Requiem de Mozart, un manuscrito único

Requiem de Mozart: un manuscrito único.
La Catedral de Pamplona guarda una rara avis musicológica, una copia manuscrita del Requiem de Mozart, realizada al parecer en Leipzig a los pocos años de la muerte del genio de Salzburgo.
 
 La Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, la Sinfónica de Navarra y un cuarteto de solistas encabezado por el tenor navarro José Luis Sola, completado por Dorota Grzeskowiak (soprano), Liubov Melnuk (alto) y Silvano Baztán (barítono), ofrecieron ayer un concierto a partir de la copia manuscrita del Réquiem de Mozart que guarda el Archivo de la seo desde el siglo XIX. La partitura pertenece exclusivamente a la Catedral y al parecer se copió en Leipzig a los pocos años de la muerte del genio de Salzburgo. 
El Requiem de Mozart conservado en copia manuscrita en el Archivo de Música de la Catedral de Pamplona. En su portada se anota “sepultus in Leipzic”, son 15 papeles” (primera mitad del s. XIX). Se trata de una toma del concierto inaugural el pasado 2 de noviembre, día de Difuntos, y dentro de la liturgia, pues Mozart no compuso su Requiem para un concierto, sino para una “Missa pro Defunctis”.

En el fondo viene a ser una muestra de la realidad musical de una catedral española más o menos alrededor de la primera Desamortización del s. XIX, en este caso de la Capilla de Música de nuestra Seo que se interesaba, copiaba y programaba Mozart, adaptando el famoso Requiem a su coro y pequeña orquesta locales.

Las imágenes todas (arquitectura, pintura y escultura) están tomadas de la misma Catedral de Pamplona. La parte propiamente litúrgica solamente aparece en el primer número o Introito, mientras que en los demás títulos la toma se ha centrado en la parte musical-concierto. La solemne procesión de salida, con ornamentos de terciopelo negro y más o menos de la época de Mozart, las campanas de difuntos, el lucernario barroco con sus 15 velas etc. en combinación con la música de Mozart sirven para centrar el tema religioso: ambas partes se benefician mutuamente, fe, cultura, historia y arte.

REQUIEM DE MOZART: Estreno de una partitura única
El Archivo de Música de la Catedral de Pamplona guarda una copia manuscrita del Requiem de Mozart, en cuyo vetusto envoltorio de cartón-piedra aparece esta enigmática inscripción: sepultus in Leipzicson 15 papeles.Esta singular versión del Requiem, única en España, pudo haber sido copiada a partir de la primera edición de Breitkopf  de Leipzig (año 1800) o de alguna otra fuente, estuviera ésta en Alemania o en la tienda de algún librero de España relacionado con editoriales extranjeras (París, Londres) o incluso en la misma ciudad de Pamplona. La palabra latina sepultus en algunos diccionarios antiguos significa “guardado en”, lo que quizá nos acerca más a la fuente Alemania que a otras. El manuscrito está en perfecto estado de conservación y no presenta signos (arcos, correcciones etc.) de haber sido usado por los músicos.La versión del Requiem de Pamplona tiene algunas variantes en la parte coral y sobre todo en la orquestal. Parece que el copista tuvo indicaciones precisas del maestro de capilla del momento de acuerdo con la plantilla orquestal de la Catedral, quizá con extras de la ciudad, y así cambia las trompetas por trompas o clarinetes, trombones por fagotes, no hay timbales (en algún momento encomienda su cometido a un curioso vibrato de los contrabajos). O sea, resulta un réquiem más lúgubre, más “réquiem” y menos brillante que las actuales versiones al uso. Es una Missa pro defunctis adaptada a la realidad de una catedral española de comienzos del s. XIX, anterior a las diversas desamortizaciones.

El Requiem de la Catedral y su entorno.- Presentamos el estreno realizado  por elementos propios o locales vinculados a la Catedral: manuscrito de su propio Archivo, Capilla de Música (coro vigente en la Seo desde el año 1206), Orquesta Sinfónica de Navarra, cuarteto solista y director el maestro de capilla titular. La singularidad del estreno está en que la música acompaña a la ceremonia religiosa, ya que Mozart no compuso la obra para un concierto sino para una missa pro defunctis.

