paso para desactivar el primero de los peligros que amenazaban con enturbiar este viaje. A continuación abordó con la misma claridad los otros dos: el anticatolicismo y el antigermanismo.

Frente a quienes piensan que la Iglesia Católica esté sobre todo concentrándose en mejorar su imagen o intentando absorver partes de la iglesia Anglicana, el Papa advirtió que «una iglesia que intenta ante todo ser atractiva estaría ya en el camino equivocado», pues lo importante «no son los números o el poder, sino el anuncio de Jesucristo y su mensaje de reconciliación», haciéndose transparente para facilitar que se vea tan sólo la figura de Jesús. Con esa actitud, «anglicanos y católicos caminan en la misma dirección, ser instrumentos de Jesucristo, ser amigos del Señor. La prioridad de Jesucristo les auna, y dejan de estar en competencia». De ese modo, ambas comunidades «se reencuentran recíprocamente en el verdadero y profundo ecumenismo».

Respecto al tercer capítulo espinoso, el del antigermanismo, el Papa alemán elogió el enorme esfuerzo de Gran Bretaña para hacer frente al nazismo, del que el propio Ratzinger fue una víctima cuando las autoridades le sacaron del seminario y le obligaron a servir en una bateria antiaérea en las cercanías de Munich.

Benedicto XVI elogió el tradicional espíritu de tolerancia de la cultura británica, y dio efusivamente las gracias a la Reina Isabel II por haberle recibido en visita de Estado, la primera de un Papa al Reino Unido. En conjunto, las reflexiones del Papa durante el vuelo pusieron las bases para resolver todos los problemas por elevación, evitando que la lacra de los abusos o que los anticuados prejuicios de algunos británicos oscurezcan los objetivos fundamentales de su visita.

Miles de peregrinos reciben al Pontífice con entusiasmo

La Razón

Susan Boyle fue la estrella en Bellahouston Park antes de que el Pontífice llegara al recinto. La cantante escocesa, voluntaria en su parroquia católica antes de que la fama mundial la atrapara por su actuación en un programa de televisión el año pasado, dejó la sala de prensa vacía. Todos querían verla en directo. El público se puso de pie y los que andaban aún adormilados acabaron por despertarse. Y es que muchos se levantaron a las cinco de la mañana para poder asistir a la misa.
La familia de la pequeña Beth fue una de las primeras en llegar. La niña de diez años era una de las encargadas de hacer las ofrendas y no quería llegar tarde. Sus abuelos, que asistieron a la visita de Juan Pablo II, estaban entusiasmados. «Dice que no está nerviosa, pero esta noche se la cayó un diente y no sabemos si durmió algo», comentaron.
Martin Delaney fue otro de los que se levantó sabiendo que iba a ser un gran día. El joven iba para médico, pero a los 20 años dejó todo para ser sacerdote. Ayer fue uno de los 12 seminaristas escoceses que acompañaron al Papa en el altar. «Para mis padres fue un shock, pero poco a poco lo van a asimilando y hoy están aquí porque sabían que era un momento muy importante para mí», dice.
Durante toda la mañana, coros infantiles de distintos colegios y músicos de distintas partes de Reino Unido animaron a una masa plagada de banderas. Las españolas también se dejaron ver por cada rincón. «La prensa ha sido muy crítica estos días, especialmente con el tema del dinero, pero lo que nadie dice es que era un donativo. Hay personas que no han podido pagar nada y otras que han puesto más dinero», explica José.
Multitud fervorosa
Cuando el Pontífice llega finalmente al parque, la multitud enloquece. Se pidió recogimiento, pero nadie pudo reprimir la emoción cuando el Papamóvil pasó entre los fieles. Muchos lloraron ante la atenta mirada de sus hijos que hacían fotos para recordar el día histórico en el que hasta el sol, poco amigo del septiembre escocés, quiso estar presente.

El Papa impuso las manos a un niño con cáncer y oró por él

La Razón

Sucedió al acabar la Eucaristía en el parque Bellahouston de Glasgow, después de horas de aguantar con frío y cansancio: Benedicto XVI, al descender del altar, se dirigió directamente al pequeño Anton McManus, de 9 años, convaleciente de un cáncer.Le impuso las manos sobre la cabeza y oró por él en alemán. Después lo bendijo y le deseó en inglés: «buena suerte, que Dios te bendiga». A continuación le dio la mano a su padre, Kevin, de 35 años, y a su madre, Tammi, de 34, y bendijo también a la otra hija del matrimonio, Rebecca, de 11 años.
«Yo rompí a llorar», explica la joven madre a LA RAZÓN. «El Papa nos pilló por sorpresa. Ha sido uno de los días más importantes de nuestra vida, un momento que nuestra familia no olvidará nunca», afirma emocionada. Católicos de toda la vida, de East Kilbride, los McManus luchan contra el cáncer de Anton desde hace 5 años. El pequeño ha pasado 25 tratamientos de radioterapia y dos operaciones importantes. «Nuestra fe nos ha sostenido como familia a través de todo esto», explicó Tammi a la prensa inglesa.
«Rece por mi cáncer»
Hace diez días Anton escribió al Papa «para pedirle a usted si podría bendecirme cuando venga a Glasgow para ayudarme a mantener lejos mi cáncer. Rezaré para ver si hay respuesta», decía la carta. Y el Papa accedió. En teoría, debía rezar por el niño a su llegada a Glasgow, así  que al hacerlo después de la misa, con el niño ya cansado, les pilló desprevenidos.
Otra madre emocionada ayer era la polaca Mazena Tyszczak: el Papa tomó a su bebé Maria, de 11 meses, y lo besó desde el papamóvil al llegar a Bellahouston Park. «Es  el día más grande de mi vida», afirmó Mazena.

