Peregrinación

MARÍA SEÑAL DE FIRME ESPERANZA

E stamos concluyendo el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen María. Por toda la Diócesis se realizan procesiones, romerías y devociones a la Madre de Dios. Nadie se queda impasible ante esta devoción que tanto enamora a aquellos que se acercan a cualquier Santuario o Ermita. A ella hemos de recurrir y siempre con la devoción auténtica de hijos. “Recuerden los fieles que la verdadera devoción no consiste en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Concilio Vaticano II, LG 67). Esta advertencia sincera por la que se dirige a todo el pueblo de Dios previniéndole del peligro de un falso sentimentalismo y de una vana credulidad, ajenos a la verdadera devoción, nos ayuda para hacer un examen sobre esta cercanía a la religiosidad popular y de modo especial hacia María.

Algunos pueden ser los peligros que nos acechan cuando realizamos peregrinaciones u otros modos diversos de religiosidad: Un momento cultural y nada más. Un día o unos días de divertimento sosegado. Dar más importancia a la gastronomía que a la devoción que ayuda a crecer en la fe. Son pinceladas de ciertas desviaciones que nada tienen que ver con lo que allí se celebra. Son circunstancias que desvelan la influencia de cierto secularismo y consumismo que pretende arrasar las devociones que ayudan a crecer en el camino hacia un sentido de humanidad más honda. “Algunas causas de esta ruptura son: la falta de espacios de diálogo familiar, la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo desenfrenado que alienta el mercado, la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres, la ausencia de una acogida cordial en nuestras instituciones, y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 70). Por eso se requiere dar un impulso evangelizador a las manifestaciones gozosas y cercanas y a lo que significa la devoción a la Virgen María que es un señuelo de firme esperanza para la sociedad y para todos los seres humanos.

Creo que estamos en un momento importante para alentar y fortalecer estas manifestaciones que tanto bien ha hecho, hacen y seguirán haciendo si ponemos las bases para fortalecer la fe en Dios y las devociones de los santos y de modo preeminente la Madre de Dios que sigue mostrándonos a su Hijo para seguirle y vivir según sus enseñanzas. No debemos dejarnos llevar por las tendencias secularistas que afirman la devoción pero no se adhieren a la vida de la gracia y de las virtudes cristianas. De ahí que esa ruptura crea un estado de esquizofrenia existencial que no favorece de modo alguno. El amor filial a la Virgen va acompañado de la imitación de sus virtudes.
Quienes mejor pueden mostrarnos cuáles son las virtudes que vivió la Virgen son los santos. Alguno, como San Alfonso María de Ligorio, manifiesta que fueron DIEZ:

  1. Amor a Dios. De él, como fuente de amor, nacen las virtudes y de modo especial observando los 10 mandamientos.
  2. La humildad: Reconocer nuestra pequeñez en la presencia de Dios y realizar con esmero los talentos que hemos recibido de Dios (Cf Mt 25,14).
  3. Fe y aceptar la Palabra de Dios: Dejarse llevar y proyectar por Dios.
  4. Obediencia generosa: Nunca escudarse en el amor propio.
  5. Caridad solícita: Servir con generosidad.
  6. Sabiduría reflexiva: Saber guardar silencio y reflexionar.
  7. Espíritu de piedad: Alabar y glorificar a Dios con los sentimientos del más profundo respeto.
  8. Paciencia y fortaleza en el dolor: Espíritu de serenidad ante las penalidades de la vida.
  9. Desprendimiento y confianza en el Señor: Entregarse sin reservas al plan de Dios.
  10. Firme y generosa esperanza: Dios nunca defrauda y la esperanza siempre confía.