Javier, camino de esperanza

Este año azotado por la pandemia no se llevaran a acabo las Javieradas que todos nosotros vivimos y conocemos, pero desde la Delegación de Misiones y desde Javier, corazón de Navarra, nos invitan a participar de la Novena de la Gracia, que se celebra del 4 al 12 de marzo de 2021.


En nuestro caminar actual complejo, incierto, inseguro…, por una pandemia que ya lleva un año marcándonos la vida; en un mundo irreconocible según los parámetros vitales que nos habíamos dado, nos sale al encuentro en este camino la figura de nuestro gran patrón: san Francisco Javier. Cuántas veces hemos hecho la peregrinación hasta su casa natal para agradecerle algún beneficio, para pedirle ayuda en alguna necesidad.

Cuántas veces le hemos ofrecido nuestra vida y le hemos manifestado nuestro deseo de imitarle en su acogida a Dios, en su relación con Cristo, en su dedicación hasta la muerte a las personas que iba encontrando en su camino. Cuántas veces hemos querido, siguiendo a Cristo y fijándonos en Javier, ofrecer a los demás la vida que está más allá de nuestras meras ilusiones, de nuestros meros cálculos, de nuestros propios intereses y vivir según los criterios del Reino de Dios, de su Hijo Jesucristo y de la vida humilde de hombres y mujeres como san Francisco Javier.

¿Por qué decimos «Javier, camino de esperanza»? En su canción sobre san Francisco Javier, Cristóbal Fones, jesuita chileno, dice así: «Cuando es el ocaso en el mundo y parece que los sueños se hunden en el mar, cuando ya nadie quiere cruzar el océano inmenso que arrincona a los pobres, surge tu luz, Cristo, y me envía, y me lanza… y no hay límites para hacer de tu promesa mi misión. Con Cristo en el corazón y el corazón en el horizonte, no hay fronteras, no hay confines. Solo Dios, mi esperanza. No hay fronteras, no hay confines; solo Dios, mi esperanza».

¿Estamos en el ocaso del mundo, o algo parecido…? ¿Se están hundiendo nuestros sueños, de grandeza, de autonomía, de relativismo moral o económico…? ¿Estamos en este momento diciendo algo así como “sálvese quien pueda”? ¿Estamos cerrando nuestro corazón en una oscuridad que no nos permite ver más allá del propio interés personal y de los míos

Este año no vamos a poder celebrar la Javierada como habitual mente. No vamos a poder encontrarnos en la casa natal de san Francisco Javier. Pero sí vamos a poder entrar en ese interior profundo de su vida para reconocer que siempre hay caminos de esperanza cuando ponemos nuestra vida en manos de Dios. Que siempre hay algo que nos invita no a un optimismo ilusorio, pero sí a una alegría profunda por el amor de Dios hacia su pueblo sufriente, hacia sus hijos e hijas que intentan afrontar las dificultades de la vida mirando a Dios y no a sí mismos.

¿De dónde brota la esperanza de un Javier que vive durante muchos años en misión solo, alejado de los suyos, fuera de su propia cultura, lejos de los ambientes cristianos habituales y conocidos

En primer lugar, de Dios y de su Hijo Jesucristo: «Solo Dios, mi esperanza». Dice el Papa Francisco: «El Señor nos interpela. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe que libera del miedo y da esperanza». ¡Qué imagen la de Javier con la Cruz anunciando al Señor!

En segundo lugar, del espíritu común de los denominados “amigos en el Señor”. De esos primeros compañeros de la Compañía de Jesús, a quienes se siente unido con verdadera amistad, como un auténtico amigo y hermano. Se siente enviado por el Señor, a través de sus compañeros, para dar a conocer que se puede vivir poniendo en la base de toda relación humana el amor de Dios manifestado en Cristo. ¡Qué imagen la de Javier llevando al lado de su corazón las firmas de todos sus compañeros!

En tercer lugar, del bien que produce su entrega y dedicación a los más débiles y, de manera especial, a los enfermos. «El santo misionero gustaba de morar en los hospitales. Allí, tendido en una estera durante la noche, estaba siempre dispuesto a acudir a cuantos le llamaban. Su servicio era completo: barría, fregaba, curaba, limpiaba, confesaba, amortajaba…» (Mon. Xav. 40,74). «A los que estuvieren enfermos habéis de visitarlos, dándoles lugar y orden según os vengan a decir, cuando alguien estuviere enfermo » (Carta 20, n.6 de Javier a sus compañeros de Roma). ¡Qué imagen la de Javier atendiendo y cuidando a los enfermos!

Esperanza que nace de Dios, que se vive en Cristo, que se comparte con los hermanos y que se manifiesta en el amor entregado a los más pobres. Esa es la esperanza que vive san Francisco Javier.

Miremos a Dios y a su Hijo Jesucristo en estos tiempos de desconcierto. Mirémonos unos a otros con los ojos del corazón: un corazón generoso y agradecido. Miremos a los más pobres, a los más débiles en estos tiempos, para ofrecerles servicialidad, ayuda, compañía, consuelo y, sobre todo, esperanza. Que san Francisco Javier nos enseñe lo profundo de su corazón para seguir, esperanzados, en el camino de Cristo. ¡Feliz Novena de la Gracia 2021!

P. José Mª Vicente sj, Rector del Santuario de Javier


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