«Las católicos aquí son más generosos que en España»

La Razón

Las islas se mantuvieron católicas 150 años sin clero

Joseph Toal (1956, Roy Bridge) es el obispo católico de Argyll y las Islas, una zona al noroste de Escocia que durante cinco generaciones transmitió el catolicismo de padres a hijos, sin tener curas ni obispos, bajo la presión continua de las autoridades protestantes. Cercano y con un particular acento al hablar español –estudió en Valladolid y fue profesor en Salamanca- supo encontrar un hueco en la apretada visita del Papa para explicar a LA RAZÓN cómo se vive el catolicismo en Escocia.
-¿Cómo es que usted estudió en España?
– El obispo me envió allí. En España tenemos el Royal College of Scots, un centro que se creó en el siglo XVI para seminaristas escoceses. Lo fundó un soldado escocés que se casó con una española. Me quedé allí unos años y di clases de teología en Salamanca. De mis años en España tengo un recuerdo muy bueno, como todos los que estudiamos allí. Visitamos la mayor parte del país. De hecho, creo que conozco mejor España que Inglaterra.
-¿Qué le llamó la atención del catolicismo español?
-Aquí en Escocia los católicos somos una minoría, menos del 20% de la población, y la mayoría venimos de familias inmigrantes. Quizá por eso, en Escocia vivimos el catolicismo de manera más íntima, discreta. Aquí no hay esa expresión pública en la calle, como la que se vive en España, por ejemplo, en Semana Santa. Este aspecto cultural nos llama mucho la atención. Por otra parte, debido a nuestros orígenes tan pobres, los católicos escoceses nos esforzamos mucho por ayudar a países necesitados. Las colectas son más generosas en Escocia que en España. En cuestiones políticas también hay algunas diferencias. Tradicionalmente, los católicos escoceses siempre han sido de izquierdas, aunque esto ahora está cambiando.
-Durante mucho tiempo, los católicos de sus islas mantuvieron la fe sin clero y sin obispos bajo las persecuciones protestantes de los siglos XVI y XVII. ¿Cómo lo hicieron?
– La Reforma Protestante llegó muy tarde a mi diócesis y es por eso por lo que muchos se mantuvieron católicos. No hubo obispos hasta 1690, pero la fe se mantenía gracias a algunos misioneros que hablaban gaélico y jesuitas que vivían en algunas familias importantes que mantuvieron el catolicismo. Tan sólo hubo un mártir escocés en esa época, un jesuita llamado John Ogilvie. En Inglaterra hubo muchos más mártires. En Escocia fue fuerte la reforma calvinista, pero con menos persecución que en Inglaterra.
– ¿Cómo explicaría a los españoles el catolicismo escocés?
– Es bastante más tradicional. Los fieles de Escocia tienen más relación entre ellos, con las parroquias y los obispos, un ambiente más cercano, pero en parte se debe a que es una iglesia bastante más pequeña. Hay que tener en cuenta que los católicos de Escocia necesitaban su iglesia, llegaron como inmigrantes y necesitaban este punto de unión. Es cierto que ahora no va tanta gente a misa, pero aún así se sienten parte de la familia. En este sentido, creo que la visita del Papa es muy importante para nosotros. Va a reforzar nuestra identidad en este país, va a hacer sentirnos parte importante de la sociedad escocesa. Ya lo somos, pero vamos a salir reforzados.
-¿Se puede compatibilizar lo universal del catolicismo con el nacionalismo?
– Hasta ahora los católicos escoceses eran del Partido Laborista, pero la cosa está cambiando. Cada vez se sienten más cercanos al Partido Nacionalista y esto se entiende porque llevamos ya años aquí y somos parte de esta sociedad. Compartimos el sentimiento de nación. Además, por parte del gobierno escocés (del nacionalista Alex Salmond) hay muy buena predisposición. Es muy atento con nuestros colegios y se interesa por nosotros.
-¿Cómo están viviendo los católicos escoceses la visita del Papa?
-Hay mucho entusiasmo. De mi diócesis mucha gente ha venido desde las islas para los actos. Es cierto que habrá menos gente que en la visita de Juan Pablo II porque son días laborables y los lugares son difícil acceso, pero habrá mucho ambiente. Estamos muy orgullosos de nuestro Papa y hay conciencia de presentarnos con buen aspecto para la sociedad internacional.
-¿Cuál será el mensaje del Papa?
-Creo que el Papa recuperará el mensaje del cardenal Newman: “hablar de corazón a corazón”. Esto significa que el catolicismo debe estar en nuestros corazones, no tanto en la expresión pública, que también está bien. Debemos vivir el catolicismo dentro de nosotros y vivirlo con una relación directa con Cristo, de nuestro corazón a su Corazón. Cuando estamos en diálogo con Cristo nos podemos dar a los demás y hacer cosas buenas.
– Hace seis meses los obispos de Inglaterra y Escocia tuvieron la oportunidad de visitar al Pontífice. Cada uno pudo estar diez minutos a solas con él. ¿Cómo es Benedicto XVI en las distancias cortas?
– Es un hombre muy cercano. Se puede hablar fácilmente con él. Domina el inglés y eso también facilitó las cosas. Preguntó mucho por nuestros problemas, por nuestro día a día. Miraba todo el rato el mapa para situar nuestras diócesis y mostró mucho interés por todo.