Si además se elige para su presentación el día 2 de noviembre, destinado en la Iglesia latina de Roma al recuerdo de los “fieles difuntos”, y se le dota al acto del entorno adecuado como los ornamentos locales de terciopelo negro más o menos de la época de Mozart, se usa el triangular lucernario barroco lux aeterna con sus 15 velas de color (de los que ya apenas nadie sabe su significado), todo el protocolo del incienso, campanas de difuntos y dentro de la liturgia del día, tanto ésta como la música misma adquieren un significado especial: es religión, cultura, arte e historia.

Cambio de orden.- Hay un cambio de interpretación que debe conocer el oyente. Se interpreta la obra entera, pero mientras las distintas partes propias del Ordinarium de la misa (Introito, Kyrie, Ofertorio, Sanctus-Benedictus, Agnus y Lux aeterna) van seguidas, la Secuencia (Dies irae, Tuba mirum, Rex, Recordare, Confutatis y Lacrymosa) que en la práctica resulta muy larga para una liturgia actual,  se interpretó después de la eucaristía, más bien como concierto ya fuera de misa. Esto hace que cierre la parte musical el expresivo Lacrymosa, coincidiendo con el dato histórico propugnado por muchos biógrafos del romanticismo que relacionan este número con las últimas notas escritas personalmente por el genio de Salzburgo en papeles sueltos que aparecieron esparcidos en su lecho de muerte.
Finaliza el vídeo, ya en calidad bis, el conocido Laudate Dominum del propio Mozart.

 

Observaciones sobre algunos números.

 Audio y video: oír y ver la música.- En el primer número Introito o Requiem aeternam se ha recogido la solemne salida procesional de los celebrantes y acólitos a fin de evidenciar el ambiente real en que se produce la música, mientras que en los siguientes números se ha omitido casi toda referencia a la liturgia, presentándose casi exclusivamente la partitura. Las imágenes que acompañan a la música están tomadas de la iconografía de la misma Catedral muchas veces de acuerdo con el texto cantado: plorantes que adornan el monumental Mausoleo Real central (s. XV), negras pinturas medievales recientemente repuestas en el Claustro gótico, leones de alabastro (libera eas de ore leonis)Sanctus Michael (escultura policromada barroca) y las bellísimas bóvedas, también recuperadas del polvo de los siglos, que simbolizan la gloria en el pleni sunt caeli-Hosanna del Sanctus y constituyen un elemento decorativo significativo.

Por otra parte, esta idea de “descansa en paz”, “dales el descanso eterno” (dona eis réquiem) o que “la luz eterna te ilumine”, que reaparece en el Lux aeterna de la Communio, no es exclusiva de la Iglesia católica. Los textos de las exequias fúnebres del antiguo Egipto llegan a cantar al son del arpa a orillas del Nilo ideas similares (“descansa ya en la región de la luz y de la paz”, y la primitiva Iglesia no tuvo reparo en incluir en su liturgia signos positivos de esperanza, procedieran estos del Antiguo Testamento o de otras culturas.

Kyrie eleison.- Se puede resaltar la claridad del fraseo a pesar de tratarse de una partitura “Allegro assai” y en una acústica tan compleja como la de una catedral gótica. Todo es mejorable, pero la colocación de una decena de micrófonos permite escuchar todas las voces e instrumentos.

Ofertorio.- Tanto en la fuga del Quam olim Abrahae del Domine, Jesu Christe como en la del Hostias es notoria la ausencia de los trombones y la presencia de las trompas. Asimismo, el manuscrito de Pamplona ofrece dos versiones en el pasaje Ne absorveat eas, una con los característicos saltos de 7ª, y otra evitando éstos y sustituyéndolos por notas contiguas, mucho más fáciles de cantar. Éstas últimas no han sido tenidas en cuenta, sino que se ofrece la versión más común al uso, o sea con los característicos saltos de 7as (sol-lab, fa-sol, mib-fa…).

Sanctus-Benedictus.- Igualmente, falta el metal y los timbales son sustituidos en algún momento por un gracioso vibrato de los contrabajos. Ello quizás obliga a aligerar el tempus del Benedictus, y en general de todo el Requiem, pues creemos que los maestros de capilla españoles del s. XIX obligados por su “oficio” a dirigir dentro de la liturgia una misa cualquiera del ya entonces cada vez más famoso y valorado Mozart, probablemente usaron tiempos algo más rápidos que los actuales al uso. No es igual la percepción del tactus en la larga liturgia de una catedral con su pequeña capilla de música, y el tempus sugerido por un gran auditorio actual. Como detalle sobre la valoración de Mozart en nuestras catedrales (Bach seguía siendo desconocido), en la portada manuscrita de otra misa de Mozart en la Seo de Pamplona aparece esta significativa inscripción “Missa solemne con todo ynstrumental del célebre Mozart”. La copia es anterior a la del Requiem.

