La Vida Consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente

En esta época que tanto añora la vida transcendente bien merece la pena que pongamos la mirada en aquellos que entregan su vida por amor a Dios y a la humanidad. Por eso entregan toda la vida consagrándola con generosidad y donándola con gozo. El título de esta campaña es: “La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”. Es el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebrará el 2 de febrero de este año, fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Los consagrados ofrecen el testimonio vivo de que Dios está presente en todo lugar y época, de que su amor llega a todos los rincones de la tierra y del corazón humano.

La esperanza es una virtud teologal de la que el mundo actual, en el que hay tanto sufrimiento, está profundamente necesitado. Los consagrados, con su palabra, con su acción, pero, sobre todo, con su propia vida, son testigos y anuncio de esa esperanza. Y lo serán en tanto en cuanto aprendan de María y con María a esperar solo en Dios. María es signo, modelo de esperanza para todos los creyentes, ayudando a los que no tienen horizontes y siendo al mismo tiempo aliento, consuelo y fortaleza para quienes acuden a Ella.

El misterio de la Redención tuvo lugar en el corazón de la Virgen de Nazaret cuando pronunció su Fiat. A partir de ese instante, el corazón de María, Virgen y madre a la vez por obra del Espíritu Santo, no ha cesado de seguir la obra de su Hijo, yendo al encuentro de todos aquellos a los que Jesús ha abrazado en su inmenso amor. Por eso, el corazón de María es el corazón inmenso de una madre.

Ella no sólo creyó en la inviolable fidelidad de Dios a sus promesas a favor de la humanidad, como proclamaría en el Magnificat ante su prima Isabel, sino que puso su vida a disposición de Dios para que esas promesas se realizaran en la historia. Y las personas que viven una especial consagración a Dios están primordialmente llamadas a ser, como María, maestras y testigos de la esperanza.

Como recuerda el mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, «también hoy nuestra Madre desde el Cielo continúa alentando nuestra esperanza; y los consagrados participan de esta misión de llevar esperanza a un mundo sufriente» (…).
Oremos, pues, como María: escuchando la Palabra de Dios, diciendo a Dios “hágase tu voluntad”, ofreciéndonos a colaborar con Dios en la construcción de un mundo mejor para todos, reconociendo y proclamando la obra del Señor en nosotros y en los hermanos.

Agradezco, en nombre propio y en el de toda la Diócesis, la presencia y misión de nuestros consagrados. Acojo con generosidad y gratitud los diversos carismas que son un gran bien para nuestra Iglesia Particular de Navarra.
Queridos consagrados, os animo a volver a las fuentes de vuestra vocación y a renovar el compromiso de vuestra consagración. Así, testimoniaréis con alegría a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, en las diversas situaciones, que el Señor es el Amor capaz de colmar el corazón del ser humano. Y no olvidéis que vuestra vida tiene sentido por la oblación en amor que ofrecéis puesto que existe una gran tentación y es la de mirar la realidad con falta de esperanza. Vosotros, con vuestra vida entroncada en Jesucristo, sois esperanza para la sociedad y para la Iglesia.

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