– ¿Qué futuro ve a la Iglesia Nacional Escocesa, que ya ordena clero homosexual y tiene una teología liberal?
– Nosotros estamos muy concentrados en mantener nuestra fe, por lo que no tenemos mucho tiempo de preocuparnos por estos asuntos. En la Iglesia Nacional Escocesa hay un choque entre los liberales y los tradicionalistas. Los católicos escoceses estamos bastante unidos en este punto.
-El año pasado, el seminario de Escocia tuvo que cerrar por falta de seminaristas. ¿Qué está pasando? ¿El mensaje no se presenta de forma atractiva?
– Hay que matizar que en los últimos años se ha incrementado el número de nuevos seminaristas. Ese año, por ejemplo, para la iglesia católica escocesa van a empezar nueve. Ahora estudian todos en Roma. Hay hasta 30 estudiantes actualmente. Lo que nos llama la atención es que cada vez más, los jóvenes buscan la postura tradicionalista. Quieren más latin y este tipo de cosas. Los de mi generación, vivimos un gran sentimiento de cambio en los 70 y 80, pero ahora los jóvenes son más tradicionales. Estamos un poco preocupados porque puede parecer un retroceso, pero tenemos que aceptar que se quiera volver a las raíces. El péndulo cambia de nuevo.
– Usted nació en la región de Inverness ¿qué relación tiene la Iglesia con el equipo local de fútbol, los Hibernians?

-Los Hibernians los fundó un cura irlandés. Y también el Celtic de Glasgow. Tradicionalmente los católicos escoceses somos seguidores del Celtic y los protestantes son de los Rangers. Esto está cambiando y eso está muy bien porque la Iglesia no debería de estar tan ligada a un equipo concreto.
-¿Cómo ve la mano que ha tendido el Papa a los anglicanos que quieren adoptar el catolicismo?
-En Escocia, por ahora, tan sólo hay dos sacerdotes ex anglicanos que ahora son católicos. Tienen sus familias y trabajan muy bien en sus parroquias. He estado hablando con algunos compañeros obispos sobre aquellos clérigos anglicanos que se quieren cambiar por el tema de las mujeres obispas. El asunto es si se cambian de religión por un enfado, por un punto muy concreto o porque realmente han cambiado sus creencias. Es un tema delicado y se trata de un cambio muy importante en sus vidas.
Perfil
Joseph Toal nació en 1956 en Roy Bridge. Es el obispo católico de Argyll y las Islas, un azona al noroeste de Escocia que durante mucho tiempo, concretamente unos 150 años mantuvo el catolicismo sin clero ni obispos, ya que estaba bajo la presión protestante. Es un hombre muy cercano y además, tiene un particular acento español, ya que estudió en  y  fue profesor de teología  en Castilla Y León. Por ello dice que tiene unos recuerdos muy buenos de España, y que casi conoce mejor este país que Inglaterra.

Benedicto XVI: «La Iglesia no ha sido vigilante ni veloz en los casos de abusos»

La Razón

El Papa Benedicto XVI reconoció hoy por primera vez que la Iglesia en su conjunto, los obispos y el Vaticano, no han sido suficientemente “vigilantes, veloces y decisivos” a la hora de afrontar los casos de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes.

Camino del Reino Unido, otro de los lugares donde se han registrado en los últimos años numerosos casos de curas pederastas, el Papa volvió referirse a estos escándalos y expresó su “profunda tristeza”.
“Tengo que decir que siento una gran tristeza. Tristeza también porque la autoridad de la Iglesia no ha sido lo suficientemente vigilante, ni suficientemente veloz, ni decidida, para tomar las medidas necesarias”, dijo Benedicto XVI a los periodistas que le acompañaban en el avión desde Roma a Edimburgo.
Agregó que, por todo ello, “estamos en un momento de penitencia, de humildad y de renovada sinceridad”.
Para el Pontífice, lo más importante son las víctimas, “ayudarlas para que puedan superar el trauma, recuperar la vida y la confianza en el mensaje de Cristo”.
Abogó además por que se den “ayudas psicológicas y espirituales” para las víctimas.
Sobre los curas pederastas, el Papa dijo que “a estas personas culpables hay que excluirlas de toda posibilidad de acceder a los jóvenes”.
“Sabemos que esta es una enfermedad y que la libre voluntad no funciona, y debemos proteger a estas personas de sí mismas y hay que encontrar el modo de ayudarlas y excluir cualquier acceso a los jóvenes”, subrayó.
Benedicto XVI añadió que para que nunca más ocurran estos abusos “es necesaria una prevención en la educación y en la selección de candidatos al sacerdocio. Hay que tener mucho cuidado”.
El papa Joseph Ratzinger confesó que la revelación de estos casos de pederastia fue para él “un shock” y “una gran tristeza”.
“Es difícil entender como esa perversión era posible en el ministerio sacerdotal. Pues el sacerdote se prepara durante años para ser la boca y las manos de Jesús, el Buen Pastor, quien ama y ayuda a la verdad”, señaló.
Y se preguntó cómo un hombre “puede caer en esta perversión”, que es “difícil de entender”.
Respecto a su visita a un país de mayoría anglicana, y fuertemente secularizado, y donde se han realizado manifestaciones contra su visita, el Papa aseguró que no está preocupado y “que Gran Bretaña es un país de gran tolerancia y de acogida” y que espera “en ese respeto y tolerancia recíproca”.