Lux aeterna.- Durante su interpretación se van encendiendo las 15 velas del Lucernario o Tenebrario Barroco (la Catedral conserva otro ejemplar del Renacimiento, uno del Gótico y hasta uno del Románico). Todos los lucernarios tienen forma triangular, en cuyo vértice superior está siempre la vela blanca (Cristo), mientras que el románico es circular, puesto que también el cero simbolizaba la trascendencia infinita. Estas luces (signos a su vez de la muerte y resurrección) tienen que ver también con la música, en cuanto que se iban apagando al final de cada uno de los 15 salmos de los Laudes y Maitines de Semana Santa, combinando el canto llano y la polifonía…

Secuencia.-  Al brillante Dies irae de Mozart se la ha añadido a nivel de “preludio” un esbozo de la misma Secuencia en canto gregoriano, buscando precisamente el contraste, el austero mundo medieval y el clasicismo abocado al romanticismo que ya se vislumbra.

Irrumpe luego el Tuba mirum, calculadamente sin tiempo de espera. Falta el misterioso trombón, que es sustituido en el manuscrito local por el fagot, doblado por cellos y Cb. Creemos que el fagot soluciona muy bien el arpegiado que sigue a la entrada inicial del trombón. En Pamplona se añade la viola al arpegiado del fagot (en legato). Es más, la primera edición de Breitkopf del año 1800 opta por la misma solución: entrada con solo de trombón y arpegiados por el fagot (sin viola). Esta variante, casi única, continúa hasta muy tarde en las siguientes publicaciones de la editorial alemana, si bien dicen los especialistas que tiene que ser por error de imprenta. O no…

Rex tremendae majestatis.- Ciertamente, sin trompetas ni timbales, la versión local se queda un tanto minus habens, sin la preconizada “majestad” de su título. Puede extrañar un tanto el pronunciado ritardando después de qui salvandos salvas gratis preparando la expresiva súplica salva me, pero se ha querido así.

Lacrymosa.- El efecto de este último número en la realidad del espacio gótico de la Seo, con las luces apagadas de las naves, iluminación de las bóvedas y algún ligero filtro de color para el coro-orquesta, es difícilmente comunicable por los medios técnicos. Quizá mejor todo un poco más lento, sin la “ayuda” de un compás fijo, libre, etéreo, otro mundo… Termina con el Amen.

Por último, está ya casi ultimada la edición impresa de la obra a través del convenio firmado entre la Capilla de Música y ICS (Instituto Cultura y Sociedad) de la Universidad de Navarra dentro del proyecto “Chantia Pampilonense” y contará además con el audio en directo del concierto efectuado el señalado día 2 de noviembre de 2019 en la Catedral. La transcripción musical es del maestro de capilla local con colaboración de Ángel Briz, quien además se ha encargado de la edición informática de la partitura.

Es justo citar los pasos dados antes de esta publicación, que no por callados, son menos imprescindibles. Después de consultar inicialmente a dos especialistas internacionales (Christoph Wolff en EEUU. y Simon Keefe de la Universidad de Cambridge), la investigación se orientó hacia otras catedrales españolas por si hubiera copias similares, trabajo que está llevando a cabo el musicólogo Dr. Miguel A. Marín con la colaboración-coordinación del profesor Rafael Zafra de la Universidad de Navarra.

De la veintena de copias del Requiem de Mozart existentes en catedrales españolas, hasta el momento la de Pamplona es única y exclusiva. Quedan todavía algunas preguntas sin respuesta. En resumen: el maestro de capilla se centra en el manuscrito local y sus variantes, presentando su realización musical en una liturgia real, mientras que M. A. Marin estudia a fondo otras versiones hispanas. Ambas realizaciones son necesarias y ayudan a comprender (compre-hendere) el interesante manuscrito de la Catedral de Pamplona. En todo caso, esperamos con interés las aportaciones y palabra final del Dr. M. A. Marín.

Como casi siempre, es fruto de varias colaboraciones. Ya lo dijo el musicólogo catalán Felipe Pedrell, “lo poco que sabemos, lo sabemos entre todos”.

                                                                                                  Aurelio Sagaseta

 
 

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