BAGO, MYANMAR - DECEMBER 10, 2016: Group of smiling local children in Bago town

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Ante las circunstancias que nos toca vivir en la actualidad uno de los motivos que se mueven en nuestra sociedad es la de vivir acumulando y poseyendo muchas cosas materiales. De hecho los contenedores que están al pie de nuestras calles cada vez deben hacerse más grandes por la cantidad de deshechos o por lo que no nos gusta o sobra porque ya no nos apetece. Es la voracidad del materialismo que nos atrae de tal manera que aparentemente “cuánto más se posee o se tiene creemos que más felices nos hacemos”. Ocurre lo contrario y es la de sentirnos abatidos porque nada puede saciarnos y menos nos colma de aquello que nuestro corazón busca: la felicidad. Como decía San Francisco de Asís: “Es feliz quien nada tiene para sí”. ¿Qué nos quiere decir este gran santo al que tanto admiramos? Nos advierte que lo que tenemos es un regalo del Cielo, de Dios. Que no somos felices si creemos que la posesión de los bienes materiales o espirituales nos pertenece de tal forma que no somos capaces de compartir. Con otras palabras: “Quien comparte es feliz”.

Los cristianos en los primeros tiempos eran muy fieles al Evangelio y el lema que seguían los discípulos era vivir según las enseñanzas de Jesucristo: “Os he enseñado en todo que trabajando así es como debemos socorrer a los necesitados, y que hay que recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: ‘Mayor felicidad hay en dar que en recibir’ (Act 20, 35)”. Y esta felicidad no sólo se alberga en lo más íntimo del corazón por el hecho de desprenderse de lo material sino que tiene una razón más importante y es la de favorecer, con la vida cristiana y el testimonio, a muchos que han perdido el sentido y el fin de su existencia.

El desprendimiento material para ayudar al necesitado es un gesto muy importante, pero ¿es menos quién ayuda a descubrir que la vida tiene un hondo sentido y es la vida espiritual que abraza y da sentido a las miserias, angustias, sufrimientos y fragilidades? La pobreza puede ser material pero también existe la espiritual. Esto nos hace comprender que la felicidad tiene su raíz en el saber compartir y en el ayudar a aquellos que más dificultades tienen sea en lo material o sea en lo espiritual.

En la enseñanza de la Acción Católica se suele decir: “Cuanto más nos desprendamos de las cosas que nos atan, mayor es nuestra cercanía a Cristo y mayor se hace nuestra dicha. Lo experimentaron los que fueron fieles al Señor y nos lo recuerdan permanentemente con sus ejemplos de vida. Ellos nos animan a ser valientes para despojarnos de tanto ropaje superfluo que nos impide caminar por el camino del evangelio, que no es otro que el de servir a Dios y a los hermanos. Si tuviéramos la valentía de dejarlo todo por Jesús, nuestra alegría sería inmensa”. No cabe duda que las personas más felices son las que más aman sin buscarse a sí mismos.

Lo podemos comprobar en tantos ejemplos de hoy y, de modo especial, en aquellos que se entregan a los más necesitados. Nos dicen los misioneros que cuando llegan a nuestras tierras europeas se encuentran en un ambiente tan egoísta que les lleva a sentir un fuerte dolor y que están deseando volver a la misión -a pesar que haya pobreza y hasta miseria- pero la gente es más feliz y saben compartir lo poco que tienen, aun mas viven con alegría y hacen alegres a los demás. Agradecen que se les ayude en lo material pero, sobre todo, acogen la vida evangélica como la mejor medicina que cura sus tristezas en alegría y gozo.

La consecución de la felicidad tiene un secreto y es la de aquel que se fía de Dios y acude habitualmente a él con la plegaria. “Dios es un Padre que busca por todos los medios hacer felices a sus propios hijos” (Juan Pablo II). Y la oración nos lleva a sentir la felicidad porque tenemos la gran suerte de comprobar que Dios nos ama. Pero para ello conviene que el corazón sea noble y sencillo. “Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8). No hay mayor dicha y gozo que estar desprendidos de nosotros para darnos a Dios y a los hermanos.

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