“Vengo con fuerza y alegría”, apuntó.
Al hablar de las relaciones entre la Iglesia católica y anglicana observó que las dos “son el instrumento de Cristo para propagar el Evangelio y que la prioridad es Cristo”, y que no considera “que sean competencia”.
Benedicto XVI explicó que la misión de la Iglesia no es ser “atractiva” para ganar adeptos, ya que en ese caso se equivoca, pues su misión es “anunciar a Jesucristo”.
También dijo que las dos Iglesias se reencuentran “en un verdadero y profundo ecumenismo”.
El Papa se refirió al cardenal John Henry Newman, al que beatificará el próximo domingo en Birmingham, del que resaltó que fue un hombre “de gran espiritualidad, humanidad, con una vida excepcional y un ejemplo”.
Respecto a su visita considerada de Estado, dijo sentirse “muy grato” por este rango dado por la reina Isabel II de Inglaterra, pero explicó que no se trata “de una visita política” sino de un viaje pastoral.
En este sentido, reconoció que al Vaticano se le considera un Estado sólo para garantizar la independencia a la hora de divulgar el Evangelio.
El Papa comentó que el Reino Unido tiene una gran experiencia en la lucha contra la miseria, la pobreza, la enfermedad y las drogas, y a favor de la paz en el mundo.

El Papa lamenta la debilidad de la Iglesia en la respuesta a los casos de pederastia

Diario de Noticias

El Papa Benedicto XVI usó ayer en su primer día de visita duras palabras para calificar la gestión de los casos de curas pederastas y admitió por primera vez que la Iglesia en su conjunto, los obispos y el Vaticano, no han sido suficientemente “vigilantes, veloces y decisivos” a la hora de afrontar los abusos sexuales a menores. “Tengo que decir que siento una gran tristeza. Tristeza también porque la autoridad de la Iglesia no ha sido lo suficientemente vigilante, ni suficientemente veloz, ni decidida, para tomar las medidas necesarias”, dijo el Pontífice a los periodistas que le acompañaron en el avión que le llevó desde Roma a Edimburgo, donde lfue recibido por alrededor de 125.000 personas en las calles.

Camino de la isla británica, donde se han registrado en los últimos años numerosos casos de curas pederastas, muchos de los cuales siguen aún en el sacerdocio, según denunció la prensa local, Benedicto XVI desveló que para él fue “un shock” conocer estos escándalos.

Tras insistir en que la Iglesia debe cumplir “penitencia” por lo ocurrido, el anciano Pontífice, que declaró “tolerancia cero” a la pederastia, aseguró que en estos momentos lo más importante son las víctimas, a las que hay que ayudar para que puedan superar el trauma, así como recuperar la vida y la confianza en el mensaje de Cristo.

una enfermedad También dijo que a los curas pederastas, “esas personas culpables, hay que excluirlos de toda posibilidad de acceder a los jóvenes”. “Sabemos que esta es una enfermedad y que la libre voluntad no funciona, y debemos proteger a estas personas de sí mismas y hay que encontrar el modo de ayudarlas y excluir cualquier acceso a los jóvenes”, subrayó.

Ratzinger aseguró que “es difícil entender” tanta perversión en un ministro de Dios y reiteró la necesidad de una exhaustiva selección de los candidatos al sacerdocio.

Con esa reflexión sobre los errores de la Iglesia llegó a Edimburgo, donde fue recibido por la reina Isabel II y por unos pocos miles de fieles que se congregaron en el centro de la ciudad, que hoy celebró la fiesta de San Niniano, el primer evangelizador de Escocia.

Asimismo denunció el “secularismo radical” que “no aprecia o siquiera tolera” los valores tradicionales en el discurso que ha pronunciado ante la reina Isabel II, jefa de la Iglesia anglicana, y las autoridades británicas, en el palacio de Holyroodhouse, en Edimburgo.

En una recepción en el palacio de Holyroodhouse, el Papa pronunció el primero de los 16 discursos previstos en el viaje, afirmó que, cuando se excluye a Dios de la vida publica, se llega a una visión sesgada del ser humano y de la sociedad.

El Obispo de Roma se refirió también a la situación en Irlanda del Norte y, tras recordar los acuerdos de Viernes Santo, animó a todas las partes “a seguir recorriendo juntos con valentía el camino trazado hacia una paz justa y duradera”.

Cameron y Blair dan una “cálida bienvenida” al Papa y hablan de hecho “histórico e increíblemente importante”

Forumlibertas.com

El primer ministro británico asegura que la visita de Benedicto XVI al Reino Unido supone un “gran honor” para este país, mientras Tony Blair escribe un artículo en el que resalta el “coraje intelectual” del cardenal Newman y del Pontífice

Benedicto XVI viaja este jueves, 16 de septiembre, al Reino Unido en una visita de cuatro días de carácter ecuménico, con la que espera relanzar el diálogo con los anglicanos tras abrir las puertas de Roma a los descontentos.

El motivo central del viaje es la beatificación, el domingo 19, en Birmingham, del cardenal John Henry Newman (1801-1890), un anglicano convertido al catolicismo, considerado uno de los padres espirituales del Concilio Vaticano II.

Benedicto XVI ha resaltado que Newman vivió una vida de sacerdocio ejemplar y que sus escritos han sido una contribución fundamental para la Iglesia y la sociedad, tanto en su tierra natal como en otras partes del mundo.

La visita se realiza un año después de que el Vaticano anunciara la disposición del Papa a acoger a todos los anglicanos que lo deseen y aprobara una constitución apostólica que prevé, entre otras, la ordenación de clérigos anglicanos ya casados como sacerdotes católicos.

A pesar de las críticas de muchos de los 70 millones de anglicanos tradicionalistas, que consideran la apertura del Vaticano una especie de anexión a Roma y la han criticado, la Santa Sede ha asegurado que sigue comprometida con el ecumenismo “en la línea marcada por el Concilio Vaticano II”.

En la vigilia del viaje, el presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, el arzobispo Kurt Koch, afirmó que está convencido de que la visita “consolidará” las relaciones con los anglicanos.

“Durante el viaje se podrán afrontar directamente temas importantes y relanzar el diálogo cada vez más abierto con los anglicanos. La situación en el mundo anglicano no es sencilla y con la constitución Anglicanorum coetibus, el Papa ha abierto las puertas a todos los que han pedido libremente unirse a la Iglesia Católica”, manifestó Koch.

Hay que recordar que el viaje al Reino Unido es el 17 que realiza Benedicto XVI por el mundo y el undécimo a un país europeo en sus cinco años de Pontificado.

También que este es el segundo viaje de un Papa de Roma al Reino Unido tras el cisma de 1534, provocado por el rey inglés Enrique VIII al no lograr del papa Clemente VII la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, por lo que creó la Iglesia de Inglaterra, de la que se proclamó jefe.

Antes de Benedicto XVI pisó territorio británico Juan Pablo II, que realizó una visita pastoral en 1982. En esta ocasión, se trata de una visita de Estado.

“Cálida bienvenida” de Cameron 

El primer ministro británico, David Cameron, ofreció este martes una “cálida bienvenida” al Papa Benedicto XVI,. Mediante un mensaje grabado por videoconferencia y colgado en la web de Downing Street, Cameron tildó el viaje papal, que comenzará en Edimburgo y proseguirá por Glasgow, Londres y Birmingham, de “histórico” e “increíblemente importante”.  

Está previsto que, en su paso por la capital británica, el Papa tenga un encuentro con el líder tory, previsto para el próximo sábado, un día después de la celebración del funeral del padre de Cameron, Ian, que falleció tras sufrir un ataque de apoplejía la pasada semana durante sus vacaciones en Francia.

En su mensaje a Benedicto XVI, Cameron subrayó que su visita supone un “gran honor” para este país. “Me gustaría ofrecer al Papa Benedicto una cálida bienvenida al Reino Unido de cara a esta visita histórica e increíblemente importante”, dijo el primer ministro.

“Coraje intelectual”

Por su parte, el ex primer ministro británico Tony Blair quiso destacar en un artículo titulado ‘El Papa y Newman’ y publicado en L’Osservatore Romano el coraje intelectual de ambos, que no temen la impopularidad por defender siempre la verdad y “oponerse con fiereza al relativismo”, según informa Aciprensa.

En el artículo, Blair destaca que Benedicto XVI está “en profunda sintonía con el espíritu y las ideas de Newman” cuya profundidad “en los estudios históricos lo llevaron a dejar el anglicanismo por Roma” y cuyos escritos e ideas siempre tuvieron “a la verdad espiritual por encima de todos los otros valores”.

“Este valor intelectual es admirable. Es algo que muchos católicos aprecian en el Papa Benedicto XVI. Las ideas de Newman no se pueden expresar fácilmente en un breve artículo. ‘Hombre de conciencia es quien no adquiriese nunca indulgencia, bienestar, éxito, prestigio público y aprobación a la opinión pública a expensas de la verdad’, escribía. Es un parecer duro en un mundo en el que, en gran medida, son los medios quienes forman la opinión”, destaca el ex primer ministro británico.

Blair concluye su artículo recordando que el cardenal, “como el Papa Benedicto, se oponía con fiereza al relativismo […] Nadie podrá dudar sobre el hecho de que ha sido y es un Doctor de la Iglesia. Llegará el tiempo en que sea declarado como tal”, dijo en referencia a Newman.

“Visita valiente”

Por otra parte, el teólogo de la Universidad de Navarra Pablo Blanco consideró este miércoles que el viaje del Papa al Reino Unido invitado por Isabel II, cabeza de la Iglesia anglicana, es una “visita valiente”.

Blanco, que publicará en breve una biografía extensa del Pontífice bajo el título Benedicto XVI, ‘El Papa Alemán’ (Planeta), señaló que Benedicto XVI es un alemán que visita un país que ha luchado en dos guerras contra Alemania en el siglo XX. Además, la ambigüedad sobre el Papado es parte del código genético de esta nación”.

“Tampoco hay que olvidar el escándalo de los sacerdotes pedófilos o el malestar creado por la declaración de algunos anglicanos de querer entrar en plena comunión con la Iglesia católica. Todos estos factores hacen que se trate de una visita valiente”, aseguró.

El profesor Blanco apuntó que “el prestigio de los católicos ha aumentado en los últimos tiempos en el Reino Unido y la visita puede reforzar la imagen estable, abierta y de colaboración que ofrecen en la actualidad”.

En ese sentido, ha mencionado algunos datos de una encuesta reciente realizada por una publicación en el Reino Unido: “Un 67% de los adultos considera que la sociedad británica debe conservar su cultura cristiana, y sólo un 8% se opone a esta idea. Esto indica que ambos, anglicanos y católicos, desean intensamente que Inglaterra, Escocia y Gales mantengan la identidad cristiana que ha tenido siempre”.

“El Papa resalta una gran aportación del cardenal Newman: la primacía que da a la conciencia. Para él no había contradicción entre obediencia a la doctrina y seguir la propia conciencia; tal vez por esto resultó muy polémico en su momento. La beatificación podría ser ahora, sin embargo, un signo de unidad entre anglicanos y católicos, pues Newman es un gigante para ambas iglesias”, concluyó.

Los pasos del Papa

La visita de Benedicto XVI comenzará este jueves en Edimburgo, donde se reunirá con la reina Isabel II en el palacio de Holyroodhouse, lugar en el que pronunciará el primero de los 16 entre discursos, homilías y saludos previstos.

A media tarde irá a Glasgow y oficiará una misa en el parque Bellahouston, tras la cual se trasladará a Londres, donde el viernes se reunirá con representantes del mundo de la educación católica, con líderes de otras religiones y realizará una visita al primado de la Iglesia Anglicana y arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.

Ese mismo día se reunirá con dirigentes de la sociedad civil, del mundo académico, cultural y empresarial, con el cuerpo diplomático y con los líderes religiosos en Westminster y concluirá la jornada con una celebración ecuménica en la Abadía de Westminster.

El sábado se reunirá con el primer ministro británico, David Cameron, y presidirá una vigilia en Hyde Park con motivo de la beatificación del cardenal Newman, al que elevará a la gloria de los altares el domingo 19 en Birmingham.

Opinión

 

Newman, a los altares

La Razón / J. M. Alimbau

El domingo próximo será  beatificado por el Papa Benedicto XVI en Birmingham, John Henry Newman. Nació  en Londres en 1801 y fallecía en 1890 en Birmingham. Fue presbítero de la Iglesia Anglicana (1825) y catedrático de Oxford. Crea el «Movimiento de Oxford» (1833) que llevó a la Iglesia a  centenares de ministros y miles de fieles, no solamente anglicanos, sino también de otras confesiones. El Movimiento de Oxford persiste vigoroso aún en nuestros días. 
Convertido al catolicismo  en 1845 y alumno del Colegio Urbano de Propaganda Fide (1846) fue ordenado sacerdote en Roma (1847). Fundó el Oratorio de San Felipe Neri en Birmingham y Londres (1849). Promovió y fue rector de la Universidad Católica de Irlanda (1854). Sus escritos abarcan cer­ca de 80 volúmenes, que, en la actualidad, son fuente de orientación para la existencia de numerosísimos cristianos en todo el mundo. Nombrado Cardenal por León XIII (1879) vivió una larga vida dedica­do a la exposición de la fe de la Iglesia.

Manos Unidas, una ONG a pie de obra

Diario de Navarra / Editorial
Quien dona quiere tener la seguridad de que su dinero llega efectivamente a destino
El premio Príncipe de Asturias de la Concordia a Manos Unidas galardona a una ONG de la Iglesia católica volcada durante más de medio siglo en la ayuda y cuidado de los más pobres

El reconocimiento a Manos Unidas con el premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2010 supone un espaldarazo al esfuerzo y la labor que esta organización viene desempeñando desde hace más de medio siglo en el cuidado y ayuda de los más desfavorecidos del planeta. Una ONG de la Iglesia, que cuenta con más de 4.000 socios en Navarra, y no descansa en su labor de sensibilizar a la población y lucha por concienciar a los ciudadanos de los distintos problemas que asolan al mundo, y recabar la ayuda necesaria para erradicarlos. Manos Unidas tiene una virtud indudable: es una ONG verdadera en su carácter, civil, pero confesional en su raíz, que en buena parte responde a la idea misional -a lo largo de la historia y ahora mismo no exclusivamente católica- de atender las necesidades materiales tanto como las espirituales y con frecuencia antes, con plena asunción de los riesgos, incluso mortales: los secuestros de otros cooperantes ponen en jaque a los gobiernos y obligan a negociaciones con los terroristas, algo que no se conoce en casos de misioneros o cooperantes religiosos. La prueba es que no hay secuestros de misioneros para cobrar. Los matan, pero se da por supuesto que ese dramático final forma parte de su duro trabajo en sociedades necesitadas de esa presencia, que garantiza la efectividad plena de los donativos. Quien dona, y Navarra es tierra solidaria, quiere tener seguridad de que su entrega llega.

Ocho meses después del terremoto, Haití ha desaparecido de las portadas y pantallas, pero la gente sigue sumida en la desesperación. Manos Unidas ha dedicado a Haití once proyectos, por casi millón y medio de euros. Ésta es la realidad que algunos dirigentes olvidan, intencionadamente, cuando tratan sobre el papel de la iglesia en la sociedad. Lo cierto es que cuando los demás abandonan la causa, los cooperantes y religiosos son lo que permanecen al lado de quienes siguen necesitando una ayuda que no llega en la cantidad que sería deseable. Obras son amores y no publicidad.

Conciencia crítica de la Iglesia y de la sociedad

EL PAÍS / JUAN JOSÉ TAMAYO

Hace 30 años un grupo de teólogos y teólogas y de movimientos cristianos de base iniciamos en España una aventura tan apasionante como incierta: la convocatoria de un congreso sobre “Teología y Pobreza”. Era apasionante porque pretendíamos responder con seriedad y sin demagogias a los desafíos que nos planteaba la realidad española y mundial, ética y religiosa, política y social. Uno de esos desafíos, quizá el que más influyó en la puesta en marcha de esta iniciativa, era el proceso de involución eclesiástica que empezaba a incubarse en la Iglesia católica y que amenazaba con dar al traste con el espíritu renovador del concilio Vaticano II y con las experiencias liberadoras del cristianismo. Otro, no menos importante, era la necesidad de apoyar el proceso de transición que estábamos viviendo en España y de combatir el desencanto que empezaba a apoderarse de la sociedad española ante la lentitud del cambio político y la desatención a los sectores más vulnerables de la sociedad. El tercer desafío era crear un espacio de formación socio-teológica que compaginara armónicamente la teoría y la praxis del cristianismo liberador y de revitalización de movimientos cristianos comprometidos en el mundo de la solidaridad y en la construcción de una Iglesia democrática.

La incertidumbre desapareció el mismo día del inicio del congreso al contar con una inscripción de cerca de 1.700 personas, que desbordaron las más optimistas previsiones y nos obligó, la misma tarde de la inauguración, a buscar un local más espacioso que acogiera a tantos participantes y no frustrara las expectativas de cientos de personas que venían de toda España y del extranjero. Esto sucedía en septiembre de 1981.

De entonces para acá el congreso de Teología no ha faltado a la cita ni un solo año. Así hemos llegado a la trigésima edición. Tan largo e ininterrumpido recorrido constituye la mejor prueba del acierto de aquella iniciativa, es un signo innegable de vitalidad del cristianismo crítico y posee una significación socio-cultural que trasciende el entorno religioso. Y ello a pesar de la activa oposición de la jerarquía católica y del acoso militante de los sectores integristas, que no han conseguido hacer mella ni en las organizaciones convocantes -algunas pertenecientes a la Acción Católica y a congregaciones religiosas-, cada vez más numerosas, ni en los congresistas, que con una ininterrumpida asiduidad vienen participando.

Los congresos de Teología son lugares de encuentro de cristianos identificados con la reforma de la Iglesia y con la teología de la liberación. Son también un espacio abierto a personas no creyentes que valoran positivamente el carácter emancipatorio del cristianismo y defienden la laicidad del Estado y de sus instituciones frente a la tendencia confesional de la jerarquía católica y al miedo de los diferentes Gobiernos a las reacciones de esta. Durante estos 30 años los congresos se han convertido en conciencia crítica de la sociedad y de la Iglesia en tiempos de pensamiento único, de instalación en el orden establecido y de neoconservadurismo eclesial. Son ejemplo de libertad de conciencia y de libertad religiosa, ejercicio práctico de los derechos humanos sin cortapisas y lugar de acogida de los teólogos represaliados por la jerarquía. Son la mejor prueba de que es posible un cristianismo sin censura. Me atrevo a decir que estamos ante uno de los pocos espacios de palabra libre y de pensamiento crítico que existen hoy en la Iglesia católica.

Pero la originalidad de los congresos radica en su carácter universal e intercultural, que los convierten en puente de comunicación y de diálogo entre culturas, religiones, continentes. Junto a teólogos e intelectuales españoles intervienen expertos europeos, africanos, latinoamericanos y a veces asiáticos, que cuestionan el etnocentrismo europeo, aportan la visión crítica desde el Sur e interpelan al Primer Mundo.

Los congresos han cambiado el modo de hacer teología. Parten del análisis de la realidad que corre a cargo de especialistas en las diferentes disciplinas: científicos sociales, filósofos, historiadores, juristas, politólogos, antropólogos. Continúan las comunicaciones de experiencias alternativas. Sigue el juicio crítico sobre la realidad desde una perspectiva ético-liberadora. Finalmente se hacen propuestas orientadas a la praxis, una praxis transformadora de las personas y de las estructuras sociales, económicas, políticas y religiosas.

Desde hace 15 años se celebran en la sede de Comisiones Obreras de Madrid-Región. No es este un dato irrelevante. Tratándose de un encuentro de cristianos, de teólogos, de movimientos, lo propio sería que tuviera lugar en algún local de la Iglesia católica. ¿Por qué entonces celebrarlo en la sede de un sindicato laico y de clase? La respuesta es simple: porque las autoridades eclesiásticas no permiten hacerlo en sus locales. Es una prueba más de la falta de libertad de expresión, reunión y asociación que reina en la Iglesia católica. La hospitalidad, regla fundamental de humanización y principio ético de las religiones, parece haber cambiado de lugar social y ha pasado a los movimientos sociales.

Navarra

 

El Papa admite que la Iglesia no fue “veloz y vigilante” ante los casos de abusos

Diario de Navarra
Benedicto XVI abre con un encuentro con Isabel II su visita al Reino Unido – El Papa ataca en Edimburgo el “secularismo agresivo que no aprecia ni tolera” los valores tradicionales – El Pontífice hizo un llamamiento a los jóvenes para que no caigan en tentaciones que son “destructivas”
El Papa usó ayer duras palabras para calificar la gestión de los casos de curas pederastas y admitió por primera vez que la Iglesia en su conjunto, los obispos y el Vaticano, no han sido suficientemente “vigilantes, veloces y decisivos” a la hora de afrontar los abusos sexuales a menores.

“Tengo que decir que siento una gran tristeza. Tristeza también porque la autoridad de la Iglesia no ha sido lo suficientemente vigilante, ni suficientemente veloz, ni decidida, para tomar las medidas necesarias”, dijo el Pontífice a los periodistas que le acompañaron en el avión que le llevó desde Roma a Edimburgo, primera etapa de su viaje de cuatro días al Reino Unido.

Camino de la isla británica, donde se han registrado en los últimos años numerosos casos de curas pederastas -muchos de los cuales siguen aún en el sacerdocio, según denunció la prensa local- Benedicto XVI desveló que para él fue “un shock” conocer estos escándalos.

Tras insistir en que la Iglesia debe cumplir “penitencia” por lo ocurrido, el anciano Pontífice, que ha declarado “tolerancia cero” a la pederastia, aseguró que en estos momentos lo más importante son las víctimas, a las que hay que ayudar para que puedan superar el trauma, así como recuperar la vida y la confianza en el mensaje de Cristo.

También dijo que a los curas pederastas, “esas personas culpables, hay que excluirlos de toda posibilidad de acceder a los jóvenes”.

Con esa reflexión sobre los errores de la Iglesia llegó a Edimburgo, donde fue recibido por la reina Isabel II y por unos pocos miles de fieles que se congregaron en el centro de la ciudad, que ayer celebró la fiesta de San Niniano, el primer evangelizador de Escocia.

En una recepción en el palacio de Holyroodhouse, el Papa pronunció el primero de los 16 discursos previstos en el viaje, en el que denunció el “secularismo agresivo” que “no aprecia o siquiera tolera” los valores tradicionales y pidió a los británicos que mantengan sus raíces cristianas. Afirmó que, cuando se excluye a Dios de la vida publica, se llega a una visión sesgada del ser humano y de la sociedad.

El Obispo de Roma se refirió también a la situación en Irlanda del Norte y, tras recordar los acuerdos de Viernes Santo, animó a todas las partes “a seguir recorriendo juntos con valentía el camino trazado hacia una paz justa y duradera”.

El Papa alemán se refirió, asimismo, a la agresión nazi contra el Reino Unido y resaltó cómo los británicos se enfrentaron “a la tiranía nazi que deseaba erradicar a Dios de la sociedad y negaba a muchos, especialmente a los judíos, a quienes no consideraba dignos de vivir”.

“Al reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidemos cómo la exclusión de Dios, la religión y la virtud pública conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y, por lo tanto, a una visión restringida del ser humano y su destino”, manifestó.

Isabel II, por su parte, resaltó la necesidad de una mayor confianza recíproca entre las religiones.

Desde Edimburgo, el Papa se trasladó a Glasgow, a unos 90 kilómetros, donde ofició una misa ante unas 70.000 personas, en su primer baño de multitudes de este viaje, que la mayoría de los británicos ve con indiferencia y que se realiza casi 30 años después de la visita de Juan Pablo II en 1982.

En la misa, el Pontífice condenó la “dictadura” del relativismo, que, dijo, amenaza con oscurecer la verdad del ser humano.

También denunció que se intenta relegar la religión de la esfera pública y dijo que la persona tiene derecho a vivir en una sociedad que no sea una “selva de libertades autodestructivas y arbitrarias”.

El Papa se refirió a los jóvenes católicos de Escocia, a los que ha alertado de las “muchas tentaciones” que deben afrontar cada día: droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol. “El mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división”, constató. El Sumo Pontífice les ha recomendado: “Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual”.

Lluvia en la procesión de Villafranca

Diario de Navarra

Cientos de vecinos desafiaron al mal tiempo y pasearon a Santa Eufemia por las calles – La corporación infantil portó una imagen pequeña de la patrona por segundo año consecutivo
Santa Eufemia paseó ayer por las calles de Villafranca entre paraguas. Pero ni la lluvia, ni los malos augurios meteorológicos que se avecinaban con un cielo cubierto y amenazador, doblegó el espíritu y la devoción de cientos de villafranqueses de todas las edades, en el día grande de sus fiestas.

Los vecinos, fieles a la tradición, arroparon y acompañaron a la imagen de su patrona en una solemne procesión que discurrió por las calles Procesiones, Mayor, Raso del Portal y Portillo. Se tuvieron que abrir los paraguas, aunque gran parte de las personas caminaron sin cubrirse bajo la lluvia.

El desfile procesional partió desde la iglesia y lo abría una gran cruz, seguida de la comparsa de gigantes. A continuación, la corporación infantil cargó con una imagen pequeña de Santa Eufemia. Esta iniciativa se acordó el año pasado y fue idea de la APYMA del colegio público de El Castellar.

Inmediatamente seguía la reliquia de Santa Eufemia portada bajo palio por el religioso villafranqués José Miguel Garrido y a continuación paseaba la imagen de Santa Eufemia, portada por los quintos de 1970. Tras el clero, las autoridades cerraban la comitiva junto con la banda municipal de música dirigida por Armando Burgui.

Jotas y música

Pese a la insistente lluvia, la imagen de la patrona de Villafranca hizo dos paradas en su recorrido. La primera fue en la calle Mayor donde los auroros le dedicaron varias piezas musicales. La segunda se hizo en el Raso del Portal donde, como ya es tradición, los joteros locales Nuria Amigot y Genaro Martón, acompañados por la rondalla, entonaron una jota en honor a su patrona que hizo vibrar de emoción a todos los presentes.

Al finalizar la procesión se celebró una misa en el templo parroquial abarrotado de público, que fue oficiada por el religioso José Miguel Garrido y concelebrada por seis sacerdotes más, entre ellos el párroco José Mª Jaúregui. Éste, a lo largo de todo el desfile procesional y megáfono en mano, animó al público asistente a entonar canciones alusivas a Santa Eufemia y a la propia localidad de Villafranca.